Moléculas extraídas de productos naturales son estratégicas para combatir enfermedades desatendidas | AGÊNCIA FAPESP

Moléculas extraídas de productos naturales son estratégicas para combatir enfermedades desatendidas Este fue el análisis que efectuaron los participantes en la 6ª Conferencia FAPESP 60 años, que reunió a expertos de Brasil, el Reino Unido y Estados Unidos para debatir sobre dolencias que afectan a alrededor de 2.000 millones de personas en el mundo (foto: Daniel Antonio/Agência FAPESP)

Moléculas extraídas de productos naturales son estratégicas para combatir enfermedades desatendidas

02 de diciembre de 2021

Por André Julião  |  Agência FAPESP – Las relaciones entre organismos que viven en la naturaleza abarcan la producción de una serie de compuestos que sirven para combatir a sus adversarios, entre otros factores. Plantas, hongos y bacterias son algunos de los seres vivos conocidos por producir esas sustancias que la industria farmacéutica aprovecha desde hace tiempo en el tratamiento de diversas afecciones, pero que ahora vienen siendo cada vez más exploradas en la búsqueda de fármacos para las denominadas enfermedades tropicales desatendidas u olvidadas. Y este fue el tema de la 6ª Conferencia FAPESP 60 años, realizada el pasado 17 de noviembre y disponible en YouTube.

“Las enfermedades desatendidas impactan fuertemente en las regiones más pobres del planeta, particularmente en las zonas tropicales y subtropicales, generalmente con índices de desarrollo humano bastante bajos. Enfermedades tales como la malaria o paludismo, la leishmaniasis, el mal de Chagas, el dengue y el chikunguña son algunos ejemplos existentes en Brasil. Como la población afectada por estas enfermedades no constituye un mercado rentable para las grandes empresas farmacéuticas, las inversiones en investigación y desarrollo han quedado allende de lo necesario”, dijo Ronaldo Aloise Pilli, vicepresidente del Consejo Superior de la FAPESP y docente del Instituto de Química de la Universidad de Campinas (Unicamp), durante la apertura del evento.

Como respuesta a esta falta de incentivos, según explicó, a partir de la década de 2000 se han venido implementando diversas iniciativas público-privadas, precisamente con miras a acelerar la investigación y el desarrollo en esas áreas de la salud pública.

Las enfermedades desatendidas conforman un grupo de 20 afecciones causadas por agentes infecciosos tales como virus, bacterias, hongos, parásitos, protozoos y toxinas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas enfermedades afectan a alrededor de 2.000 millones de personas en el mundo, causando una gran mortalidad y una incapacidad permanente en hombres, mujeres y niños.

“La próxima década será crucial para el futuro de la respuesta global contra estas enfermedades. El progreso en relación con las metas estipuladas por la OMS para el año 2030 deberá evaluarse constantemente para que la respuesta global sea capaz de generar avances y alinearse con los desafíos de salud y desarrollo, en sincronía con los esfuerzos en pos de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas”, dijo Adriano Andricopulo, docente del Instituto de Física de São Carlos de la Universidad de São Paulo (IFSC-USP) y mediador del evento.

La malaria y la enfermedad de Chagas

“Aun frente al hecho de que estas enfermedades afectan al 11 % de la población global, durante este siglo solamente una nueva entidad química, el fexinidazol, ha sido aprobada para o tratamiento de una enfermedad tropical desatendida específica, la tripanosomiasis africana humana”, recordó Glaucius Oliva, docente del IFSC-USP y coordinador del Centro de Investigaciones e Innovación en Biodiversidad y Fármacos (CIBFar), un Centro de Investigación, Innovación y Difusión (CEPID) financiado por la FAPESP. 

El investigador presentó algunos de los diversos proyectos que se desarrollan actualmente en el referido centro, cuyos blancos son las enfermedades tropicales desatendidas. En el marco de uno de ellos, encabezado por Andricopulo, se buscan inhibidores de la enzima cruzaína, presente en el Tripanossoma cruzi, el parásito causante del mal de Chagas.

Otra iniciativa encontró potenciales inhibidores de los agentes causantes de la malaria, el Plasmodium falciparum y el Plasmodium vivax, este último responsable de la mayoría de los casos de paludismo en Latinoamérica. Algunas de estas entidades químicas son las marinoquinolinas, originalmente aisladas e identificadas en bacterias marinas. Este proyecto es fruto de diversas colaboraciones brasileñas e internacionales, entre ellas la entablada con Medicines for Malaria Venture (MMV), una iniciativa sin fines de lucro que financia el desarrollo de medicamentos destinados a dicha enfermedad.

Sir Mike Ferguson, docente de la Universidad de Dundee, en el Reino Unido, e investigador del Wellcome Centre Anti-Infectives Research, integra el equipo que tiene en su cartera un candidato a fármaco contra la malaria en ensayos clínicos. Con resultados prometedores con tan solo una dosis, la sustancia avanzará a la segunda fase del estudio entre este año y el año que viene. El investigador puso de relieve el aporte de los proyectos con productos naturales para el descubrimiento no solamente de medicamentos sino también de blancos para otras moléculas.

“Si encontramos un producto natural que se muestra sumamente efectivo para matar al Tripanossoma, por ejemplo, e identificamos el blanco molecular sobre el que actúa, podemos poner en marcha un nuevo programa de descubrimiento de medicamentos contra dicho blanco, pues ya ha sido validado por un producto natural”, explicó el investigador.

Hongos y hormigas

Mientras que estas enfermedades cuentan con tratamientos potenciales que están avanzando, la situación de las infecciones fúngicas empeora año tras año. Con pocos medicamentos existentes para combatirlos y una gran capacidad para desarrollar resistencia, los hongos provocan una alta mortalidad y requieren urgentemente nuevos tratamientos.

“La cantidad de casos de infecciones fúngicas sistémicas es relativamente baja, pero los índices de mortalidad son muy altos. Mientras que la tasa de mortalidad para COVID-19 se ubica entre el 1 % y el 2 %, en esas infecciones va del 30 % al 95 %. Más gente se muere de infecciones fúngicas invasivas que de tuberculosis o malaria”, dijo Jon Clardy, de la Harvard University.

Una esperanza reside en las hormigas cortadoras. Surgidas hace entre 50 y 60 millones de años en la Amazonia, se las conoce por su capacidad de cultivar hongos que utilizan como alimento. Con todo, la supervivencia de estos insectos se concreta en gran medida debido a su capacidad para lidiar con otro hongo que, de no combatirlo, arrasaría con sus almacenamientos de comida.

En el marco de un proyecto financiado por la FAPESP y por los National Institutes of Health (NIH), de Estados Unidos, las equipos de Clardy y Monica Tallarico Pupo, docente de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (FCFRP-USP) describieron una nueva entidad química: la attinimicina. La misma se encuentra presente en bacterias que colonizan los cuerpos de las hormigas y combaten al hongo que ataca su alimento, a cambio de comida. 

Tal como lo destacó Aloise Pilli al comienzo del evento, “las enfermedades desatendidas exponen una de las caras más crueles de la desigualdad social. La química medicinal, junto a la química sintética, tiene un importante rol en el combate contra esas endemias”.

Puede accederse al evento completo en: https://youtu.be/SeJdnfHnkuc

Y los videos de las cinco primeras Conferencias FAPESP se encuentran disponibles en el siguiente vínculo: 60anos.fapesp.br/conferencias.
 

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