El deterioro de la salud de los docentes no es resultado de una debilidad individual, sino del fracaso de la política educativa, evaluó el profesor de la Unesp Alonso Carvalho (foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)

Educación
Investigadores buscan soluciones para evitar el colapso de la salud mental de los docentes de educación básica
04-06-2026
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Seminario internacional promovido por el Centro de Ciencia para el Desarrollo de la Educación Básica reunió a especialistas de ocho países

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El deterioro de la salud de los docentes no es resultado de una debilidad individual, sino del fracaso de la política educativa, evaluó el profesor de la Unesp Alonso Carvalho (foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)

 

Por Maria Fernanda Ziegler  |  Agência FAPESP – Casos de agresión entre estudiantes, conflictos que involucran a docentes, acoso escolar y amenazas son problemas que han ido en aumento en diferentes países. Este escenario convierte la convivencia escolar en un desafío urgente, que exige una comprensión profunda y respuestas basadas en evidencia. Para debatir posibles caminos a partir de políticas públicas eficaces, investigadores de ocho países participaron en el 1.er Seminario Internacional de Investigación del Centro de Ciencia para el Desarrollo de la Educación Básica, Aprendizajes y Convivencia Escolar (CCDEB), realizado los días 18 y 19 de mayo en la ciudad de São Paulo, Brasil.

En la apertura del evento, la directora del CCDEB, Marilene Proença Rebello de Souza, destacó que la misión del grupo es producir conocimiento científico para orientar políticas públicas dirigidas al aprendizaje, la convivencia y el enfrentamiento de la deserción escolar, la medicalización y la violencia.

“No existe aprendizaje sin un ambiente acogedor y libre de violencia. Aunque muchas políticas públicas orientadas a la convivencia escolar están bien diseñadas, fallan en su implementación y evaluación. Es necesario, por lo tanto, acompañar los resultados, saber qué funcionó o no y qué necesita ajustarse”, añadió Daniele Quirino, vicedirectora del CCDEB, un Centro de Ciencia para el Desarrollo apoyado por la FAPESP y con sede en el Instituto de Psicología de la Universidad de São Paulo (IP-USP).

Deterioro de la salud de los docentes

Uno de los destaques del primer día del evento fue la conferencia impartida por Alonso Bezerra de Carvalho, profesor de la Universidad Estatal Paulista (Unesp), quien abordó una investigación divulgada en mayo por el Sindicato de los Profesores de la Enseñanza Oficial del Estado de São Paulo (Apeoesp). El estudio mostró que el 97 % de los trabajadores de la educación paulista asocia el sufrimiento emocional al trabajo. Entre los principales síntomas reportados figuran ansiedad, síndrome de pánico, depresión y trastornos del sueño.

Según la evaluación de Carvalho, investigador principal del CCDEB, este deterioro no es resultado de una fragilidad individual, sino del fracaso de la política educativa. Es síntoma de un colapso estructural en la organización escolar que “transforma a los docentes en meros cumplidores de metas y coloniza su subjetividad”. Según él, la educación opera bajo una lógica eurocéntrica y racionalista que desvaloriza los saberes populares, indígenas y afrobrasileños, además de reprimir las emociones humanas.

“El estudiante que se agita es hiperactivo, el que se entristece es depresivo. El profesor que se indigna está desequilibrado. Incluso después del fin del colonialismo político, las estructuras de dominación permanecieron”, evaluó.

Para Carvalho, la escuela desconfía de las emociones y transforma el ambiente escolar en un espacio de control. “Los profesores son entrenados para no demostrar fragilidad y los alumnos para no expresar su cultura. La alegría de aprender es sustituida por la obligación de producir resultados.”

Este contexto, en el que la competitividad reemplaza a la amistad, añadió, genera un terreno fértil para la violencia, el acoso escolar, los ataques extremos y el deterioro de la salud de la comunidad escolar.

Carvalho también argumentó que el modelo educativo vigente produce una ciudadanía limitada. “Se enseña el respeto a la ley, pero no la indignación frente a la injusticia. Se enseña el voto, pero no el derecho a la huelga o a la ocupación. Se promueve la tolerancia pasiva, pero no la solidaridad activa. El resultado es una formación ciudadana mutilada, que prepara espectadores, no protagonistas de la vida democrática”, afirmó.

Como respuesta, el investigador propone una educación decolonial de las pasiones, capaz de reconocer la rabia, la tristeza, la alegría y la indignación como fuerzas políticas y pedagógicas. “La democracia no es el reino de la apatía, sino de las pasiones reguladas”, sostuvo, citando a los filósofos Aristóteles y Spinoza para defender que las emociones no deben ser reprimidas, sino canalizadas hacia la acción colectiva.

Los conflictos, como los casos de racismo, no deben ser silenciados mediante sanciones automáticas, sino transformados en espacios de diálogo y reconstrucción colectiva, defendió el docente. “La respuesta colonizadora es silenciar el conflicto con una sanción administrativa. En cambio, la respuesta decolonial y ética es traer el conflicto al centro de la rueda. Es escuchar el dolor de la víctima, la confusión del agresor y el silencio del público, transformando la pasión triste en acción política alegre y consciente”, advirtió.

Y añadió: “El profesor enfermo es aquel reducido a productor de resultados. Necesitamos una escuela que cure el alma”.

Investigación académica integrada a la gestión pública

El CCDEB funciona como una red colaborativa que integra investigación académica y gestión pública. Con 240 investigadores de todas las regiones de Brasil y de ocho países (Angola, Cuba, República Dominicana, Argentina, México, Costa Rica, Portugal y Francia), el centro es fruto de una alianza entre la USP, la Unesp, la Fundación Carlos Chagas y la Secretaría de Educación del Estado de São Paulo.

Como explicó Marco Antonio Zago, presidente de la FAPESP, los Centros de Ciencia para el Desarrollo surgen del diálogo entre la Fundación y gestores públicos con el propósito de enfrentar problemas reales de la sociedad paulista con base en la ciencia. “Son 83 CCD, con una inversión directa de la FAPESP de R$ 571 millones y contrapartidas que alcanzan casi R$ 1.000 millones. Hoy es el mayor programa de políticas públicas del país”, afirmó en la apertura del seminario.


Marco Antonio Zago, presidente de FAPESP, integró la mesa de apertura (foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)

En el área de educación, ya fueron aprobados cinco CCD, con una inversión de R$ 27 millones por parte de la FAPESP.

Más información sobre el programa en: ccd.fapesp.br/.

 

 

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