En Brasil, entre el 60 % y el 70 % de los pacientes que reciben un riñón de donante fallecido desarrollan insuficiencia renal aguda temporal inmediatamente después del trasplante, una tasa dos veces mayor que la observada en Europa y Estados Unidos; esta diferencia está directamente relacionada con el tiempo y las condiciones en que el órgano es preservado (imagen: Agência Brasil)
Estudio de la Facultad de Medicina de São José do Rio Preto puede ampliar el aprovechamiento del órgano, el más demandado en Brasil: hay casi 30 mil personas en lista de espera
Estudio de la Facultad de Medicina de São José do Rio Preto puede ampliar el aprovechamiento del órgano, el más demandado en Brasil: hay casi 30 mil personas en lista de espera
En Brasil, entre el 60 % y el 70 % de los pacientes que reciben un riñón de donante fallecido desarrollan insuficiencia renal aguda temporal inmediatamente después del trasplante, una tasa dos veces mayor que la observada en Europa y Estados Unidos; esta diferencia está directamente relacionada con el tiempo y las condiciones en que el órgano es preservado (imagen: Agência Brasil)
Por Fernanda Bassette | Agência FAPESP – Más de 60 mil personas en Brasil esperan un trasplante de órgano y casi 30 mil están en lista por un riñón, el más solicitado entre todos los tipos de trasplante. Datos de 2024 de la Asociación Brasileña de Trasplante de Órganos (ABTO) muestran que el aprovechamiento de riñones de donantes fallecidos en Brasil se situó entre el 68 % y el 70 %, lo que significa que casi un tercio de los riñones captados no fueron utilizados para trasplante por criterios clínicos, anatómicos o logísticos, reforzando la urgencia de nuevas estrategias que mejoren la preservación y el uso de los órganos disponibles.
El trasplante sigue siendo el tratamiento más eficaz para la enfermedad renal crónica, ofreciendo mayor supervivencia y mejor calidad de vida en comparación con la diálisis. Hospitales y centros de investigación de todo el mundo han buscado alternativas para ampliar el número de órganos utilizables, incluso recurriendo a donantes con criterios extendidos, cuyos riñones, aunque viables, presentan mayor riesgo de complicaciones después del trasplante.
Investigadores de la Facultad de Medicina de São José do Rio Preto (Famerp), con apoyo de la FAPESP (proyectos 23/17655-1, 23/03915-1 y 23/08792-5), probaron el anakinra, un medicamento ya aprobado por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) para el tratamiento de la artritis reumatoide, como forma de reducir la inflamación en riñones de donantes fallecidos antes del trasplante, en un proceso que puede mejorar la función del órgano y aumentar su aprovechamiento.
El estudio recibió el premio al mejor trabajo en el Congreso Latinoamericano de Trasplantes, en octubre de 2025 en Paraguay, en reconocimiento a su relevancia científica y al potencial impacto clínico en el área de trasplante renal. “Buscamos una manera de mejorar la calidad de los riñones donados utilizando un fármaco seguro, accesible y ya aprobado para uso clínico”, explica Mário Abbud-Filho, director del estudio.
Según el investigador, en Brasil, entre el 60 % y el 70 % de los pacientes que reciben un riñón de donante fallecido desarrollan insuficiencia renal aguda temporal inmediatamente después del trasplante, una tasa dos veces superior a la observada en Europa y en Estados Unidos. Esta diferencia se relaciona directamente con el tiempo y las condiciones en que el órgano es preservado.
“El tiempo que el riñón permanece refrigerado, el mantenimiento del donante en la UCI, el transporte y la manipulación influyen significativamente en el resultado. Este período prolongado de isquemia fría provoca una especie de ‘adormecimiento’ del órgano, lo que puede llevar al paciente a permanecer semanas hospitalizado y en diálisis hasta que el riñón recupere plenamente su función”, explica Abbud-Filho. “Esto implica mayor tiempo de internación, más comorbilidades y un aumento de los costos para el sistema de salud.”
Asimismo, los riñones provenientes de donantes clasificados bajo “criterios extendidos” (generalmente personas de mayor edad o con comorbilidades) presentan un mayor riesgo de disfunción a largo plazo y con frecuencia son descartados por los centros transplantadores. “La pregunta que orientó este estudio fue: ¿cómo podemos mejorar la calidad de estos órganos para ampliar su aprovechamiento y aumentar la disponibilidad de riñones viables para trasplante?”, señala el investigador.
En la actualidad, una de las tecnologías más prometedoras para optimizar la preservación de órganos es la máquina de perfusión, que mantiene el riñón irrigado de forma continua con una solución oxigenada y rica en nutrientes, simulando la circulación sanguínea hasta el momento del trasplante. La técnica reduce el daño provocado por la falta de oxígeno y aumenta las probabilidades de que el órgano funcione adecuadamente tras el implante.
A pesar de los resultados alentadores, el método aún es poco accesible en Brasil: solo un centro trasplantador utiliza la perfusión de manera rutinaria, debido al elevado costo de los equipos e insumos. En el resto del país, el procedimiento estándar sigue siendo el almacenamiento del órgano a aproximadamente 4 °C en cajas térmicas con hielo, una técnica simple y de bajo costo, aunque menos eficaz en la preservación de la función renal.
“Cada órgano perfundido supone un costo de al menos 15 mil reales, lo que incrementaría en un 50 % el valor del trasplante en el SUS [“Sistema Único de Saúde”, la red nacional de salud pública brasileña]”, afirma Abbud-Filho. Sin embargo, aunque la inversión inicial sea mayor, estudios internacionales indican que el uso de la máquina de perfusión puede reducir complicaciones, acortar el tiempo de hospitalización y, a largo plazo, generar ahorro para el sistema de salud.
Por este motivo, el equipo decidió evaluar el potencial del anakinra como alternativa terapéutica, utilizando las máquinas de perfusión como vía ideal para administrar el fármaco directamente al tejido renal. “Sabemos que el proceso inflamatorio comienza aún en el donante, inmediatamente después de la muerte cerebral”, explica Heloísa Cristina Caldas, investigadora responsable del proyecto financiado por la FAPESP. “Este proceso se agrava por el tiempo en que el órgano permanece almacenado a baja temperatura. Entonces decidimos añadir el medicamento a la máquina de perfusión, buscando reducir la respuesta inflamatoria y preservar mejor el riñón.”
La investigación se realizó en el University Medical Center Groningen (UMCG), en los Países Bajos, en colaboración con el grupo de la Famerp y dentro de la cooperación internacional establecida en el marco del proyecto. Se utilizaron 24 riñones de cerdos, elegidos por su similitud con los humanos. Los órganos se dividieron en tres grupos: el primero no recibió tratamiento; el segundo tuvo el fármaco añadido durante la perfusión hipotérmica (en frío, alrededor de 4 °C); y el tercero recibió el medicamento durante la perfusión normotérmica (a 37 °C), simulando el momento del trasplante.
Los resultados fueron alentadores. “Logramos reducir significativamente la expresión de citocinas inflamatorias en los riñones tratados, tanto en la perfusión en frío como en la reperfusión”, relata Ludimila Leite Marzochi, autora principal del estudio. “El anakinra bloqueó la inflamación y mejoró el perfil molecular de los órganos.”
Otro dato importante es que el fármaco se mostró seguro, sin causar daños en los tejidos renales. “El análisis de toxicidad mostró que el anakinra no provoca lesión ni afecta la función del órgano, lo que es un paso importante para que pueda ser probado en riñones humanos”, añade la investigadora.
Prueba en humanos
El siguiente paso del grupo será probar el medicamento en riñones humanos descartados, en colaboración con un centro de investigación en Indiana (EE.UU.), donde Marzochi realizará una nueva etapa del proyecto a partir de 2026. “La idea es avanzar hacia un escenario más cercano a la práctica clínica y evaluar la viabilidad de uso en trasplantes reales”, explica.
Abbud-Filho considera que, si los resultados se confirman en la investigación con riñones humanos, el próximo paso será probar el uso del medicamento en el método tradicional de preservación estática, en el que el riñón se mantiene en una solución fría dentro de una caja térmica, práctica utilizada en casi todos los centros trasplantadores del país.
“Si logramos añadir el anakinra a la solución utilizada actualmente, podríamos mejorar la calidad de los riñones sin grandes inversiones en tecnología. Esto reduciría el tiempo de hospitalización, mejoraría los desenlaces de los trasplantes y sería económicamente viable”, afirma.
Para los investigadores, el estudio refuerza la importancia de buscar soluciones viables y de alto impacto capaces de unir innovación tecnológica y aplicabilidad clínica. “Brasil necesita avanzar en el uso de máquinas de perfusión, que ya demuestran beneficios concretos en la preservación de órganos, pero también desarrollar estrategias que puedan incorporarse a la realidad del SUS”, observa Abbud-Filho.
El resultado de la investigación demuestra que la innovación también puede surgir de la optimización de tecnologías disponibles. “El anakinra puede ser una herramienta importante para tratar los riñones antes del trasplante y ampliar las probabilidades de éxito”, afirma Marzochi. “Nuestro desafío es transformar este conocimiento experimental en un beneficio real para los pacientes.”
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