Mono aullador en el Parque Estadual Carlos Botelho: los grupos se desplazan más cuando se encuentran con otras especies de primates, como los muriquíes y los monos capuchinos (foto: Lucas Leoni/LaP-Unesp)
Los resultados de un estudio que monitoreó a un grupo en el Parque Estatal Carlos Botelho, en el estado de São Paulo (Brasil), ayudan a comprender el uso del hábitat por parte de esta especie, vulnerable a la extinción
Los resultados de un estudio que monitoreó a un grupo en el Parque Estatal Carlos Botelho, en el estado de São Paulo (Brasil), ayudan a comprender el uso del hábitat por parte de esta especie, vulnerable a la extinción
Mono aullador en el Parque Estadual Carlos Botelho: los grupos se desplazan más cuando se encuentran con otras especies de primates, como los muriquíes y los monos capuchinos (foto: Lucas Leoni/LaP-Unesp)
Por André Julião | Agência FAPESP – El desplazamiento diario de los monos aulladores rojos (Alouatta guariba) en el bosque está determinado por una interacción de factores ambientales, conductuales y sociales. Esta es una de las conclusiones de un estudio realizado en Brasil y publicado en abril en el International Journal of Primatology por investigadores apoyados por la FAPESP, cuyos resultados pueden orientar acciones para la conservación de esta especie.
Los días más calurosos y largos, por ejemplo, exigen más tiempo de descanso y se traducen en un recorrido diario más corto para la especie. Cuando los monos aulladores se alimentan de hojas, ricas en fibra y que requieren un largo tiempo de digestión, también descansan más.
Otro factor que influye directamente en la distancia recorrida cada día es la interacción con otras especies de primates, como el muriquí del sur (Brachyteles arachnoides) y el mono capuchino (Sapajus cucullatus), que obliga a los monos aulladores a desplazarse más en busca de nuevos sitios para alimentarse o descansar y así evitar conflictos. En el estudio, el consumo de frutas, que son de fácil digestión, y los encuentros con otros monos aulladores no influyeron en el desplazamiento diario.
“El muriquí es más grande y su sola presencia ya ahuyenta a los monos aulladores, que prefieren abandonar el lugar antes que enfrentarse a ellos. Los monos capuchinos son más pequeños, pero se desplazan en grupos de hasta 30 individuos y pueden saltar sobre los monos aulladores, tirarles de la cola, hacen de todo para expulsarlos del lugar donde están descansando”, cuenta Erika Alejandra Chaves-Diaz, primera autora del estudio, realizado durante su maestría en la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) y en el Instituto de Biociencias de la Universidad Estatal Paulista (IB-Unesp), en Rio Claro.
Chaves-Diaz acompañó a un grupo de monos aulladores rojos entre agosto de 2023 y enero de 2024 en el Núcleo São Miguel Arcanjo del Parque Estatal Carlos Botelho, en el estado de São Paulo. Durante 63 jornadas de trabajo de campo logró seguir al grupo durante 37 días, 22 de ellos consecutivos, observándolo desde que despertaba hasta que se detenía para dormir. En ese período registró su comportamiento, alimentación e interacciones tanto con primates de la misma especie como con otras especies.
“La mayoría de los trabajos que han acompañado poblaciones de monos aulladores se realizaron en pequeños fragmentos de la Mata Atlántica y no en un bosque continuo como este, que forma parte de la Serra de Paranapiacaba. Por lo tanto, no contábamos con una buena referencia sobre cómo vive la especie en un área preservada y cuáles serían las condiciones ideales para sus áreas de distribución, que muchas veces han sido profundamente alteradas por la acción humana”, explica Laurence Culot, profesora del IB-Unesp.
La investigadora coordina el proyecto “Resiliencia de los primates en un paisaje antropizado”, apoyado por la FAPESP a través del Programa de Investigación sobre Caracterización, Conservación y Uso Sostenible de la Biodiversidad (BIOTA-FAPESP).

A la izquierda, Erika Chaves durante una jornada de trabajo de campo en el Parque Estatal Carlos Botelho. A la derecha, la densa vegetación y los árboles de gran altura representan un desafío para observar a los primates (fotos: Lucas Leoni y Erika Chaves/LaP-Unesp)(fotos: Lucas Leoni and Erika Chaves/LaP-UNESP)
Vocalizaciones
Una diferencia significativa entre los monos aulladores rojos que viven en fragmentos de Mata Atlántica y los del Parque Estatal Carlos Botelho es la frecuencia de sus vocalizaciones. Los monos aulladores emiten un potente llamado que sirve principalmente para alertar a otros grupos de la misma especie sobre su presencia.
En áreas pequeñas, estas vocalizaciones pueden escucharse varias veces al día, lo que también ayuda a los investigadores a localizar a los grupos, que se desplazan por el dosel del bosque, lejos de la vista humana. En 26 de los 63 días de trabajo de campo, el grupo no pudo ser localizado.
“En el lugar donde trabajamos vocalizan, en promedio, solo una vez al día, lo que hace muy difícil seguir a los grupos. Probablemente esto se deba a que se trata de un área extensa, con baja densidad de monos aulladores, donde los encuentros entre ellos son muy poco frecuentes. En áreas pequeñas los encuentros son más comunes y necesitan señalar su presencia con mayor frecuencia para evitar conflictos”, analiza Chaves-Diaz.
El modelo estadístico utilizado en el estudio logró explicar el 70 % de la variación en la longitud del recorrido diario, mientras que otros estudios habían alcanzado entre el 37 % y el 43 %. “Aunque existe un 30 % de otros factores que podrían explicar la extensión del desplazamiento diario, nuestro modelo integrado nos da confianza en la solidez del análisis”, afirma Culot.
El modelo consideró la temperatura mínima y máxima del día, la duración del día, el tiempo de actividad y de descanso, el consumo de frutas y hojas, así como los encuentros con otros monos aulladores y con otros primates. El grupo monitoreado estaba compuesto inicialmente por dos machos (un adulto y un subadulto), dos hembras adultas y dos crías. A finales de agosto de 2023, el grupo quedó reducido a dos machos y una hembra (la otra hembra y las crías desaparecieron). En noviembre de ese mismo año, solo permanecían un macho y una hembra.

A la izquierda, la alimentación basada en hojas redujo el tiempo de desplazamiento de los monos aulladores debido a la mayor demanda de tiempo para la digestión. A la derecha, el grupo monitoreado disminuyó de tamaño a lo largo del estudio (fotos: Lucas Leoni and Erika Chaves/LaP-UNESP)
En promedio, el grupo recorrió 531 metros por día; la distancia mínima registrada fue de 202 metros y la máxima de 866 metros. El tiempo promedio de actividad fue de ocho horas. Se registraron siete encuentros con otros monos aulladores rojos y quince con otros primates: seis con monos capuchinos y nueve con muriquíes. En seis ocasiones los monos aulladores fueron perseguidos, en dos no modificaron su comportamiento y en otras dos permanecieron vigilantes.
El grupo utilizó un área de 25 hectáreas dentro de las 38.000 hectáreas del parque estatal. Durante el seguimiento, las coordenadas geográficas se registraban cada cinco minutos.
Para Culot, el estudio permite comprender los factores que influyen en el uso del hábitat, lo que puede convertirse en una herramienta para la conservación de esta especie, considerada vulnerable a la extinción, así como para la gestión de áreas protegidas.
“Esta información también puede utilizarse en proyectos de reintroducción de la especie en la naturaleza. Ahora contamos con un buen panorama sobre el uso de los recursos y sobre cómo la interacción con otras especies puede influir, por ejemplo, en el establecimiento de un grupo en un área determinada”, concluye Chaves-Diaz.
El artículo Determinants of daily path length in Alouatta guariba in a continuous forest puede leerse en: link.springer.com/article/10.1007/s10764-026-00558-x.
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