Focos de incendio en Acre (foto: Beatriz Cabral)
Liderados por científicos brasileños, estudios recientemente publicados indican la prolongación de la estación seca de cuatro hasta seis meses, con un aumento del déficit hídrico superior a 150 milímetros; los trabajos constituyen una alerta para 2026 y 2027, cuando se prevé un “súper El Niño”
Liderados por científicos brasileños, estudios recientemente publicados indican la prolongación de la estación seca de cuatro hasta seis meses, con un aumento del déficit hídrico superior a 150 milímetros; los trabajos constituyen una alerta para 2026 y 2027, cuando se prevé un “súper El Niño”
Focos de incendio en Acre (foto: Beatriz Cabral)
Por Luciana Constantino | Agência FAPESP – La Amazonía brasileña ya comienza a registrar escenarios que hasta ahora estaban proyectados para las próximas décadas, con estaciones secas más prolongadas y alteraciones en el patrón de lluvias, señalan dos estudios recientemente publicados y liderados por científicos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) de Brasil. El panorama puede intensificarse rápidamente, elevando los riesgos para la biodiversidad, la recarga de los reservorios naturales de agua y el funcionamiento del bosque, si no se implementan políticas integradas e iniciativas de combate al cambio climático.
Los trabajos, basados en modelos climáticos que incorporan la dinámica regional, también funcionan como una alerta para este año y el próximo, cuando existe la posibilidad de un “súper El Niño”. Caracterizado por el calentamiento del océano Pacífico en la franja ecuatorial, el fenómeno puede, en su versión más intensa, elevar la temperatura en más de 2 °C por encima del promedio, provocando grandes alteraciones en la circulación atmosférica y en el régimen de lluvias a escala global.
El resultado de una de las investigaciones indica una prolongación de la estación seca en la Amazonía, de cuatro hasta seis meses, con un aumento del déficit hídrico superior a -150 milímetros (mm) durante ese período. Publicado en el International Journal of Climatology, el artículo señala una mayor inestabilidad climática y más eventos extremos fuera del patrón estacional, además del incremento de la degradación forestal asociada al fuego.
El otro trabajo, publicado en la edición de marzo de Perspectives in Ecology and Conservation, analiza la sequía registrada entre 2023 y 2024 en la Amazonía, período en el cual Brasil también fue fuertemente afectado por El Niño. Los hallazgos muestran un crecimiento promedio del 9 % en las áreas quemadas y del 19 % en las alertas de degradación forestal, con hasta 4,2 millones de hectáreas impactadas por el fuego en el pico de la sequía. De este modo, evidencian que el ciclo sequía-fuego-degradación se está fortaleciendo, reduciendo la capacidad del ecosistema para restablecerse.
“Hace algunos años, cuando comenzamos a discutir escenarios climáticos para la Amazonía, muchas veces ese futuro era visto como algo distante, incluso en los contextos más pesimistas. Sin embargo, estamos observando que los extremos de anomalía más pesimistas están ocurriendo en el presente. Cuando comparamos los datos actuales con las proyecciones, vemos cuán crítica se vuelve esta situación a medida que incorporamos escenarios pesimistas al análisis climático”, resume la ingeniera ambiental y sanitaria Débora Dutra, doctoranda en percepción remota en el Inpe y primera autora de ambos artículos.
La bióloga Liana Anderson, directora de tesis de Dutra e investigadora del Inpe, destaca el papel de los científicos frente a la disonancia entre las evidencias científicas sobre los impactos del cambio climático en los ecosistemas y las respuestas orientadas a su mitigación y contención.
“Estamos en un momento crucial, con metas nacionales e internacionales que deben cumplirse hasta 2030. Si dirigimos los esfuerzos en esa dirección, tenemos condiciones de alcanzarlas. Es necesario pensar la conexión entre medio ambiente, desarrollo y economía como una tríada indisociable, ya sea desde la perspectiva de la explotación o del costo que habrá que pagar por la reconstrucción tras los impactos. Creo que esta crisis climática abre la oportunidad de repensar caminos y como acelerar iniciativas sostenibles que busquen calidad de vida, justicia social y ambiental. Existe una movilización de la comunidad científica para contribuir y mostrar alternativas. La cuestión es quién está dispuesto a escuchar lo que viene siendo estudiado a lo largo de las últimas décadas”, complementa Anderson, quien lidera el laboratorio TREES (sigla de TRopical Ecosystems and Environmental Sciences) junto al investigador Luiz Aragão, también uno de los autores de los artículos.
Construyendo modelos
En la investigación publicada en el International Journal of Climatology, los científicos utilizaron una métrica en la que Aragão viene trabajando desde 2007: el déficit hídrico acumulado máximo (MCWD, por sus siglas en inglés), considerado un indicador clave del estrés hídrico en los ecosistemas tropicales. Esta métrica se combinó con datos de la fase seis del Proyecto de Intercomparación de Modelos Acoplados, que proporciona una estructura estandarizada para la modelación climática alineada con las evaluaciones de las Trayectorias Socioeconómicas Compartidas (SSPs) del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la Organización de las Naciones Unidas.
El estudio se llevó a cabo en el suroeste de la Amazonía, abarcando el estado de Acre y parte de los estados de Amazonas y Rondônia. Con áreas que conservan más del 90 % de cobertura forestal, la región está sometida a una fuerte presión por la deforestación.
Los resultados muestran que, en escenarios de altas emisiones de gases de efecto invernadero, se produce una intensificación de los déficits hídricos durante la estación seca en la Amazonía, especialmente en la porción suroeste del bosque. Las proyecciones indican estaciones secas más prolongadas e intensas, con aumento del estrés hídrico entre junio y septiembre y déficits que podrían superar los -21 mm/mes hacia finales de siglo, en el escenario más pesimista.
Este agravamiento tiende a producir impactos directos sobre el bosque, con una mayor mortalidad de árboles, degradación forestal y pérdida de biodiversidad, además de la reducción de la capacidad de la Amazonía para actuar como sumidero de carbono, reforzando un ciclo de retroalimentación entre degradación y calentamiento global.
Para perfeccionar las proyecciones futuras y las evaluaciones de riesgo climático en la región, los investigadores sugieren, entre otros puntos, la adopción de análisis integrados que incorporen cambios en el uso del suelo, anomalías en la circulación atmosférica e interacciones entre incendios y sequías.
En la investigación que analizó la sequía extrema de 2023 y 2024, el grupo mapeó y cuantificó el estrés hídrico, la degradación forestal y la dinámica del fuego, identificando implicaciones para la gestión ambiental. El estudio concluyó que la sequía intensificó la interacción entre déficit hídrico, incendios y degradación, con el fuego cada vez más asociado al debilitamiento del bosque en pie, y no solamente a la deforestación. Mientras que la tala elimina por completo la cobertura vegetal, la degradación debilita el bosque sin destruirlo totalmente.
De acuerdo con el trabajo, los resultados destacan la necesidad de una gobernanza integrada del fuego, que articule indicadores climáticos con los sistemas de alerta, fortalezca la coordinación institucional e incorpore la degradación forestal en las estrategias de mitigación y adaptación.
Tejiendo ciencia e iniciativas prácticas
Bajo la coordinación de Anderson, Dutra viene estudiando desde hace algunos años los impactos del fuego en la selva amazónica y publicó un artículo sobre incendios en el municipio de Boca do Acre, en el estado de Amazonas (lea más en: agencia.fapesp.br/40946).
Desde el año pasado, las investigadoras integran la iniciativa “Fogo em Foco”, una alianza entre fuerzas operativas de combate y prevención de incendios (como los Cuerpos de Bomberos Militares de diversos estados) e instituciones de investigación. Para marcar el lanzamiento del programa, el laboratorio TREES, la Red Brasa de investigación y la Liga de los Cuerpos de Bomberos Militares realizaron un evento en octubre de 2025, en el que divulgaron el informe “Fogo em Foco 2024-2025” y el artículo internacional “State of Wildfires 2024-2025”.
Según Anderson, en abril fue autorizada la continuidad de este trabajo conjunto con los bomberos para 2026. “Este acercamiento es una forma de articular lo que la ciencia puede aportar con la realidad de quienes actúan sobre el terreno, tanto en estrategias de prevención como de combate. Intentamos tejer ciencia y acciones en la sociedad. Pero todavía hay un punto en el que necesitamos avanzar: la magnitud del impacto económico y cuánto significa esto para el desarrollo del país”, afirma la investigadora.
Por ello, Dutra decidió profundizar en el tema y trabajará en su tesis doctoral con datos sobre el potencial de las pérdidas económicas derivadas del fuego, abordando no solo cuestiones forestales, sino también la salud y los impactos sociales.
La investigadora recibe una beca de la FAPESP, que también apoyó los dos artículos por medio de otros cinco proyectos – 21/04019-4, 20/08916-8, 25/28244-8 y 25/07124-4, incluido el Centro de Investigación e Innovación en Gases de Efecto Invernadero (RCGI).
El artículo Dry-season water deficits in the Southwestern Amazon under high emissions puede leerse en rmets.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/joc.70331.
El artículo Intensification of drought-associated wildfires challenges actions for Amazonia’s sustainable development está disponible en sciencedirect.com/science/article/pii/S2530064426000295.
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