Solo uno de cada cuatro emperadores romanos de Occidente murió de causas naturales | AGÊNCIA FAPESP

Solo uno de cada cuatro emperadores romanos de Occidente murió de causas naturales Al investigar el patrón matemático subyacente a las trayectorias de los césares, científicos de un centro que cuenta con el apoyo de la FAPESP, en Brasil, arribaron a la conclusión de que sus chances de sobrevivir obedecieron a la denominada “regla del 80/20”, que rige desde la intensidad de los terremotos hasta la cantidad de seguidores entre los usuarios de las redes sociales (imagen: Wikimedia Commons)

Solo uno de cada cuatro emperadores romanos de Occidente murió de causas naturales

14 de octubre de 2021

Por José Tadeu Arantes  |  Agência FAPESP – Desde Octavio Augusto (63 a. C.-19 d. C.) hasta Constantino XI Paleólogo (1405-1453), el Imperio Romano tuvo 175 emperadores. En esa cifra se computa a los gobernantes del Imperio unificado y a los gobernantes de Occidente y de Oriente, tras su división definitiva en el año 395 d. C., y se excluye a aquellos que, siendo menores o habiendo compartido el trono, no llegaron a gobernar por cuenta propia, aunque hayan ostentado el título.

De los 69 emperadores del Imperio Romano de Occidente, llegaron tranquilamente al final de sus reinados y murieron de causas naturales tan solo el 24,8 %. Los otros, correspondientes al 75,2 %, murieron de forma violenta, en el campo de batalla o en conspiraciones palacianas. Considerando a los 175 emperadores, el 30 % sufrieron muertes violentas antes del final de sus reinados.

Investigadores del Instituto de Ciencias Matemáticas y Computación de la Universidad de São Paulo (ICMC-USP), en São Carlos (en el estado de São Paulo, Brasil), investigaron el patrón matemático subyacente a las trayectorias de los emperadores y demostraron que las mismas siguen aquella que en estadística se conoce como “la ley de potencia”.

Un artículo al respecto salió publicado en el periódico Royal Society Open Science, mantenido por la Royal Society, en el Reino Unido.

“Pese a que parece aleatoria, esa distribución de probabilidades aparece en muchos otros fenómenos asociados a sistemas complejos, tales como el tamaño de los cráteres lunares, la intensidad de los terremotos, la frecuencia con que las palabras aparecen en un texto, el valor de mercado de las empresas y hasta la cantidad de ‘seguidores’ que las personas tiene en los medios sociales”, le dice a Agência FAPESP el científico de datos Francisco Rodrigues,  docente del ICMC-USP y coordinador de la investigación.

Este estudio, financiado por la FAPESP (proyectos 19/23293-0 y 17/25971-0), se llevó a cabo en el ámbito del Centro de Investigaciones en Ciencias Matemáticas Aplicadas a la Industria (CeMEAI), uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (CEPIDs) apoyado por la Fundación, con sede en el ICMC-USP.

Todos estos fenómenos obedecen a un patrón al que genéricamente se le denomina “regla del 80/20”. Esto significa que, en cualquiera de ellos, las chances de que suceda un evento común son del 80 %, mientras que las probabilidades de que ocurra un evento raro son del 20 % aproximadamente. A modo de ejemplo: el 80 % de las crateras lunares son relativamente pequeñas, mientras que tan solo 20 % son efectivamente grandes. Lo propio sucede en los medios sociales: el 80 % de las personas tienen a lo sumo algunas decenas de seguidores, mientras que el 20 % de ellas poseen miles o incluso millones. En el caso de los emperadores romanos, el evento raro consistía en no ser asesinado.

“El primer que observó este tipo de relación fue el economista italiano Vilfredo Pareto (1848-1923), al estudiar la distribución de la riqueza en Europa. Pareto constató que el 80 % de los recursos económicos estaban en manos del 20 % de la población. Es decir que mientras la mayoría de la gente tenía pocos recursos, una minoría concentraba gran parte de la riqueza”, informa Rodrigues.

Aparte de obedecer aproximadamente a la relación de 80/20, las trayectorias de los emperadores romanos de Occidente presentaron también otro tipo de patrón. “Al examinar el tiempo transcurrido hasta la muerte de los emperadores, observamos que el riesgo era alto cuando el emperador ascendía al trono. Esto podría estar relacionado con las dificultades para vérselas con las demandas que el cargo exige y con la falta de habilidad política. Posteriormente, el riesgo disminuía sistemáticamente, hasta los 13 años de gobierno. Y luego experimentaba un súbito aumento”, comenta Rodrigues.

Si bien la relación de 80/20 corresponde a un patrón conocido, este cambio brusco en la curva de supervivencia aproximadamente a los 13 años de gobierno constituyó un hallazgo del nuevo del estudio. “Postulamos diversas hipótesis para explicar ese punto de inflexión. Puede ser que, tras el ciclo de 13 años, los rivales del emperador se desalienten ante las dificultades para llegar naturalmente al poder; o que los antiguos enemigos se hayan reagrupado; o que hayan surgido nuevos adversarios; o que todos estos factores se hayan combinado para producir una coyuntura crítica. Lo interesante es que el estudio muestra también que, tras ese punto de cambio, el riesgo vuelve a disminuir”, afirma Rodrigues.

La inflexión a los 13 años constituye un interrogante que aún debe responderse. Con todo, y dando proseguimiento a toda una línea de historia cuantitativa, este estudio demostró que el análisis estadístico puede erigirse como un recurso complementario importante en el estudio de los fenómenos históricos. “Las formaciones históricas son sistemas complejos, compuestos por agentes que interactúan, colaboran y compiten por el poder y por los recursos. Y las acciones imprevisibles de los individuos pueden producir patrones colectivos de conducta previsibles; y, por ende, sujetos a la investigación matemática”, culmina Rodrigues.

Puede accederse a la lectura del artículo intitulado Power laws in the Roman Empire: a survival analysis en el siguiente enlace: royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsos.210850
 

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