Poco más de una cuarta parte (27,6 %) de los adolescentes de 14 a 17 años ya consumió alcohol alguna vez en la vida, lo que corresponde a cerca de 3,2 millones de personas ( (imagen: Freepik)

Salud
Uso de alcohol y drogas por parte de los padres influye en el consumo de los hijos, demuestra investigación
19-02-2026
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Combinar acogida y monitoreo en la educación de los jóvenes reduce el riesgo de repetir el patrón de consumo, incluso en familias en las que los responsables también usan esas sustancias, incluidos cigarrillos, vapes y marihuana

Salud
Uso de alcohol y drogas por parte de los padres influye en el consumo de los hijos, demuestra investigación

Combinar acogida y monitoreo en la educación de los jóvenes reduce el riesgo de repetir el patrón de consumo, incluso en familias en las que los responsables también usan esas sustancias, incluidos cigarrillos, vapes y marihuana

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Poco más de una cuarta parte (27,6 %) de los adolescentes de 14 a 17 años ya consumió alcohol alguna vez en la vida, lo que corresponde a cerca de 3,2 millones de personas ( (imagen: Freepik)

 

Por Luciana Constantino  |  Agência FAPESP – “¿De tal padre, tal hijo? ¿Pueden los estilos parentales interrumpir el patrón intergeneracional del uso de alcohol y otras drogas?” A partir de esta pregunta, un grupo de investigadores brasileños analizó datos del comportamiento de 4.280 adolescentes y sus responsables, llegando a dos resultados importantes.

Sí, las actitudes de los padres continúan siendo uno de los factores más relevantes en la prevención del consumo de alcohol y drogas entre jóvenes. Sin embargo, la forma en que los responsables educan a sus hijos puede mitigar significativamente el riesgo, incluso en familias en las que los cuidadores usan esas sustancias, incluidos cigarrillos, vapes (cuya comercialización está prohibida en Brasil) y marihuana.

Esa reducción del riesgo es más significativa cuando la relación entre las generaciones está marcada por vínculo, presencia, diálogo y reglas claras de conducta, características del llamado estilo parental “autoritativo”, que combina acogida y monitoreo. En total, se analizaron cuatro estilos parentales (véase el cuadro), siendo los otros: autoritario, que también redujo el riesgo de consumo de drogas, pero con menor impacto para el alcohol; permisivo y negligente. Los dos últimos no presentaron efectos protectores.

Los perfiles de consumo fueron divididos en abstemios; quienes solo beben y quienes usan dos o más sustancias.

El consumo de alcohol por parte de los padres se asoció a una probabilidad de uso por los hijos del 24 % para bebidas alcohólicas y del 6 % para dos o más drogas. Si los responsables consumen varias sustancias, el riesgo de que los jóvenes las usen aumenta al 17 % y 28 %, respectivamente.

Los hallazgos, publicados en el sitio de Addictive Behaviors, están descritos en un artículo de la edición de marzo de la revista científica.

“Con este estudio, reforzamos el hecho de que el patrón de uso de alcohol y otras drogas por parte de los padres influye en el de los hijos. Sin embargo, si establecen reglas y límites en casa y brindan afecto, esos factores de protección minimizan mucho el riesgo que ellos mismos introducen cuando consumen esas sustancias. Además, el mayor predictor de abstinencia de los jóvenes es el no consumo por parte de los responsables. Cuando ellos son abstemios, el 89 % de los adolescentes tampoco consume ni alcohol ni otras drogas lícitas o ilícitas. Fue la asociación más fuerte que encontramos”, afirma la profesora Zila Sanchez, del Departamento de Medicina Preventiva de la Escuela Paulista de Medicina de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), autora principal del artículo.

Coordinadora del Núcleo de Investigación en Prevención del Uso de Alcohol y otras Drogas (Previna https://previna.info/), de la Unifesp, Sanchez ha publicado decenas de estudios sobre el tema, entre ellos uno, en 2017, que demostraba una asociación gradual entre estilos parentales y consumo de drogas por adolescentes.

En ese momento, los resultados señalaban que los jóvenes cuyos padres eran negligentes tenían mayor probabilidad de asistir a clases bajo el efecto de drogas.

Visión ampliada

La investigación forma parte del proyecto “Reducción del consumo de alcohol entre adolescentes a través de una intervención multicomponente de base comunitaria”, financiado por la FAPESP, que también apoyó el artículo mediante una Beca de Posdoctorado para Luis Eduardo Soares dos Santos.

Desarrollado en cuatro municipios de pequeño porte en el estado de São Paulo –Cordeirópolis, Iracemápolis, Salesópolis y Biritiba-Mirim–, el proyecto busca investigar estrategias comunitarias eficaces de prevención del uso de alcohol por adolescentes, produciendo evidencia científica capaz de orientar políticas públicas y programas de prevención. Con poblaciones entre 18 mil y 25 mil habitantes y diversidad geográfica, las ciudades albergan distintos contextos para esos jóvenes.


Los datos fueron recolectados entre 2023 y 2024 en las cuatro ciudades paulistas. La edad media de los jóvenes fue de 14,7 años, con distribución casi igual entre varones y mujeres(foto: Previna/Unifesp)

“El artículo se deriva de los datos de lo que llamamos needs assessment, es decir, cuando realizamos el diagnóstico de la situación relacionada con los adolescentes del municipio. Esta es la fase preintervención para entender cómo son estos jóvenes y sus padres. Utilizamos instrumentos extremadamente consolidados para medir los estilos, pero innovamos al trabajar los datos conjuntos con los perfiles de consumo de padres e hijos, observando los patrones”, explica la profesora a Agência FAPESP.

Los datos fueron recolectados entre 2023 y 2024 en las cuatro ciudades. La edad media de los jóvenes fue de 14,7 años, con distribución casi igual entre varones y mujeres. El consumo de alcohol en el último mes (19,9 %) y el consumo excesivo episódico (11,4 %) fueron los comportamientos más frecuentes entre los hijos; entre los padres los porcentajes fueron de 56,4 % y 20,3 %, respectivamente. No se realizó un análisis separado según si el responsable era el padre o la madre.

Los investigadores aplicaron el Análisis de Clase Latente (LCA, por sus siglas en inglés) para identificar perfiles de uso de sustancias en ambas generaciones y modelaron su asociación mediante el Análisis de Transición Latente (LTA).

La LCA es una técnica estadística que permite identificar subgrupos no observables (clases latentes) dentro de una población a partir de patrones de respuesta en variables observadas, estimando probabilísticamente la pertenencia de cada individuo a esas clases.

También técnica estadística, la LTA identifica grupos “ocultos” (clases latentes) y estima probabilidades de transición entre ellos. En estudios longitudinales, esa transición representa cambios a lo largo del tiempo. En esta investigación, la “transición” se interpreta como una asociación entre generaciones, es decir, la probabilidad de que los adolescentes pertenezcan a determinados perfiles de uso de sustancias dependiendo del perfil observado en sus padres.

La profesora resalta que en la fase de diagnóstico el grupo trabajó con todos los adolescentes matriculados en escuelas de los cuatro municipios.

Impactos

Sanchez destaca que, incluso en familias con buenas prácticas educativas, el consumo de bebidas alcohólicas por parte de los responsables siguió asociado al uso de alcohol por los adolescentes, reforzando la necesidad de cautela ante la naturalización de ese comportamiento dentro del hogar. “Cuando el consumo es frecuente y tratado como algo banal, se traduce en mayor riesgo, independientemente del vínculo afectivo existente”, añade.

En todo el mundo, el alcohol es uno de los principales factores de riesgo responsables del aumento de enfermedades crónicas no transmisibles, como cardiovasculares, cánceres y diabetes. Además de efectos físicos (posibilidad de lesiones hepáticas, compromiso del sistema cardiovascular y mayor vulnerabilidad a infecciones), aumenta las probabilidades de cuadros de ansiedad, dificultades de concentración y trastorno depresivo.

Retrasar el inicio del consumo entre jóvenes es considerado una de las estrategias más eficaces para disminuir el consumo futuro y daños posteriores. Estudios epidemiológicos han demostrado que intervenciones de base comunitaria, compuestas por acciones de prevención escolar (dirigidas al adolescente), programas familiares y estrategias ambientales (para la comunidad), promueven efectos más consistentes y de largo plazo.

En Brasil, pese a la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas a menores de 18 años, más de la mitad de la población (56 %) probó por primera vez antes de esa edad, y una cuarta parte (25,5 %) comenzó a beber regularmente en esa etapa, de acuerdo con el Levantamiento Nacional de Alcohol y Drogas (Lenad III), realizado por la Unifesp, en asociación con el Ministerio de Justicia y con Ipsos Public Affairs, y divulgado en 2025.

El relevamiento muestra que poco más de una cuarta parte (27,6 %) de los adolescentes de 14 a 17 años ya consumió alcohol alguna vez en la vida, lo que corresponde a cerca de 3,2 millones de personas. En el último año, el uso fue reportado por el 19 %, equivalente a 2,2 millones de jóvenes.

En relación con la marihuana, el Lenad muestra que cerca de 1 millón de adolescentes la utilizó alguna vez en la vida, siendo la mitad en el último año. En la población general, casi uno de cada cinco brasileños (18,7 %) experimentó al menos una sustancia psicoactiva (en este caso excluyendo alcohol y productos a base de nicotina).

El artículo Does the apple fall far from the tree? When parenting styles disrupt the intergenerational pattern of substance use puede leerse en: www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0306460325003363.

 

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