La investigación fue realizada por investigadores de la Universidad Federal de São Carlos y del University College London e incluyó datos de 1.582 hombres y 1.626 mujeres de 60 años o más (imagen: Vecstock/Magnific, modificada mediante IA)
Un estudio realizó un seguimiento de más de 3 mil personas mayores de 60 años durante ocho años y reveló que el mismo deterioro no se observa en las mujeres
Un estudio realizó un seguimiento de más de 3 mil personas mayores de 60 años durante ocho años y reveló que el mismo deterioro no se observa en las mujeres
La investigación fue realizada por investigadores de la Universidad Federal de São Carlos y del University College London e incluyó datos de 1.582 hombres y 1.626 mujeres de 60 años o más (imagen: Vecstock/Magnific, modificada mediante IA)
Por Maria Fernanda Ziegler | Agência FAPESP – Preguntarles a los hombres mayores cuántas horas duermen por noche puede ser una estrategia sencilla, económica y eficaz para predecir y prevenir la pérdida de movilidad. Un estudio que realizó un seguimiento de más de 3.000 personas mayores de 60 años constató que el patrón de sueño prolongado –más de nueve horas por noche– se tradujo en una marcha más lenta a lo largo de ocho años, pero únicamente en los hombres. La lentitud de la marcha en las personas mayores es un importante indicador de movilidad y está asociada con la pérdida de independencia y un mayor riesgo de caídas, hospitalización, institucionalización y muerte.
La investigación fue realizada por investigadores de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), en Brasil, y del University College London (UCL), en el Reino Unido. El análisis incluyó datos de 1.582 hombres y 1.626 mujeres de 60 años o más que forman parte del Estudio Longitudinal Inglés sobre el Envejecimiento (ELSA, por sus siglas en inglés). Solo se incluyó a personas que no presentaban ningún problema preexistente relacionado con la velocidad de la marcha, a quienes se les realizó un seguimiento durante ocho años.
De acuerdo con los resultados publicados en el Journal of the American Medical Directors Association, los hombres mayores de 60 años que dormían más de nueve horas por noche presentaron una mayor reducción de la velocidad de la marcha durante el período analizado, llegando a perder hasta una cuarta parte de su velocidad inicial. En cambio, los síntomas de insomnio y las noches de sueño de corta duración no tuvieron impacto sobre la movilidad masculina. Asimismo, no se observó ninguna asociación entre el patrón de sueño y la movilidad entre las mujeres.
Con base en los datos del estudio, realizado con el apoyo de la FAPESP, los investigadores sostienen que el sueño prolongado (más de nueve horas por noche) debe considerarse un marcador de riesgo de lentitud de la marcha en hombres mayores de 60 años.
“Aunque duermen más horas, estas personas tienden a tener un sueño más fragmentado y con menos fases profundas. Este tipo de sueño, de muchas horas pero de baja calidad y con numerosas interrupciones, compromete la liberación de testosterona, una hormona esencial para el mantenimiento de la masa muscular, sobre todo en los hombres, acelerando así la pérdida de velocidad de la marcha”, explica Tiago da Silva Alexandre, profesor del Departamento de Gerontología de la UFSCar y autor del estudio.
Inflammaging
Además de la cuestión hormonal, este tipo de sueño prolongado e interrumpido está asociado con la intensificación de un proceso de inflamación crónica y de bajo grado, característico de la vejez y conocido como inflammaging. Esta condición favorece la degradación de las células del tejido musculoesquelético, inhibe la síntesis de proteínas y reduce la fuerza y la masa muscular.
“Suele decirse que tener músculo es tener salud y, en la vejez, esto no es diferente. Esto se debe a que el sistema inmunitario y el sistema endocrino están mediados por el sistema muscular”, explica Alexandre.
En el estudio, las mujeres que durmieron más de nueve horas por noche no experimentaron una reducción de la velocidad de la marcha. Los investigadores explican que esto se debió al perfil hormonal femenino. “En las mujeres, otras hormonas, como el IGF-1 y la GH, desempeñan un papel más relevante en el anabolismo muscular que la testosterona. Por eso, el impacto no fue significativo”, afirma Patrícia Silva Tofani, profesora de la Universidad Federal de Sergipe (UFS) y coautora del artículo.
Como destacan los autores, es de esperar que el patrón de sueño cambie con el envejecimiento. Para las personas mayores, lo ideal es dormir entre seis y nueve horas por noche, mientras que para los adultos más jóvenes el promedio recomendado se sitúa entre siete y ocho horas.
“Para una persona mayor, que fisiológicamente tiende a dormir menos y a tomar más siestas durante el día, dormir más de nueve horas por la noche es un patrón inusual que puede sugerir vulnerabilidad clínica. Por eso, el estudio refuerza la necesidad de considerar el sueño prolongado como un marcador clínico específico de riesgo para los hombres mayores”, destaca Alexandre.
El artículo Sex differences in insomnia symptoms and sleep duration as risk factors for walking speed decline in older adults está disponible en: jamda.com/article/S1525-8610(25)00556-0/abstract.
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