El estudio identificó la presencia del compuesto en bajas concentraciones en el 95 % de las 207 muestras recolectadas de diversas fuentes que iban desde centros de desmantelamiento de vehículos hasta empresas de fabricación de tapicería, pasando por vertederos de residuos de construcción; en 13 muestras, la concentración superó el nivel más preocupante (foto: Doğan Ateş/Pexels)
Utilizados como retardantes de llama, los ésteres organofosforados clorados pueden provocar efectos tóxicos sobre los sistemas endocrino y reproductivo, además de favorecer el posible desarrollo de cáncer
Utilizados como retardantes de llama, los ésteres organofosforados clorados pueden provocar efectos tóxicos sobre los sistemas endocrino y reproductivo, además de favorecer el posible desarrollo de cáncer
El estudio identificó la presencia del compuesto en bajas concentraciones en el 95 % de las 207 muestras recolectadas de diversas fuentes que iban desde centros de desmantelamiento de vehículos hasta empresas de fabricación de tapicería, pasando por vertederos de residuos de construcción; en 13 muestras, la concentración superó el nivel más preocupante (foto: Doğan Ateş/Pexels)
Por Thais Szegö | Agência FAPESP – Un estudio realizado por la Universidad Estatal Paulista (Unesp), en Brasil, en colaboración con la Universidad de Birmingham, en el Reino Unido, detectó la presencia de ésteres organofosforados clorados en muestras de residuos sólidos, es decir, materiales desechados que aún pueden ser reutilizados por otras personas e industrias.
Este tipo de sustancia se utiliza en la industria como retardante de llama y plastificante. Debido a su estabilidad térmica y bajo costo, se emplea ampliamente en productos como espumas de poliuretano para muebles y colchones, carcasas plásticas de dispositivos electrónicos, artículos infantiles y espumas aislantes utilizadas en la construcción.
Estos compuestos —entre los más comunes se encuentran el tris(1-cloro-2-propil) fosfato (TCIPP), el TDCIPP y el TCEP— presentan potencial toxicidad y pueden provocar alteraciones en los sistemas endocrino y reproductivo, además de favorecer el posible desarrollo de cáncer. La contaminación puede producirse mediante el contacto directo con los objetos que contienen estas sustancias o por la ingestión o inhalación del polvo que liberan al ambiente como consecuencia de la degradación del material que las contiene.
Los productos infantiles requieren especial atención, ya que estos compuestos han sido detectados en sillas de seguridad para automóviles, colchones de cuna, juguetes de plástico y otros artículos que con frecuencia contienen espumas de poliuretano o plásticos tratados.
Además, diversos estudios han demostrado que los niños presentan concentraciones más elevadas de estas sustancias en su organismo debido al contacto frecuente con estos productos y a la tendencia de llevarse las manos a la boca después de manipular juguetes u objetos tratados con estos compuestos.
En total se recolectaron 207 muestras pertenecientes a cuatro categorías principales: residuos de construcción y demolición, vehículos al final de su vida útil, muebles tapizados y artículos de puericultura. Estas categorías fueron seleccionadas para abarcar los sectores de residuos con mayor probabilidad de contener materiales con ésteres organofosforados clorados en Brasil.
El material procedía de la región metropolitana de Sorocaba, en el interior del estado de São Paulo, y fue obtenido de diversas fuentes, entre ellas un centro de desmantelamiento de vehículos, un relleno sanitario para residuos de construcción y demolición, asociaciones de reciclaje y empresas dedicadas a la fabricación o renovación de muebles tapizados.
“Nuestros resultados mostraron que el 95 % de las muestras contenían al menos uno de estos compuestos en bajas concentraciones, y que 13 de ellas superaban el nivel considerado más preocupante”, explica el ingeniero ambiental David Burgos Melo, de la Unesp, quien coordinó el estudio.
La investigación, que contó con el apoyo de la FAPESP (proyectos 21/11549-0, 22/00985-6, 22/14797-7, 23/14685-7, 24/16955-4 y 25/11187-1), reviste gran importancia, ya que Brasil genera alrededor de 81 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos al año y 46,4 millones de toneladas de residuos de construcción y demolición en el mismo período, siendo el segundo mayor generador de residuos de las Américas. Parte de estos materiales se reutiliza en la fabricación de nuevos productos, lo que puede dar lugar a nuevas contaminaciones, o bien se desecha sin ningún tipo de control.
Algunos de estos retardantes de llama ya han sido prohibidos mediante tratados internacionales, como la Convención de Estocolmo, un acuerdo global creado para proteger la salud humana y el medio ambiente frente a los contaminantes orgánicos persistentes, del cual Brasil es signatario desde 2004. Países como el Reino Unido, China y Japón, por ejemplo, ya han avanzado en la implementación de políticas destinadas a evitar que estos materiales sean desechados sin control o reintroducidos en el ciclo productivo para fabricar nuevos productos.
“Sin embargo, prohibir la fabricación de nuevos productos que contengan estos compuestos no hace desaparecer los materiales que ya fueron producidos. Si se reciclan sin realizar análisis químicos y/o tratamientos previos, estas sustancias migran hacia nuevos productos o terminan contaminando el medio ambiente, generando problemas para la biota y la salud humana”, explica Burgos.
“Cuando iniciamos este trabajo, prácticamente no existían datos sobre los niveles de estas sustancias en los residuos de Brasil y de América Latina. Sin esta información, cualquier discusión sobre la gestión segura de los residuos o la protección de los trabajadores del reciclaje carece de base científica. Esa fue precisamente la motivación que nos llevó a investigar este tema”, añade.
Según el investigador, otro aspecto importante es que los retardantes de llama bromados, los primeros en ser reconocidos como contaminantes orgánicos persistentes e incluidos en la Conveción de Estocolmo —lo que condujo a su prohibición—, fueron sustituidos por los organofosforados clorados, que no están regulados de la misma manera y también son tóxicos, con un potencial carcinogénico documentado. En la literatura científica este fenómeno se conoce como “sustitución lamentable” (regrettable substitution), es decir, el reemplazo de una sustancia problemática por otra igualmente problemática.
“Brasil tiene metas de reciclaje y promueve la logística inversa de equipos electrónicos a través de la Política Nacional de Residuos Sólidos, y todo ello es necesario. Sin embargo, nuestros resultados muestran que reciclar sin realizar una clasificación química puede convertir a la economía circular en un mecanismo de recirculación de contaminantes: sustancias tóxicas presentes en un producto antiguo terminan incorporándose a un producto nuevo”, concluye.
El artículo Chlorinated organophosphate esters in Brazilian solid waste: concentrations, national load estimates, and regulatory implications for a circular economy puede leerse en: www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0269749126005993.
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