La investigadora de la FFCLRP-USP destaca que la delincuencia juvenil no se concentra exclusivamente en las clases sociales pobres (imagem: Motortion Films/Shutterstock)
La conclusión surge de un estudio internacional en el que participaron más de 58 mil jóvenes de 21 países. En Brasil, fueron entrevistados alrededor de 1.900 adolescentes de entre 13 y 17 años
La conclusión surge de un estudio internacional en el que participaron más de 58 mil jóvenes de 21 países. En Brasil, fueron entrevistados alrededor de 1.900 adolescentes de entre 13 y 17 años
La investigadora de la FFCLRP-USP destaca que la delincuencia juvenil no se concentra exclusivamente en las clases sociales pobres (imagem: Motortion Films/Shutterstock)
Por José Tadeu Arantes | Agência FAPESP – Un estudio internacional, con más de 58 mil adolescentes de 21 países, concluyó que el denominado “tiempo libre no estructurado” –es decir, períodos sin supervisión de adultos y sin actividades orientadas por objetivos educativos, culturales o deportivos– está fuertemente asociado a la participación de los jóvenes en actos delictivos y situaciones de violencia.
El trabajo fue publicado en mayo en la revista PLOS ONE por investigadores vinculados al consorcio International Self-Report Delinquency Study (ISRD), que reúne equipos de diversos países para investigar, mediante cuestionarios anónimos, la participación de adolescentes en delitos y su exposición a la violencia como víctimas o autores.
“El estudio muestra que el tiempo libre no estructurado es una variable muy importante para comprender la participación de los adolescentes en la violencia”, afirma la psicóloga Marina Rezende Bazon, profesora de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (FFCLRP-USP), quien coordina el equipo brasileño del ISRD.
Según explica, el concepto se refiere al tiempo en el que el propio adolescente decide qué hacer, sin supervisión de adultos y sin participar en actividades estructuradas. “Es aquel tiempo en el que el joven circula sin un objetivo definido, muchas veces en contextos de vulnerabilidad y exposición a oportunidades delictivas”, señala.
El estudio analizó dos tipos principales de tiempo libre no estructurado: dentro del hogar, especialmente relacionado con el uso de internet; y fuera del entorno doméstico, que implica permanecer en calles, barrios y espacios públicos sin supervisión.
Los análisis mostraron que la variable más fuertemente asociada a la participación en delitos sigue siendo la convivencia con pares infractores. Sin embargo, el tiempo libre no estructurado apareció inmediatamente después como un importante factor explicativo y transcultural, es decir, la variable demostró ser relevante para explicar la participación de los jóvenes en delitos y situaciones de violencia en todos los países investigados. “Cuando combinamos pares infractores y tiempo libre no estructurado, tenemos una combinación especialmente problemática”, advierte Bazon.
Muestreo brasileño
El ISRD fue creado a comienzos de la década de 1990, inicialmente con países europeos, y posteriormente se amplió a todos los continentes. La investigación actual corresponde a la cuarta ronda del estudio. Brasil participó con muestras recolectadas en Ribeirão Preto y Sertãozinho, en el interior del estado de São Paulo.
En el país, alrededor de 1.900 adolescentes de entre 13 y 17 años respondieron al cuestionario. El muestreo se realizó en escuelas públicas y privadas, siguiendo un protocolo internacional estandarizado para garantizar la comparabilidad entre los países.
Los cuestionarios se aplicaron en tabletas, de forma anónima. En lugar de preguntar directamente al joven si había cometido un determinado delito, los investigadores utilizaron el método de la “delincuencia autorreportada”. Así, por ejemplo, preguntaban si el adolescente alguna vez había entrado en un establecimiento comercial, tomado algo y salido sin pagar.
“Los adolescentes tienden a responder con bastante sinceridad cuando se garantiza el anonimato”, informa Bazon. Según explica, décadas de investigaciones internacionales muestran que este tipo de enfoque produce datos confiables y permite captar fenómenos que rara vez aparecen en las estadísticas oficiales. “Los datos oficiales representan más la actividad de las instituciones de control que el fenómeno de la violencia juvenil en sí”, explica.
La investigación también estudió la victimización. Los adolescentes respondían, por ejemplo, si alguna vez habían sido objeto de ofensas relacionadas con el color de la piel, la religión, la orientación sexual o la apariencia física, ya fuera de forma presencial o a través de internet.
Entre los resultados, llamó la atención el aumento de la participación femenina en delitos en línea, especialmente en ataques ofensivos relacionados con la apariencia física de otras personas. Para Bazon, esto puede reflejar cambios en la forma de supervisión familiar. “Las niñas siempre fueron más supervisadas por la familia que los niños. Pero, en el entorno en línea, esta diferencia disminuyó mucho”, señala.
Los investigadores también observaron que las niñas aparecen con mayor frecuencia en comportamientos clasificados como overlap víctima-agresor, es decir, adolescentes que simultáneamente sufren y ejercen violencia. Este grupo presenta indicadores más graves de sufrimiento psíquico, problemas familiares y dificultades escolares.
Aunque el estudio abarcó a jóvenes escolarizados, los autores destacan que los adolescentes más vulnerables pueden estar subrepresentados en la muestra, ya que los jóvenes que están fuera de la escuela o internados en el sistema socioeducativo no participaron en la investigación. “Si incluso entre los estudiantes el tiempo libre no estructurado ya aparece como un factor importante, imaginemos entre los adolescentes que abandonaron la escuela y pasan años completamente desvinculados de las instituciones convencionales”, reflexiona Bazon.
La investigadora enfatiza que el abandono escolar prolongado constituye actualmente una de las principales señales de vulnerabilidad juvenil. “Tenemos adolescentes que permanecen dos o tres años fuera de la escuela, sin que exista una movilización efectiva de la red de protección para hacerlos regresar.”
Bazon destaca además que la delincuencia juvenil no se concentra exclusivamente en las clases sociales pobres: “Cuando trabajamos con delincuencia autorreportada, encontramos adolescentes involucrados en infracciones en todas las clases sociales. Lo que cambia es quién termina siendo más vigilado, abordado por la policía e institucionalizado. Esto, por supuesto, termina afectando más a los pobres”.
El consorcio ISRD prepara actualmente su quinta ronda de investigaciones. Entre las novedades previstas se encuentran la profundización de cuestiones relacionadas con la misoginia, los delitos de odio en línea y las experiencias adversas durante la infancia y la adolescencia, como abuso, negligencia, violencia doméstica y convivencia con adultos con dependencia de sustancias químicas o trastornos mentales.
Tales experiencias, según Bazon, producen el denominado “estrés tóxico”, asociado posteriormente a problemas de salud mental, dificultades escolares, violencia y reincidencia delictiva. “La violencia juvenil es un fenómeno mucho más amplio y transversal que aquello que aparece únicamente entre los adolescentes institucionalizados”, resume.
El conjunto de los datos indica la importancia de ampliar y perfeccionar programas comunitarios de ocio, deporte y cultura que sean realmente atractivos para los jóvenes, de manera que el tiempo libre (en horarios y días alternativos a los de la escuela) pueda ser parcialmente ocupado por actividades estructuradas (es decir, con objetivos socioeducativos y bajo la supervisión de adultos o educadores sociales).
“Este tipo de política, al mismo tiempo que responde a derechos de ciudadanía, tiene el potencial de prevenir la participación de los jóvenes en la delincuencia. El estudio publicado señala que una reducción del 20 % del tiempo libre no estructurado fuera de casa está asociada, en promedio, a una disminución del 9,6 % en la prevalencia de delitos y del 7,4 % en la incidencia de delitos en la muestra total”, relata Bazon.
Es decir, cuanto menor es el tiempo libre no estructurado, menor es la probabilidad de que los adolescentes se involucren en delitos. Esto sí constituiría una política de prevención y promoción de la juventud, aunque su efecto probablemente dependa de la calidad de las alternativas ofrecidas, de la inserción comunitaria de estas actividades y de las condiciones sociales que organizan la vida cotidiana de los adolescentes.
“En lo que se refiere específicamente al tiempo libre no estructurado en línea, la discusión se vuelve aún más compleja. La permanencia prolongada en entornos digitales sin mediación puede aumentar la exposición a contenidos, grupos y oportunidades asociados a comportamientos de riesgo, pero también constituye una dimensión contemporánea de la sociabilidad juvenil que no puede reducirse únicamente a un factor criminógeno. Además de capacitar a las familias y a los responsables para adoptar prácticas de acompañamiento y mediación del uso de internet, es necesario avanzar en políticas de educación digital, protección en línea y responsabilización de las plataformas, teniendo en cuenta los mecanismos mediante los cuales determinados entornos virtuales pueden favorecer la exposición a modelos, redes y oportunidades relacionados con la violencia y la transgresión”, añade la investigadora.
Así, la principal contribución del estudio quizá radique menos en sostener una relación lineal entre “más tiempo libre” y “más delincuencia” y más en demostrar que la organización social de la vida cotidiana de los jóvenes constituye un importante campo de intervención preventiva. La cuestión central para las políticas públicas no consiste simplemente en ocupar el tiempo de los jóvenes, sino en crear condiciones para que ese tiempo transcurra en contextos que promuevan el desarrollo, el sentido de pertenencia y la participación social.
El ISRD4 recibió apoyo de la FAPESP mediante cuatro proyectos (21/04732-2, 22/10125-4, 22/13907-3 y 24/00906-4).
El artículo Unstructured spare time as an international predictor of adolescent crime está disponible en: journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0349291.
The Agency FAPESP licenses news via Creative Commons (CC-BY-NC-ND) so that they can be republished free of charge and in a simple way by other digital or printed vehicles. Agência FAPESP must be credited as the source of the content being republished and the name of the reporter (if any) must be attributed. Using the HMTL button below allows compliance with these rules, detailed in Digital Republishing Policy FAPESP.