Desarrollado por investigadores de la Universidad de São Paulo, el Índice de Salud del Suelo (ISS) fue aplicado en el estuario del río Cocó, en el estado brasileño de Ceará (foto: manglar replantado en la desembocadura del río Cocó; crédito: Gabriel Nóbrega/UFC)
Herramienta puede apoyar a los gestores en la definición de prioridades de conservación de estos ecosistemas, llamados “bosques de carbono azul”; Brasil tiene la segunda mayor área de manglar del planeta, solo detrás de Indonesia
Herramienta puede apoyar a los gestores en la definición de prioridades de conservación de estos ecosistemas, llamados “bosques de carbono azul”; Brasil tiene la segunda mayor área de manglar del planeta, solo detrás de Indonesia
Desarrollado por investigadores de la Universidad de São Paulo, el Índice de Salud del Suelo (ISS) fue aplicado en el estuario del río Cocó, en el estado brasileño de Ceará (foto: manglar replantado en la desembocadura del río Cocó; crédito: Gabriel Nóbrega/UFC)
Por Luciana Constantino | Agência FAPESP – Investigadores brasileños desarrollaron un índice capaz de medir la salud del suelo de manglares en diferentes etapas. Aplicado en áreas degradadas, restauradas y preservadas, el índice reveló que los manglares saludables, incluidos los recuperados, proveen servicios ecosistémicos cercanos a su capacidad máxima, mientras que los deforestados tienen apenas una pequeña parte de ese potencial.
El Índice de Salud del Suelo (ISS) varía en una escala de 0 (peor) a 1 (mejor) y está descrito en un artículo publicado en la revista Scientific Reports. Al traducir procesos complejos en una métrica simple, la herramienta puede apoyar a los gestores en la definición de prioridades de conservación y restauración.
El ISS fue construido a partir de un conjunto de variables que, de forma integrada, representan los principales procesos físicos, químicos y biológicos responsables del funcionamiento del suelo en el contexto en que está inserido.
El índice incorpora atributos ligados a la dinámica del carbono (como la textura del suelo, el contenido de carbono orgánico y el hierro pseudototal), a la fijación de sustancias contaminantes (especialmente diferentes formas de minerales de hierro) y al reciclaje de nutrientes (incluyendo indicadores biológicos basados en las actividades enzimáticas de microorganismos del suelo). En conjunto, estas variables viabilizan el estado funcional del suelo y su capacidad de sostener servicios ecosistémicos.
Con la búsqueda de soluciones basadas en la naturaleza para enfrentar la crisis climática, los manglares son una alternativa para generar beneficios ambientales y sociales. Además de ser importantes sumideros y almacenadores de carbono, sustentan la pesca y ayudan a contener la erosión costera, entre otros servicios.
Aun así, estimaciones indican que entre el 30 % y el 50 % de los manglares del mundo se han perdido en los últimos 50 años, proceso que puede acelerarse por el cambio climático, con el aumento del nivel del mar y una mayor frecuencia de eventos extremos, además de la deforestación y la expansión urbana.
Brasil tiene la segunda mayor área de manglar del planeta —alrededor de 1,4 millones de hectáreas a lo largo de la franja costera, quedando solo detrás de Indonesia—, y posee el tramo continuo más extenso, localizado entre los estados de Amapá y Maranhão. Una amplia biodiversidad, con más de 770 especies de fauna y flora, confiere a estas áreas gran importancia para la pesca.
Resultados
Al ser aplicado en el estuario del río Cocó, en el estado brasileño de Ceará, el ISS mostró condiciones contrastantes del lugar, con recuperación en áreas restauradas y sus implicaciones para los servicios ecosistémicos. Según los resultados, los manglares maduros presentaron los mayores valores de ISS (0,99 ± 0,03), mientras que los sitios degradados mostraron los menores (0,25 ± 0,01).
Las regiones replantadas hace nueve y 13 años tuvieron valores intermedios (0,37 ± 0,01 y 0,52 ± 0,02, respectivamente), con un mejor desempeño de las más antiguas, lo que indica una recuperación gradual.
“La investigación buscó traducir en números algunos aspectos importantes relacionados con la salud de los suelos de manglares y la provisión de sus servicios ecosistémicos, como el secuestro de carbono, la inmovilización de contaminantes y el reciclaje de nutrientes. Construimos la escala de 0 a 1 para acompañar el restablecimiento ecosistémico frente al proceso de recuperación”, explica a la Agência FAPESP la gestora ambiental Laís Coutinho Zayas Jimenez. “Mi sueño ahora es usar el índice de salud del suelo en una aplicación práctica. Mostrar a mis pares, los gestores, que es posible analizar si el manglar que pasó por recuperación está produciendo plenamente o no los servicios ecosistémicos y en cuánto tiempo eso ocurre.”
El artículo es resultado de su tesis doctoral en el Programa de Posgrado en Suelos y Nutrición de Plantas de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz de la Universidad de São Paulo (Esalq-USP), bajo la orientación de Tiago Osório Ferreira, y fue desarrollado con el apoyo de la FAPESP.
Actualmente, Jimenez es jefa del sector de manglares en la Dirección de Biodiversidad de la Fundación Forestal y lidera un proyecto inédito cuyo objetivo es medir las reservas de carbono de los manglares paulistas y detectar la presencia de elementos tóxicos, como metales pesados, en sus suelos.
El trabajo se está desarrollando en colaboración con el Centro de Estudios de Carbono en Agricultura Tropical (CCARBON), un Centro de Investigación, Innovación y Difusión (CEPID, por sus siglas en portugués) de la FAPESP con sede en la Esalq-USP.
La Fundación Forestal es un órgano de la Secretaría de Medio Ambiente, Infraestructura y Logística de São Paulo (Semil), responsable de las Unidades de Conservación del estado. De las más de cien unidades, al menos 16 tienen manglares.
“Aunque el restablecimiento de las funciones del manglar sea rápido, eso no puede utilizarse como argumento para no protegerlo de la degradación. Aunque se observe la recuperación de algunos servicios ecosistémicos, entre ellos el secuestro de carbono y el reciclaje de nutrientes, otros, como la contención de la erosión costera, tardan más”, destaca Jimenez.
‘Carbono azul’
Los manglares son llamados “bosques de carbono azul” por su capacidad de absorber grandes cantidades de CO₂ de la atmósfera y almacenar carbono orgánico en el suelo durante décadas, siendo más eficientes que los bosques tropicales. Sin embargo, los cambios en el uso del suelo y la contaminación amenazan cada vez más los suelos de manglar, comprometiendo su funcionalidad.
Según la iniciativa global Mangrove Breakthrough, que tiene como objetivo restaurar y conservar 15 millones de hectáreas de manglares a escala global hasta 2030, estos ecosistemas almacenan el equivalente a más de 22 gigatoneladas de CO₂. La pérdida de apenas el 1 % de los manglares restantes podría generar emisiones equivalentes a las producidas anualmente por 50 millones de automóviles.
“Como el estudio se desarrolló en un área en recuperación, los resultados desmitifican la idea de que el ecosistema es resiliente frente a intervenciones antrópicas. Mostramos que puede degradarse a una velocidad muy rápida. Pero la buena noticia es que el sistema también se recupera rápidamente, siempre que la restauración se realice de forma asistida y planificada, respetando las condiciones locales del ambiente en el que está inserido. Así es posible recuperar nuevamente las funciones del ecosistema y su capacidad de proveer servicios”, evalúa el profesor Hermano Melo Queiroz, del Departamento de Geografía de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas (FFLCH) de la USP.
Queiroz es uno de los autores correspondientes del artículo, junto con Ferreira, quien también es director de difusión e investigador del CCARBON. También participan en el grupo el profesor Maurício Roberto Cherubin, director de investigación del centro y especialista en salud del suelo, y Francisco Ruiz.
“En esta investigación, uno de los objetivos era traducir la información de procesos biogeoquímicos muy específicos para el uso de gestores ambientales. El índice, al mostrar que las reservas de carbono regresan a las áreas de manglar restauradas, transmite un mensaje muy importante en el escenario de lucha contra el cambio climático”, afirma Ferreira, quien investiga áreas de manglar desde hace más de 25 años y contribuyó a la creación de un banco de datos con información de toda la costa brasileña.
Ferreira coordina el proyecto “BlueShore – Bosques de Carbono Azul para la mitigación del cambio climático offshore”, desarrollado en el marco del Centro de Investigación e Innovación de Gases de Efecto Invernadero (RCGI), apoyado por la FAPESP.
Abierto y mutable
Los investigadores destacan que entre los diferenciales del ISS está la posibilidad de incluir información específica de cada ecosistema y del ambiente en que está inserido para diferentes regiones del país. Es posible, por ejemplo, incorporar datos de servicios ecosistémicos —secuestro de carbono e inmovilización de contaminantes— y geoquímicos, como la cantidad de fósforo.
“Cuanto mayor es la cantidad de fósforo, más beneficioso resulta para el ecosistema. Sin embargo, en el caso de los manglares, dependiendo del contexto en que esté inserto, el exceso de fósforo puede representar un problema de contaminación o de eutrofización”, afirma Queiroz.
La eutrofización provoca la proliferación excesiva de algas y cianobacterias en el área de manglar, que bloquean la luz solar y consumen el oxígeno, lo que resulta en mal olor y muerte de peces, con pérdida de biodiversidad acuática y deterioro de la calidad del agua.
Ahora, los científicos afirman que el siguiente paso es entender qué tipo de carbono está “retornando” a estos suelos, si es más o menos estable, con mayor o menor duración.
Además, el estudio inspiró un nuevo proyecto —“Desvendando a saúde do solo de manguezais brasileiros”, financiado por la FAPESP— que aplicará una metodología similar en diferentes regiones del país.
Combinando análisis de suelo, teledetección y modelización espacial, la propuesta es mapear la salud de los suelos de manglares y su potencial de secuestro de carbono. La iniciativa pretende generar el primer mapa a gran escala de la salud del suelo de manglares en Brasil.
El artículo Tracking mangrove restoration using a biogeochemical soil health index and ecosystem service indicators puede leerse en: www.nature.com/articles/s41598-025-30909-2.
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