El mejillón dorado probablemente llegó a Brasil adherido al casco o en el agua de lastre de buques de carga. Entre los perjuicios que ocasiona se encuentra la pérdida de eficiencia de las centrales hidroeléctricas (foto: Luciano de Souza/Wikimedia Commons)

Bioseguridad
En 15 años, Brasil registró un aumento de más del 200 % en el número de especies no nativas de moluscos

Datos de casi todo el territorio nacional muestran que el número pasó de 26 a 82 especies entre 2011 y 2025, además de otras 13 cuyo origen no pudo determinarse. Los autores destacan la necesidad de reforzar las medidas de bioseguridad y detección temprana, así como los programas de monitoreo a largo plazo y una mejor definición de sus impactos

02-07-2026
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Bioseguridad
En 15 años, Brasil registró un aumento de más del 200 % en el número de especies no nativas de moluscos

Datos de casi todo el territorio nacional muestran que el número pasó de 26 a 82 especies entre 2011 y 2025, además de otras 13 cuyo origen no pudo determinarse. Los autores destacan la necesidad de reforzar las medidas de bioseguridad y detección temprana, así como los programas de monitoreo a largo plazo y una mejor definición de sus impactos

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El mejillón dorado probablemente llegó a Brasil adherido al casco o en el agua de lastre de buques de carga. Entre los perjuicios que ocasiona se encuentra la pérdida de eficiencia de las centrales hidroeléctricas (foto: Luciano de Souza/Wikimedia Commons)

 

Por André Julião  |  Agência FAPESP – Un estudio publicado en la revista Biological Invasions señala que Brasil cuenta actualmente con al menos 82 especies de moluscos no nativos, además de otras 13 cuyo origen no ha podido determinarse. En comparación con 2011, cuando se habían registrado 26 especies, el aumento fue del 215 %.

Veinte especies son consideradas invasoras, ya que están causando algún tipo de perjuicio ecológico, socioeconómico o para la salud, mientras que de otras 13 aún no existen datos suficientes para determinar si están generando algún impacto. Se trata del inventario más amplio realizado hasta la fecha sobre moluscos no nativos en Brasil.

“Observamos una tasa acelerada de introducción de moluscos no nativos en Brasil y persistentes vacíos de conocimiento sobre la taxonomía y la ecología de estas especies”, comenta Marcel Sabino Miranda, uno de los autores del estudio, realizado durante su posdoctorado en el Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo (IO-USP), con una beca de la FAPESP.

Los autores destacan la necesidad urgente de fortalecer las medidas de bioseguridad y los esfuerzos de detección temprana, además de establecer programas de monitoreo a largo plazo en todos los ambientes. También defienden que, cuando se identifiquen impactos, estos sean caracterizados adecuadamente en cuanto a su naturaleza y magnitud.

“Algunas especies son especialmente problemáticas, como el mejillón dorado y el caracol gigante africano, pero de la mayoría no sabemos si están causando algún daño o si podrían llegar a causarlo”, explica Miranda, quien actualmente realiza una pasantía posdoctoral en la Universidad de Alabama, en Estados Unidos, con una beca de la FAPESP

El mejillón dorado (Limnoperna fortunei) llegó a Brasil probablemente a comienzos de la década de 1990, tras una larga trayectoria de invasiones desde China. Distribuido actualmente por Sudamérica, provoca obstrucciones y reduce la eficiencia de las centrales hidroeléctricas, entre otros problemas.

A pesar de ser objeto de un plan de control, este molusco continúa expandiéndose. Se estima que en Brasil ya se han invertido alrededor de 10 millones de dólares para combatirlo.

Por su parte, el caracol gigante africano (Lissachatina fulica) fue introducido en el país como una alternativa para la producción de escargot, pero su cultivo fue abandonado y hoy se encuentra ampliamente distribuido por el territorio nacional. Puede convertirse en una plaga agrícola y también actuar como hospedador intermediario del nematodo Angiostrongylus cantonensis, parásito causante de meningitis.

Según los investigadores, aunque las invasiones biológicas son consideradas una de las principales causas de la pérdida de biodiversidad a escala mundial, en el caso de este grupo de invertebrados las invasiones siguen estando poco documentadas en Brasil. En el país, la atención se ha centrado principalmente en peces, artrópodos y mamíferos.


El caracol gigante africano puede actuar como vector de parásitos y convertirse en una plaga agrícola (foto: LocoWiki/Wikimedia Commons)

Mar, ríos y tierra

El inventario también incluye 13 especies cuyo origen no ha podido determinarse, denominadas criptogénicas. La cautela en su clasificación se debe a que muchas descripciones de especies son antiguas y carecen de estudios biogeográficos o moleculares que permitan establecer con certeza su origen. Esta nomenclatura evita confusiones como la que ocurrió con el mejillón de la especie Perna perna, por ejemplo.

Presente en todo el litoral brasileño y cultivado para consumo humano, Perna perna llegó a ser considerada una especie introducida en el país por acción humana, ya que también se encuentra en África, región de donde es originaria. Según esta versión, habría llegado a Brasil en el siglo XVI, con las grandes expediciones marítimas.

Sin embargo, estudios arqueológicos y moleculares posteriores demostraron que una población de esta especie, separada hace unos 2.000 años del linaje africano, ya habitaba Brasil antes incluso de la llegada de los portugueses en 1500. Por lo tanto, la especie no fue introducida en Sudamérica por acción humana.

Las especies no nativas se distribuyen en tres tipos de ambientes. En los ambientes marinos y estuarinos se registraron 32 especies no nativas, además de cuatro criptogénicas. En agua dulce, que incluye ríos, lagos y lagunas, se identificaron 17 especies no nativas y ninguna criptogénica. Entre las especies terrestres, se documentaron 33 no nativas y nueve criptogénicas.

Además de las criptogénicas (categoría 6), se definieron otras cinco categorías. La nomenclatura siguió las directrices del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil y de la Clasificación de Impacto Ambiental para Taxones Exóticos (EICAT) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Las especies no nativas contenidas son aquellas cuya propagación está restringida (por ejemplo, en cautiverio) o que permanecen bajo control dentro de una determinada área geográfica. En la categoría Detectadas se incluyen aquellas registradas en el ambiente con ocurrencias aisladas y sin evidencia de crecimiento poblacional que haya dado lugar a su establecimiento o dispersión.

Las especies Establecidas son aquellas que completan su ciclo de vida en el ambiente natural, muestran señales de crecimiento poblacional, pero sin impactos aparentes. Las Invasoras, un término que suele aplicarse a cualquier especie no nativa, son aquellas especies establecidas que causan al menos un impacto ecológico, socioeconómico o sobre la salud, como el mejillón dorado y el caracol gigante africano.

Por último, en la categoría Deficiente de Datos se incluyen aquellas especies para las que existen evidencias de una población naturalizada, pero no hay información suficiente para determinar con precisión su identidad o el nivel de impacto que generan.

“La mayoría de estas especies solo han sido detectadas; disponemos de muy poca información sobre ellas. Lo ideal sería realizar grandes estudios e implementar políticas que permitan evaluar sus posibles impactos, así como desarrollar planes para contener o erradicar las especies que causan perjuicios. Sin embargo, un estudio como este constituye un primer paso importante en esa dirección”, concluye Miranda.

El artículo Non-native mollusc species in Brazil: a first national inventory and distributional overview puede leerse en: link.springer.com/article/10.1007/s10530-026-03794-7.

 

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