Por Sophia La Banca | Agência FAPESP – Moléculas conocidas por su actividad contra el cáncer se mostraron eficaces en el combate contra Plasmodium falciparum, parásito causante de la malaria. La investigación, realizada en la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de São Paulo (FCF-USP), en Brasil, también analizó cómo las diferencias en la estructura de las moléculas estudiadas afectan sus efectos sobre los parásitos, abriendo el camino para el desarrollo de medicamentos más eficaces.
La malaria fue responsable de alrededor de 600 mil muertes en 2024, según una estimación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). De acuerdo con Célia Regina da Silva Garcia, profesora del Departamento de Análisis Clínicos y Toxicológicos de la FCF-USP, se estima que el 90 % de esas muertes son causadas por Plasmodium falciparum, una de las especies causantes de la enfermedad. Aunque ya existen tratamientos para esta enfermedad, la resistencia del parásito a medicamentos como la cloroquina y la artemisinina se ha vuelto más común, lo que hace necesario el desarrollo de nuevos tratamientos. En este contexto, la reutilización de fármacos ya empleados para otras indicaciones surge como una alternativa más rápida y económica para la búsqueda de nuevos enfoques terapéuticos.
La investigación, desarrollada con financiamiento de la FAPESP (proyectos 17/08684-7, 21/06607-0, 23/07656-0, 24/07723-2, 22/15522-1, 24/09115-0, 24/06392-2, 22/07275-4 y 23/07455-5), probó 14 compuestos derivados de un antineoplásico –medicamento utilizado en el tratamiento del cáncer– en parásitos de la especie P. falciparum cultivados en laboratorio. Los resultados mostraron que las moléculas fueron eficaces en la eliminación de los microorganismos en dos fases diferentes de su desarrollo: la asexual y la de gametocitos.
Al eliminar el parásito en la fase asexual –momento en el que se reproduce en las células sanguíneas y causa la fiebre típica de la malaria–, los nuevos fármacos muestran un gran potencial terapéutico. Además, las moléculas también actúan en la fase de gametocito, etapa en la que Plasmodium infecta a los mosquitos. De esta forma, además de tratar al paciente, el medicamento logra bloquear la transmisión de la enfermedad.
Efectos secundarios
A pesar de los resultados prometedores, publicados en julio en la revista ACS Omega, existe preocupación por los posibles efectos secundarios de estas moléculas. Como solo se realizaron pruebas in vitro, todavía no fue posible evaluar la magnitud del problema. Algunos de los compuestos probados mostraron un menor efecto en las pruebas con células humanas, al tiempo que mantuvieron su efecto sobre los parásitos, lo que indica un menor riesgo de efectos adversos graves, pero únicamente las pruebas in vivo podrán confirmarlo. “Las moléculas de esta clase pueden causar fatiga, náuseas, vómitos y alteraciones hematológicas, como una reducción de las plaquetas. Es natural que exista esta preocupación”, dice Garcia. Las pruebas in vivo también serán importantes para verificar la capacidad de los candidatos a fármacos de mantenerse estables dentro del organismo del paciente, ya que los medicamentos de esta clase suelen degradarse rápidamente en esas condiciones.
Para superar estas limitaciones, el equipo de Garcia analizó cómo las variaciones en la estructura de los diferentes derivados modifican su funcionamiento y cuál es el blanco de estos derivados en la célula del parásito. Con ello, es posible planificar el desarrollo de nuevos fármacos con características más adecuadas para el tratamiento. “Cuando realizamos un desarrollo racional de nuevas moléculas, podemos perfeccionar la estructura química de manera dirigida. Nuestros ensayos reforzaron la hipótesis de que las enzimas histona desacetilasas constituyen un importante blanco terapéutico para la malaria. Con ello, logramos diseñar nuevas moléculas cada vez más potentes y selectivas para el parásito”, explica Garcia.
Otro objetivo futuro del equipo de Garcia es probar las moléculas en otras especies de parásitos causantes de la malaria, como Plasmodium vivax, especie predominante en Brasil y que posee una forma capaz de provocar recaídas incluso después del tratamiento. “P. vivax también puede desarrollar formas latentes, conocidas como hipnozoítos, que se alojan en el hígado. Además, tiene una mayor distribución en los países ecuatoriales. Por eso, es importante evaluar la eficacia de los antimaláricos en diferentes especies, para garantizar que sean eficaces en diversas regiones del mundo”, dice Garcia.
El artículo “Repurposing 6-Anilinopurine derivatives that exhibit PfHDAC1 inhibition and antimalarial activity against asexual and sexual stages of Plasmodium falciparum” puede leerse en: pubs.acs.org/doi/10.1021/acsomega.5c12744.


