Nastassja Martin, profesora de Habitabilidad de la Tierra y Transiciones Justas en la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne; Nadia Belaidi, ecoantropóloga y editora jefe de la revista Droit et Cultures; Alex Alexis, doctorando en derecho comparado por la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne y por la Université de Montréal; y Vitor Ido, profesor de derecho mercantil de la FD-USP (foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)
El tema fue abordado en un taller del proyecto “Democlites – Democracia, Clima y Transición Ecológica y Social”, iniciativa conjunta de la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne y la USP apoyada por la FAPESP
El tema fue abordado en un taller del proyecto “Democlites – Democracia, Clima y Transición Ecológica y Social”, iniciativa conjunta de la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne y la USP apoyada por la FAPESP
Nastassja Martin, profesora de Habitabilidad de la Tierra y Transiciones Justas en la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne; Nadia Belaidi, ecoantropóloga y editora jefe de la revista Droit et Cultures; Alex Alexis, doctorando en derecho comparado por la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne y por la Université de Montréal; y Vitor Ido, profesor de derecho mercantil de la FD-USP (foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)
Por José Tadeu Arantes | Agência FAPESP – ¿Qué ocurre cuando el pensamiento hegemónico occidental —con sus paradigmas, vocabularios e instituciones— se encuentra con los saberes tradicionales de los pueblos indígenas? ¿Es posible dialogar de manera horizontal y obtener resultados que beneficien a ambas partes? ¿O es inevitable el encuadramiento reduccionista y la subordinación de una por la otra? Este tema fue analizado desde varias perspectivas en el taller “Participación política de los pueblos indígenas y de las comunidades de la Amazonia”.
Realizado el 3 de noviembre en el Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de São Paulo (MAE-USP), el evento forma parte de la etapa brasileña del proyecto “Democlites – Democracia, Clima y Transición Ecológica y Social”, una iniciativa conjunta de la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne y la USP, con apoyo de la FAPESP, del Institut Français y del Consulado General de Francia en São Paulo, en el marco de la Saison Croisée Francia-Brasil.
El eje común de las cuatro conferencias que conformaron el taller fue el “diálogo entre mundos”, según la expresión adoptada por el conferencista Alex Alexis, doctorando en derecho comparado por la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne y por la Université de Montréal. “Prefiero hablar de ‘mundos’, y no de ‘visiones del mundo’, porque ‘visión del mundo’ presupone un único mundo, externo y siempre el mismo, del cual existirían varias visiones. Y que, al final, la ciencia sería el mejor portavoz de ese mundo no construido y casi eterno, que existe en sí y por sí. Esta noción ha sido muy cuestionada en los debates de ontología política. Por eso prefiero ‘mundo’, simplemente”, afirmó.
Para él, los conflictos entre ontologías distintas se manifiestan principalmente cuando los pueblos indígenas participan en procesos políticos y jurídicos y el derecho moderno es llamado a juzgar realidades que no reconoce. Al respecto, mencionó dos ejemplos con desfechos opuestos. En Canadá, los indígenas Ktunaxa, de Columbia Británica, acudieron a los tribunales —llegando incluso a la Suprema Corte— para oponerse a la concesión de una estación de esquí que, según ellos, ahuyentaría al espíritu del oso pardo. La solicitud fue negada: los jueces alegaron que los indígenas no estaban reivindicando la libertad de creer en el espíritu del oso pardo —derecho reconocido por la Constitución canadiense—, sino solicitando la protección del espíritu en sí, algo que no encajaría en los términos de la ley.
“En contraste, existe un caso en Nueva Zelanda. El gobierno pretendía incluir, en negociaciones comerciales, la comercialización de datos relativos a las comunidades maoríes. Los maoríes se opusieron y, ante el Tribunal de Waitangi, afirmaron que sus datos no eran un recurso económico —destinado a redes de propiedad intelectual y comercio—, sino ‘taonga’, es decir, tesoros que contienen un principio vital y vinculan a las comunidades con el ambiente y con las generaciones pasadas, presentes y futuras. El tribunal acogió esa ontología y estableció que los datos maoríes eran taonga, y que el gobierno no debía negociar su comercialización sin el acuerdo de las comunidades indígenas”, explicó Alexis.
Una reflexión similar, orientada hacia un pensamiento cosmopolítico capaz de considerar la pluralidad de mundos y la posibilidad de diálogo entre ellos, fue presentada por la antropóloga Nastassja Martin, profesora titular de la cátedra del profesor junior “Habitabilidad de la Tierra y Transiciones Justas” en la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne. Conocida por su libro Croire aux fauves, en el que narra el ataque desfigurante que sufrió por parte de un oso en Siberia, Martin relató en el evento su reciente participación en el encuentro ÁGUAMÃE, organizado por la iniciativa Escuelas Vivas, un movimiento de apoyo a proyectos indígenas para el fortalecimiento y la transmisión de saberes tradicionales, que reúne integrantes de los pueblos Guaraní, Maxakali, Huni Kuin, Baniwa y Tukano-Dessano-Tuyuka.
“La idea era que personas de estos colectivos compartieran sus maneras de comprender el agua fuera del encuadramiento que la trata únicamente como un ‘recurso’ apropiable y materialmente explotable, y sí como una entidad con la cual es posible dialogar de muchas formas. Selvagem [organización no gubernamental que promueve el movimiento Escuelas Vivas] alquiló un barco para navegar por la Bahía de Guanabara, trabajando la toponimia tupí-guaraní de los lugares del entorno. Embarcamos todos, incluso personas que nunca habían salido de sus comunidades. Hubo una navegación-conversación entre todos, con geólogos e hidrólogos invitados, pero también con modos propios de acceder al agua. Francisco, del colectivo Baniwa, por ejemplo, actualizaba la posibilidad de diálogo tocando la flauta tradicional, que se entiende como capaz de producir efectos sobre esa entidad”, relató Martin.
La antropóloga señaló que era la “blanca” del grupo y le pidieron que produjera un texto. “No para ofrecer el encuadramiento teórico a ellos, sino para mostrar que, desde Europa, hay personas pensando de maneras que resuenan con las suyas. Fue conmovedor. Las personas se emocionaron porque vislumbraron la posibilidad real de un diálogo.”
Martin contrastó esta experiencia con lo que observó en su investigación en la Patagonia chilena: “Todo el conjunto de las estancias patagónicas —que ya eran, convenimos, la expresión misma del colonialismo, con sus cercas por doquier, poquísimos propietarios de tierra y miles de ovejas cuidadas por algunos gauchos muy pobres— tuvo sus concesiones de uso renegociadas para proyectos energéticos. El proyecto es sustituir las ovejas por turbinas eólicas: una turbina por hectárea. Fue una verdadera fiebre del oro para obtener las concesiones, porque quien las consiguiera primero pagaba menos. Hoy, para que se tenga una idea de la magnitud, los propietarios de tierra que pueden instalar estas turbinas reciben cerca de US$ 30 mil al año por turbina instalada. El plan es cubrir toda la estepa con ellas. Y eso, dicen, ¡es verde!”.
“Y no es solo eso”, continuó la antropóloga, “a rebufo de eso vienen las reaperturas de minas en la Patagonia chilena. Los de siempre sufren con la contaminación de las fuentes y ríos que deberían irrigar las tierras. Todo en nombre de la ‘transición energética’. Cuando vamos a las aldeas impactadas por el extractivismo de los minerales necesarios para estos megaproyectos, la situación es sumamente problemática.”
Ella sostiene que la transición energética en curso es una reedición del mismo modelo que produjo la crisis climática y ambiental. Cambian las fuentes de energía, pero los componentes de la naturaleza siguen siendo vistos como recursos a ser apropiados y explotados para un crecimiento económico ilimitado. Desde otra perspectiva ontológica, los pueblos indígenas ofrecerían una alternativa radical.
“Mi trabajo, que espero concluir este año, es un compromiso político junto a estas personas: documentar los proyectos de transición energética de manera rigurosa y, al mismo tiempo, replantear la cuestión ontológica de otro modo. No concebir el mundo como un stock inagotable, sino como un lugar donde las relaciones interespecies, entre humanos y no humanos, son posibles y productivas. Tomar eso en serio como respuesta. Siento que, para los indígenas, existe un verdadero desafío en traducir este ‘cambio de registro’ al Occidente: la posibilidad de escucha. Porque no es solo una cuestión de lengua. Es de cartografía mental”, afirmó.
Usos locales del derecho
Un aspecto importante de este amplio espacio temático fue explorado en profundidad por Vitor Ido, profesor de derecho mercantil de la Facultad de Derecho de la Universidad de São Paulo (FD-USP), en su conferencia sobre la protección del conocimiento tradicional de los pueblos indígenas basada en los usos estratégicos del derecho privado y de la propiedad intelectual. Con una experiencia de seis años como negociador en procesos internacionales, incluidos los del Comité Intergubernamental de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), Ido afirmó que “hay mucha más creatividad y potencia en los usos locales del derecho en la Amazonia que en las grandes arenas internacionales”.
El profesor de la USP inició su intervención situando la discusión en el contexto del diálogo franco-brasileño. Y recordó nombres de referencia en la antropología, como Claude Lévi-Strauss, Pierre Clastres, Manuela Carneiro da Cunha y Eduardo Viveiros de Castro. “Está también Mauro Almeida, profesor de la Unicamp [Universidade Estadual de Campinas], que analizó los trabajos conjuntos entre pueblos indígenas y científicos y desarrolló la noción de ‘encuentro pragmático’: el pragmatismo entendido aquí como la posibilidad de trabajar juntos, de reconocer la alteridad y de cooperar, sin exigir un consenso absoluto entre prácticas científicas y prácticas tradicionales”, señaló.
Para él, es esa idea de “encuentro pragmático” la que permite superar el dualismo limitador que concibe los saberes tradicionales ora como mercancía ora como panacea ambiental. Y reconocer que, a pesar de todas sus limitaciones, la participación en foros internacionales como la Convención sobre la Diversidad Biológica y la propia Organización Mundial de la Propiedad Intelectual ofrece una posibilidad positiva para la presencia y la agencia indígenas. “El hecho de ‘estar allí’, de participar como indígena, fue visto por parte de la literatura —por ejemplo, por Laura Graham— como una forma de ‘performar la indigeneidad’, creando nuevos espacios de reconocimiento y nuevos modos de hacer el derecho internacional”, ponderó.
El investigador citó tres casos exitosos de uso indígena del derecho privado: el de las mujeres Baniwa, del Alto Río Negro, con la Pimenta Jiquitaia Baniwa, una mezcla de diversas especies registrada como marca en el Instituto Nacional da Propriedade Industrial (INPI) y hoy vendida en restaurantes y mercados sofisticados; el del pueblo Wayãpi, de la frontera entre Amapá y la Guayana Francesa, con el arte gráfico y la pintura corporal Kusiwa, reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de Brasil por el Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan) y como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco; y la inserción de comunidades indígenas como accionistas o participantes estratégicos en empresas en los Estados Unidos.
¿Pueden estos usos estratégicos del derecho privado servir para la efectivación de los derechos indígenas? Ido afirmó que existen tres respuestas posibles: no, nada de esto sirve, es solo greenwashing o marketing político; sí, es un uso pragmático de las herramientas disponibles, que puede producir resultados concretos; y sí, puede ser un punto de partida para reinventar las propias formas jurídicas y las categorías legales, generando nuevas concepciones de protección ambiental, de derechos humanos y de Amazonia, ya no separando naturaleza y cultura, sino reconociendo que los pueblos amazónicos crean el mundo que protegen. La última respuesta es la de Ido: “Creo que necesitamos medir las cosas de otro modo: ser pragmáticos entre comillas, ir más allá de los dualismos y reconocer que hay una reinvención del derecho en curso, una experimentación que parte de los propios pueblos”.
Diplomacia cultural indígena
La idea de utilizar y, al mismo tiempo, transformar los espacios disponibles también permeó la conferencia de Carolina Amaral de Aguiar, profesora de historia del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI) de la USP, quien habló sobre diplomacia cultural indígena (temas y procesos de internacionalización de artistas y cineastas) en otro taller del ciclo Democlites, centrado en el tema “Inclusión y equidad en la globalización”.
Su presentación inventarió la rápida popularización e internacionalización de artistas y cineastas indígenas de Brasil en los últimos cinco años: desde exposiciones individuales o colectivas en el país y en el exterior hasta la participación en la 34ª Bienal de São Paulo (2021) y en la Bienal de Venecia (2024). “Un hito nacional de este proceso fue la fuerte presencia del arte indígena en la 34ª Bienal. Y no fue un episodio aislado: las dos bienales siguientes también dieron un lugar destacado al arte indígena producido en Brasil. Puede decirse que la Bienal asumió para sí el papel de lanzar internacionalmente a los artistas indígenas que se destacan en el país. La gran estrella de 2021 fue Jaider Esbell [del pueblo Makuxi], junto a Gustavo Caboco [del pueblo Wapichana], Uýra Sodoma [de la etnia Munduruku], Daiara Tukano [del pueblo Tukano – Yé’pá Mahsã] y Sueli Maxakali [del pueblo Maxakali-Tikmũ’ũn]”, informó Amaral.
Y agregó: “Una de las obras destacadas de Jaider Esbell fue la Carta al Viejo Mundo, preparada para un viaje del artista a Europa. En este trabajo, Esbell responde a las cartas de los viajeros coloniales, haciendo resonar la denuncia del genocidio de los pueblos autóctonos. Hay claramente un paralelo entre el pasado colonial y el exterminio actual. Durante la Bienal, en el auge de su carrera, Esbell se suicidó. No se trata aquí de hacer un análisis psicológico de ese acto, pero sin duda puede llevarnos a reflexionar sobre el hecho de que este proceso de internacionalización no se desarrolla sin tensiones”.
La Bienal siguiente (2023) contó con una fuerte presencia del artista Denilson Baniwa, del pueblo Baniwa, y del colectivo MAHKU (Movimento dos Artistas Huni Kuin), compuesto por autóctonos de la Tierra Indígena Kaxinawá. “Pero el punto culminante de la internacionalización del arte indígena ocurrió en la Bienal de Venecia de 2024, una de las manifestaciones más prestigiosas del circuito artístico internacional. Con un énfasis claramente orientado al Sur Global, el curador Adriano Pedrosa invitó para la curaduría del pabellón brasileño [titulado Pavilhão Hãhãwpuá, nombre con que el pueblo Pataxó designa el territorio de Brasil] a los artistas Denilson Baniwa, Arissana Pataxó y Gustavo Caboco Wapichana. La fachada del pabellón fue decorada por el colectivo MAHKU. La propuesta estética retomó el diálogo con los motivos geométricos de las pinturas corporales y del arte decorativo indígena, la colectividad como modo de creación y la disolución del arte en los espacios de convivencia”, comentó Amaral.
Si logran insuflar vitalidad en el espacio restringido y hasta cierto punto estancado de las artes visuales contemporáneas, estas y otras manifestaciones van más allá, constituyéndose en elementos importantes de lo que Amaral caracterizó como “diplomacia cultural indígena”. Esta adquirió especial relevancia en el contexto de la crisis climática global. “Puede decirse que reivindicaciones antes más ligadas a las propias comunidades —como demarcación de tierras, autodeterminación y reconocimiento del plurilingüismo, muy presentes en las décadas de 1980 y 1990— pasaron a compartir espacio con agendas globales como medio ambiente y clima. El arte indígena se internacionalizó en el mismo movimiento en que nociones como Antropoceno se difundieron en la escena pública.”
En este sentido, los trabajos de artistas y cineastas indígenas se suman a la actuación de otros “embajadores” indígenas de gran visibilidad global, como el líder kayapó y activista ambiental Raoni Metuktire, condecorado con la Gran Cruz de la Orden Nacional del Mérito en 2025 y con la Legión de Honor —la más alta distinción de Francia— en 2024; el escritor y también activista Ailton Krenak, primer indígena elegido para la Academia Brasileña de Letras en 2023; y el chamán y líder yanomami David Kopenawa, poseedor de numerosos premios y honores, cuya proyección internacional creció con la repercusión del libro A Queda do Céu, producido en colaboración con el antropólogo francés (nacido en Marruecos) Bruce Albert.
Para Amaral, la diplomacia cultural indígena articula reivindicaciones ambientales, sociales y políticas, ampliando el campo del diálogo entre mundos. Sus protagonistas se convierten en mediadores ontológicos, “traductores sensibles entre modos de existencia”.
Espacios de encuentro
Las cuatro conferencias —entre otras presentadas en las diversas sesiones de la etapa brasileña del Proyecto Democlites— coincidieron en un punto: el diálogo entre mundos es posible, pero exige que el mundo hegemónico, impropiamente llamado Occidente, amplíe su capacidad de escucha, es decir, su disposición para reconocer otras formas de existir y de pensar. Como resumió Alexis: “El diálogo de saberes es siempre situado. No hay un lugar neutro donde todas las ontologías se reúnan en pie de igualdad. Pero podemos crear espacios de encuentro, donde cada mundo cuente, y donde la política, la ciencia y el derecho aprendan a coexistir con otros mundos posibles”.
Los dos talleres mencionados tuvieron la coordinación de Pedro Dallari, profesor titular de derecho internacional del IRI-USP; Fabienne Peraldi Leneuf, profesora de derecho público en la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne; y Fernando Menezes, profesor titular de derecho del Estado de la FD-USP y director administrativo de la FAPESP.

Fabienne Peraldi Leneuf, profesora de derecho público en la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, y Pedro Dallari, profesor titular de derecho internacional del IRI-USP (foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)
Menezes destacó las diversas iniciativas que la FAPESP ha apoyado en temas relacionados con el proyecto Democlites, involucrando, por un lado, a entidades paulistas —como el MAE-USP, que acogió el primer día del encuentro, y el Museo de la Lengua Portuguesa— y, por otro, a socios franceses, como la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, además de otras instituciones, universitarias o no, como la Université Sorbonne Nouvelle, el Museo Nacional de Historia Natural y el Museo del Quai Branly.
El encuentro fue inaugurado por Celso Lafer, exministro de Relaciones Exteriores, expresidente de la FAPESP y profesor emérito de la USP, y por Marion Magnan, agregada de Ciencia y Tecnología del Consulado General de Francia en São Paulo.
En sus palabras de apertura, Lafer destacó la “importancia de la diplomacia de la cooperación académica” y el “valor del conocimiento como sostén de la paz, del entendimiento y de la cooperación”. Recordó también su papel, como ministro de Relaciones Exteriores, en la organización de la Río-92, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, en la cual representantes de 179 países consolidaron una agenda global para minimizar los problemas ambientales mundiales y fue elaborada la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el primer gran marco jurídico mundial para tratar oficialmente el cambio climático como un problema planetario.
El taller del proyecto “Democlites – Democracia, Clima y Transición Ecológica y Social” tuvo continuidad en los dos días siguientes: en la sede de Business France, con temas relacionados con la responsabilidad social y ambiental de las empresas; y en la FD-USP, donde se abordaron la justicia de transición y el derecho ambiental.
Más información sobre la etapa brasileña del proyecto, incluido el programa de conferencias y las credenciales académicas de los conferencistas, puede consultarse en: fapesp.br/17873.
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