Keesing: “Necesitamos ampliar nuestra búsqueda más allá de unos pocos lugares como potenciales iniciadores de pandemias y de unos pocos animales como los reservorios más probables” (foto: Erika de Faria/Temporal Filmes)
La conservación de áreas naturales debe ser un factor clave en la prevención de nuevas pandemias, mostró Felicia Keesing, del Bard College, durante el primer día de la Escuela Interdisciplinaria FAPESP
La conservación de áreas naturales debe ser un factor clave en la prevención de nuevas pandemias, mostró Felicia Keesing, del Bard College, durante el primer día de la Escuela Interdisciplinaria FAPESP
Keesing: “Necesitamos ampliar nuestra búsqueda más allá de unos pocos lugares como potenciales iniciadores de pandemias y de unos pocos animales como los reservorios más probables” (foto: Erika de Faria/Temporal Filmes)
Por André Julião | Agência FAPESP – Los estudios que intentaron prever pandemias fracasaron en gran medida, lo que obliga a los científicos a pensar en nuevas formas de anticipar la aparición de nuevos patógenos que pueden propagarse por el mundo. Un enfoque poco considerado, y que debe profundizarse, es el papel de la conservación y la restauración de la biodiversidad para impedir o mitigar estos eventos.
Este fue el tema central de la exposición de Felicia Keesing, profesora del Bard College, en Estados Unidos, durante el primer día de conferencias de la Escuela Interdisciplinaria FAPESP: Ciencias Exactas y Naturales, Ingeniería y Medicina, realizada entre los días 10 y 14 de noviembre en São Paulo.
Dado que el 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos son zoonóticas, es decir, causadas por patógenos que pueden compartirse entre personas y otros animales vertebrados, el foco de las acciones de salud pública ha estado puesto en ellas. Sin embargo, según la investigadora, las estrategias utilizadas para prevenirlas no han logrado evitar eventos como la pandemia de COVID-19, por ejemplo.
Para Keesing, es necesario ir más allá de los enfoques actuales recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como construir resiliencia, garantizar un acceso equitativo a contramedidas y mejorar la prevención, la detección y la respuesta a los brotes. Todos estos pasos son muy importantes, pero insuficientes.
“Necesitamos ampliar nuestra búsqueda más allá de unos pocos lugares como potenciales iniciadores de pandemias, de solo virus como patógenos capaces de causarlas y de unos pocos animales como los reservorios más probables”, resumió la investigadora, quien propone medidas que, según ella, pueden ser prometedoras.
La más simple sería poner a prueba las predicciones que se hicieron en el pasado e intentar comprender qué aspectos no lograron abarcar y por qué. De ese modo, es posible mejorar los modelos y obtener mayor precisión en nuevas predicciones.
Otra acción necesaria es ampliar el espectro de las búsquedas más allá de los coronavirus, que con razón han sido el centro de atención, especialmente después de la pandemia de COVID-19. Esto, sin embargo, no elimina el hecho de que un nuevo brote puede provenir de otros virus e incluso de bacterias. La investigadora, de hecho, apuesta a que el próximo patógeno que podría propagarse por el mundo y causar grandes problemas será una bacteria resistente a los tratamientos actuales.
Keesing dedica cuatro de los siete ítems de su lista de propuestas a los animales reservorios de patógenos. Recordó que la mayoría de los microorganismos causantes de enfermedades —que se instalan tanto en vertebrados humanos como no humanos— no tienen un solo animal preferido, sino varios. Por ello, es necesario evaluar mejor la relevancia de ciertos grupos de animales como reservorios, ya que en muchos casos algunos pueden estar sobreestimados (como los murciélagos) y otros subestimados (como los roedores).
Por último, es preciso recordar que los patógenos zoonóticos no solo se transmiten de animales a humanos, sino también de humanos a animales. De hecho, algunos patógenos animales son más estudiados que otros precisamente porque infectaron a humanos, según la investigadora. Para ella, esto genera un sesgo en los datos depositados, por ejemplo, en GenBank —la base de datos de genomas más utilizada a nivel mundial para estudiar virus y bacterias—, restringiendo las investigaciones a unos pocos animales y patógenos.
Keesing mostró además que los animales menos amenazados de extinción son los más propensos a transmitir enfermedades a los humanos. Algunas de las razones son las propias características biológicas de estos animales, como ocupar grandes áreas, tener ciclos de vida cortos, madurez sexual precoz y muchos descendientes en cada reproducción. Son características opuestas a las de las especies amenazadas de extinción. Basta comparar al rinoceronte, en peligro crítico, con el ampliamente distribuido ratón doméstico.
Otras razones de esta correlación aún no se conocen, pero en sus estudios en Kenia Keesing observó que las áreas que perdieron grandes mamíferos, como jirafas y leones, presentaron un aumento de roedores y serpientes venenosas, por ejemplo.
Por ello, la investigadora atribuye a la conservación y la restauración de la biodiversidad un papel clave para mitigar o incluso impedir el surgimiento de nuevas pandemias de enfermedades zoonóticas.
“A esto deben sumarse el desarrollo de antivirales de amplio espectro y de nuevos antibacterianos, el desarrollo rápido de vacunas y la confianza de la población en ellas, además de la creación y el fortalecimiento de políticas públicas y de una sólida estructura global de salud”, concluyó.
Matemática para el desarrollo
Marcelo Viana, director del Instituto de Matemática Pura y Aplicada (Impa), habló sobre el papel de la formación en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) en los ingresos de los países. Viana enumeró estudios realizados en el exterior sobre el impacto de áreas relacionadas con la matemática en el Producto Interno Bruto (PIB) del Reino Unido, Francia, Australia y España.
Uno de esos estudios constató que, en Francia, la proporción de empleos cuya actividad principal estaba relacionada con la matemática representaba el 13 % de los puestos de trabajo y el 18 % del PIB en 2022, frente al 12 % y el 16 % en 2012. No existía una investigación de este tipo en Brasil, hasta que Itaú Social —fundación sin fines de lucro orientada a la educación pública y vinculada al mayor banco privado del país— decidió realizarla utilizando la metodología francesa, con el apoyo del Impa.
La conclusión, publicada en 2024, fue que los ingresos de los profesionales que actúan en áreas vinculadas a la matemática en Brasil equivalen al 4,6% del PIB, y que dichas ocupaciones ofrecen salarios un 119 % superiores al promedio de los demás trabajadores. “Pasar del 4,6 % actual al 18 % que alcanzó Francia añadiría R$ 1,5 mil billones al PIB de Brasil”, afirmó Viana.
Una de las oportunidades para enfrentar esta cuestión surgió con la inauguración del Impa Tech en 2024, en Río de Janeiro, que ofrece la primera carrera de grado del instituto orientada justamente a la formación de mano de obra calificada en áreas dependientes de la matemática.
“Los estudiantes son seleccionados a partir de los resultados de las olimpíadas de matemática; no hay examen de ingreso. En el primer año, los alumnos cursan un ciclo básico y luego optan por continuar en matemática, ciencia de la computación, ciencia de datos o física”, explicó.
Ciencia en São Paulo
En la apertura del evento, el presidente de la FAPESP, Marco Antonio Zago, recordó el liderazgo del estado de São Paulo en la producción científica nacional, resultado de la inversión estable en las universidades estatales paulistas y en la propia FAPESP.
“Es importante destacar que no se trata solo de invertir mucho dinero, sino de tener estabilidad. Eso es lo que nos permite financiar proyectos de hasta diez años, por ejemplo”, subrayó.

Marco Antonio Zago, presidente de la FAPESP, celebró el éxito de las Escuelas Interdisciplinarias (foto: Erika de Faria/Temporal Filmes)
Sobre la Escuela Interdisciplinaria, Zago recordó el éxito del formato, que llegó a su quinta edición en 2025. “Creo mucho en este enfoque y considero que es algo muy importante para la ciencia de Brasil”, dijo.
Oswaldo Baffa Filho, organizador del evento, destacó que la iniciativa se refiere a la construcción de puentes entre diferentes áreas del conocimiento, entre culturas y entre personas.
“Tenemos participantes que representan el Norte, el Sur, el Este y el Oeste del país, así como investigadores internacionales que realizan posdoctorados en Brasil. Formamos una comunidad diversa y vibrante, unida por la curiosidad y la búsqueda de conocimiento”, expresó Baffa Filho, profesor de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (FFCLRP-USP).
Durante la apertura también estuvieron presentes Carlos Graeff, director presidente del Consejo Técnico-Administrativo (CTA) de la FAPESP, Marcio de Castro, director científico de la FAPESP; y Norma Reggiani, directora técnica del Instituto Principia.
La edición 2025 de la Escuela Interdisciplinaria FAPESP: Ciencias Exactas y Naturales, Ingeniería y Medicina reunió a 60 investigadores a nivel de posdoctorado, tanto del estado de São Paulo como de otras regiones de Brasil.
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