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Las sequías y el calor extremos del último El Niño anticipan una “nueva normalidad” en los bosques tropicales

Un estudio internacional revela que el estrés térmico sin precedentes registrado en 2023-2024 podría repetirse en las próximas décadas si no se reducen las emisiones. La Amazonia es la región más vulnerable.


Las sequías y el calor extremos del último El Niño anticipan una “nueva normalidad” en los bosques tropicales Vista del dosel del bosque de Caxiuanã, en la Amazonia oriental (foto: Peter Groenendijk)

Luciana Constantino | Agência FAPESP – Alrededor del 75 % de las áreas de los bosques tropicales del mundo experimentaron al menos seis meses de sequía y calor simultáneos sin precedentes durante El Niño de 2023-2024. Más que una descripción de un fenómeno extremo, este escenario constituye un anticipo de la “nueva normalidad” que podría establecerse en las próximas dos décadas si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, según un estudio publicado en la edición del 7 de octubre de la revista Earth’s Future.

La mayor alerta recae sobre la Amazonia, identificada como la región más vulnerable a este nuevo patrón climático. Si las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero continúan aumentando, la probabilidad de que este bioma experimente sequías de una gravedad similar a las del último bienio se multiplicará hasta por nueve hacia finales de siglo, incluso en años sin la influencia de El Niño.

Ante un estrés térmico de tal magnitud, los bosques tropicales sufren un colapso funcional. Según los investigadores, en lugar de absorber los gases que contribuyen al calentamiento del planeta (actuando como sumideros), estas áreas pasan temporalmente a emitir carbono a la atmósfera. Frente a este círculo vicioso, el estudio refuerza la urgencia de reducir las emisiones mundiales de manera rápida y sostenida.

La necesidad de adoptar medidas de mitigación se vuelve aún más inmediata ante la inminencia de El Niño de 2026-2027. Sus efectos ya pueden sentirse en América del Sur y los pronósticos indican que podría alcanzar la categoría de “muy fuerte” (la clasificación máxima) a comienzos del verano. Intensificado por la crisis climática, el fenómeno se perfila como el más intenso jamás registrado.

En términos generales, la investigación señaló que la probabilidad de registrar temperaturas medias elevadas aumentará al menos seis veces en todas las regiones tropicales, incluso en el escenario de menores emisiones mundiales. Este escenario supone que, alrededor de 2075, el mundo comenzará a retirar de la atmósfera una cantidad de carbono equivalente a la que emita, una condición conocida como emisiones netas cero de CO₂.

“Durante El Niño de 2023-2024, la superficie afectada y la duración de los episodios de sequía y las olas de calor fueron las mayores y más extensas de los últimos 25 años. Cuando utilizamos los mismos modelos para proyectar el futuro, podemos observar que la temperatura está aumentando. Nos preocupa que ahora la situación pueda ser aún peor, lamentablemente”, explica a la Agência FAPESP la autora de correspondencia del artículo, Johanna Van Passel, científica de la Universidad Ghent, en Bélgica, e investigadora visitante del Instituto de Biología de la Universidad Estatal de Campinas (IB-Unicamp), en Brasil.

(Infografía: de la revista Pesquisa FAPESP)

El Niño es un fenómeno natural caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico tropical, especialmente entre la costa de América del Sur y la región central del océano. La gran cantidad de calor acumulada en el mar modifica la circulación atmosférica, favorece el aumento de las temperaturas mundiales y altera los patrones de precipitación en diferentes partes del planeta. En Brasil, favorece las lluvias por encima del promedio en el sur, reduce las precipitaciones en algunas zonas del norte y nordeste y eleva las temperaturas en varios estados del país.

Cruce de información

Para obtener los resultados, los científicos combinaron datos satelitales y observacionales, además de proyecciones de 24 modelos climáticos correspondientes a cuatro escenarios de emisiones, tanto para el período pasado (2000-2024) como para el futuro (hasta 2100). También utilizaron un enfoque basado en anomalías, que considera el clima de referencia de cada región para definir los fenómenos extremos. De esta manera, fue posible tener en cuenta las adaptaciones de los bosques tropicales de diferentes continentes a distintas condiciones climáticas, clasificando un fenómeno como extremo en comparación con lo que ocurre habitualmente en cada localidad.

El biólogo Peter Groenendijk, profesor del IB-Unicamp y coautor de la investigación, destaca que una de las innovaciones del trabajo consistió en comparar las condiciones de sequía y calor registradas durante un único episodio de El Niño con escenarios climáticos futuros, identificando así una “nueva normalidad”. A su juicio, el uso de múltiples modelos aportó solidez a los resultados.

Especialista en dendroecología (la rama de la ciencia que utiliza los anillos de crecimiento de los árboles para estudiar y reconstruir procesos ecológicos), Groenendijk subraya también la importancia de los hallazgos para comprender el funcionamiento de los ecosistemas.

“El Niño es uno de los principales factores que modulan el clima mundial. Al intentar comprender sus impactos, podemos obtener diversos conocimientos adicionales sobre los bosques, como entender los mecanismos que provocan la mortalidad de los árboles”, afirma el biólogo, quien recibió financiamiento de la FAPESP mediante un Apoyo a la Investigación del Programa Jóvenes Investigadores.

En este sentido, Van Passel destaca que los hallazgos contribuirán a su línea de investigación, orientada a comprender los efectos del calor y las sequías extremas sobre el crecimiento y la mortalidad de los árboles, especialmente en la Amazonia.

Precipitaciones

En el estudio, todos los modelos climáticos indicaron que alrededor del 80 % de los meses con calor extremo ocurrieron durante la estación lluviosa. Este dato es importante porque sugiere que la fotosíntesis podría verse afectada de diferentes maneras, con consecuencias para el balance de carbono de los árboles.

Un período más cálido, seco y con menor nubosidad durante la estación lluviosa puede aumentar la fotosíntesis, ya que hay más luz y agua disponible para la transpiración y el enfriamiento de las hojas. Sin embargo, si estas condiciones se presentan durante la estación seca, el efecto es negativo, pues la menor disponibilidad de agua en el suelo impide el enfriamiento; el transporte de agua a través del xilema puede fallar y parte de las copas de los árboles puede morir. Cuando la sequía y el calor se producen simultáneamente y durante períodos prolongados, los daños se intensifican y debilitan los árboles. No obstante, los mecanismos que intervienen en todo este proceso aún no se comprenden completamente.

A diferencia de las proyecciones de temperatura, las relacionadas con las precipitaciones mostraron mayores divergencias regionales. Según los hallazgos, la Amazonia, América Central, África austral y parte del este de Asia tenderán a volverse más secas, mientras que el resto de las regiones tropicales probablemente experimentará condiciones más húmedas.

Por otra parte, los resultados indican que, hacia 2100, los bajos niveles de precipitación registrados en 2023-2024 en algunas regiones podrían volverse entre dos veces más probables (en el nordeste de Brasil) y nueve veces más probables (en la Amazonia), bajo los dos escenarios de mayores emisiones de gases de efecto invernadero.

Esta tendencia coincide con los resultados de otros dos estudios liderados por científicos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) de Brasil, que analizaron específicamente la Amazonia brasileña. Los resultados indican que el bioma ya comienza a experimentar condiciones que hasta ahora se proyectaban para las próximas décadas: estaciones secas más prolongadas (que pasan de cuatro a hasta seis meses) y alteraciones en los patrones de precipitación (con déficits hídricos superiores a 150 milímetros). También se registró un aumento promedio del 9 % en las superficies quemadas y del 19 % en las alertas de degradación forestal durante El Niño de 2023-2024, lo que evidencia que el ciclo de sequía, incendios y degradación se está intensificando y reduciendo la capacidad de recuperación del ecosistema (lea más en: https://agencia.fapesp.br/58194).

Consecuencias

La pérdida de resiliencia de los bosques tropicales genera impactos mundiales, ya que altera importantes servicios ecosistémicos, entre ellos la regulación del clima y del ciclo del carbono, así como la conservación de la biodiversidad. Esto repercute tanto en los medios de subsistencia de las poblaciones locales como en la economía mundial y la salud del planeta.

  Voluntarios retiran un delfín de río muerto del lago: en un solo día de 2023, con la temperatura del agua
por encima de los 39 °C, se encontraron 70 cadáveres (foto: Miguel Monteiro/Mamirauá Institute)

En Brasil, diversas regiones se vieron afectadas por las condiciones climáticas de El Niño de 2023-2024. Los niveles de los ríos en el estado de Amazonas, por ejemplo, descendieron hasta alcanzar mínimos históricos, lo que dejó aisladas a numerosas comunidades. El calentamiento de las aguas de los lagos del estado también provocó un episodio sin precedentes de mortalidad de más de 300 delfines de río. Además, más de un tercio (38 %) de los asentamientos humanos de la región amazónica —2.172 de las 5.673 localidades— estuvieron altamente expuestos a la sequía entre septiembre y noviembre de 2024, según un estudio de MapBiomas, una red colaborativa integrada por organizaciones no gubernamentales, universidades y startups tecnológicas que cartografía la cobertura y el uso del suelo en Brasil.

Entre los principales factores que determinan la intensidad y los efectos de El Niño se encuentran la extensión, la profundidad y la magnitud del calentamiento del Pacífico, así como la respuesta de los vientos y la atmósfera. Durante el último siglo, los episodios clasificados como “muy fuertes”, conocidos popularmente como “super El Niño”, se registraron en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Este último alcanzó los mayores aumentos de temperatura del océano.

Aunque no fue un “super El Niño”, el fenómeno de 2023-2024 tuvo efectos intensos. La literatura científica viene demostrando que estas repercusiones desproporcionadas podrían deberse a su combinación con el calentamiento global registrado durante ese período: 2024 fue el año más cálido de la historia, con un aumento de 1,55 °C en la temperatura media mundial respecto de los niveles preindustriales (1850-1900), seguido de 2023, con un incremento de 1,45 °C, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

“El Niño de 2015-2016 fue muy fuerte, pero el impacto del episodio de 2023-2024 fue mayor. Cuando miramos hacia el futuro, estos fenómenos extremos podrían agravarse aún más. Sin embargo, esto dependerá en gran medida de la trayectoria de las emisiones de gases de efecto invernadero y del uso de combustibles fósiles que adopte nuestra sociedad. La diferencia entre el escenario de menores emisiones y el de mayores emisiones es considerable. El pronóstico es desfavorable, pero tenemos alternativas. La situación no es tan terrible como para que no podamos hacer nada. Tenemos que actuar”, concluye Van Passel.

El artículo The 2023-2024 El Niño as a preview of future tropical 2 forest climate puede consultarse en: https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1029/2026EF008071.

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