Pasta moldeable fue diseñada para aplicarse en pequeñas fisuras y rellenar defectos óseos extensos (foto: BioActive)

Innovación
‘Superinjerto’ reconstruye huesos y combate infecciones simultáneamente

Startup desarrolla una tecnología que acelera la regeneración ósea y reduce el riesgo de complicaciones después de cirugías

24-09-2026
EN
Innovación
‘Superinjerto’ reconstruye huesos y combate infecciones simultáneamente

Startup desarrolla una tecnología que acelera la regeneración ósea y reduce el riesgo de complicaciones después de cirugías

24-09-2026
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Pasta moldeable fue diseñada para aplicarse en pequeñas fisuras y rellenar defectos óseos extensos (foto: BioActive)

 

Por Roseli Andrion  |  Agência FAPESP – Uno de los mayores desafíos en el tratamiento de fracturas graves es reconstruir el hueso dañado sin abrir brechas para infecciones bacterianas. La startup BioActive Biomateriais, con sede en Indaiatuba, en el estado de São Paulo (Brasil), desarrolló una solución para este dilema: con el apoyo de la FAPESP, los ingenieros de la empresa crearon un injerto inteligente que funciona como un “andamio” temporal: el producto ofrece la estructura necesaria para que las células se apoyen y crezcan mientras, simultáneamente, combate activamente las infecciones.

El secreto de esta eficacia reside en su formulación trifásica. Al combinar tres materiales distintos –sulfato de calcio, hidroxiapatita y fosfato tricálcico–, la startup creó una solución optimizada para la regeneración ósea. Esta mezcla fue diseñada estratégicamente para que el material desaparezca al ritmo ideal: mientras el sulfato de calcio se disuelve rápidamente para dejar espacio a las nuevas células que van surgiendo durante el proceso de regeneración, los otros dos componentes se degradan más lentamente, lo que garantiza que la zona cuente con un soporte firme durante un período prolongado.

Además de la reconstrucción estructural, el injerto combate enfermedades como la osteomielitis, una infección ósea que con frecuencia hace que los tratamientos ortopédicos sean lentos y dolorosos. Para garantizar esta protección, la empresa incorporó al material tres iones metálicos –plata, zinc y estroncio– con funciones específicas. Mientras que la plata y el zinc frenan la proliferación bacteriana, el estroncio actúa en dos frentes vitales: estimula las células que forman hueso (osteoblastos) y frena aquellas que destruyen el tejido (osteoclastos).

“La propuesta de combinar tres compuestos funcionales con iones antimicrobianos es inédita en el mercado de biomateriales”, afirma a Agência FAPESP Karen Grancianinov, ingeniera química responsable del proyecto. Según explica, aunque existen estudios académicos que exploran fórmulas similares, BioActive es la primera empresa en transformar este conocimiento científico en un producto comercial viable.

A diferencia de los productos convencionales, que actúan únicamente como materiales de relleno pasivos, la nueva tecnología presenta propiedades integradas. Como explica la investigadora, el material es biocompatible (aceptado por el cuerpo sin rechazo), biorreabsorbible (absorbido por el organismo a medida que crece el hueso) y osteoconductor (sirve como guía estructural para el nuevo tejido).

Practicidad en el quirófano

La versatilidad es otra ventaja de esta tecnología. El material se presenta en polvo y, al mezclarse con un líquido durante la cirugía, se transforma en una pasta moldeable similar al cemento. Esta consistencia permite que el médico inyecte la solución en pequeñas fisuras o moldee el producto para rellenar defectos óseos extensos en brazos y piernas, o en procedimientos de implantes dentales.

Por lo general, en estas situaciones, los cirujanos recurren al “autoinjerto” –la extracción de hueso del propio paciente–, un procedimiento doloroso que requiere una segunda zona quirúrgica y aumenta los riesgos. En otros países se utiliza el “aloinjerto” (hueso de donante), pero, como esta práctica está prohibida en Brasil, la innovación de BioActive surge como una alternativa tecnológica de vanguardia para cubrir este vacío en el mercado nacional.

“La versatilidad del injerto elimina, en muchos casos, la necesidad de otros procedimientos quirúrgicos, reduciendo los riesgos y el tiempo de recuperación”, destaca Grancianinov.

El producto se encuentra en la fase inicial de pruebas en modelos animales. El próximo paso será la realización de un estudio clínico en seres humanos, que deberá ser aprobado por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), organismo brasileño responsable de autorizar su posterior comercialización.

Independencia tecnológica

Además de los beneficios clínicos, el desarrollo de esta tecnología, que cuenta con financiamiento del Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (PIPE, por sus siglas en portugués), de la FAPESP, contribuye a reducir la dependencia tecnológica del país. Actualmente, la mayor parte de los injertos utilizados en Brasil son importados, lo que deja a los hospitales vulnerables a las fluctuaciones cambiarias. Para Felipe Bisson, director comercial de BioActive, la inversión nacional es una estrategia a largo plazo.

“Podríamos traer una solución lista del exterior, pero optamos por desarrollarla aquí para obtener algo diferenciado. La propuesta es ser un puente entre la universidad y la industria”, afirma Bisson.

A futuro, la meta es incluir el injerto en el SUS (“Sistema Único de Salud”, la red nacional de salud pública de Brasil), un paso fundamental ante el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas que requieren regeneración ósea. “El envejecimiento de la población aumenta la demanda de tratamientos de regeneración. A medida que los profesionales comprenden las particularidades de cada material, el mercado crece”, evalúa Bisson.

Sin embargo, la transición de la mesa de laboratorio al quirófano exige un rigor extremo. Actualmente, el equipo de BioActive trabaja en la transición de la escala de laboratorio a la industrial. “El desarrollo académico y el industrial avanzan a ritmos diferentes”, observa Grancianinov, quien señala que adaptar la producción de unos pocos gramos de material a cientos de kilos representa un desafío técnico constante.

Con la previsión de que el sector mundial de biomateriales supere los US$ 200 mil millones para 2033, BioActive ya mira más allá de las fronteras brasileñas, con planes de expansión hacia América Latina, Asia y Europa. Mientras aguarda las aprobaciones regulatorias, la startup continúa invirtiendo en educación continua para médicos, reforzando que, para el paciente, la tecnología tiene un propósito claro: recuperar la autonomía y volver a vivir sin dolor.

 

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