La combinación de distintas vacunas podría ampliar la protección contra el COVID-19, afirman científicos | AGÊNCIA FAPESP

La combinación de distintas vacunas podría ampliar la protección contra el COVID-19, afirman científicos Dos de las candidatas en estadio más avanzado de desarrollo empiezan a testearse con voluntarios brasileños. En un seminario online coorganizado por Agência FAPESP, investigadores que participan en los ensayos clínicos sostienen que cuanto mayor sea la cantidad de agentes inmunizantes aprobados, más posibilidades tendrá la humanidad de controlar la enfermedad (foto: Pixabay)

La combinación de distintas vacunas podría ampliar la protección contra el COVID-19, afirman científicos

16 de julio de 2020

Por Karina Toledo  |  Agência FAPESP – Aun antes de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciara que el COVID-19 se erigía como una emergencia de salud pública de importancia internacional, en marzo de este año, la búsqueda de una vacuna ya se había puesto en marcha en diversas partes del mundo. Algunos de esos estudios han avanzado a una velocidad sin precedentes en la historia, y tan solo siete meses después del surgimiento del SARS-CoV-2, hay 18 fórmulas entre las más de 140 elaboradas a partir de diferentes conceptos que ya se están testeando con seres humanos.

Dos de las candidatas que se ubican en el estadio más avanzado de desarrollo –conocido como ensayo clínico de fase III, cuyo objetivo consiste en evaluar la eficacia de la vacuna en un gran grupo de voluntarios– están empezando a aplicarse experimentalmente en Brasil. Una de ellas, la denominada ChAdOx1 nCoV-19, se desarrolló en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, y está licenciada para el laboratorio AstraZeneca. La otra, llamada Coronavac, es fruto del trabajo realizado por la empresa china Sinnovac Biotech, que suscribió un acuerdo con el Instituto Butantan, una institución de investigación científica del estado de São Paulo.

Por ser uno de los lugares donde el nuevo coronavirus circula más en la actualidad y donde más casos de COVID-19 se confirman todos los días, Brasil se convirtió en el territorio ideal para la concreción de estudios de eficacia de vacunas. Y en poco tiempo más, otras potenciales candidatas llegarán al país. Pero no se trata de una carrera para ver cuál es la mejor o cuál logra obtener en primer lugar la aprobación de las agencias reguladoras, según afirman los científicos que trabajan en los ensayos clínicos. Cuantas más vacunas se muestren capaces de proteger al menos en parte a los inmunizados, más posibilidades tendrá la Humanidad de transformar al COVID-19 en una enfermedad pasible de control, como la gripe.

Este fue el análisis de los participantes en el seminario online Las vacunas contra el COVID-19 en ensayo en Brasil, realizado el pasado día 2 de julio por el Canal Butantan en colaboración con Agência FAPESP.

“El hecho de contar con varias vacunas contra el COVID-19 aprobadas puede resultar útil, pues es posible que la mejor estrategia con miras a inducir una respuesta inmune protectora consista en combinar varias fórmulas. Asimismo, todos estos estudios en marcha nos permiten aprender más sobre la respuesta inmune contra el SARS-CoV-2. La comprensión acerca de cómo estas vacunas protegen puede brindarnos una idea más clara de cuál es el marcador de protección contra el COVID-19, lo cual puede acelerar estudios futuros”, dijo el profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP) Esper Kallás, quien coordina en Brasil el ensayo de fase III con la vacuna Coronavac. Esta investigación, que abarcará a casi nueve mil voluntarios brasileños de distintos estados, está patrocinada por el Instituto Butantan.

La vacuna Coronavac, elaborada con una cepa viral aislada en una paciente en el mes de enero y después inactivada en un laboratorio mediante la aplicación de procesos químicos, avanzó rápidamente merced al conocimiento generado cuando se buscaba una vacuna contra el SARS-CoV-1, el coronavirus que entre 2002 y 2003 provocó la epidemia de síndrome respiratorio agudo grave (SARS) en China y en algunos otros países, tal como comenta Ricardo Palacios, director médico de Investigación Clínica del Instituto Butantan.

“La vacuna contra el SARS avanzó hasta la fase I de los ensayos clínicos. Después se contuvo el virus y el proyecto se interrumpió. Pero el conocimiento sobre cómo desarrollar vacunas contra un coronavirus se aprovechó. La empresa siguió un camino bien tradicional en un tiempo sumamente corto. Normalmente, las distintas etapas de pruebas preclínicas y ensayos clínicos se realizan una tras otra, pero ellos concretaron varias al mismo tiempo”, comentó Palacios.

La seguridad de la vacuna Coronavac y su capacidad para inducir en el organismo una respuesta de defensa se testearon en distintas especies de animales. Y se observó que la inmunización redujo significativamente la carga viral en la mucosa nasal de los animales infectados, y dotó de protección significativa contra la infección en los pulmones.

En tanto, en las fases I y II de los ensayos clínicos se testearon la seguridad y el potencial inmunogénico de distintas dosis de la vacuna, con diferentes intervalos entre las dos dosis aplicadas. Hasta ahora se ha observado que el 90% entre los voluntarios a los que les aplicaron las dos dosis desarrolló anticuerpos neutralizantes contra el SARS-CoV-2.

El tiempo de permanencia de esos anticuerpos en el organismo y su potencial protector contra el COVID-19 –o al menos contra el desarrollo de síntomas severos de la enfermedad– es algo que solamente los ensayos clínicos de fase III podrán indicar, según comentaron los investigadores durante el webinario.

“La producción de anticuerpos protectores es el principal mecanismo de actuación de la mayoría de las vacunas. Pero en los casos de algunas enfermedades, para que el desempeño sea bueno, las vacunas también deben ser capaces de enseñarles a las células de defensa a actuar contra los patógenos, como en los casos de las vacunas nuevas contra el herpes zóster, que se les aplican a personas con más de 50 años”, explicó Kallás.

De acuerdo con los participantes en el evento, tanto la vacuna Coronavac como la ChAdOx1 nCoV-19 parecen ser capaces de inducir a la vez la producción de anticuerpos neutralizantes y la llamada inmunidad celular, que es el entrenamiento de determinados tipos de linfocitos para volverse capaces de reconocer y atacar a las células infectadas por el SARS-CoV-2.

En el caso de la vacuna británica, la estrategia adoptada consistió en utilizar un virus causante de gripe en simios como vector para inducir en el organismo humano la producción de una de las proteínas del nuevo coronavirus conocida con el nombre de spike. Dicha proteína de espícula, presente en la superficie del microorganismo, se conecta con un receptor a su vez presente en la membrana de las células humanas para infectarlas. En teoría, si el cuerpo desarrolla defensas contra esa proteína, podría impedir que el virus ingrese en las células y logre replicarse en caso de que la persona se contamine.

Esta estrategia venía desarrollándose en Oxford desde hace algunos años para la creación de una vacuna contra el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), causado por el coronavirus MERS-CoV. Esto le permitió al grupo avanzar rápidamente hacia la fase clínica de la ChAdOx1 nCoV-19, según comentó Pedro Folegatti, investigador del Jenner Institute, el centro de investigaciones en vacunas de la referida universidad británica.

“La ventaja de esta tecnología reside en que puede adaptarse el vector, al cual se lo considera un buen inductor de respuesta humoral [anticuerpos] y celular, a otras enfermedades. Hay otros grupos testeando metodologías análogas para influenza, tuberculosis, fiebre del Valle del Rift, chikunguña y zika. Todos los estudios muestran un perfil consistente de seguridad e inmunogenicidad con una sola dosis”, dijo Folegatti.

Los test preclínicos indicaron que la vacuna fue eficaz para proteger contra la infección del tracto respiratorio inferior, que incluye a la tráquea, los pulmones, los bronquios, los bronquiolos y los alvéolos pulmonares. Sin embargo, no mostró una merma significativa de la carga viral en la mucosa nasal de los animales.

Los ensayos clínicos de fase I con la vacuna ChAdOx1 nCoV-19 empezaron el 23 de abril con 330 voluntarios y, al cabo de un mes, se pusieron en marcha las fases II y III. Esta última fase abarcará a alrededor de 50 mil voluntarios de diversos países, de los cuales 5 mil son de Brasil.

“Las negociaciones con miras a traer el ensayo de fase III a Brasil empezaron en mayo. El país registraba una curva ascendente de infección y la ciudad de São Paulo era entonces el epicentro de las infecciones aquí. En segundo lugar, se ubicaba Río de Janeiro”, comentó la profesora de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) Lily Weckx, quien coordina el brazo paulista de la investigación con la vacuna de Oxford. Según Weckx, también habrá vacunación de voluntarios en el estado de Bahía.

El acuerdo firmado entre AstraZeneca y Fiocruz, la Fundación Oswaldo Cruz (vinculada al Ministerio de Salud de Brasil y con sede en Río de Janeiro), prevé la transferencia de la tecnología a Brasil y la licencia para producir el agente inmunizante en el país en caso de que lo aprueben las agencias reguladoras.

“Brasil cuenta con grandes grupos que trabajan en diversos estudios de vacunas contra el COVID-19 y, a mi juicio, esto es algo estratégico para el país. Ya que desafortunadamente nuestra situación epidémica nos convirtió en el lugar ideal para la realización de los ensayos de fase III, por lo menos que eso facilite la negociación con las empresas desarrolladoras, de manera tal que, de aprobarse una o más vacunas, esos agentes inmunizantes queden disponibles para la población brasileña, incluso para los más desfavorecidos”, afirmó Kallás.

¿Cuándo estará lista la vacuna?

Los estudios clínicos en marcha prevén que los voluntarios inmunizados se sometan a un seguimiento durante 12 meses. Con todo, según informó Palacios, es posible que se anuncie un resultado preliminar antes de ese lapso.

“Si la cantidad de casos entre los inmunizados se ubica en un nivel considerado satisfactorio, se convocará a un grupo independiente de científicos para efectuar una evaluación. De arribarse a la conclusión de que el resultado preliminar de eficacia fue estadísticamente significativo, podrá anunciárselo públicamente”, dijo el director del Butantan.

No obstante, el porcentaje de personas al que la vacuna debe proteger para que se la considere eficaz es algo que aún no está demasiado claro. La OMS recomienda que se ubique entre el 50% y el 70%. Pero las directrices recientes dadas a conocer por la Food and Drug Administration (FDA, la agencia reguladora estadounidense) estipulan que para poder obtener el registro en Estados Unidos el agente inmunizante debe proteger al menos a una de cada dos personas vacunadas. A juicio de Palacios, ese nivel de eficacia sería suficiente.

“Cualquiera sea la vacuna aprobada, no terminaremos con el coronavirus, que ha llegado para quedarse y nos acompañará durante todas nuestras vidas. El objetivo de las vacunas es proteger contra la enfermedad y no contra la infección. De lograr alcanzar niveles de al menos un 50%, evitaremos el gran problema de la sobrecarga en el sistema de salud y de la demanda de cuidados intensivos. Y así convertiremos al COVID-19 en algo controlable”, dijo.
 

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