La investigación se realizó con base en 20 años de monitoreo de campo (foto: Paulo Brando)
Estudio liderado por brasileños muestra la sustitución de especies por generalistas, sin tendencia a la sabanización; sin embargo, las áreas recuperadas son más vulnerables
Estudio liderado por brasileños muestra la sustitución de especies por generalistas, sin tendencia a la sabanización; sin embargo, las áreas recuperadas son más vulnerables
La investigación se realizó con base en 20 años de monitoreo de campo (foto: Paulo Brando)
Por Luciana Constantino | Agência FAPESP – Incluso después de incendios, sequías severas y tormentas de viento, la vegetación de los bosques degradados en la Amazonía muestra una alta capacidad de regeneración, incluidas las especies arbóreas. La recuperación, sin embargo, ocurre bajo nuevas condiciones ecológicas, con pérdida de diversidad y aumento de la vulnerabilidad a nuevas perturbaciones.
Una investigación publicada el 20 de abril en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), una de las revistas científicas más citadas del mundo, muestra que se produce la sustitución de especies vulnerables por otras generalistas, más resistentes. Indica, así, según los autores, la formación de bosques homogéneos, pero no una tendencia a la sabanización, como parte de la literatura científica venía señalando. Este proceso refuerza la resiliencia del bioma.
Por otro lado, el estudio, realizado con base en 20 años de monitoreo de campo y liderado por brasileños, destaca que las áreas recuperadas son más vulnerables a eventos extremos cada vez más frecuentes en el bioma y a los impactos de la deforestación y del cambio climático. Además de intensificar sequías e incendios, el calentamiento global perjudica los servicios ecosistémicos, como la regulación del agua y la captura de carbono.

El grupo documentó la perturbación y la recuperación en un bosque experimental en Mato Grosso, llamado Tanguro, ubicado en una región de transición entre los biomas Amazonía y Cerrado. Se siguieron tres parcelas de 50 hectáreas cada una: una de control sin quema, otra quemada anualmente (entre 2004 y 2010) y la tercera con quemas trienales (2004, 2007 y 2010) (foto: Paulo Brando)
De acuerdo con los investigadores, esta comprensión es fundamental para orientar la conservación forestal y las estrategias de mitigación, especialmente frente a eventos como El Niño, fenómeno caracterizado por el calentamiento del océano Pacífico en la franja ecuatorial, que provoca alteraciones en la circulación atmosférica y en el régimen de lluvias a escala global.
“La principal conclusión de nuestro estudio es que, incluso altamente degradados, los bosques logran recuperarse. Sin embargo, son muy vulnerables a nuevas perturbaciones. Son resilientes, pero aun así es necesario preservar. En el sitio experimental, tenemos el control y el fuego ya no ocurre en el área, lo que no es posible hacer en toda la Amazonía”, afirma a Agência FAPESP el biólogo Leandro Maracahipes, primer autor del artículo junto con el ingeniero forestal Paulo Brando.
El trabajo es resultado del posdoctorado de Maracahipes en el Instituto de Biología de la Universidad Estatal de Campinas (IB-Unicamp). Actualmente, es investigador en la Yale School of the Environment (Estados Unidos) y también colaborador del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (Ipam). El biólogo y Brando cuentan con apoyo de la FAPESP, respectivamente, mediante una Beca de Posdoctorado y un Proyecto Temático.
Seguimiento
El grupo documentó la perturbación y la recuperación en un bosque experimental en Mato Grosso, llamado Tanguro, ubicado en una región de transición entre los biomas Amazonía y Cerrado. Se siguieron tres parcelas de 50 hectáreas cada una: una de control sin quema, otra quemada anualmente (entre 2004 y 2010) y la tercera con quemas trienales (2004, 2007 y 2010). Cada una de ellas está próxima a áreas agrícolas, que se utilizaban como pastizales con gramíneas exóticas.
“La elección del lugar es clave, ya que los modelos climáticos consideran que la región de transición de la Amazonía al Cerrado será la primera en sufrir cambios por los impactos del calentamiento global. Esta investigación es innovadora porque integra múltiples factores estresantes, como fuego, vientos fuertes y sequía, y muestra que el bosque sufrió, se degradó y luego se recuperó. Más empobrecido en especies, pero todavía con características de bosque”, explica el ecólogo y profesor del IB-Unicamp Rafael Silva Oliveira.

Con el paso del tiempo y el aumento de la cobertura arbórea (cierre del dosel), especialmente a partir de 2016, estas se redujeron drásticamente. Para los investigadores, esto sugiere que los daños causados al bosque no lo transformaron en un paisaje definitivo de tipo sabana (foto: Paulo Brando)
También autor del artículo y entonces supervisor de Maracahipes en el posdoctorado, Oliveira agrega: “Otro punto importante es que los árboles crecieron y las gramíneas desaparecieron, sin evidencia de sabanización. Los modelos creados por los climatólogos fueron útiles para alertar sobre los riesgos para la Amazonía, pero simplificaron los ecosistemas tropicales, reduciéndolos a bosque o sabana. Eso ayudó a reforzar la idea de un ‘punto de no retorno’, todavía poco sustentada por datos de campo. En la práctica, la Amazonía es mucho más diversa, con distintos tipos de bosques y vulnerabilidades. Al incorporar esta mirada biológica, mostramos una Amazonía menos previsible y más resiliente en algunas regiones de lo que sugieren los modelos”.
Oliveira también contó con apoyo de la FAPESP a través del Programa de Apoyo a la Investigación en Asociación para la Innovación Tecnológica (PITE).
Paso a paso
Los resultados mostraron que, con la suspensión de las quemas, la recuperación de la estructura y del funcionamiento del bosque fue rápida en su interior, con una diversidad de especies relativamente estable.
En las áreas de borde, en cambio, el proceso fue más lento, con una caída de la riqueza de especies de entre 20 % y 46 %, entre 2004 y 2024. El efecto de borde es una alteración ecológica que ocurre en los márgenes de áreas deforestadas, donde el bosque pasa a tener contacto directo con ambientes abiertos, como pastizales, carreteras o cultivos, alterando el clima y la biodiversidad.
A pesar de la recuperación de algunos servicios ecosistémicos, como los flujos de carbono y de agua, con el crecimiento de la vegetación después de los incendios la composición de especies cambió. Pasó a tener más generalistas, con características de tolerancia a la sequía, pero que están operando en umbrales peligrosos. La composición original de especies no regresó ni siquiera después de 14 años, principalmente en el caso de las consideradas especialistas de bosque.
Las gramíneas fueron un factor clave para promover incendios de alta intensidad e impidieron la regeneración de árboles, habiéndose expandido inicialmente a lo largo de los bordes. Se observaron especies asociadas a áreas de pastizales, como Aristida longifolia e Imperata sp., de origen africano. Después de incendios de alta severidad, gramíneas invasoras, especialmente Andropogon gayanus, ingresaron en los bordes y alcanzaron su pico en 2012.
Con el paso del tiempo y el aumento de la cobertura arbórea (cierre del dosel), especialmente a partir de 2016, estas se redujeron drásticamente, quedando solo manchas de gramíneas tolerantes a la sombra. Para los investigadores, esto sugiere que los daños causados al bosque no lo transformaron en un paisaje definitivo de tipo sabana.
“Mirando la parte biológica, cuando analizamos la composición de especies de gramíneas en el bosque que atravesó perturbaciones, vemos que son especies utilizadas en pastizales, como braquiaria y andropogon. Si el aumento fuera de especies nativas, podríamos decir que el componente graminoso sería un factor importante en la recuperación de bosques degradados. Además, no hay llegada de especies leñosas de sabana. Nuestro sitio experimental está a cinco kilómetros de áreas de sabana del Cerrado, pudiendo tener una fuente de propagación, y aun así no registramos esa sabanización”, añade Maracahipes, quien realizó el análisis de la composición de las especies a lo largo de los años en el lugar.
La investigación mostró además que la vulnerabilidad del bosque al fuego aumenta debido a la corteza delgada de los árboles, mientras que la baja densidad de la madera perjudica más durante las tormentas de viento. En las sequías severas, algunas especies operan cerca del potencial de pérdida de la conductividad hidráulica.
Un punto que se mostró importante en la regeneración forestal fue la presencia de fauna local, siendo los mamíferos (como tapires y monos) y las aves agentes clave para promover la reaparición de árboles considerados “especialistas de bosque”, es decir, con alta densidad de madera y larga vida.
Escenario
Aun con una caída significativa de la deforestación en la Amazonía, especialmente en los últimos dos años, el bioma viene sufriendo degradaciones constantes. El fuego ha sido el principal factor. Mientras que la deforestación elimina por completo la cobertura vegetal, la degradación debilita el bosque sin destruirlo totalmente.
Entre agosto de 2025 y enero de 2026, la deforestación en la Amazonía Legal afectó un área de 1.324 kilómetros cuadrados (km²), con una reducción del 35 % en comparación con el ciclo anterior (agosto de 2024 a enero de 2025). Por su parte, la degradación forestal alcanzó un área de 2.923 km² en el período.
En los primeros tres meses de 2026, se registró el segundo nivel más bajo para el primer trimestre del año – 399,59 km², lo que representa una caída de alrededor del 7 % en relación con 2025. Los datos provienen de Deter, sistema del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) de alerta de deforestación en tiempo real.
Para este año, otra preocupación es la posibilidad de un “super El Niño” a partir del segundo semestre hasta 2027. Nuevas proyecciones del Centro Europeo de Previsión Meteorológica a Medio Plazo apuntan a la posibilidad de un fenómeno con potencial para ser el más intenso en 140 años. En 2024, la sequía que afectó a la Amazonía fue provocada por El Niño y sus efectos continúan siendo estudiados hasta hoy.
“A pesar de la resiliencia del bosque, la preservación sigue siendo el camino que debemos buscar”, concluye Maracahipes.
El artículo Forest recovery pathways after fire, drought and windstorms in southeast Amazônia puede leerse en www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.2532833123.
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