“Como descubrimos que el dolor puede estar conectado con otras cuestiones, como la calidad del sueño, los síntomas psicosomáticos y la armonía de las relaciones familiares, el entorno emocional también surge como un posible predictor de la recuperación”, advierte la coordinadora del estudio (foto de Nienke Burgers en Unsplash)

Salud
El 86 % de los niños brasileños con dolor musculoesquelético incapacitante se recupera, señala un estudio
25-06-2026
EN

Investigación es la primera en indicar el pronóstico de la condición y comprender los posibles factores relacionados con la recuperación y los episodios de recurrencia

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El 86 % de los niños brasileños con dolor musculoesquelético incapacitante se recupera, señala un estudio

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“Como descubrimos que el dolor puede estar conectado con otras cuestiones, como la calidad del sueño, los síntomas psicosomáticos y la armonía de las relaciones familiares, el entorno emocional también surge como un posible predictor de la recuperación”, advierte la coordinadora del estudio (foto de Nienke Burgers en Unsplash)

 

Por Maria Fernanda Ziegler  |  Agência FAPESP – Tres de cada diez niños o adolescentes brasileños se quejan de dolor en el sistema musculoesquelético (incluidos huesos, ligamentos o músculos), un problema que no es raro, afecta la vida de esta población y no debe subestimarse. Se trata del llamado dolor musculoesquelético incapacitante que, a pesar de no estar relacionado con traumatismos, esfuerzos repetitivos u otra causa específica, hace que los afectados falten a la escuela y abandonen actividades cotidianas y de ocio.

Un estudio —publicado en marzo en el Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy—con 694 niños y adolescentes mostró que el 86 % de quienes presentan dolor musculoesquelético incapacitante se recupera a lo largo de 18 meses. Sin embargo, alrededor del 32 % de quienes mejoran vuelve a experimentar dolor incapacitante en algún momento, lo que indica que se trata de una condición recurrente que exige atención continua.

“Es un dolor que sigue siendo muy subestimado y poco estudiado, a pesar de ser común. Esto hace que niños y adolescentes muchas veces reciban un tratamiento inadecuado o que sus quejas sean poco valoradas por la familia y el sistema de salud. Y no es algo para simplemente esperar que desaparezca. En el estudio mostramos que, aunque en la mayoría de los casos el dolor desaparece de la misma manera que surgió, también puede persistir en el 14 % de los casos”, afirma Tiê Parma Yamato, investigadora asociada de la Universidad Ciudad de São Paulo (Unicid), en Brasil, y de la Universidad de Sídney, en Australia, quien coordinó la investigación.

En el estudio, los investigadores también identificaron que factores como la calidad de vida y la edad parecen ser importantes predictores de recuperación. “Los niños más pequeños y con mejor calidad de vida tienen mayores probabilidades de mejora espontánea. A medida que ingresan en la adolescencia, las probabilidades estadísticas de recuperación disminuyen, lo que refuerza la urgencia de una intervención temprana”, señala.

Un problema para el futuro

Yamato explica que el dolor recurrente o incapacitante durante la infancia y la adolescencia también es un factor de riesgo conocido para el desarrollo de condiciones crónicas en la edad adulta. “Comprender la evolución de este dolor en la infancia permite identificar quién necesita atención temprana para posiblemente evitar que se convierta en un adulto con problemas de salud persistentes”, afirma.

Destaca además que el dolor crónico, como el lumbar, por ejemplo, es considerado uno de los grandes problemas de salud a nivel mundial, generando enormes costos financieros para los sistemas públicos de salud. “Abordar el problema desde su origen puede ser una forma de reducir este impacto económico y social en el futuro”, señala.

El trabajo, apoyado por la FAPESP, es el primero en comprender el pronóstico del dolor musculoesquelético en niños y adolescentes, identificar los posibles factores relacionados con la recuperación y los eventuales episodios de recurrencia, además de aportar los primeros datos sobre esta condición procedentes de países de ingresos bajos y medios.

Para ello, los investigadores reclutaron 28 escuelas públicas y privadas de los estados brasileños de Ceará (ciudad de Fortaleza) y São Paulo (Itu, Salto, São Sebastião y São Paulo), involucrando a 12.036 niños y adolescentes. De este total, 2.688, con una edad promedio de 12 años, aceptaron participar en el estudio (más información en: agencia.fapesp.br/51599).

Los participantes respondieron un cuestionario con preguntas sobre la presencia de dolor corporal capaz de afectar su vida cotidiana. De ese total, 694 fueron monitoreados durante 18 meses.

La espalda fue la parte del cuerpo más mencionada —por el 51,3 % de los entrevistados—, seguida de las piernas (42,5 %) y el cuello (20,5 %). “Pero puede aparecer en cualquier articulación, hueso o músculo”, concluye Yamato.

Una condición subestimada

La investigadora explica que, debido a que el dolor musculoesquelético en niños y adolescentes ha sido poco estudiado y suele subestimarse, con frecuencia se lo relaciona con un mito que nunca ha sido comprobado. “Muchas veces, este dolor es interpretado y denominado como dolor de crecimiento. El problema es que, actualmente, el dolor de crecimiento es mucho más una creencia popular que un diagnóstico respaldado científicamente. No existen evidencias científicas de que el proceso de crecimiento, o los estirones de crecimiento comunes durante la infancia y la adolescencia, provoquen dolor”, afirma la investigadora.

“Tal vez porque este tipo de dolor tampoco presenta una causa específica, distintos cuadros terminan siendo clasificados como dolor de crecimiento. El problema de esta interpretación es que suele llevar a la idea de que basta con esperar a que el niño crezca para que el dolor desaparezca. Sin embargo, la literatura científica ha mostrado diversas consecuencias de no abordar esta condición con la debida cautela”, añade.

Yamato explica que, actualmente, las causas o los factores relacionados con el desarrollo del dolor musculoesquelético en niños y adolescentes siguen siendo desconocidos. “Por eso, se trata de una condición que muchas veces no puede identificarse mediante estudios por imágenes, sino principalmente a partir del relato del paciente”, señala.

La investigadora destaca que el uso del término “dolor de crecimiento” lleva a padres y profesionales de la salud a subestimar dolores reales e incapacitantes, dejando a los niños sin diagnósticos claros o sin protocolos de tratamiento adecuados.

“Por ello, la recomendación para la práctica clínica es tranquilizar a las familias respecto al buen pronóstico, pero mantener un seguimiento atento de aquellos que presentan episodios frecuentes o recurrentes de dolor, con el objetivo de interrumpir la progresión hacia el dolor crónico en la vida adulta”, explica.

Importancia del entorno emocional

“Como descubrimos que el dolor puede estar conectado con otras cuestiones, como la calidad del sueño, los síntomas psicosomáticos y la armonía de las relaciones familiares, el entorno emocional también surge como un posible predictor de la recuperación. Por ello, se sugiere que los profesionales de la salud presten especial atención a la evaluación de la calidad de vida de niños y adolescentes, yendo más allá del análisis exclusivamente físico del dolor para comprender el contexto de vida de cada niño y adolescente”, advierte.

El estudio The prognosis of disabling musculoskeletal pain and predictors of recovery in children está disponible en: www.jospt.org/doi/abs/10.2519/jospt.2026.13817.

 

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