El sistema agroalimentario mundial es señalado como responsable de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero, además de ser la principal fuente de emisiones de metano (a través de la producción animal) y consumir un porcentaje significativo del agua dulce del planeta, principalmente mediante el riego (foto: Léo Ramos Chaves/Pesquisa FAPESP)
Un grupo de la Universidad de São Paulo analizó más de 1.600 artículos e identificó un crecimiento anual del 9,5 % de las investigaciones entre 1974 y 2025; los autores abogan por soluciones regionalizadas y políticas públicas para reducir la brecha entre las evidencias y su implementación
Un grupo de la Universidad de São Paulo analizó más de 1.600 artículos e identificó un crecimiento anual del 9,5 % de las investigaciones entre 1974 y 2025; los autores abogan por soluciones regionalizadas y políticas públicas para reducir la brecha entre las evidencias y su implementación
El sistema agroalimentario mundial es señalado como responsable de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero, además de ser la principal fuente de emisiones de metano (a través de la producción animal) y consumir un porcentaje significativo del agua dulce del planeta, principalmente mediante el riego (foto: Léo Ramos Chaves/Pesquisa FAPESP)
Por Luciana Constantino | Agência FAPESP – El cambio climático está redefiniendo los sistemas mundiales de producción animal, al tiempo que aumentan las investigaciones sobre el tema. Sin embargo, la ciencia todavía enfrenta el desafío de transformar los avances del conocimiento en soluciones aplicadas al campo y a las políticas públicas. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista Tropical Animal Health and Production por investigadores de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz de la Universidad de São Paulo (Esalq-USP), en Brasil.
El trabajo analizó 1.694 artículos indexados en la base de datos Scopus entre 1974 y 2025. Los resultados muestran una tasa de crecimiento anual del 9,5 % de las investigaciones sobre cambio climático y producción animal, y el 35,71 % de las publicaciones fueron resultado de colaboraciones. También se observó un aumento de la interdisciplinariedad, una mayor sofisticación metodológica y nuevas agendas orientadas a la sostenibilidad, la adaptación, la resiliencia y el bienestar animal, además de un uso creciente de herramientas digitales, como la modelización y el aprendizaje automático.
Según los autores, el impacto a largo plazo dependerá de la capacidad para reducir la brecha entre la evidencia científica y su implementación mediante una gobernanza inclusiva y soluciones regionalizadas.
“Después de 2015, surgió un debate más centrado en la resiliencia, la sostenibilidad, el bienestar animal y la salud única. Se trata de un cambio de comportamiento cultural tanto desde el punto de vista de la investigación como de la demanda de la sociedad por una mejor calidad de vida. Fue entonces cuando comenzamos a percibir que la mayor brecha se encuentra precisamente entre la ciencia y la práctica para la implementación de este proceso en el campo. No basta simplemente con generar tecnología. Tenemos que transformarla en evidencias y en implementación, lo que implica políticas públicas y el acceso de los pequeños productores a estos nuevos sistemas productivos”, explica a Agência FAPESP Iran José Oliveira da Silva, profesor del Departamento de Ingeniería de Biosistemas de la Esalq-USP y uno de los coordinadores del estudio.
Silva, líder del Núcleo de Investigación en Ambiencia (Nupea), es el supervisor del zootecnista Robson Mateus Freitas Silveira, también de la Esalq y primer autor del artículo.
“Queríamos entender cómo evolucionó la ciencia. Creo que este avance a partir de 2015 está relacionado con la Agenda 2030, que cambió la perspectiva de los investigadores, alentándolos a incluir los ODS [Objetivos de Desarrollo Sostenible] en sus proyectos”, añade Silveira, quien cuenta con el apoyo de la FAPESP mediante una Beca de Posdoctorado.
Según el zootecnista, la revisión de la literatura pone de manifiesto que esta área del conocimiento aún se encuentra al comienzo de su fase de expansión, con posibilidades de nuevas agendas, métodos e hipótesis, además de la perspectiva de que el crecimiento de la producción científica continúe durante los próximos años.
Visión integrada
Para Silveira, la interdisciplinariedad también ha sido uno de los avances de los últimos años. “En la década de 1990, los estudios abordaban, por ejemplo, el estrés térmico. Actualmente, ya incluyen una perspectiva sobre la adaptación, evaluando la resiliencia de las especies animales para afrontar la nueva situación climática”, afirma el zootecnista, quien durante su doctorado desarrolló una metodología capaz de proyectar cómo los rebaños de animales de producción de diferentes especies responderán fisiológicamente a los impactos del cambio climático entre 2050 y 2100 (lea más en: agencia.fapesp.br/56033).
Al realizar el análisis temático, los científicos detectaron que las investigaciones sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y los impactos ambientales ya están consolidadas, mientras que áreas emergentes, como la agricultura climáticamente inteligente (CSA, por sus siglas en inglés, climate-smart agriculture), la salud única (One Health) y los marcos integrados de sostenibilidad, aún permanecen menos conectadas con la investigación aplicada y las políticas públicas.
Estos conceptos se vienen estructurando y contemplan enfoques integrados. La agricultura climáticamente inteligente es un conjunto de prácticas y tecnologías agropecuarias cuyo objetivo es combatir la inseguridad alimentaria y promover el desarrollo sostenible mediante la gestión de paisajes (tierras agrícolas, ganadería, bosques y pesca), al mismo tiempo que aborda el cambio climático.
Por su parte, la salud única es un concepto integrado que reconoce la interdependencia entre la salud humana, la salud animal y el medio ambiente, y busca estrategias multidisciplinarias para combatir amenazas como las zoonosis, la resistencia a los antibióticos y el calentamiento global.
Realidades locales
El cambio climático, un importante vector de transformación de los sistemas productivos, al mismo tiempo que afecta la producción agropecuaria, tiene en esta actividad uno de sus factores impulsores. Esto se debe a que el sistema agroalimentario mundial es señalado como responsable de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero, además de ser la principal fuente de emisiones de metano (a través de la producción animal) y consumir un porcentaje significativo del agua dulce del planeta, principalmente mediante el riego.
Ante la creciente demanda de alimentos para una población mundial de alrededor de 10.000 millones de personas para 2050, según una proyección de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se estima que la expansión agrícola seguirá ejerciendo presión sobre el medio ambiente mediante cambios en el uso del suelo (la conversión de bosques en pastizales o tierras agrícolas, por ejemplo) y el aumento de las emisiones de carbono.
“Creemos que un camino importante es fortalecer las investigaciones regionalizadas e inclusivas, buscando incluso formas de colaboración con pequeños agricultores, pensando en políticas públicas y valorando las realidades y las bases de datos regionales”, señala Silva. “Utilizar bases de datos globales y trasladarlas a una región específica puede no reflejar la realidad de ese país o de esa zona. Cuando trabajamos con información regionalizada, comenzamos a ser más precisos.”
Según los resultados de la investigación, aunque la literatura científica viene proponiendo cada vez más soluciones tecnológicas, genéticas y basadas en el manejo, su adopción sigue siendo desigual entre los países, especialmente en los más vulnerables, donde las limitaciones estructurales, económicas e institucionales dificultan esta conexión. Además, existen asimetrías geográficas en la producción científica, con una subrepresentación de los países del Sur Global, especialmente los del continente africano.
El estudio también sugiere que las investigaciones futuras prioricen no solo la regionalización, sino también la integración de enfoques socioeconómicos y culturales, además de vías concretas de implementación que conecten las ciencias ambientales, sociales y animales.
En este sentido, durante su posdoctorado, Silveira está buscando investigadores de otras regiones brasileñas para comprender cuáles serán los impactos del cambio climático hasta 2100 sobre la producción avícola y porcina. Su objetivo es identificar y diseñar estrategias de producción de estas especies de una manera más sostenible y adecuada a las realidades, por ejemplo, de las regiones Centro-Oeste y Nordeste, en diferentes escenarios.
El artículo Animal production under climate change: a global scientometric analysis of research structure, thematic evolution, and knowledge gaps puede leerse en: link.springer.com/content/pdf/10.1007/s11250-026-05071-0.pdf.
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