Existen al menos siete especies de oso hormiguero pigmeo y no una | AGÊNCIA FAPESP

Existen al menos siete especies de oso hormiguero pigmeo y no una Desde la décima edición de Systema Naturae, de Linneo, en 1758, se creía que existía una sola especie del animal también conocido como oso hormiguero sedoso, pero en un nuevo estudio se describen otras seis (foto: Flávia Miranda)

Existen al menos siete especies de oso hormiguero pigmeo y no una

22 de febrero de 2018

Por Peter Moon  |  Agência FAPESP – Ésta es una historia que empieza en 1758, con la publicación de la décima edición de Systema Naturae, la obra maestra del naturalista sueco Linneo (Carl Nilsson Linnæus, 1707-1778), el padre de la taxonomía.

En medio de las alrededor de 4.200 especies animales que Linneo describió en aquella edición (además de 9.000 plantas), había un oso hormiguero pigmeo de hocico corto que recibió el nombre científico de Cyclopes didactyla. Era el oso hormiguero pigmeo, tal como se lo conocería popularmente, un animalito encantador aunque esquivo y de hábitos nocturnos que vive en las copas de los árboles, donde se alimenta exclusivamente de hormigas.

Este animal es hallado en los bosques tropicales del norte de América del Sur y de América Central, y también en las pocas manchas que restan del Bosque Atlántico en el nordeste de Brasil. Todas las poblaciones del oso hormiguero pigmeo son prácticamente idénticas, de allí la razón por la cual se creyó durante 259 años que se trataba de una sola especie. Pero ahora se sabe que son al menos siete.

La descripción de seis nuevas especies de oso hormiguero pigmeo es el resultado del trabajo de la veterinaria Flávia Miranda, del Laboratorio de Biodiversidad y Evolución Molecular de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), en Brasil. Miranda forma parte del equipo de taxónomos, zoólogos y genetistas de la UFMG y de la Universidad de São Paulo que estudiaron la biología y la ecología de las nuevas especies y secuenciaron el ADN nuclear y el ADN mitocondrial de 287 especímenes.

El resultado de ello se encuentra en el artículo intitulado Taxonomic review of the genus Cyclopes Gray, 1821 (Xenarthra: Pilosa), with the revalidation and description of new species, publicado en Zoological Journal of the Linnean Society. La investigación contó con el apoyo de la FAPESP –Beca de Pasantía de Investigación en el Exterior y Beca Doctoral–, de la Fundação Boticário, del Wildlife Conservation Society, de la Fapemig, de la Capes y del CNPq.

Desde la descripción pionera de Cyclopes didactyla, se descubrieron durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX otras seis poblaciones de osos hormigueros pigmeos con distribuciones que van desde el sur de México hasta el norte de Bolivia. En la dirección este, pasan por la Amazonia y por los estados brasileños de Pará y Maranhão y llegan hasta el nordeste de Brasil, en el estado de Alagoas.

Todos los especímenes capturados eran aparentemente idénticos y no había diferenciaciones morfológicas suficientes como para sostener la descripción de especies distintas. De allí que a todas se las consideró subespecies de C. didactyla, la única especie de la familia Cyclopedidae.

Éste era el estado del conocimiento hasta 2005. Fue cuando entró en escena la veterinaria Flávia Miranda, quien trabaja con el orden Xenarthra desde hace más de 20 años y dirige el Proyecto Tamanduá, orientado a la conservación de perezosos, osos hormigueros y armadillos.

Fue en la condición de experta en xenartros que Miranda estuvo presente en 2005 en una reunión de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, donde se pretendía verificar el estatus de la especie C. didactyla con la mira puesta en su conservación.

Uno de los temas planteados consistió en determinar si la población de osos hormigueros pigmeos del nordeste de Brasil aún existía. Hacía años que no había relatos de avistamientos. “Comenté que en el año 2000, cuando me desempeñaba en la ciudad de Recife, recibí un ejemplar de la especie en el criadero donde trabajaba”, declaró Miranda a Agência FAPESP. Era entonces el caso de verificarlo in situ.

Decidida a efectuar el reconocimiento de las poblaciones de osos hormigueros pigmeos en el nordeste y en la Amazonia brasileña, Miranda realizó durante los dos años siguientes trabajos de campo en los estados de Pará y de Maranhão, y también en las franjas del río São Francisco, en el estado de las Alagoas. Cuanto más avistamientos y recolecciones hacía, mayor era su convicción de que quizá se tratase de especies distintas.

“Empecé a percibir las diferencias de coloración. Los animales de Maranhão eran completamente distintos a los de la región del Xingú. ¿Serían de la misma especie? ¿La aparente semejanza morfológica de los ejemplares de las diversas poblaciones de oso hormiguero pigmeo no escondería diferencias profundas a nivel molecular?”, dijo.

El surgimiento de la biología molecular les ha demostrado a los taxónomos que no todo lo que es aparentemente idéntico en la realidad lo es. Miranda pasó los últimos 10 años organizando y emprendiendo expediciones a todas las regiones brasileñas en donde había relatos acerca de la existencia del oso hormiguero pigmeo. Fueron 10 expediciones: a Santa Isabel do Rio Negro, en el estado de Amazonas, a Oriximiná (en Pará), al delta del río Parnaíba, en el estado de Piauí, a los estados de Maranhão y Amapá y también a Surinam, entre otros lugares.

Hubo ocasiones en las cuales permaneció hasta 60 días internada en el monte. “Sin la ayuda de la población local, nunca habría logrado encontrar todos los especímenes que encontré”, dijo.

“El trabajo de localización de los animales en el monte siempre ha sido sumamente difícil. Imagínese un animalito que pesa tan sólo 250 gramos y que vive en las copas de grandes árboles, en zonas anegadas tales como arroyos boscosos, bosques de aguas negras y manglares, donde casi no baja al suelo, no vocaliza en ningún momento y sólo está activo a la noche. Tardé dos años con trabajo de campo extensivo hasta que logré efectuar el primer avistamiento”, dijo.

El reloj molecular

Miranda realizó en total 17 recolecciones en Brasil y en Surinam. Una vez concretadas las capturas, a los especímenes se los medía, se los fotografiaba y se les extraían muestras de sangre para su estudio molecular. Se registraron el sexo y la localización geográfica. La edad se determinó con base en la masa corporal, la densidad y el tamaño del pelo. Simultáneamente, se tomaron datos morfológicos y morfométricos de 20 colecciones de historia natural de diversos países.

El análisis del ADN mitocondrial y del ADN nuclear de los osos hormigueros pigmeos no dejó dudas en cuanto a la existencia de diversas especies para el género Cyclopes, basada en las diferenciaciones morfológicas, morfométricas y en la ubicación geográfica.

Los descubrimientos más sorprendentes provinieron del reloj molecular, una técnica de biología molecular que relaciona el tiempo de divergencia entre dos especies con la cantidad de diferencias moleculares existentes en su ADN.

El referido reloj molecular reveló que la separación de las diversas especies de osos hormigueros pigmeos no es para nada reciente. Al contrario: es sumamente antigua. Los autores estiman que el grupo Cyclopedidae de los osos hormigueros pigmeos divergió del resto de los tamanduás (hecho que dio origen al oso hormiguero gigante y al oso hormiguero amazónico) en el Oligoceno inferior, hace 30 millones de años.

La evidencia molecular sugiere que la primera divergencia dentro del género Cyclopes ocurrió hace 10,3 millones de años, en el Mioceno superior. Fue cuando se separaron los ancestros de los linajes hallados en el oeste del estado de Amazonas, en los estados de Acre y Rondônia y en la Amazonia peruana.

Esta diversificación estaría relacionada con la alteración del curso del Amazonas, que corría en sentido este-oeste; pero su sentido se invirtió hace alrededor de 10 millones de años, en función de la elevación de los Andes. En aquella época se formó un inmenso pantanal en el oeste de la Amazonia.

Hace 7 millones de años, ese gran pantano desapareció y aisló en aquella región a los ancestros de dos nuevas especies que ahora se han descrito: Cyclopes rufus y Cyclopes thomasi. En tanto, éstas se habrían diferenciado hace 3,4 millones de años, debido a la formación de las cuencas de los ríos Purus y Madeira, que formaron barreras biogeográficas y aislaron así a ambas poblaciones. La especie boliviana Cyclopes catellus puede ser una consecuencia de esos mismos eventos.

Hace alrededor de 5,8 millones de años se concretó en el oeste de la Amazonia y en Ecuador la divergencia del linaje de Cyclopes ida. Y hace 4,6 millones de años fue el turno del surgimiento del linaje de Cyclopes xinguensis, que permaneció restringido al área del río Xingú.

Hace 3 millones de años, con la constante elevación de la barrera andina, se produjo la separación del linaje mesoamericano Cyclopes dorsalis de sus parientes de América del Sur.

En tanto, el linaje de Cyclopes didactylus, la especie original descrita por Linneo, que habita en la orilla izquierda del río Amazonas (y la cuenca del río Negro), en los estados Amapá y Pará y en el nordeste brasileño desde Maranhão hasta Alagoas (aparte de Venezuela y Surinam), divergió hace alrededor de 2,3 millones de años, con la llegada de las primeras glaciaciones del período Pleistoceno.

Los científicos pretenden analizar el estado de conservación de la población de osos hormigueros pigmeos del nordeste de Brasil, amenazada especialmente por el desmonte. “La idea es clasificar a la población del nordeste en Unidades Evolutivamente Significativas (UES)”, dijo Miranda.

Tantos millones de años de separación entre las especies de osos hormigueros pigmeos serían más que suficientes como para que acumularan diversas modificaciones. Pero no fue esto lo que sucedió. En el transcurso de su historia evolutiva, el género Cyclopes se mostró extremadamente conservador, es decir que ha venido modificándose morfológicamente muy poco o casi nada desde entonces.

“La razón de ello puede residir en los hábitos de vida de estos animales, que ocupan un nicho ecológico sumamente especializado y similar entre las especies, donde no se enfrentan con competidores”, dijo la investigadora.

La morfometría geométrica

Si bien las evidencias moleculares son definitivas para la clasificación de nuevas especies, el mapeo de datos morfológicos y ecológicos resulta también importante para corroborar las descripciones.

“Históricamente, a este grupo siempre se lo consideró monoespecífico”, explica Fabio de Andrade Machado, exbecario de la FAPESP, quien actualmente se desempeña en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, en Buenos Aires.

De Andrade Machado es un zoólogo experto en el análisis de las características morfométricas que diferencian a las especies. En la investigación ayudó en la diagnosis de las diferencias morfométricas, con el objetivo de hallar evidencias que corroborasen la descripción de las nuevas especies.

“La técnica que empleé se denomina morfometría geométrica. Se basa en el análisis multivariante de conjuntos de puntos o marcos anatómicos, que se utilizan para mapear la forma de estructuras biológicas. Ese tipo de técnica permite la investigación de la estructura del cráneo como un todo y nos suministra diferencias generales en la forma entre distintas especies”, dijo.

De acuerdo con De Andrade Machado, estos análisis permitieron diagnosticar que la principal diferencia entre las especies estudiadas se refería al taxón mesoamericano (C. dorsalis), que tiene el área facial reducida con relación a los otros grupos sudamericanos.

Otra conclusión es la que indica que los animales del nordeste brasileño, de Guyana (C. didactylus) y del Xingú (C. xinguensis) exhiben un cráneo más grácil y menos robusto que las demás especies. “Pese a no indicar un diagnóstico preciso, como en el caso de C. dorsalis, esto sugiere que ese género posee más de una o de dos especies”, dijo De Andrade Machado.

El artículo intitulado Taxonomic review of the genus Cyclopes Gray, 1821 (Xenarthra: Pilosa), with the revalidation and description of new species (doi: 10.1093/zoolinnean/zlx079), de Flávia R. Miranda, Daniel M. Casali, Fernando A. Perini, Fabio A. Machado y Fabrício R. Santos, está publicado en: doi.org/10.1093/zoolinnean/zlx079.

 

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