Un denario del período republicano de Roma. Considerando únicamente el metal (plata), la moneda equivale a unos US$ 3. Pero, teniendo en cuenta el poder adquisitivo de la época, su valor podría alcanzar los US$ 100 y no sería inferior a US$ 20 (imagen: Stefan Krmnicek / Eberhard Karls Universität Tübingen)
Un estudio realizado en la Universidad de São Paulo combinó arqueología digital y ciencia de datos para mapear el flujo financiero de la República romana. Los resultados indican que, más allá de la conquista militar, la consolidación del dominio dependió de la integración económica de los territorios incorporados
Un estudio realizado en la Universidad de São Paulo combinó arqueología digital y ciencia de datos para mapear el flujo financiero de la República romana. Los resultados indican que, más allá de la conquista militar, la consolidación del dominio dependió de la integración económica de los territorios incorporados
Un denario del período republicano de Roma. Considerando únicamente el metal (plata), la moneda equivale a unos US$ 3. Pero, teniendo en cuenta el poder adquisitivo de la época, su valor podría alcanzar los US$ 100 y no sería inferior a US$ 20 (imagen: Stefan Krmnicek / Eberhard Karls Universität Tübingen)
Por José Tadeu Arantes | Agência FAPESP – Durante siglos, el estudio de la Historia Antigua se basó principalmente en la interpretación de textos clásicos y en el examen individual de inscripciones y vestigios arqueológicos en sus lugares de origen o en museos. Sin embargo, en los últimos años, una transformación poco conocida viene modificando profundamente este escenario. La digitalización de grandes colecciones arqueológicas, sumada al desarrollo de métodos cuantitativos capaces de integrar millones de registros dispersos, está abriendo una nueva frontera para la investigación histórica. Al igual que otras disciplinas científicas, beneficiadas por el procesamiento de cantidades colosales de información, la arqueología y la historia también han ingresado en la era de la ciencia de datos.
Un ejemplo de este enfoque acaba de ser presentado por dos investigadores del Núcleo de Economía Regional y Urbana de la Universidad de São Paulo (Nereus-USP), en Brasil. Combinando técnicas de economía regional, análisis espacial, sistemas de información geográfica y grandes bases de datos arqueológicos internacionales, reconstruyeron la circulación monetaria de la República romana (con énfasis en el período comprendido entre 155 a. C. y 2 d. C.) a partir de los vestigios de aproximadamente 4 millones de monedas hallados en excavaciones realizadas a lo largo de dos siglos. El estudio muestra que la consolidación del dominio romano dependió menos de la simple conquista militar que de la progresiva integración económica de los territorios incorporados.
El trabajo fue realizado por Eduardo Amaral Haddad, profesor de la Facultad de Economía, Administración, Contabilidad y Actuaría (FEA-USP), en colaboración con Inácio Fernandes Araújo, actualmente profesor de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq-USP). Un artículo escrito por ambos fue publicado en la revista Humanities and Social Sciences Communications, del grupo Nature.
Más que seguir el desplazamiento de las monedas, la investigación busca comprender cómo estas registran el funcionamiento de una economía en expansión. “Cada pieza preservada por la arqueología proporciona tres datos fundamentales: dónde fue acuñada, cuándo fue producida y dónde fue hallada unos 2 mil años después. Considerados de forma aislada, estos datos dicen poco. Pero, cuando se analizan conjuntamente millones de registros, estos permiten revelar los caminos recorridos por el dinero, la intensidad de los intercambios económicos, la integración entre diferentes regiones e incluso la evolución institucional de una de las mayores economías de la Antigüedad”, afirma Haddad.
El trabajo contó con el apoyo de la FAPESP mediante dos proyectos (14/25030-2 y 19/00057-9).
Un estudio que comenzó como pasatiempo
El origen del proyecto se remonta a 2014, cuando Haddad, ya profesor de la FEA-USP, realizó un período sabático (alejamiento temporal y planificado de la rutina profesional, que dura desde algunos meses hasta un año) en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos. Aunque estaba desarrollando investigaciones en economía, comenzó a asistir, por interés personal, a un seminario semanal organizado por el Departamento de Estudios Clásicos.
“En una de esas reuniones, asistí a la presentación de un estudio que utilizaba vestigios de naufragios y fragmentos de cerámica para reconstruir redes comerciales en el Mediterráneo Antiguo. Aquello se me quedó en la cabeza. Poco tiempo después, mientras exploraba la biblioteca de la universidad, encontré un catálogo de monedas romanas que reunía exactamente el tipo de información que necesitaba: la fecha de acuñación, el lugar donde cada moneda había sido producida y el lugar donde había sido hallada en excavaciones arqueológicas. Fotocopié aquel material, considerando que sería posible analizar esas redes utilizando herramientas de la economía regional y urbana”, recuerda.
El interés inicial acabó transformándose en un proyecto a largo plazo. Para profundizar sus conocimientos sobre el mundo clásico, Haddad se matriculó en un programa de posgrado a distancia sobre el Mediterráneo Antiguo, ofrecido por la Universidad de Leicester, en el Reino Unido. Uno de los trabajos desarrollados durante el curso se convirtió en el embrión del artículo publicado.
Arqueología computacional
Durante mucho tiempo, la información sobre las monedas romanas permaneció dispersa en museos, bibliotecas, colecciones particulares y archivos de investigadores. Esta fragmentación dificultaba cualquier intento de reconstruir patrones de circulación a gran escala. La situación comenzó a cambiar cuando instituciones como la American Numismatic Society empezaron a coordinar proyectos internacionales de digitalización y estandarización de estas colecciones, estableciendo protocolos comunes para registrar información arqueológica. Actualmente existen grandes bases de datos públicas que reúnen millones de registros producidos por excavaciones realizadas en diferentes países.
“La principal fuente de nuestro estudio fue Coin Hoards of the Roman Republic On-line [CHRR], una base de datos dedicada a los tesoros monetarios de la República romana. El estudio también integró diferentes plataformas de arqueología digital. Entre ellas, ORBIS, desarrollada por la Universidad de Stanford [Estados Unidos], que simula desplazamientos por la red de carreteras, ríos y rutas marítimas del mundo romano, estimando el tiempo y el costo de los viajes entre cientos de localidades. Y también Pleiades Gazetteer, además de las bases Roman Road Network, que proporcionaron información georreferenciada sobre ciudades, carreteras y puertos del Mediterráneo Antiguo”, detalla Haddad.
Estas diferentes bases de datos fueron integradas en un único sistema de análisis espacial. Tras un cuidadoso proceso de curaduría, los investigadores comenzaron a trabajar con un conjunto de aproximadamente 4 millones de monedas, organizadas en 24.646 tesoros monetarios y correspondientes a 5.167 pares formados por lugares de acuñación y lugares de hallazgo. En lugar de analizar las monedas individualmente, optaron por utilizar estos registros arqueológicos, reduciendo las distorsiones producidas por las diferencias de conservación, pérdida o reutilización de las piezas a lo largo de los siglos.
Pero el objetivo fue mucho más allá de la elaboración de mapas. “Necesitábamos pensar esta circulación desde el punto de vista de la interacción humana en el espacio, siguiendo una lógica económica”, explica Haddad. Fue en ese momento cuando su experiencia en economía regional encontró una aplicación inesperada. Las mismas herramientas matemáticas desarrolladas para estudiar los flujos contemporáneos de personas, mercancías e ingresos comenzaron a utilizarse para investigar movimientos monetarios ocurridos hace más de 2 mil años. En lugar de analizar ciudades modernas, el objeto de estudio pasó a ser el Mediterráneo romano. Y, en lugar de seguir cadenas productivas contemporáneas, los investigadores buscaron reconstruir las redes económicas que sustentaron la expansión de Roma durante los dos últimos siglos de la República.
Follow the money
La República romana se fecha convencionalmente entre 509 a. C. y 27 a. C., cuando Octavio Augusto inauguró el Principado. Así, los dos últimos siglos de la República corresponden aproximadamente al período comprendido entre 200 a. C. y 27 a. C. Este intervalo abarca la consolidación de la hegemonía romana tras la Segunda Guerra Púnica (218-201 a. C.); la conquista del Mediterráneo helenístico; la expansión hacia Hispania, la Galia, los Balcanes y Oriente; y las guerras civiles que culminaron con el fin de la República.
La primera pregunta planteada por los investigadores fue tan sencilla como decisiva: ¿la distribución espacial de las monedas se producía al azar o seguía un patrón? Para responderla, el equipo recurrió a técnicas de análisis espacial ampliamente utilizadas en la economía regional y la geografía económica. Las pruebas mostraron que los hallazgos estaban lejos de presentar una distribución aleatoria. Por el contrario, formaban agrupaciones estadísticamente significativas, concentradas a lo largo de los principales ejes de circulación del mundo romano.
Una vez identificado este primer resultado, surgió una pregunta aún más ambiciosa: ¿sería posible reconstruir los caminos recorridos por el dinero? “Después de comprobar que existía una correspondencia entre la ubicación y la concentración de las monedas, comenzamos a cruzar esa información con las vías romanas. Y encontramos algo muy interesante: había una clara propagación de las monedas a partir de Roma”, cuenta Haddad.
Los mapas elaborados en el estudio muestran que la circulación monetaria seguía de cerca la infraestructura construida por la República romana. Carreteras, puertos y grandes centros urbanos no eran únicamente vías de paso: constituían los canales a través de los cuales se difundían las relaciones económicas que sustentaban la expansión territorial.
Pero seguir el camino de las monedas fue apenas el primer paso. La siguiente cuestión consistía en comprender por qué algunas regiones presentaban una intensa circulación monetaria, mientras que otras permanecían relativamente periféricas.
“Responder a esta pregunta exigía algo más que mapas. Era necesario reconstruir, aunque fuera de manera aproximada, el funcionamiento de la propia economía romana. Para ello, organizamos información procedente de la literatura histórica y arqueológica en un modelo inspirado en las denominadas matrices de contabilidad social, un instrumento empleado en el análisis de las economías contemporáneas. El modelo describe las relaciones entre los principales agentes económicos de la época: gobierno, familias, propietarios de tierras, comerciantes, esclavos y ejército. Y busca representar los flujos de bienes y pagos que vinculaban a estas instituciones. También distingue diferentes tipos de producción y consumo, desde alimentos y materias primas hasta manufacturas y artículos de lujo, cuyo comercio podía alcanzar distancias mucho mayores”, relata Haddad.
Otro aspecto incorporado al modelo fue la gradual monetización de la economía romana. Durante parte de la República, muchas transacciones continuaban realizándose en especie. Con el paso del tiempo, sin embargo, los pagos relacionados con el abastecimiento del ejército, el mantenimiento de los esclavos y diversas actividades públicas comenzaron progresivamente a realizarse con moneda. Esta transformación dejó huellas en los propios acervos arqueológicos. A partir de este modelo económico, los depósitos monetarios hallados en las excavaciones dejaron de ser simples colecciones de monedas antiguas. Pasaron a ser tratados como evidencias materiales de las relaciones económicas que estructuraban la República romana.
Primero el ejército, después la economía
Fue en este punto donde surgió una de las conclusiones más interesantes del estudio. Una interpretación bastante extendida atribuye al ejército romano el papel predominante en la difusión de la moneda por los territorios conquistados. La afirmación parece intuitiva: a medida que las legiones avanzaban, llevaban consigo soldados, que recibían salarios, y proveedores, que comercializaban mercancías, generando una intensa circulación monetaria. Pero los resultados confirman esta hipótesis solo parcialmente.
Según Haddad, las estructuras militares desempeñaron efectivamente un papel decisivo en la fase inicial de la expansión. Sin embargo, su influencia disminuyó a medida que los nuevos territorios fueron incorporados de forma permanente al mundo romano. “Lo que observamos fue que la expansión militar introducía la circulación monetaria, pero esta solo se consolidaba cuando esos territorios eran efectivamente integrados, creando estructuras económicas, religiosas, administrativas y cívicas capaces de generar una demanda permanente de moneda”, puntualiza. En otras palabras, el ejército funcionaba como agente de apertura. Quien garantizaba la permanencia de la moneda era la economía.
Este resultado ayuda a explicar por qué determinadas interpretaciones históricas, centradas casi exclusivamente en la acción militar, no logran captar un aspecto fundamental de la expansión romana: conquistar un territorio era apenas el comienzo. Para que este pasara a integrar efectivamente la República, era necesario construir mercados, ciudades, instituciones administrativas, centros religiosos y redes permanentes de intercambio. Es este proceso de integración el que los mapas de circulación monetaria comienzan a revelar.
Otra conclusión importante se refiere a la evolución de la propia geografía económica romana. “En los períodos iniciales analizados, las monedas permanecían relativamente cerca de los lugares donde habían sido acuñadas. Sin embargo, a medida que la República expandía sus fronteras, comenzaron a encontrarse a distancias cada vez mayores. En los modelos estadísticos, esto aparece como una reducción progresiva del efecto de la distancia sobre la circulación monetaria. En otras palabras, regiones antes separadas por barreras geográficas se integraban progresivamente mediante una red común de transportes, mercados e instituciones”, detalla Haddad.
Según el investigador, este es quizá uno de los resultados más significativos del trabajo. “A medida que se produce la expansión territorial, comenzamos a encontrar monedas a distancias cada vez mayores. El papel de la distancia va perdiendo fuerza, lo que sugiere una creciente integración del territorio”, resume. Esta conclusión va mucho más allá de la numismática [disciplina dedicada al estudio de las monedas como documentos históricos]. Sugiere que la circulación monetaria puede funcionar como un indicador indirecto del propio grado de integración económica entre diferentes regiones del imperio.
Mercados diversificados
El análisis espacial permitió identificar no solo la intensidad de la circulación monetaria, sino también diferentes regiones funcionales dentro de la República romana.
“En el centro del sistema se encontraba la propia ciudad de Roma, donde predominaban los gastos relacionados con la administración pública. A su alrededor se extendía un núcleo económico fuertemente integrado, correspondiente a la península itálica, cuya circulación monetaria reflejaba principalmente actividades de mercado. Más allá aparecía una franja intermedia, una especie de buffer zone [zona de amortiguamiento] entre el núcleo consolidado y las regiones recientemente incorporadas. En ella coexistían gastos administrativos, económicos y militares. Por su parte, en las áreas de expansión más reciente predominaban los gastos relacionados con el esfuerzo de conquista y ocupación territorial. A medida que estas regiones eran pacificadas e incorporadas de forma permanente al mundo romano, la proporción de los gastos militares disminuía, cediendo lugar al crecimiento de las actividades civiles, administrativas y comerciales”, describe Haddad.
El artículo Economic footprints: mapping coin circulation and economic networks in ancient Rome puede leerse en: nature.com/articles/s41599-026-07815-7.
The Agency FAPESP licenses news via Creative Commons (CC-BY-NC-ND) so that they can be republished free of charge and in a simple way by other digital or printed vehicles. Agência FAPESP must be credited as the source of the content being republished and the name of the reporter (if any) must be attributed. Using the HMTL button below allows compliance with these rules, detailed in Digital Republishing Policy FAPESP.