Los investigadores identificaron “firmas de autoanticuerpos” que pueden correlacionarse tanto con el estado inmunológico como con daños neurológicos y síntomas específicos de cada una de las tres enfermedades (imagen de Gerd Altmann en Pixabay)
Investigación de la Universidad de São Paulo muestra que un sistema inmune desregulado puede provocar ataques sistémicos a las conexiones neuronales, ampliando la comprensión sobre la complejidad de enfermedades como Alzheimer, Parkinson y esclerosis múltiple
Investigación de la Universidad de São Paulo muestra que un sistema inmune desregulado puede provocar ataques sistémicos a las conexiones neuronales, ampliando la comprensión sobre la complejidad de enfermedades como Alzheimer, Parkinson y esclerosis múltiple
Los investigadores identificaron “firmas de autoanticuerpos” que pueden correlacionarse tanto con el estado inmunológico como con daños neurológicos y síntomas específicos de cada una de las tres enfermedades (imagen de Gerd Altmann en Pixabay)
Por Maria Fernanda Ziegler | Agência FAPESP – Investigadores de la Universidad de São Paulo (USP), en Brasil, descubrieron que enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, Parkinson y esclerosis múltiple pueden ser aún más complejas de lo que ya se sabe. El análisis de datos de casi 600 muestras de sangre de pacientes con y sin estas enfermedades mostró que los procesos de neurodegeneración no se limitan al sistema nervioso central, sino que implican una desregulación sistémica en diferentes objetivos.
“Hicimos un análisis sistémico a partir de los autoanticuerpos, proteínas de defensa [inmunoglobulinas] que, por error, atacan células, tejidos u órganos sanos del propio cuerpo en lugar de patógenos externos. En este estudio vimos que, a diferencia de lo que se pensaba, en estas enfermedades un anticuerpo no ataca solo una región específica de la conexión entre las neuronas [sinapsis], como un ladrón que invade una puerta. Se trata de un ataque sistémico, como ametrallar una casa entera”, explica Júlia Nakanishi Usuda, becaria de la FAPESP y primera autora del estudio.
El trabajo, publicado en el periódico iScience, mapeó más de 9 mil autoanticuerpos a partir de bases de datos públicas. Con los resultados, los investigadores sugieren que, en lugar de centrarse en objetivos moleculares aislados, las estrategias de tratamiento de estas enfermedades deberían enfocarse en bloquear la respuesta autoinmune de forma sistémica. El estudio de ciencia de datos aún necesita ser confirmado mediante pruebas in vitro e in vivo, pero refuerza un nuevo paradigma para el tratamiento de las enfermedades neurodegenerativas.
“Utilizamos como analogía una casa llena de puertas y ventanas en la que se destinan todos los esfuerzos a proteger y mantener cerrada solo una de ellas [un objetivo molecular como la beta-amiloide en la enfermedad de Alzheimer]. Pero resulta que el ladrón [el sistema inmune desregulado] está armado con una ametralladora disparando contra todas las demás puertas. El ataque es sistémico, dispara hacia múltiples objetivos, afectando las redes sinápticas de forma coordinada”, explica Otávio Cabral-Marques, profesor de la Facultad de Medicina (FM) de la USP y coordinador de la investigación, apoyada por la FAPESP.
Sistemas inmune y nervioso
Las enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, Parkinson y esclerosis múltiple suelen entenderse como patologías estrictamente relacionadas con acumulaciones proteicas o fallas neuronales locales.
El Alzheimer, principal causa de demencia, afecta principalmente a personas mayores de 65 años y está vinculado a la acumulación de placas de la proteína beta-amiloide en el cerebro y ovillos de la proteína tau, lo que conduce a la pérdida progresiva de la memoria y del razonamiento.
El Parkinson, la segunda enfermedad neurodegenerativa más común, también es más frecuente en personas mayores, pero se manifiesta por síntomas como temblores, rigidez, lentitud de movimientos, trastornos del sueño y depresión, asociados a la agregación de otra proteína (alfa-sinucleína) y a la degeneración de neuronas relacionadas con la regulación del comportamiento, la emoción, la cognición y las funciones motoras (dopaminérgicas).
Por su parte, la esclerosis múltiple, más frecuente en mujeres jóvenes, resulta de una inflamación autoinmune que provoca la pérdida de la vaina de mielina de las neuronas y neurodegeneración. Entre los síntomas se encuentran fatiga, alteraciones cognitivas y neuritis óptica, generalmente iniciando en brotes que aparecen y desaparecen (forma remitente-recurrente), pudiendo evolucionar hacia una enfermedad progresiva.
“A pesar de tener causas y síntomas diferentes, las tres enfermedades comparten como eje la desregulación neuroinmune. En todas ellas, la neuroinflamación y la respuesta inmune son centrales para la progresión de la enfermedad. Por ello, estudiar los autoanticuerpos, las moléculas que atacan al propio organismo, es esencial para comprender cómo la inmunidad influye en el sistema nervioso y contribuye al deterioro neurológico”, afirma Usuda.
Marcadores de la enfermedad
Los investigadores identificaron “firmas de autoanticuerpos” en estas enfermedades que pueden correlacionarse tanto con el estado inmunológico como con daños neurológicos y síntomas específicos de cada una de las tres patologías.
“El análisis de los autoanticuerpos nos permitió mapear cómo atacan las redes sinápticas y correlacionar su presencia con fallas en vías esenciales de señalización de estas enfermedades. En el caso del Alzheimer, por ejemplo, generalmente asociado a la toxicidad de las placas beta-amiloide, identificamos el papel sistémico de los autoanticuerpos. Esto refuerza estrategias presentadas en estudios recientes en ratones que señalan una mejora de las conexiones neuronales cuando se reducen los linfocitos B, responsables de la producción de anticuerpos”, explica Cabral-Marques.
El artículo Integrative analysis reveals the autoantibodyome neuroimmune signature of neurodegeneration puede leerse en: www.cell.com/iscience/fulltext/S2589-0042(26)00156-2.
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