Investigador observa un brote cultivado en una placa de Petri (foto: Shutterstock)
Un informe señala que, en lugar de competir en áreas como la inteligencia artificial, las empresas emergentes de base científica deberían priorizar activos estratégicos regionales, como la biodiversidad, para desarrollar soluciones únicas y difíciles de replicar a escala global
Un informe señala que, en lugar de competir en áreas como la inteligencia artificial, las empresas emergentes de base científica deberían priorizar activos estratégicos regionales, como la biodiversidad, para desarrollar soluciones únicas y difíciles de replicar a escala global
Investigador observa un brote cultivado en una placa de Petri (foto: Shutterstock)
Por Elton Alisson | Agência FAPESP – Las startups latinoamericanas de base científica, conocidas como deep techs, deberían dejar de lado la competencia en áreas de alto costo y de extrema competencia global, como la inteligencia artificial, y concentrar sus esfuerzos en activos estratégicos regionales –como la biodiversidad y los minerales críticos– para desarrollar soluciones exclusivas y difíciles de replicar a escala global.
La recomendación es de los autores del informe Deep Tech Radar Latam 2026, lanzado por la consultora Emerge, en colaboración con Cubo Itaú, hub de innovación del mayor banco privado de Brasil, durante la tercera edición del Deep Tech Summit, que se llevó a cabo entre los días 10 y 12 de agosto en São Paulo (Brasil), en el Complexo Inova USP.
El mapeo identificó 1.746 deep techs en 12 países de la región – Brasil, Argentina, Chile, Colombia, México, Uruguay, Panamá, Perú, Costa Rica, Ecuador, Puerto Rico y Paraguay. Brasil concentra el 72,7 % de ese total (1.269 empresas), que operan principalmente en los segmentos de agronegocios y alimentos (427) y de salud y bienestar (407).
La concentración de startups brasileñas en estos dos sectores sugiere que la región está comenzando a convertir sus ventajas naturales en capacidades tecnológicas y nuevas cadenas de valor intensivas en conocimiento, pero todavía necesita avanzar en este escenario, según los autores del informe.
“Creemos que centrarse en estos activos de origen regional puede ser un diferencial para que las deep techs latinoamericanas tengan una ventaja competitiva con respecto al resto del mundo”, afirmó Lucas Delgado, director de Emerge y uno de los autores del informe.
En el segmento de la salud, la diversidad biológica y los recursos genéticos de los biomas brasileños, por ejemplo, favorecen el desarrollo de nuevos fármacos, bioinsumos, ingredientes funcionales, biotecnologías y soluciones para la medicina de precisión. Por su parte, en el segmento de los agronegocios y los alimentos, la escala de la producción agropecuaria tropical, combinada con la disponibilidad de biomasa, recursos hídricos y condiciones ambientales singulares, convierte a América Latina en un entorno privilegiado para desarrollar y validar tecnologías orientadas a los agronegocios, la bioeconomía y la producción sostenible, indican los autores.
La actuación, a menor escala, de startups brasileñas en sectores como energía y clima, industria y manufactura, infraestructura urbana, minería y recursos del subsuelo también indica el potencial de utilización de activos estratégicos regionales –como la matriz energética renovable, los minerales críticos, la abundancia de agua dulce y la cobertura forestal– para el desarrollo de soluciones globales, evalúan los autores.
Mercados inexplorados
Casi el 50 % de las deep techs analizadas (713) se concentran en dos activos estratégicos de la región: el agroecosistema tropical y la diversidad biológica. Otros cuatro activos –matriz energética renovable y biomasa; minerales críticos y recursos del subsuelo; agua dulce y sistemas hídricos; y territorio continental y cobertura forestal– aún se encuentran inexplorados o presentan condiciones insuficientes para generar startups de base científica de forma significativa en la región.
Aunque la explotación comercial de estos cuatro activos ya existe en la región, todavía no impulsan la creación de deep techs debido a la falta de una base científica local o de un primer cliente o comprador dispuesto a probar las tecnologías en proceso de validación, evalúan los autores.
“Existen grandes empresas de alcance global que trabajan con activos como los minerales críticos y los recursos del subsuelo, por ejemplo, que podrían probar tecnologías en desarrollo, pero están comprando fuera de América Latina porque las soluciones no se están produciendo aquí”, afirmó Delgado.
Condiciones combinadas
Además del primer cliente, que representa al comprador dispuesto a asumir el riesgo de probar una tecnología aún no comprobada a escala real, otra condición fundamental para el desarrollo de deep techs latinoamericanas competitivas a partir de activos regionales es la presencia de una actividad productiva relevante en el territorio que exponga al ecosistema local a desafíos de frontera.
Otra condición es la capacidad científica, sustentada por la disponibilidad de recursos humanos altamente calificados, la generación continua de investigaciones y publicaciones de base y la capacidad de traducir la teoría científica en aplicaciones prácticas protegidas por derechos de propiedad intelectual.
Cuando la base científica, la operación a escala y el primer cliente se conectan simultáneamente, las empresas emergentes logran reducir drásticamente sus riesgos tecnológicos y de mercado, lo que las hace aptas para captar capital privado y escalar globalmente, señala Delgado.
“Necesitamos contar con centros de investigación y desarrollo y empresas dispuestas a probar tecnologías generadas por deep techs y contribuir a su desarrollo. Y esto debe ocurrir simultáneamente”, subrayó.
Acumulación de capacidad científica
La colaboración con centros de investigación e Instituciones de Ciencia y Tecnología (ICTs) de excelencia en Brasil fue fundamental para que la deep tech brasileña Nintx, apoyada por el Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (PIPE, por sus siglas en portugués), de la FAPESP, avanzara en el desarrollo de terapias innovadoras basadas en la modulación del microbioma intestinal humano a partir de compuestos bioactivos de la flora brasileña (lea más en: agencia.fapesp.br/41290).
La startup estableció una colaboración con el Laboratorio Nacional de Biociencias (LNBio), del Centro Nacional de Investigación en Energía y Materiales (CNPEM), en Campinas, que le permitió acceder a un banco de extractos de múltiples biomas brasileños y a Sirius –el acelerador de partículas de luz sincrotrón de última generación– para identificar y mapear, con precisión atómica, cómo las moléculas naturales se unen a los blancos terapéuticos de interés.
Con el fin de mitigar el riesgo tecnológico inicial, la empresa también recurrió intensamente a recursos no reembolsables. Acumuló R$ 30 millones en incentivos de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep, vinculada al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación), recursos de fomento continuo del PIPE-FAPESP para las fases preclínicas y R$ 10 millones en proyectos de la Empresa Brasileña de Investigación e Innovación Industrial (Embrapii), que apoya financieramente colaboraciones con ICTs sin exigir participación societaria o equity.
“Para una startup, contar con apoyo público es vital. Esto es sumamente relevante para nuestro desarrollo”, afirmó Cristiano Guimarães, uno de los fundadores de la empresa.
Según el ejecutivo, este sólido respaldo de subvenciones públicas fue indispensable para conferir solidez técnica a la startup y reducir el riesgo para los inversores privados, lo que permitió que la empresa captara posteriormente importantes rondas de equity con el fondo Pitanga Redux y fondos de inversión de impacto, como Ecoa y Move Investimentos, atraídos por la conservación de la biodiversidad y la distribución del valor generado a partir de ella.
“El desarrollo de fármacos requiere inversiones considerables y paciencia”, subrayó Gabriel Perez, director del fondo Pitanga Redux. “Los gobiernos deben participar activamente en este financiamiento inicial. Al utilizar subvenciones públicas, simplemente estamos equiparando las condiciones con lo que los mercados más avanzados del mundo, como Estados Unidos y Europa, ya hacen habitualmente”, comparó.
La propuesta de Nintx de desarrollar nuevas moléculas y tratamientos a partir de la biodiversidad brasileña fue uno de los factores decisivos para invertir en la empresa, afirmó Perez.
En julio, el fondo Pitanga Redux anunció una segunda inversión, de R$ 18 millones, en una empresa del sector de biotecnología para los agronegocios, Terra Genomics. El aporte cuenta también con la participación de Bold.t Capital y tiene como objetivo financiar el desarrollo de una nueva generación de biopesticidas y biofertilizantes agrícolas basados en ingeniería metabólica e impulsados por inteligencia artificial. “Estamos buscando otras oportunidades de inversión”, afirmó Perez.
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