Las startups de bioeconomía de la Amazonia no solo extraen compuestos del bosque: aprenden de los mecanismos que la naturaleza ha puesto a prueba a lo largo de milenios para reproducirlos en otros contextos (foto: CEPID Bridge)

Innovación
Investigadores mapean iniciativas en la Amazonía que inspiran el futuro de la innovación
28-05-2026
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Una misión científica en la región, realizada por iniciativa de un CEPID apoyado por la FAPESP, muestra cómo la integración de deep techs con saberes locales puede contribuir a regenerar ecosistemas y producir soluciones globales

Innovación
Investigadores mapean iniciativas en la Amazonía que inspiran el futuro de la innovación

Una misión científica en la región, realizada por iniciativa de un CEPID apoyado por la FAPESP, muestra cómo la integración de deep techs con saberes locales puede contribuir a regenerar ecosistemas y producir soluciones globales

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Las startups de bioeconomía de la Amazonia no solo extraen compuestos del bosque: aprenden de los mecanismos que la naturaleza ha puesto a prueba a lo largo de milenios para reproducirlos en otros contextos (foto: CEPID Bridge)

 

Por Roseli Andrion  |  Agência FAPESP – En el calor húmedo de la Amazonía, donde la biodiversidad aún guarda respuestas desconocidas, un grupo de investigadores vinculados al CEPID Bridge: Gestión de Ecosistemas para Transiciones Sostenibles –un Centro de Investigación, Innovación y Difusión (CEPID, por sus siglas en portugués) apoyado por la FAPESP– inició un mapeo de soluciones de innovación construidas junto con quienes viven en el bosque. Durante una misión a la región, realizada en febrero de 2026, comenzaron una investigación sobre iniciativas que combinan tecnología de punta, saber local y una nueva forma de pensar la innovación.

El inicio del trabajo estuvo marcado por una acción de recomposición ambiental. En el Alto Xingu, en la Reserva de Desarrollo Sostenible de Uatumã, las investigadoras Silvia Tommaso y Aline Homrich, vinculadas al CEPID Bridge, la profesora canadiense Oana Branzei, de la Ivey Business School, de Ontario, y comunidades locales presenciaron la liberación de 40 mil quelonios – pequeñas tortugas típicas de la región. El gesto, simbólico y práctico, sintetiza la propuesta: restaurar ecosistemas con la participación activa de quienes viven en ellos.

Roberto Bernardes, coordinador del Programa de Investigación en Ecosistemas Digitales del CEPID Bridge y profesor del Programa de Posgrado en Administración del Centro Universitario FEI, explica que el objetivo de la misión fue entender cómo surgen los ecosistemas de innovación en la Amazonía, quiénes son sus actores y de qué manera las soluciones tecnológicas desarrolladas allí se conectan –o no– con el resto de Brasil y con el mundo. “Queríamos entender cómo los actores locales buscan soluciones para restaurar la biodiversidad y cómo eso puede conectarse con ciencia avanzada e innovación con inclusión y bienestar social”, señala.

Datos científicos recientes indican que este tema es urgente. En 2025, el Instituto Potsdam de Investigación sobre el Impacto Climático, de Alemania, confirmó que la acidificación de los océanos ya superó el límite planetario considerado seguro. Desde el inicio de la era industrial, la acidez oceánica aumentó entre un 30 % y un 40 %. En la práctica, esto significa que los ecosistemas naturales están perdiendo la capacidad de autorregularse y que organismos que forman conchas y esqueletos de carbonato de calcio, como corales y moluscos, así como especies cruciales de plancton, están amenazados, con impacto sobre toda la cadena alimentaria marina.

Ciencia que aprende del bosque

Según Bernardes, la Amazonía es una de las claves para enfrentar este escenario. Allí, el movimiento de innovación crece a un ritmo acelerado. En 2019 había cerca de 205 startups de bioeconomía en la región. En 2025, esa cifra llegó a 789, según datos de Jornada Amazônia, lo que representa un aumento de casi un 400 %. Este avance indica que el bosque comienza a consolidarse como un polo de innovación a partir de su biodiversidad.

Estas empresas no solo extraen compuestos del bosque: aprenden de los mecanismos que la naturaleza ha puesto a prueba a lo largo de milenios para reproducirlos en otros contextos. “Es lo que la ciencia llama biomimética”, afirma Bernardes. “Los ecosistemas amazónicos son el resultado de millones de años de evolución y funcionan como una biblioteca viva de soluciones. Cuando integramos ese conocimiento con biotecnología y ciencia digital, surgen innovaciones inspiradas en la naturaleza.”

Se trata de alternativas que utilizan estrategias de la naturaleza para resolver problemas humanos. “La tecnología y la ciencia digital permiten hoy desarrollar ecosistemas que siguen las leyes naturales –con interdependencia, ciclos y regeneración–, en un movimiento que supera la lógica lineal y extractivista que todavía domina el desarrollo económico clásico”, señala.

Durante la misión, los investigadores conocieron iniciativas que ilustran este escenario en la práctica. Una de ellas es BioSpin, startup de nanobiotecnología de Manaos, que combina saberes ancestrales y bioactivos amazónicos para crear apósitos avanzados: el proceso utiliza algoritmos de optimización bioinspirados –que imitan la lógica de la selección natural para encontrar las mejores combinaciones y estructuras moleculares de activos– para acelerar la cicatrización. De este modo, la ciencia de punta se construye a partir de lo que el bosque ya sabe hacer.

Este enfoque es central en las deep techs, startups de base científica y tecnológica fundamentadas en conocimientos de áreas como biotecnología, genómica, nanotecnología e inteligencia artificial (IA). A diferencia de las empresas tradicionales, requieren años para madurar, exigen una elevada inversión y enfrentan riesgos técnicos significativos, pero tienen el potencial de transformar sectores enteros. “Son empresas que aprenden de la naturaleza y replican soluciones para la regeneración del planeta”, concluye Bernardes.

Regeneración e inteligencia social

Otro campo en expansión es la genómica, que estudia el conjunto completo del material genético de los organismos. Se estima que más del 90 % de la biodiversidad amazónica aún no ha sido analizada en laboratorio. Esto incluye plantas, hongos y microorganismos nativos con propiedades antiinflamatorias, antivirales, neuroprotectoras y antioxidantes que pueden utilizarse en nuevos medicamentos, cosméticos y alimentos.

Los investigadores observaron que, en este contexto, la innovación no se limita a la tecnología: el conocimiento de las comunidades ribereñas y de los pueblos tradicionales se integra al rigor científico, y la dimensión social aparece como una condición indispensable. “No existe regeneración ambiental sin regeneración social. Es necesario incluir a las comunidades, respetar el conocimiento local y garantizar la generación de ingresos. Es fundamental traducir la riqueza económica en riqueza y bienestar social para estas comunidades”, afirma Bernardes.

El respeto por la inteligencia social orientó la metodología de la misión: en lugar de realizar la investigación de forma aislada, el equipo organizó encuentros y talleres con universidades, parques tecnológicos, instituciones locales y periodistas. “Existe un historial de investigadores que van a la región, recolectan datos y se marchan, sin dejar beneficios. Nosotros involucramos a los actores locales desde el inicio para construir de manera conjunta.”

Además de ser una postura más ética, esta forma de trabajo tiende a producir una ciencia más consistente: cuando los investigadores construyen vínculos de confianza con las comunidades locales, el acceso al territorio y al conocimiento tradicional se amplía significativamente. Y el conocimiento de las poblaciones ribereñas y de los pueblos del bosque es, en muchos casos, el punto de partida para las soluciones desarrolladas por las deep techs.

Innovación en red

En ese proceso, el grupo identificó que la innovación en la Amazonía depende de la arquitectura de redes: los ecosistemas locales deben conectarse con otras regiones del país. El parque tecnológico de Manaos, por ejemplo, intercambia conocimientos con iniciativas en Belém, mientras que centros en Santa Catarina contribuyen con formación y gestión de la innovación. São Paulo, a su vez, ofrece acceso a capital y mercado. “Muchos estudios tratan estos ecosistemas de forma aislada, pero son complementarios: existe una clara interdependencia entre ellos”, explica.

Esta constatación tiene implicaciones críticas directas para las políticas públicas. Es común que estas todavía consideren los nodos de esa red de forma aislada: financian una startup aquí, un laboratorio allá, sin considerar el entorno más amplio en el que estas iniciativas necesitan crecer.

Falta una estrategia de gobernanza capaz de coordinar a estos diferentes actores. “Es necesario reflexionar sobre la articulación de estos ecosistemas. No basta con mirar únicamente la tecnología: es necesario comprender el entorno en el que está inserta y crear mecanismos de integración”, afirma Bernardes. “Esto afecta directamente a organismos como la Financiadora de Estudios y Proyectos [Finep, vinculada al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación] y a las fundaciones estatales de apoyo a la investigación [FAPs], que podrían estar perdiendo la oportunidad de financiar conexiones, y no solo proyectos individuales.”

La gobernanza de estos ecosistemas también es urgente por otra razón: el uso creciente de inteligencia artificial (IA) y de datos genéticos sensibles en investigaciones biotecnológicas genera nuevos riesgos. Las alucinaciones algorítmicas –resultados incorrectos presentados por modelos de IA como si fueran precisos– y los sesgos tóxicos incorporados en los datos de entrenamiento pueden comprometer investigaciones enteras si no existe una supervisión calificada.

La responsabilidad científica aumenta en la misma medida en que la investigación se digitaliza, y esta gobernanza resulta esencial para coordinar a los diversos actores e integrar ecosistemas de innovación y regeneración. “El uso de datos genómicos e IA exige una gran responsabilidad. Riesgos como los sesgos tóxicos y las alucinaciones requieren un nuevo modelo de gobernanza para la investigación”, sostiene. “El diseño y la gobernanza de deep techs regenerativas desempeñarán un papel fundamental en las estrategias de neoindustrialización en Brasil. Muchos gestores todavía no dominan estas capacidades”, señala.

El desafío es aún mayor si se considera la dificultad para transformar investigación en innovación en Brasil. Por ello, muchas deep techs enfrentan el llamado “valle de la muerte”, la etapa en la que la tecnología existe, pero no logra llegar al mercado. “Estas soluciones implican alto riesgo y ciclos largos. Si no existe conexión con el mercado, mueren”, afirma Bernardes.

Una de las salidas señaladas por la investigación es la creación de plataformas digitales que conecten a investigadores, empresas e inversionistas. Esto permitiría no solo la supervivencia de estas iniciativas, sino también su expansión incluso hacia mercados internacionales. “Hoy, muchas soluciones locales están desconectadas del mercado global. Es necesario crear condiciones para que puedan alcanzarlo”, concluye.                                                                                  

De la Amazonía al asfalto y al mar

El potencial de aplicación de estas tecnologías va mucho más allá de la Amazonía: la ciencia del bosque tiene aplicación directa en las metrópolis. En grandes ciudades como São Paulo, los problemas ambientales acumulados podrían enfrentarse con soluciones inspiradas en la naturaleza. “La recuperación de los ríos, la calidad del aire o el uso del agua. Todos estos aspectos pueden beneficiarse de estas soluciones.”

La aplicación de ciencia profunda sincronizada con las leyes naturales permite que las metrópolis encuentren en la biología caminos para resolver sus problemas ambientales y de salud pública. “Empresas del Centro de Innovación, Emprendimiento y Tecnología [Cietec, administrado conjuntamente por la USP –Universidad de São Paulo– y el IPEN –Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares] ya exploran la biodiversidad en busca de soluciones científicas para grandes desafíos urbanos”, destaca Bernardes.

En São Paulo, algunas startups ilustran este camino. Next Innovative Therapeutics (Nintx), por ejemplo, desarrolla con apoyo del Programa Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (PIPE, por sus siglas en portugués), de la FAPESP, medicamentos derivados de plantas de la biodiversidad brasileña para tratar enfermedades multifactoriales, como cáncer, trastornos neurológicos y condiciones metabólicas. Para ello, utiliza tecnologías de secuenciación genética, metabolómica e inteligencia artificial (IA) para mapear cómo los compuestos naturales interactúan con el microbioma humano. En 2024, la empresa captó 10 millones de dólares en una ronda Serie A, un valor sin precedentes para una biotech farmacéutica brasileña (lea más en agencia.fapesp.br/41290).

Por su parte, Biolinker, fundada por científicos de la USP, produce proteínas recombinantes sobre demanda para aplicaciones en salud, agricultura, biotecnología industrial y cosméticos. Estos insumos aceleran el desarrollo de medicamentos y pruebas diagnósticas en el país (lea más en agencia.fapesp.br/38937).

Otro campo prometedor es el océano. La Amazonía Azul, la extensa zona costera brasileña con 4,5 millones de kilómetros cuadrados de mar territorial y zona económica exclusiva, reúne una vasta biodiversidad marina ampliamente inexplorada. Cabe recordar que los océanos son responsables de más de la mitad del oxígeno del planeta y desempeñan un papel crucial en la regulación del clima.

Las blue techs, startups que desarrollan soluciones tecnológicas para este sector, buscan la sostenibilidad de los océanos, mares y recursos hídricos. Las mismas herramientas que permiten explorar activos amazónicos pueden aplicarse a organismos marinos –incluso para la recuperación de ecosistemas degradados– y Brasil, con sus Amazonías Verde y Azul, ocupa una posición única para desarrollarlas. “Hablamos mucho del bosque, pero olvidamos la biodiversidad marina. Allí también existen oportunidades de negocios y soluciones importantes, incluso para enfrentar la acidificación y la desertificación de los océanos.”

Difusión de la innovación

Bernardes recuerda además que los mecanismos de innovación y difusión son vectores que aceleran la investigación científica y su introducción en el mercado. En la teoría schumpeteriana –elaborada por el economista austríaco Joseph Schumpeter (1883-1950) a comienzos del siglo XX–, la innovación solo crece y transforma a la sociedad cuando los individuos la adoptan y perciben su valor. “La ciencia digital y la bioeconomía regenerativa imponen nuevos desafíos a las estrategias de innovación y difusión: no basta con producir conocimiento si este no llega a la sociedad”, afirma.

Para él, este es uno de los dilemas no solo de la región amazónica, sino de Brasil en su conjunto. “Tenemos grandes logros en ciencia, pero resultados todavía modestos en cuanto al impacto de la innovación y su difusión. Son los mecanismos institucionales de difusión y el dinamismo competitivo del mercado los que impulsan la innovación. Estos obstáculos son estructurales en la economía brasileña.”

El informe Deep Tech Radar 2025 estima que la bioeconomía del conocimiento puede generar hasta 100 mil millones de dólares en ingresos para 2032. Ese potencial, sin embargo, depende de que las soluciones lleguen a quienes las necesitan, y ello exige comunicación, involucramiento y plataformas de internacionalización (lea más en agencia.fapesp.br/56100).

El intercambio constante entre investigadores y el fortalecimiento de redes nacionales son pasos fundamentales para que la bioeconomía brasileña madure. Al integrar ciencia, tecnología y saber local, e involucrar diferentes regiones y actores, se configura un modelo más conectado con la realidad. “La ciencia debe estar orientada hacia la regeneración de la vida. No puede ser una ciencia aislada, hecha solo para sí misma o para los negocios”, advierte Bernardes.

El Centro de Bionegocios de la Amazonía (CBA), vinculado al Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios (MDIC), actúa como catalizador de este movimiento. Para ello, incentiva bionegocios sostenibles, apoyando startups, investigadores y cadenas productivas del bosque. Sin embargo, para que las startups se reconozcan entre sí como partes de un mismo sistema vivo, no basta con financiar a más empresas: se requiere una gobernanza adecuada.

En breve, los investigadores deberán visitar Belém, Macapá, Rondônia y Florianópolis para mapear cómo los ecosistemas de innovación se conectan en diferentes contextos. El modelo adoptado en Manaos –con periodistas, profesores e investigadores trabajando juntos desde la concepción– será replicado. No por protocolo, sino porque funciona.

En este escenario, la Amazonía deja de ser solo objeto de estudio y pasa a convertirse en referencia. Un territorio donde tecnología, naturaleza, cultura y conocimiento de los pueblos se encuentran y se complementan en la creación de soluciones para desafíos globales, a partir de aquello que la propia naturaleza ha desarrollado a lo largo de millones de años.

 

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