A diferencia de la explotación ilegal depredadora de madera, el manejo se basa en análisis científicos que permiten la extracción de forma planificada y controlada (foto: Edson Vidal/Esalq-USP)
Investigación realizada durante 30 años en la Amazonía aporta evidencias de que las buenas prácticas en la explotación de madera aumentan la biomasa sobre el suelo y pueden contribuir a mitigar el cambio climático
Investigación realizada durante 30 años en la Amazonía aporta evidencias de que las buenas prácticas en la explotación de madera aumentan la biomasa sobre el suelo y pueden contribuir a mitigar el cambio climático
A diferencia de la explotación ilegal depredadora de madera, el manejo se basa en análisis científicos que permiten la extracción de forma planificada y controlada (foto: Edson Vidal/Esalq-USP)
Por Luciana Constantino | Agência FAPESP – La adopción de técnicas de manejo con reducción de impacto en la explotación de madera es capaz de promover la recuperación de bosques tropicales, como la Amazonía, y almacenar carbono a largo plazo, manteniendo la biodiversidad y los servicios ecosistémicos.
Una investigación publicada en el Journal of Environmental Management aporta evidencias de que estas buenas prácticas aumentan la biomasa sobre el suelo, a diferencia de la explotación convencional. De este modo, refuerza el papel del llamado manejo forestal con explotación de impacto reducido (MF-EIR) como una estrategia eficaz para conciliar la producción de madera, la conservación del bosque y la mitigación del cambio climático.
La biomasa, es decir, la materia orgánica viva o muerta (como plantas, árboles, animales y residuos), es un indicador clave para analizar la recuperación forestal y el secuestro de carbono.
El estudio se realizó entre 1993 y 2023 en una finca cercana al municipio de Paragominas, en el estado de Pará, Brasil, que cuenta con un área destinada a experimentos científicos, especialmente vinculados a la silvicultura y al manejo de bosques tropicales.
Durante ese período de 30 años, los diámetros de los árboles fueron medidos 12 veces en dos sistemas de manejo –MF-EIR y convencional–, además de una parcela de control no explotada. La reserva de biomasa fue estimada para el bosque en su conjunto; para áreas de especies explotadas; con potencial de explotación y especies sin valor maderero.
De acuerdo con los resultados, el área manejada con técnicas de impacto reducido se aproximó a las condiciones estructurales de un bosque maduro y presentó un balance positivo de biomasa – ganancia media de 70,68 megagramos por hectárea (Mg ha⁻¹). Por otro lado, la parcela con manejo convencional presentó pérdida de biomasa, con un saldo negativo de 11,35 Mg ha⁻¹, mientras que la parcela de control se mantuvo prácticamente estable.
Con el paso del tiempo, incluyendo ciclos de corte de madera, el MF-EIR condujo, en promedio, a reservas máximas de biomasa de 353,42 Mg ha⁻¹ en todos los grupos de especies analizados, situándose por encima de las demás áreas evaluadas.
“Este seguimiento durante 30 años aporta resultados prácticos inéditos y reafirma la importancia de incorporar el manejo forestal en los debates sobre mitigación del cambio climático. Mostramos que el manejo de impacto reducido logra recuperar claramente la biomasa y, en consecuencia, el secuestro de carbono. Con ello, los resultados pueden ayudar en la creación de metodologías para el pago por servicios ecosistémicos, como el mercado de carbono, provenientes de estas áreas, y contribuir a la actualización de la legislación sobre manejo sostenible en bosques tropicales”, evalúa el coordinador de la investigación, Edson Vidal, del Departamento de Ciencias Forestales de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz de la Universidad de São Paulo (Esalq-USP), en Brasil. Él es uno de los coordinadores del Laboratorio de Silvicultura Tropical (Lastrop) de la Esalq-USP.
La legislación
El manejo sostenible está descrito en el Código Forestal brasileño (Ley nº 12.651/2012) como la “administración de la vegetación natural para la obtención de beneficios económicos, sociales y ambientales, respetando los mecanismos de sustentación del ecosistema” y considerando el uso de múltiples especies madereras o no madereras, así como de productos y subproductos de la flora.
La legislación para la Amazonía también prevé planes de manejo cada cinco años, cuyos parámetros técnicos siguen una resolución del Consejo Nacional del Medio Ambiente (Conama), creada en 2009.
A diferencia de la explotación ilegal depredadora de madera, el manejo se basa en análisis científicos que permiten la extracción de forma planificada y controlada.
La explotación de impacto reducido adopta técnicas que minimizan los daños al bosque, incluyendo zonificación y registro del área, planificación detallada de especies con el mapeo de todos los árboles comerciales (llamado inventario) y capacitación del personal. También es necesario realizar la selección de árboles adecuados para la cosecha, el corte de lianas y enredaderas, la planificación de carreteras y senderos, además de la minimización de desperdicios y de los daños al bosque remanente. Los árboles manejados tienen corte direccional respetando un diámetro mínimo, con planificación de retirada y ciclos de extracción definidos.
El año pasado, otro artículo publicado por un grupo de científicos liderados por Vidal mostró que incluso la distancia entre los árboles de una determinada especie en una región puede marcar una diferencia en el manejo. Esto se debe a que las distancias mínimas de corte específicas para cada especie pueden favorecer la dispersión del polen y la viabilidad genética, permitiendo la conservación.
Alternativa económica
Vidal destaca que la investigación publicada ahora evidencia la viabilidad de conciliar el uso económico del bosque con la conservación ambiental, con base en ciencia, planificación y políticas públicas basadas en evidencias.
De acuerdo con el Sistema Nacional de Información Forestal, la producción maderera en Brasil proviene principalmente de áreas de plantación: en 2023, el 94 % de la madera en rollo tuvo origen en plantaciones. Ese mismo año se comercializaron R$ 35,1 mil millones en productos madereros, de los cuales R$ 22,2 mil millones correspondieron a madera en rollo.
Para los investigadores, al favorecer la recuperación de la biomasa y el secuestro de carbono, la explotación de impacto reducido se alinea con estrategias económicas discutidas en el mercado, como proyectos de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal (REDD+) y de Improved Forest Management (IFM).
“Llevé a la COP30 resultados que obtuvimos y los datos suscitaron discusiones interesantes. Incluso logramos formar un grupo que se organizó para realizar un evento en mayo sobre manejo forestal. Durante la conferencia, el foco principal en esta área estaba orientado hacia la restauración de bosques”, comenta a Agência FAPESP el investigador, quien estuvo en Belém en noviembre de 2025 participando en las discusiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Alianzas
El artículo fue desarrollado en el marco del proyecto “Más allá del primer ciclo de aprovechamiento en los bosques tropicales de la Amazonía brasileña”, financiado por la FAPESP y vinculado a la Iniciativa Amazônia+10 – un programa liderado por el Consejo Nacional de las Fundaciones Estatales de Apoyo a la Investigación (Confap) que involucra a las fundaciones de apoyo a la investigación (FAPs) de 25 unidades de la Federación, incluido el estado de São Paulo.
Según Vidal, el siguiente paso del estudio será involucrar instituciones que participan en la Iniciativa Amazônia+10 y que cuentan con datos de manejo forestal de otros estados, como Amazonas, Mato Grosso y Rondônia, para comparar los resultados de biomasa de forma más global. “A partir de ello podremos pensar, por ejemplo, cuál es la contribución del manejo forestal a la NDC brasileña”, añade.
Instrumento clave para las metas de limitar el calentamiento global, la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) es el compromiso que cada país presentó en el Acuerdo de París para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse al cambio climático. Las NDC debían haber sido revisadas en 2025; hasta el inicio de la COP30, 111 de los 160 países habían presentado las nuevas metas.
El estudio también recibió apoyo de la FAPESP mediante otros cinco proyectos (19/25820-7, 22/09047-9, 23/07753-6, 24/04038-7 y 24/14326-0), incluyendo becas de doctorado y posdoctorado para investigadores que participan en el grupo.
El artículo Impact of different management practices on tree biomass and carbon dynamics 30 years after logging in eastern Amazon puede leerse en: sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0301479725043130.
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