Entre todas las víctimas, el 53 % dio positivo para al menos una sustancia psicoactiva; el estudio identificó predominio de cocaína en casos de homicidio, de alcohol en muertes por accidentes de tránsito y de benzodiacepinas en suicidios (imagen de Pexels en Pixabay)

Toxicología
Más de la mitad de las víctimas de muertes violentas en Brasil había consumido alcohol o drogas poco antes
23-04-2026
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Análisis post mortem de 3.577 casos en cuatro capitales estatales revelan una asociación consistente entre sustancias psicoactivas y homicidios, accidentes y suicidios, con patrones regionales distintos

Toxicología
Más de la mitad de las víctimas de muertes violentas en Brasil había consumido alcohol o drogas poco antes

Análisis post mortem de 3.577 casos en cuatro capitales estatales revelan una asociación consistente entre sustancias psicoactivas y homicidios, accidentes y suicidios, con patrones regionales distintos

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Entre todas las víctimas, el 53 % dio positivo para al menos una sustancia psicoactiva; el estudio identificó predominio de cocaína en casos de homicidio, de alcohol en muertes por accidentes de tránsito y de benzodiacepinas en suicidios (imagen de Pexels en Pixabay)

 

Por José Tadeu Arantes  |  Agência FAPESP – Un estudio realizado en Brasil, basado en análisis toxicológicos post mortem, constató que el 53 % de las víctimas de muertes violentas presentaban alcohol o drogas en el organismo poco después de fallecer. La investigación evaluó 3.577 casos en Belém, Recife, Vitória y Curitiba, representando, respectivamente, las regiones Norte, Nordeste, Sudeste y Sur del país. “El objetivo fue producir datos estandarizados y comparables sobre el papel de las sustancias psicoactivas en muertes por causas externas en Brasil”, afirma el biomédico toxicólogo Henrique Silva Bombana, investigador posdoctoral en la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de São Paulo (FCF-USP) y primer autor del estudio.

El trabajo fue publicado en la revista Toxics.

Bombana explica que el estudio fue posible gracias a un convenio firmado en 2020 entre la USP y la Secretaría Nacional de Políticas sobre Drogas y Gestión de Activos (Senad) para mapear la relación entre el consumo de alcohol y drogas y las muertes violentas. Las cuatro capitales estatales fueron seleccionadas por la combinación de dos criterios: la magnitud del problema y la relevancia estratégica. “Estas ciudades fueron elegidas con base en la tasa de mortalidad por causas externas y por ser puntos estratégicos en la ruta del tráfico de drogas”, explica el investigador. La selección también tuvo en cuenta el papel del país como corredor de circulación internacional: “Muchas veces la droga proviene de otros países y pasa por Brasil para ser distribuida hacia Estados Unidos, Europa y África”.

La recolección se llevó a cabo entre 2022 y mediados de 2024. “Conformamos y capacitamos equipos de cuatro investigadores en cada una de esas ciudades para recolectar muestras de sangre durante las necropsias. Ese material se congelaba y se enviaba a nuestro laboratorio en la USP, donde contábamos con un equipo de cinco investigadores para realizar los análisis”, explica Bombana.

El perfil de las víctimas refleja la cara más frecuente de la mortalidad violenta en el país: el 89,7 % eran hombres, el 56 % tenía 30 años o más y el 67,3% murió por homicidio. Este último dato es especialmente relevante cuando se compara con los porcentajes de muertes por accidentes de tránsito (14,7 %) y suicidios (9,2 %). En el Norte y Nordeste, la mayor proporción correspondió a individuos clasificados como “pardos”, según la nomenclatura adoptada por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), mientras que en el Sudeste y Sur la mayoría estaba compuesta por “blancos”.

Entre todas las víctimas, el 53 % dio positivo para al menos una sustancia psicoactiva. Las más detectadas fueron: cocaína (29,6 %), alcohol (27,7 %), benzodiacepinas (6,8 %) y cannabis (2,2 %). “El predominio de la cocaína fue muy expresivo en los casos de homicidio, mientras que el alcohol fue la sustancia más detectada en las muertes por accidentes de tránsito. Las benzodiacepinas prevalecieron en los suicidios”, relata Bombana.

Los análisis de laboratorio incluyeron alcohol, un conjunto de drogas ilícitas y medicamentos psicoactivos, con protocolos estandarizados. El equipo también adoptó cuidados operativos para reducir pérdidas por degradación. “Especialmente en el caso del alcohol, si la muestra no se almacena adecuadamente, la sustancia puede degradarse y enmascarar el resultado”, señala el investigador.

“La asociación entre la sustancia y la muerte violenta en el caso de homicidio es muy compleja, porque estamos observando solo a la víctima, no al agresor. Aun así, es posible atribuir la elevada presencia de cocaína no solo al uso agudo de la sustancia, sino también al contexto social y económico en el que opera el mercado ilegal, al entorno de tráfico, venta y compra que caracteriza lo que denominamos violencia estructural”, argumenta Bombana.

La presencia de alcohol en muertes por tránsito es un problema antiguo en el país. “El tema se discute desde hace al menos 30 años, sin que se haya alcanzado una solución. La legislación es bastante robusta, pero quizás falta un mayor control sobre la comercialización del alcohol. Algunos países tienen normas mucho más rigurosas y restrictivas para la venta”, reflexiona el investigador.

La investigación transversal no permite establecer una relación de causa y efecto. Se trata de un tipo de estudio en el que los datos se recolectan en un único “corte” en el tiempo, como si constituyeran una fotografía de la realidad.

En el estudio, para cada víctima, los investigadores registraron el tipo de muerte (homicidio, tránsito, suicidio, etc.) y el resultado del análisis toxicológico post mortem (cocaína, alcohol, benzodiacepinas, etc.). Luego compararon ambos conjuntos de datos. Esto permite medir la prevalencia —por ejemplo: “el 53 % tenía alguna sustancia en la sangre”— e identificar asociaciones — por ejemplo: la cocaína apareció con mayor frecuencia en homicidios; el alcohol, en muertes de tránsito. Sin embargo, la investigación no permite demostrar, en términos de causa y efecto, que la cocaína haya “causado” el homicidio. Del mismo modo, el diseño transversal, por sí solo, no establece la cadena causal entre el consumo de alcohol y la muerte en el tránsito. “Lo que se puede afirmar, con seguridad, es la existencia de señales consistentes de riesgo”, concluye Bombana.

Al analizar los registros policiales asociados a los casos de homicidio, el equipo constató que cerca del 85 % de las muertes fueron resultado de heridas por arma de fuego. “Esto ocurrió en un momento en que, mediante decretos y normativas, el entonces gobierno federal flexibilizó las reglas para la compra y porte, aumentó los límites de armas y municiones, amplió las categorías autorizadas y redujo los mecanismos de control y fiscalización, un contexto que ayuda a caracterizar el patrón de letalidad observado”, enfatiza Bombana.

En cuanto a los suicidios, el destaque de las benzodiacepinas plantea cuestiones sobre el uso de medicamentos, la automedicación y la vulnerabilidad. El investigador sugiere una hipótesis plausible, sin atribuir causalidad directa: “El uso de estas sustancias puede terminar funcionando como un desencadenante para pasar de la ideación suicida al acto”.

De forma más amplia, esta observación resume un mecanismo común a las diferentes modalidades de muerte violenta: el consumo de sustancias puede llevar al individuo a insertarse en entornos de mayor peligrosidad (en el caso de los homicidios) o a actuar de manera más riesgosa (en el caso de los accidentes de tránsito).

El mapa de las muertes no es uniforme. Existen diferencias de patrón entre las cuatro capitales estudiadas: Recife con prevalencia de muertes asociadas al alcohol (solo o combinado); Vitória y Belém con mayor concentración de muertes asociadas al uso de drogas ilegales (sin alcohol); y Curitiba con predominio del alcohol sobre las drogas ilegales. “Brasil tiene dimensiones continentales y cada ciudad presenta especificidades sociales, culturales, sanitarias y de seguridad. El patrón de consumo de sustancias refleja estas especificidades”, señala Bombana. Para el investigador, esta heterogeneidad debe orientar intervenciones a medida, respaldando políticas públicas enfocadas en la realidad de cada ciudad o región.

Aunque aclara que no es especialista en políticas públicas, Bombana sostiene que el abordaje del problema tiende a ser más efectivo cuando se centra en la salud pública y la reducción de daños, y no en la represión. “Tal vez la política criminalizadora, la llamada ‘guerra contra las drogas’, no sea la mejor opción. Portugal despenalizó y observó una disminución en el número de usuarios, de delitos menores, de homicidios y de sobredosis. Las diferencias entre Portugal y Brasil son enormes, por supuesto. Empezando por el tamaño de los territorios y de las poblaciones. Aun así, el ejemplo portugués sugiere que una política de reducción de daños podría ser un camino interesante.”

El estudio fue realizado por el grupo “Alcohol, Drogas y Violencia” de la Facultad de Medicina (FM) de la USP, coordinado por Bombana y la profesora Vilma Leyton, quien también firma el artículo, y contó con el apoyo de la FAPESP a través de una beca de Posdoctorado concedida a Bombana.

El artículo Prevalence of psychoactive substance use and violent death: toxicological and geospatial evidence from a four-metropolitan-area cross-sectional study in Brazil puede leerse en: www.mdpi.com/2305-6304/14/1/103.

 

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