Una gran diversidad de investigaciones climáticas | AGÊNCIA FAPESP

Una gran diversidad de investigaciones climáticas En un programa de la FAPESP en cuyo marco ya se han realizado 91 investigaciones y otras 47 se encuentran en marcha, se abordan de manera interdisciplinaria temas referentes a la adaptación y a la mitigación de los cambios de clima (foto: Fernando Cunha/ Agência FAPESP)

Una gran diversidad de investigaciones climáticas

13 de julio de 2017

Por Maria Fernanda Ziegler y Elton Alisson  |  Agência FAPESP – Con más de 40 presentaciones referentes a proyectos de investigación, se realizó durante los días 19 y 20 de junio la reunión Anual de Proyectos del Programa FAPESP de Investigaciones en Cambios Climáticos Globales (PFPMCG).

El encuentro tuvo lugar en el auditorio de la FAPESP (en São Paulo, Brasil), y reunió a científicos de distintas instituciones del país para abordar un panorama referente a lo más avanzado que existe en investigaciones sobre este asunto. Además de ser interdisciplinario, el PFPMCG abarca temas relativos a los diversos biomas brasileños, tales como el Pantanal, Cerrado, el Bosque Atlántico y la Amazonia.

“Es un Programa bastante diversificado, que abarca ciencias del clima, energía, agricultura, ciencias sociales, ciencias sociales aplicadas y economía”, dijo Gilberto Jannuzzi, miembro de la Coordinación del Programa de Cambios Climáticas Globales de la FAPESP.

Desde el comienzo del PFPMCG, se han concluido 91 proyectos en la modalidad de Ayuda a la Investigación y 47 otros se encuentran en marcha. En total se han concedidas 226 becas en Brasil, de las cuales 51 están en curso. Y también se otorgaron otras 25 becas en el exterior en el marco del Programa.

“La FAPESP ha venido apuntando cada vez más a lograr la excelencia en programas orientados hacia la interdisciplinaridad, y éste es el caso del programa de cambios climáticos”, dijo Gilberto Câmara, también miembro de la Coordinación del Programa de Cambios Climáticas Globales de la FAPESP.

El PFPMCG suministra apoyo a investigaciones en Brasil y a nivel local, regional y global, realizadas por grandes equipos multidisciplinarios. Los resultados de dichas investigaciones pueden servir de apoyo en la toma de decisiones con fundamentación científica en lo atinente a análisis de4 riesgo y estrategias de mitigación y adaptación.

Un ejemplo de esto es la base científica que el Programa ha suministrado para fundamentar acuerdos internacionales como el que se firmó durante la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 21), en 2015.

“El acuerdo de París se logró de abajo arriba y atestigua el vigor del movimiento ambientalista de cada país. Y los países logran formular compromisos interesantes. Brasil se comprometió a disminuir cuantitativamente las emisiones, y cuenta con un derrotero de acción. En estas convenciones, tal como la que originó el acuerdo de París, la función de los gobiernos consiste en concertar aquello que harán, y éste es el objeto de lo que debatimos aquí”, dijo José Goldemberg, presidente de la FAPESP, durante la apertura del evento.

Lo social y lo ambiental en la Amazonia

Un área de atención en diversos estudios vinculados al PFPMCG comprende las cuestiones sociales en la selva amazónica. En la reunión, Emílio Moran, profesor visitante de la Universidad de Campinas (Unicamp), disertó sobre los impactos sociales y ambientales de la construcción de la central hidroeléctrica de Belo Monte, cerca a la ciudad de Altamira, en el estado norteño de Pará.

“El sector eléctrico sigue teniendo una cultura de crisis, en la cual no respeta el proceso de consulta a la población. Entre los casos más paradigmáticos de esto se encuentra la central hidroeléctrica de Belo Monte”, dijo. La investigación que encabeza Moran, que cuenta con el apoyo de la FAPESP, se extenderá hasta agosto de 2018.

También con relación a la Amazonia, un estudio encabezado por Paulo Artaxo, docente de la Universidad de São Paulo (USP), apunta a entender de qué manera influye la polución ambiental urbana en la ciudad de Manaos (que tiene una población de millones de habitantes) sobre regiones de la selva tropical.

En otro proyecto, liderado por Jeffrey Richey, de la University of Washington y USP, se estudia la influencia de la dinámica de la marea en el río Amazonas y las fuentes y destinos de la materia orgánica en la concentración y las emisiones de carbono.

Medidas de adaptación

Durante el encuentro se presentaron proyectos orientados a la implementación de medidas de adaptación a los cambios climáticos en ciudades como São Paulo, un tema que ha cobrado relevancia en los últimos años, según destacó Goldemberg. “Las medidas de adaptación están volviéndose populares. Este tema está ganando terreno”, dijo.

Uno de los proyectos que se presentaron en la reunión es llevado adelante por un grupo del Laboratorio de Confort Ambiental y Eficiencia Energética (Labaut) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la USP.

El grupo pretende cuantificar los impactos de la densificación y de las superficies urbanas sobre el microclima urbano y sobre el confort térmico en espacios abiertos y en el interior de los edificios residenciales en São Paulo durante eventos de olas de calor o en escenarios previstos de cambios climáticos.

El objetivo consiste en que los resultados del proyecto puedan suministrar apoyo a políticas públicas y traducirse en beneficios socioambientales para la población de la ciudad.

“Pretendemos saber cuál es el rol que cumplen las acciones de planificación, del diseño urbano y de los edificios en los fenómenos de calentamiento urbano, diurno y nocturno, de manera tal que el uso y la ocupación del suelo puedan utilizarse como parte de la estrategia de adaptación y mitigación de los cambios climáticos en áreas urbanas”, explicó Denise Helena Silva Duarte, docente de la FAU-USP y responsable del proyecto.

Otro grupo de investigadores del Labverde, de la misma institución, pretende implementar en el marco de otro proyecto una “infraestructura verde” en São Paulo, con el objetivo de bajar las temperaturas en las islas de calor y adaptar la ciudad a los cambios climáticos.

La idea de los investigadores consiste en crear en un área de aproximadamente 154 km² de extensión, situada entre Serra da Cantareira y el cauce del río Pinheiros, corredores verdes en el entorno de avenidas de fondos de valles, que constituyen los puntos más bajos del relieve, por donde se escurren las aguas de las lluvias.

“Pretendemos trabajar en esas áreas con arborización intensiva, superficies y techos verdes y gestión del agua, y evaluar si esto puede hacer posible una disminución de la temperatura en la ciudad, a los efectos de mejorar el confort térmico y el bienestar de la población”, dijo Maria de Assunção Ribeiro Franco, docente de la FAU-USP y coordinadora del proyecto.

La resiliencia urbana

La ciudad de São Paulo exhibe una baja resiliencia a los cambios de temperatura, según señaló Paulo Saldiva, docente de la Facultad de Medicina de la USP.

Según Saldiva, tras días muy fríos o muy calurosos, se registra un aumento de la cantidad muertes en la ciudad. En São Paulo, la franja de temperatura con menor efecto sobre la mortalidad de la población es de alrededor de 20 °C.

“Cualquier factor que aumente la mortalidad en esos índices en una ciudad que registra en promedio 160 muertes por día es sumamente importante”, sostuvo.

En colaboración con colegas de diez países, el investigador llevó a cabo un estudio en el cual se calcularon las muertes atribuibles al frío y al calor –definidos respectivamente como temperaturas por debajo y por arriba de la que se considera ideal– en 384 ciudades en el mundo, São Paulo inclusive.

Los resultados de dicho estudio, publicado en 2015 en la revista Lancet, indicaron que las ciudades de Estocolmo, en Suecia, y Toronto, en Canadá, son las que exhiben una mayor resiliencia a los cambios de temperatura.

“En esas ciudades, la temperatura puede llegar a los 30 °C sin causar mortalidad, pues fueron construidas de manera tal de posibilitar la resiliencia ante los cambios de clima”, dijo Saldiva.

“Cada ciudad tiene su zona de confort térmico. Pero en general lo que observamos es que la mortalidad asociada con los cambios climáticos está relacionada con la franja etaria de la población y con los estándares de construcción de las ciudades”, dijo.

 

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