De acuerdo con un estudio, los costos sociales y ambientales de las centrales hidroeléctricas están subestimados | AGÊNCIA FAPESP

De acuerdo con un estudio, los costos sociales y ambientales de las centrales hidroeléctricas están subestimados Los perjuicios causados a los bosques, a la biodiversidad y a la economía de las comunidades locales no se han tenido en cuenta en los proyectos de construcción. Y las obras soslayan también los cambios climáticos (Central Hidroeléctrica de Belo Monte/ foto: Laura Castro Diaz)

De acuerdo con un estudio, los costos sociales y ambientales de las centrales hidroeléctricas están subestimados

10 de enero de 2019

Por Elton Alisson  |  Agência FAPESP – Mientras que los países más desarrollados han disminuido durante las últimas décadas el ritmo de construcción de grandes centrales hidroeléctricas, las naciones en desarrollo han empezado a construir durante idéntico período represas aún mayores. Y ése es el caso de Brasil.

Los impactos ambientales –tales como la deforestación y la pérdida de biodiversidad– y sociales –el desplazamiento de miles de personas y las pérdidas económicas que se les ocasionan a las mismas– no han sido tenidos en cuenta ni se los ha incluido en los costos totales de esos proyectos. Asimismo, dichos emprendimientos han soslayado los escenarios concernientes a los cambios climáticos, que contemplan la disminución de la oferta de agua y, por consiguiente, la de generación de energía hidroeléctrica.

Ésta fue la advertencia que efectuaron científicos de la Michigan State University, en Estados Unidos, en un artículo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS).

El primer autor de este estudio es Emilio Moran, profesor visitante de la Universidad de Campinas (Unicamp). Moran coordina un proyecto que cuenta con el apoyo de la FAPESP en la modalidad São Paulo Excellence Chair (SPEC), en cuyo marco el investigador estudia los impactos sociales y ambientales de la construcción de la central hidroeléctrica de Belo Monte en el estado norteño de Pará, cerca de la ciudad de Altamira.

“Argumentamos que, de continuar la construcción de grandes centrales hidroeléctricas en los países en desarrollo, deberemos efectuar una evaluación del costo real de esas obras, para contemplar en ella los impactos ambientales y sociales que generen”, declaró Moran a Agência FAPESP.

“Cuando se construye una gran represa, río abajo, en la dirección en que corren sus aguas, se pierde una gran cantidad de especies de peces que son importantes para la población ribereña. Esas comunidades tendrán que convivir con la disminución de su actividad de pesca en el transcurso de los siguientes 15 ó 20 años, por ejemplo, y esas pérdidas económicas y sociales no han sido contempladas en los costos de esos proyectos”, dijo.

De acuerdo con los autores del estudio, la energía hidroeléctrica constituye aún la principal fuente de energía renovable en todo el mundo: responde por hasta un 71% de la oferta de la energía proveniente de recursos naturales desde el año 2016.

Esa capacidad de generación de energía hidroeléctrica se puso en movimiento en América del Norte y en Europa entre las décadas de 1920 y 1970, cuando se construyeron miles de represas. Pero a partir de finales de la década de 1960, se dejaron de construir grandes represas en las naciones desarrolladas. Algunas de las razones de ello indicaron que los mejores lugares para la construcción de las represas en esas regiones habían sido ocupados y las crecientes preocupaciones ambientales y sociales tornaron a esos proyectos inviables.

El resultado de ello fue que en la actualidad, y una vez concluido su tiempo de vida útil, se están removiendo más que construyéndose represas en Norteamérica y en Europa. Sólo en Estados Unidos, se eliminaron 546 represas entre 2006 y 2014, ejemplifican los científicos.

“El costo de remoción de una represa, una vez concluida su vida útil, es altísimo, y también debe tenérselo en cuenta en la evaluación del costo total de nuevos proyectos de usinas hidroeléctricas”, apuntó Moran.

“Si se incluyese ese costo de remoción, muchas represas no se materializarían, pues sería mucho más cara la generación de energía por kilovatio-hora en una central eléctrica con una vida útil estimada de entre 30 y 50 años, que es la de las que están construyéndose en Brasil”, añadió.

Los impactos locales

Según Moran, las primeras represas construidas en Norteamérica y en Europa tenían el objetivo de suministrar energía a áreas rurales y permitir el funcionamiento de sistemas de irrigación. “Esos proyectos tenían un objetivo social”, dijo.

En tanto, las centrales que están construyéndose a lo largo de los ríos de la cuenca amazónica, en América del Sur, del Congo, en África, y del Mekong, en el Sudeste Asiático, se orientan en gran medida al suministro de energía destinado a empresas siderúrgicas, por ejemplo, y no benefician a las comunidades lugares.

El caso más paradigmático es el de la megacentral de Inga, una construcción planificada en las cataratas homónimas, las más grandes del mundo en volumen, sobre el río Congo. Este embalse, que podría aumentar en más de un tercio el total de la electricidad producida actualmente en África, exportará la energía generada a Sudáfrica para atender la demanda las empresas de minería.

“Las personas afectadas por esos proyectos terminan no siendo las beneficiarias del acceso a la energía o de la disminución de su costo, por ejemplo. En el caso de la central de Belo Monte, la gran línea de transmisión de energía les pasa por arriba a las personas afectadas, y esa energía va a parar a las regiones sur y sudeste de Brasil”, dijo Moran.

De acuerdo con el estudio, tanto en Belo Monte como en las centrales de Santo Antônio y Jirau, en la Amazonia brasileña, donde también se instalaron represas recientemente, en lugar de disminuir, las facturas de energía eléctrica de la población de los alrededores de las obras aumentaron. Y los puestos de trabajo que se les prometieron a los habitantes al comienzo de las obras fueron cubiertos fundamentalmente por gente de afuera; y desaparecieron en el lapso de cinco años.

“En Altamira, antes del comienzo de la construcción de la central de Belo Monte, los habitantes apoyaban la obra, pues pensaban que la misma beneficiaria enormemente a la ciudad. Hoy en día nadie la apoya, porque la usina terminó con la tranquilidad de la ciudad, y en lugar de beneficios sólo ocasionó problemas a la mayoría de las personas”, dijo Moran.

“Belo Monte fue tan caótica y afectó tan profundamente la vida de los habitantes de la zona que contribuyó para repensar los proyectos de construcción de grandes represas en la cuenca amazónica”, añadió el investigador.

Aparte de los problemas que les generan a las comunidades situadas río abajo, las nuevas centrales en construcción en América del Sur, África y el Sudeste Asiático han provocado graves impactos ambientales.

En la cuenca amazónica, por ejemplo, donde está se está planificando la construcción en sus 6.000.000 de kilómetros cuadrados (km²) de 147 represas –de las cuales 65 en Brasil–, la construcción de centrales hidroeléctricas ha afectado a las poblaciones y la dinámica de las alrededor de 2.300 especies de peces que viven en la región. Después de la instalación de embalses sobre el río Tocantins, se registró una disminución del 25% de la cantidad de peces en ese curso de agua, que desemboca en el río Amazonas.

En la zona de la represa de Tucuruí, la pesca mermó casi un 60% inmediatamente después de la construcción de usina, y más de 100 mil personas que viven en el entorno del río se vieron afectadas por la disminución de la actividad pesquera, la agricultura de irrigación por inundaciones y otros recursos naturales, según destacan los autores del estudio.

“La mayoría de las especies de peces de la cuenca amazónica son endémicas [sólo existen en dicha región]. La pérdida de esas especies constituye un enorme daño causado a la biodiversidad mundial”, dijo Moran.

Los impactos de los cambios climáticos

Las represas que se han construido en la cuenca amazónica durante los últimos años también serán objeto de fuertes impactos causados por los cambios climáticos globales, según proyectan los investigadores.

Se estima que las represas de Jirau y Santo Antônio, en el río Madeira, terminadas durante los últimos cinco años, producirán solamente una fracción de los tres gigavatios (GW) cada una que figuraban en los proyectos de generación, en razón de los cambios climáticos y de la pequeña capacidad de almacenamiento de sus embalses al hilo de agua, con menor acumulación de agua.

En tanto, la central de Belo Monte, sobre el río Xingú, culminada en 2016, también producirá 4,46 GW de los 11,23 GW de generación que se proyectaron, aun en escenarios optimistas, debido a la variabilidad climática, a su embalse relativamente pequeño y a los niveles insuficientes de agua, según afirman los investigadores.

Para agravar este escenario, la mayoría de los modelos climáticos prevé temperaturas más altas y menores niveles de precipitaciones en las cuencas del Xingú, del Tapajós y del Madeira.

“La dependencia únicamente del agua como fuente de energía en un futuro en el cual dispondremos en menor medida de este recurso natural parece una estrategia poco confiable”, sostuvo Moran.

“Para disminuir su vulnerabilidad energética, en un escenario de cambios climáticos globales, Brasil debe diversificar su matriz, que aún es demasiado dependiente del sector hidroeléctrico. El país debe incrementar las inversiones en otras fuentes de energía renovable, tales como la solar, la de la biomasa y la eólica”, añadió.

Los investigadores también acotan que, de modo similar a los cambios climáticos, los proyectos de construcción de represas a menudo no contemplan los efectos de las alteraciones en el uso de la tierra en el potencial de generación de energía hidroeléctrica de una central.

En otro estudio, se estimó que en la cuenca del Xingú, donde está localizada la central de Belo Monte, la energía generada estimada podría caer a menos de la mitad de la capacidad instalada de la represa debido al desmonte provocado alrededor de la cuenca. Sucede que la deforestación puede inhibir las lluvias y la humedad del suelo en las regiones selváticas tropicales húmedas.

Se estima que la mitad de las precipitaciones de la cuenca amazónica se producen debido al reciclado interno de humedad. Por eso el desmonte puede hacer que mermen las lluvias en la región, independientemente de la declinación esperable ocasionada por los cambios climáticos globales, afirman los investigadores.

“La hidroenergía es una entre las diversas soluciones con miras a evitar apagones de energía en Brasil. La solución consiste en procurar diversificar las fuentes de energía y adoptar alternativas innovadoras que puedan reducir los impactos ambientales y sociales de las represas”, dijo Moran.

Una de las alternativas tecnológicas a las centrales hidroeléctricas que estudian los científicos es la instalación de turbinas en línea en el lecho de los ríos o sumergidas en ellos, que no necesitan represar el agua.

Esta tecnología podría ser útil para la generación ininterrumpida de energía destinada a las comunidades ribereñas, a un costo bajo, pues mantendría la ecología fluvial y no redundaría en el reasentamiento de comunidades y otros costos sociales que generan las represas.

“Esta solución podría aplicarse por todo Brasil en donde existan ríos pequeños, con agua con caudal de más de un metro por segundo. Asimismo, estas turbinas también podrían instalarse cerca de las represas para complementar la producción de energía y eliminar la necesidad de construir otras centrales”, dijo el investigador.

Puede leerse el artículo intitulado Sustainable hydropower in the 21st century (doi: 10.1073/pnas.1809426115), de Emilio F. Moran, Maria Claudia Lopez, Nathan Moore, Norbert Müller y David W. Hyndman, en la revista PNAS, en el siguiente enlace: pnas.org/content/early/2018/11/02/1809426115.

 

 

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