Cuando se comparan con aquellos que solo escribieron sobre eventos pasados, los participantes de la investigación que se involucraron en prácticas de conexión social tuvieron aumentos medibles en afecto positivo, optimismo y reducción del sentimiento de envidia (imagen de Henning Westerkamp en Pixabay)
Investigación realizada en 34 países compara seis prácticas para fomentar el sentimiento de gratitud con tres medidas de control y observa que los efectos varían según las diferencias culturales
Investigación realizada en 34 países compara seis prácticas para fomentar el sentimiento de gratitud con tres medidas de control y observa que los efectos varían según las diferencias culturales
Cuando se comparan con aquellos que solo escribieron sobre eventos pasados, los participantes de la investigación que se involucraron en prácticas de conexión social tuvieron aumentos medibles en afecto positivo, optimismo y reducción del sentimiento de envidia (imagen de Henning Westerkamp en Pixabay)
Por Frances Jones | Agência FAPESP – ¿Son algunas intervenciones para inducir el sentimiento de gratitud más eficaces que otras? ¿Y en qué países y culturas funcionan mejor, mejorando el estado de ánimo, fortaleciendo los vínculos entre las personas y promoviendo la reciprocidad social? Un estudio destinado a responder preguntas como estas, realizado en 34 países y con más de 10.000 participantes, publicó sus resultados en mayo en la revista científica PNAS. En Brasil, el proyecto contó con la colaboración de investigadores y de 598 voluntarios, quienes respondieron a las propuestas de intervención mediante una herramienta en línea.
“Uno de los principales resultados que obtuvimos, en términos generales, es que todas las intervenciones propuestas funcionaron”, afirma el psicólogo Paulo Sérgio Boggio, profesor de la Universidad Presbiteriana Mackenzie y coordinador del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología en Neurociencia Social y Afectiva (INCT-Sani). Boggio y su exalumna Beatriz Bezerra de Souza, quien contó con el apoyo de la FAPESP durante su maestría, son los dos coautores brasileños del artículo. En total, 36 investigadores firman el trabajo, entre ellos el psicólogo experimental Michael McCullough, profesor de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos. La investigación fue coordinada por Nicholas Coles, de la Universidad de Florida.
De las seis intervenciones evaluadas en los distintos países, la que produjo el mayor efecto fue la que proponía que la persona escribiera y enviara un mensaje a alguien hacia quien sintiera gratitud. En cambio, la intervención con menor impacto fue precisamente la más popular: elaborar simplemente una lista de cinco cosas por las cuales sentirse agradecido. Las otras prácticas consistieron en escribir una carta de agradecimiento sin enviarla al destinatario; realizar la denominada reflexión Naikan (escribir sobre tres aspectos de la semana anterior, reflexionando sobre lo que se recibió, lo que se dio y lo que aún podría hacerse para ayudar a los demás); pensar y escribir sobre cinco acontecimientos del día anterior por los cuales sentirse agradecido y, a continuación, imaginar cómo sería la vida sin ellos; y escribir una carta a Dios, a una fuerza superior o a algún tipo de entidad espiritual agradeciendo lo recibido.
“El mayor efecto se produjo cuando la conexión social entró explícitamente en juego. La conexión social es un elemento central”, comenta Boggio al referirse a los resultados. Según el investigador, las seis intervenciones para inducir gratitud generaron un impacto mayor que las tres prácticas de control, que consistían únicamente en responder un cuestionario, escribir de manera general sobre un acontecimiento del pasado o escribir acerca de eventos recientes considerados interesantes. “Para que una intervención sea más efectiva y produzca un mayor impacto, debe ir más allá de simplemente pensar en algo positivo”, señala.
Los autores comprobaron que las intervenciones de gratitud produjeron mejoras inmediatas y medibles en estados psicológicos relacionados con el denominado florecimiento humano. Se observó un aumento del afecto positivo y del sentimiento de reciprocidad social, una reducción del afecto negativo, una mayor satisfacción con la vida y un incremento del optimismo, además de una disminución del sentimiento de envidia.
Aunque hubo diferencias relacionadas con el tipo de intervención, la mayor variación se observó al comparar los distintos países. Mientras que en México las prácticas tuvieron un impacto más elevado, en Noruega el efecto fue casi nulo. Brasil, según el estudio, se ubicó en un nivel intermedio. Factores como la rigidez o flexibilidad cultural, la distancia al poder y el grado de religiosidad de la población influyeron en la magnitud del impacto de las intervenciones propuestas. Algunos efectos de las prácticas de gratitud, sin embargo, resultaron ser más universales que otros. Sentirse más positivo, por ejemplo, fue un efecto prácticamente universal.
Según Boggio, el estudio se enmarca en una discusión sobre por qué, desde el punto de vista evolutivo, las personas experimentan gratitud. “La gratitud es una emoción con un componente social muy fuerte. Sentirse agradecido aumenta la probabilidad de ayudar a otras personas, y no necesariamente a quien brindó la ayuda”, afirma. “Eso genera una espiral de ayuda entre las personas, no porque exista necesariamente una expectativa de obtener un beneficio directo”.
Uno de los efectos evaluados en el estudio fue el sentimiento de reciprocidad. “Nuestro ‘gracias’ puede entenderse de varias maneras. Una de ellas es que me siento obligado a corresponder, a hacer el bien al otro, a devolver el gesto”, comenta el investigador. “Tanto es así que hay personas que, cuando reciben algo por lo que sienten una profunda gratitud, experimentan esa sensación positiva y, al mismo tiempo, la impresión de estar en deuda”. Según Boggio, la gratitud contribuye a crear vínculos y fortalecer las conexiones entre las personas.
Actualmente, los investigadores buscan comprender si la gran variación observada entre los países está relacionada con las características locales de las normas sociales o si es necesario desarrollar formas de inducir la gratitud que sean específicas para cada país. “¿Cómo podemos inducir la gratitud en Noruega? ¿Y en Japón?”, plantea, citando algunos de los países donde las intervenciones tuvieron un impacto reducido.
Boggio destaca que este amplio estudio, realizado con la colaboración de numerosos países, es importante para reducir la concentración de datos procedentes de los llamados países occidentales, especialmente de Estados Unidos. “Aproximadamente el 50 % de los estudios sobre gratitud tienen origen estadounidense. La idea fue alejarnos un poco de ese panorama y aplicar la investigación en países con una gran diversidad cultural”.
Todos los datos brutos de la investigación pueden consultarse en el sitio web de la Open Science Foundation.
El artículo A multinational megastudy of the effects of gratitude practices on subjective well-being puede consultarse en: www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.2537789123.
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