“Gran parte de la educación básica está en manos de las alcaldías, que cuentan con menos recursos y menos estructura, justamente en la etapa más importante del desarrollo humano”, destacó Siqueira (foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)

Educación
Educación básica avanza, pero las desigualdades son obstáculos estructurales, afirma Ivan Siqueira
14-05-2026
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La evaluación fue realizada por el profesor de la Universidad Federal de Bahía Ivan Siqueira durante la 2ª Conferencia FAPESP 2026; el especialista también discutió los límites del modelo actual, la necesidad de criterios objetivos en las políticas educativas y los impactos de la inteligencia artificial en la enseñanza

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Educación básica avanza, pero las desigualdades son obstáculos estructurales, afirma Ivan Siqueira

La evaluación fue realizada por el profesor de la Universidad Federal de Bahía Ivan Siqueira durante la 2ª Conferencia FAPESP 2026; el especialista también discutió los límites del modelo actual, la necesidad de criterios objetivos en las políticas educativas y los impactos de la inteligencia artificial en la enseñanza

14-05-2026
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“Gran parte de la educación básica está en manos de las alcaldías, que cuentan con menos recursos y menos estructura, justamente en la etapa más importante del desarrollo humano”, destacó Siqueira (foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)

 

Por José Tadeu Arantes  |  Agência FAPESP – La educación básica brasileña registró avances significativos en las últimas décadas, pero continúa marcada por profundas desigualdades y por un desfase entre el modelo de enseñanza y las transformaciones tecnológicas y sociales contemporáneas. La evaluación corresponde al investigador Ivan Siqueira, profesor titular de Interdisciplinariedad de la Universidad Federal de Bahia (UFBA), durante la 2ª Conferencia FAPESP 2026 – “Educación Básica en Brasil: Desafíos y Oportunidades”.

Según el conferencista, el país amplió el acceso a la escuela desde la Constitución de 1988, pero todavía enfrenta dificultades para garantizar una calidad compatible con las inversiones realizadas. “Existe mucha evidencia de que hemos avanzado. Pero, cuando consideramos los niveles de desigualdad, entendemos que aún necesitamos hacer mucho, mucho, mucho más”, subrayó.

Uno de los puntos centrales de la presentación fue la distinción entre principios y criterios en la definición de las políticas públicas. Para Siqueira, la legislación brasileña posee directrices acertadas, pero carece de mecanismos objetivos de implementación. El investigador analizó específicamente el artículo 205 de la Constitución de la República Federativa de Brasil, que establece: “La educación, derecho de todos y deber del Estado y de la familia, será promovida e incentivada con la colaboración de la sociedad, con miras al pleno desarrollo de la persona, su preparación para el ejercicio de la ciudadanía y su calificación para el trabajo”.

“El mayor problema del artículo 205 es que constituye una declaración de principios y no el establecimiento de un criterio. Y el principio no es binario: se puede decir que se está avanzando en determinada dirección, aun sin llegar nunca allí”, explicó. “Necesitamos transformar principios en criterios, porque los criterios son objetivos y permiten exigir responsabilidades.”

Según él, esa brecha afecta directamente la gobernanza educativa, especialmente en municipios con baja capacidad administrativa. “Gran parte de la educación básica está en manos de las alcaldías, que cuentan con menos recursos y menos estructura, justamente en la etapa más importante del desarrollo humano”, afirmó.

El profesor también criticó la formación docente en el país. Según señaló, el sistema permite que los profesores se formen sin experiencia práctica en escuelas. “Brasil autoriza la formación de personas que nunca han pisado un aula. Eso no ocurre en áreas como medicina”, observó. Otro problema señalado fue la fragmentación curricular. “Es ilusorio imaginar que un alumno pueda aprender 13 asignaturas diferentes con menos de cuatro horas de clase al día”, subrayó. Para él, el modelo presupone una escuela de tiempo completo, que aún no es una realidad en la mayor parte del país.

El impacto de las tecnologías digitales

Siqueira destacó que las tecnologías digitales introdujeron un cambio estructural en el proceso de aprendizaje, afectando la atención, el lenguaje y las formas de interacción. “El modelo tradicional de clase expositiva está muerto. Ya no sirve para los estudiantes que tenemos hoy”, resumió. Según el investigador, los estudiantes tienen crecientes dificultades de concentración y organización del pensamiento: “Hoy es muy difícil mantener a un alumno enfocado durante diez minutos. Para escribir, necesita pensar, y no está ejercitando eso”.

También relató el aumento de fenómenos como la desinformación, la dependencia de las redes sociales y los problemas de salud mental. “En la UFBA, el 70 % de los estudiantes de medicina reportan problemas de salud mental. En psicología, el porcentaje es aún mayor: 80 %. Tanto es así que los profesores, colegas míos, dicen que la gente va a psicología para tratarse”, comentó.


“Brasil autoriza la formación de personas que nunca han pisado un aula. Eso no ocurre en áreas como medicina”, afirmó Siqueira foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)

La inteligencia artificial (IA) fue presentada como uno de los principales vectores de transformación de la educación y del mercado laboral. Siqueira citó despidos recientes en el sector financiero para ilustrar el impacto de la adopción de las nuevas tecnologías digitales. “En los últimos cuatro meses, los cuatro mayores bancos estadounidenses despidieron a 15 mil empleados, mientras obtenían más de US$ 1.000 millones de ganancias. Una persona con IA hace el trabajo de diez. Y eso cambia completamente el mercado”, enfatizó.

Al mismo tiempo, destacó aplicaciones positivas en el sistema educativo. “Modelos basados en la BNCC [Base Nacional Común Curricular] consiguen generar planes de clase adaptados a diferentes perfiles de estudiantes, reduciendo enormemente el trabajo del profesor”, afirmó. La BNCC es el documento normativo que define lo que todos los estudiantes brasileños tienen derecho a aprender a lo largo de la educación básica (educación infantil, educación primaria y educación secundaria).

Además, la incorporación de las nuevas tecnologías digitales favorece el acceso a contenidos de calidad, la formación de comunidades de aprendizaje y la posibilidad de integrar el currículo a las realidades locales, como en comunidades indígenas y quilombolas (descendientes de poblaciones esclavizadas que, a partir del siglo XVI, formaron aldeas tras escapar del cautiverio), ampliando el potencial de una educación más contextualizada, colaborativa y alineada con las demandas contemporáneas.

Pero existen varios cuellos de botella que aún deben superarse. Entre ellos, el modelo de evaluación. Siqueira argumentó que exámenes como el del Sistema de Evaluación de la Educación Básica (Saeb) están desactualizados y no capturan competencias esenciales. Y defendió la incorporación de habilidades como pensamiento crítico, metacognición y resolución de problemas complejos. “El estudiante necesita saber movilizar conocimientos en situaciones reales. No basta con repetir contenidos”, afirmó.

El peso de las desigualdades

Para el investigador, la desigualdad social continúa siendo el principal obstáculo para la calidad de la educación en el país. Citó diferencias internas en el propio municipio de São Paulo, donde la expectativa de vida puede variar hasta 20 años entre distintos distritos. “Esa desigualdad comienza en la infancia y se amplía a lo largo de la vida escolar”, afirmó. “Si no reducimos eso, será muy difícil mejorar la calidad de la educación.”

En la conclusión, Siqueira recurrió al geógrafo Milton Santos para enfatizar la dimensión subjetiva de la educación. “La identidad es el sentimiento de pertenencia a aquello que nos pertenece”, citó. Según él, muchos estudiantes no se reconocen en la escuela. “Hay alumnos cuyo cuerpo está presente, pero que no se sienten parte de ella. Sin eso, nada tiene sentido”, afirmó.

Por último, el investigador defendió una mayor participación de las universidades en la educación básica. “Si la universidad no asume ese papel, podemos esperar un desastre, que ya está en curso”, advirtió.

Siqueira es doctor en Letras por la Universidad de São Paulo (USP), fue profesor en la Escuela de Comunicaciones y Artes (ECA) de la USP y de la red pública estatal de São Paulo, además de profesor visitante en la Kyoto University of Foreign Studies (Japón). Actuó como miembro del Consejo Nacional de Educación y del Mercosur Educativo. Desarrolla investigaciones en educación básica, interdisciplinariedad, tecnologías digitales e inteligencia artificial aplicada a la educación, con formación complementaria en instituciones como Stanford, Oxford y MIT.

El evento contó con la participación de Marta Arretche, coordinadora general de Ciencias, Humanidades y Artes de la FAPESP, y de Oswaldo Baffa Filho, coordinador de las Conferencias FAPESP 2026. La moderación estuvo a cargo de Mozart Ramos, titular de la Cátedra Sérgio Henrique Ferreira del Instituto de Estudios Avanzados – Polo de Ribeirão Preto (IEARP) de la USP. Ramos destacó la centralidad de la discusión sobre la educación básica en el país. “Si no resolvemos la educación básica, no resolveremos los principales problemas de la educación superior”, afirmó, recordando que el 59 % de los estudiantes abandonan la universidad antes de concluir la carrera.

La conferencia completa “Educación Básica en Brasil: Desafíos y Oportunidades” está disponible en: youtu.be/DV9snChIEho.

 

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