El investigador destaca que tanto el entrenamiento como la intervención conductual son un complemento de la medicación: “Nunca debemos dejar de seguir el tratamiento prescrito por el médico”, afirma David Halen Araújo Pinheiro, de la USP (imagen: Shutterstock)
Un ensayo clínico realizado en la Universidad de São Paulo demostró que ambos enfoques no farmacológicos mejoran la calidad de vida y alivian los síntomas respiratorios y de ansiedad a mediano plazo
Un ensayo clínico realizado en la Universidad de São Paulo demostró que ambos enfoques no farmacológicos mejoran la calidad de vida y alivian los síntomas respiratorios y de ansiedad a mediano plazo
El investigador destaca que tanto el entrenamiento como la intervención conductual son un complemento de la medicación: “Nunca debemos dejar de seguir el tratamiento prescrito por el médico”, afirma David Halen Araújo Pinheiro, de la USP (imagen: Shutterstock)
Por Frances Jones | Agência FAPESP – Para las personas que padecen asma moderada a grave, aumentar el número de pasos diarios puede ser tan eficaz para controlar la enfermedad como realizar sesiones estructuradas de entrenamiento aeróbico. Así lo revela un estudio liderado por investigadores de la Universidad de São Paulo (USP) y publicado en la revista Pulmonology. La investigación demostró que ambos enfoques mejoran la calidad de vida, alivian los síntomas de ansiedad y depresión y mantienen el asma bajo control a mediano plazo, ofreciendo a médicos y pacientes alternativas de tratamiento no farmacológico más flexibles y accesibles.
El artículo es fruto del doctorado del fisioterapeuta David Halen Araújo Pinheiro, realizado en la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP), en Brasil, en colaboración con la Unidad de Enfermedades de las Vías Aéreas de la División de Neumología del Instituto del Corazón del Hospital de Clínicas (HC) de la FM-USP. El grupo contó con el apoyo de la FAPESP (proyectos 21/03745-3, 24/00263-6, 21/04198-6 y 18/17788-3) y del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq).
“En un estudio anterior, observamos que, si un paciente camina 7.500 pasos al día, ya presenta un mejor control clínico del asma”, afirma Pinheiro, actualmente investigador posdoctoral del Laboratorio de Investigación en Fisioterapia y Ejercicio (Liffe) del HC-FM-USP, con una beca de la FAPESP.
De los 480 pacientes invitados a participar en el nuevo estudio, 52 ingresaron al programa tras el proceso de selección. Las intervenciones duraron dos meses y se realizó una reevaluación cuatro meses después. Para participar en la investigación, los voluntarios con diagnóstico de asma moderada a grave no controlada debían ser hasta entonces físicamente inactivos (realizar menos de 150 minutos de actividad física moderada a vigorosa por semana), estar recibiendo tratamiento médico desde hacía al menos seis meses, encontrarse clínicamente estables (sin exacerbaciones durante los últimos 30 días) y no ser fumadores.
Antes de iniciar el programa, los participantes asistieron a una clase educativa presencial, en la que se abordaron temas como la fisiopatología del asma, el uso correcto de la medicación y los beneficios de la práctica de actividad física. Mediante sorteo, los voluntarios fueron divididos en dos grupos. Uno de ellos comenzó a acudir dos veces por semana al HC para realizar un entrenamiento aeróbico en cinta caminadora, con orientación profesional, durante 45 minutos. El segundo grupo acudió al HC una vez por semana, para sesiones de hasta 90 minutos, con el fin de recibir orientación, asesoramiento e incentivos para aumentar la práctica de actividad física, mediante caminatas y el establecimiento de metas semanales. Durante ese período, los integrantes de este grupo recibieron un reloj inteligente (smartwatch) para contabilizar sus pasos. Ambas intervenciones duraron ocho semanas.
Los parámetros de actividad física, control clínico del asma, calidad de vida y síntomas de depresión y ansiedad se midieron en tres momentos: antes del inicio de la investigación (basal), inmediatamente después de concluir las ocho semanas de intervención (posintervención) y cuatro meses después (seguimiento). En las tres etapas de evaluación, que duraron siete días y siete noches, los voluntarios utilizaron un acelerómetro en la cintura durante el día para medir los pasos y otro en la muñeca durante la noche para evaluar la calidad del sueño. Los profesionales que realizaron las evaluaciones no estaban directamente involucrados en el estudio y desconocían a cuál de los grupos pertenecía cada paciente.
Baja calidad de vida
Las personas con asma que participaron en la investigación tenían entre 18 y 65 años. La mayoría eran mujeres con sobrepeso u obesidad de grado 1 y presentaban síntomas de ansiedad y depresión, además de una baja calidad de vida, escriben los autores del artículo. Los voluntarios de ambos grupos presentaron menos síntomas respiratorios y mantuvieron este beneficio cuatro meses después de finalizada la intervención.
“Ambas intervenciones son beneficiosas para el paciente y proporcionan un mejor control clínico de la enfermedad. Y, según nuestros resultados, ninguna de las estrategias fue superior a la otra”, destaca Pinheiro. “Sin embargo, el entrenamiento aeróbico requiere una mayor infraestructura y debe ser supervisado. En cambio, con una simple caminata, al aumentar el número diario de pasos, el paciente también tiende a controlar la enfermedad y obtener otros beneficios, como, por ejemplo, una mejora de la calidad de vida y una reducción de los síntomas de ansiedad y depresión.”
Una vez concluidos los dos meses de una u otra intervención, los investigadores permanecieron cuatro meses sin ponerse en contacto con los pacientes y solo entonces los convocaron para el seguimiento. “Lo hicimos así para no influir en ellos y dejar que continuaran con su vida cotidiana”, explica el investigador. “Después de los cuatro meses, muchos pacientes del grupo de entrenamiento aeróbico contaron que se inscribieron en un gimnasio para hacer cinta caminadora, mientras que los pacientes del grupo de intervención conductual mantuvieron las caminatas en su vida cotidiana”, afirma.
Sin embargo, no todos lo hicieron. La variación climática (del frío al calor o viceversa) fue señalada como el principal motivo para abandonar las actividades.
“Observamos que, en el grupo de entrenamiento aeróbico, el número de pasos aumentó en comparación con el momento basal y disminuyó durante el seguimiento. Lo mismo ocurrió en el grupo de intervención conductual, aunque en ambos casos las cifras se mantuvieron por encima de las registradas antes de la intervención.”
En el grupo de entrenamiento aeróbico, en la posintervención se registró un aumento promedio de 1.537 pasos diarios con respecto al momento inicial. En el seguimiento de este grupo, el aumento fue menor: se situó en 983 pasos. Por su parte, en el grupo de intervención conductual, el número de pasos diarios inmediatamente después de los dos meses del programa aumentó en 1.126. Cuatro meses después, el aumento fue de 996 pasos.
“Fue algo curioso que observamos. Después de cuatro meses, el número de pasos registrado por el grupo de intervención conductual fue ligeramente mayor que el del grupo de entrenamiento aeróbico.”
Pinheiro destaca, sin embargo, que, según su protocolo, el paciente debe utilizar la medicación de forma continua, tal como recomienda la organización internacional Iniciativa Global para el Asma (GINA). “Tanto el entrenamiento aeróbico como la intervención son un complemento de la medicación. Nunca debemos dejar de seguir el tratamiento prescrito por el médico”, afirma el investigador.
El artículo Aerobic training versus behavioural intervention to increase physical activity on clinical control of people with moderate-to-severe asthma: A randomised clinical trial puede leerse en: tandfonline.com/doi/full/10.1080/25310429.2026.2684131.
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