Las políticas públicas basadas en la ciencia son importantes para afrontar una Amazonia en transición | AGÊNCIA FAPESP

Las políticas públicas basadas en la ciencia son importantes para afrontar una Amazonia en transición Paulo Artaxo, docente del Instituto de Física de la USP, en Brasil, realza la importancia de la investigación científica que se lleva a cabo en la selva para entender los impactos globales del desmonte y las consecuencias de los cambios climáticos (foto: Wikimedia Commons)

Las políticas públicas basadas en la ciencia son importantes para afrontar una Amazonia en transición

16 de enero de 2020

Por Maria Fernanda Ziegler, desde París  |  Agência FAPESP – “La ciencia que se hace en la Amazonia es de suma importancia para el mundo. Y la única manera de implementar políticas públicas apropiadas en la Amazonia consiste en hacerlo basándose en las evidencias científicas”, dijo Paulo Artaxo, investigador del Instituto de Física de la Universidad de São Paulo (IF-USP), en Brasil, durante la conferencia que dictó en la FAPESP Week France, realizada entre los días 21 y 27 de noviembre de 2019.

Artaxo es miembro de la coordinación del Programa FAPESP de Investigaciones sobre Cambios Climáticas Globales (PFPMCG) y del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Para el investigador, es importante entender de qué manera preservar este ecosistema, puesto que constituye algo único en el mundo. No solamente es la mayor extensión de selva tropical, sino que también es el único lugar en donde la propia selva controla su clima interno, con procesos que generan impactos en todo el mundo. Con su biodiversidad única, la Amazonia hace posible el sostenimiento de servicios ecosistémicos vitales, y puede contribuir también en la absorción de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, de implementarse políticas de preservación efectivas.

Artaxo explicó que la selva posee la capacidad de regular el ciclo hidrológico de gran parte de América del Sur. “La Amazonia es responsable del procesamiento y la exportación de vapor de agua hacia la atmósfera, y lleva lluvias y humedad a distintas regiones que van del Brasil central al estado de São Paulo y el norte de Argentina, por ejemplo. Cada árbol procesa y emite grandes cantidades de agua en dirección a la atmósfera. Y están también las emisiones de gases como el isopreno y las partículas biogénicas, que son esenciales para la formación de nubes, pues la naturaleza hace que todo el sistema se integre y se optimice”, dijo.

Otro ejemplo importante del impacto de la selva reside en su capacidad de almacenar carbono, algo fundamental en lo concerniente a los cambios climáticos. “La Amazonia contiene el 15% de la productividad primaria [fotosíntesis] del mundo. Por ende, es un engranaje importante en el ciclo del carbono global. Almacena entre 100 y 130 mil millones de toneladas de carbono en biomasa. ¿Y cuánto es esto? Quemamos todos los años en combustibles fósiles alrededor de 9 gigatones de carbono. Por ende, esto equivale a entre 10 y 13 años de emisiones ocasionadas por la quema de combustibles fósiles en el mundo. Es una cantidad enorme, que puede marcar toda la diferencia en términos de cambios climáticos globales”, dijo Artaxo.

Según el investigador, la regulación hidrológica y la capacidad de almacenar carbono forman parte de un sistema complejo y no lineal de interacción entre la selva, la atmósfera y el suelo; que debe estudiárselo, monitoreárselo y conocérselo. “No obstante esto, sabemos que el ecosistema amazónico sufre las presiones de la agricultura, del desmonte y de los cambios climáticos, todo lo cual trae aparejados una serie de cambios importantes e impactos regionales y globales”, dijo.

La selva está unida al clima global de manera interactiva, explicó Artaxo. “El desmonte de la Amazonia influye sobre el clima global y el clima global también influye en la selva de una manera sumamente significativa. Como la deforestación y los cambios climáticos son impactos que ya están produciéndose y tienen influjo sobre la integridad de la selva, diversos estudios ya documentan alteraciones en el clima y en el ciclo del carbono. Por eso es importante estudiar de manera integrada los procesos y los efectos de esos cambios en el ecosistema”, dijo.

Uno de los principales impactos que ya pueden observarse es el aumento de la temperatura media, no solo en la Amazonia sino también en otras regiones bajo la influencia de la hidrología selvática. “El promedio anual de temperatura en la Amazonia se ubica alrededor de 2 °C por encima de la temperatura media del comienzo del siglo pasado. La media global en áreas continentales subió 1,5 °C. Pueden parecer cambios pequeños, pero tienen efectos importantes sobre el funcionamiento del ecosistema”, dijo.

Entre los impactos documentados se encuentra el aumento de la duración de la estación seca, la intensificación del ciclo hidrológico y la disminución de la evapotranspiración de la selva, especialmente en la región conocida como arco del desmonte.

Datos que figuran en la literatura científica muestran también un fuerte incremento de la deforestación. “En 1988, el 5% de la Amazonia había sido talado, en tanto que, en 2018, ese porcentaje trepó al 19%. Asimismo, registramos la tala adicional de 9.750 kilómetros cuadrados en 2019. Es importante subrayar que el 90% de ese desmonte es ilegal. Tal como puede verse, en pocas décadas ha habido un gran cambio en el área selvática de la Amazonia”, sostuvo el investigador.

Los impactos de la degradación ambiental son diversos y tienen efectos en todo Brasil. “El más reciente, que adquirió gran notoriedad, fue el río de humo proveniente de la Amazonia que pasó por los estados de Mato Grosso y Goiás y oscureció el cielo de la ciudad de São Paulo a las tres de la tarde. Estos fenómenos pueden volverse más comunes y ya puede vérseselos con distintas intensidades y frecuencias en las imágenes satelitales”, añadió Artaxo.

“Estamos alterando el estado de equilibrio que existía en la Amazonia hace 20 ó 30 años. Actualmente, una parte del bioma permanece en estadio de selva y otra parte se ha transformado en áreas de pasturas, cultivos o de bosque secundario abandonado”, dijo.

De acuerdo con Artaxo, algunos estudios muestran que, en caso de que la temperatura aumente 4 °C, o si el desmonte alcanza al 40% del área total (actualmente se ubica en un 20%), la selva remanente puede dejar de reunir las condiciones necesarias como para sostenerse por sí misma, lo que traerá aparejados impactos enormes sobre las lluvias en el continente sudamericano y también sobre el clima global.

El apoyo a los estudios en la Amazonia

La FAPESP ha venido brindando su apoyo a diversas investigaciones y proyectos de estudio de la región amazónica desde perspectivas diversas y complementarias. Muchos de estos proyectos de investigación están financiados en colaboración con otras instituciones, tales como la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Amazonas (Fapeam), el Departamento de Energía de Estados Unidos, la National Science Foundation (también de EE.UU.), el Belmont Forum y el Consejo de Investigación del Medio Ambiente del Reino Unido (Nerc).

El presidente de la FAPESP, Marco Antonio Zago, también remarcó durante el simposio la importancia de las investigaciones científicas realizadas en la Amazonia. “La Fundación es la mayor incentivadora de estudios en la Amazonia, y contamos con una de las más amplias carteras de investigación en cambios climáticos. Desde hace muchos años, la Amazonia constituye un tema estratégico para la FAPESP”, dijo Zago.

Son más de 2.500 proyectos de investigación en la región amazónica. De igual modo, la FAPESP cuenta con una cartera de más de 2.300 proyectos de investigación sobre cambios climáticos.

Muchos de estos proyectos se plasman en la Torre ATTO (Amazon Tall Tower Observatory), en funcionamiento desde 2015, cuyo objetivo consiste en monitorear las alteraciones en el funcionamiento natural del ecosistema en el transcurso de varias décadas. Con sus 325 metros de altura, e instalada 150 kilómetros al nordeste de la ciudad de Manaos, esta torre se construyó merced a una colaboración entre el Instituto Max Planck de Alemania y el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones (MCTIC) de Brasil, con recursos de la Financiadora de Innovación e Investigación Científica (Finep).

Agencias científicas de fomento de los estados brasileños como la FAPESP y la Fapean, y la Fundación de la Universidad Federal de Paraná (Funpar), financian proyectos de investigación que tienen lugar en la torre. Entre los proyectos que la FAPESP apoya y se realizan en la torre ATTO se encuentran dos Temáticos: el GoAmazon: la interacción de la pluma urbana de Manaos con las emisiones biogénicas de la Selva Amazónica y El ciclo de vida de los aerosoles y las nubes en la Amazonia: las emisiones biogénicas, las emisiones de los incendios y los impactos sobre el ecosistema, ambos coordinados por Artaxo.

El investigador puso de relieve el monitoreo del desmonte que lleva adelante el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe, en portugués) y la labor en tal sentido también de los distintos satélites que analizan el ciclo de carbono.

“La Amazonia es un laboratorio importante para entender el funcionamiento de la interacción entre el clima y la biología de la selva, y es clave en la cuestión de los cambios climáticos globales. Necesitamos implementar ciencia y políticas públicas sostenibles para usar y preservar ese rico patrimonio brasileño, clave a su vez para las generaciones actuales y futuras”, dijo Artaxo.

El simposio FAPESP Week France se llevó a cabo entre los días 21 y 27 de noviembre en el marco de una colaboración entre la FAPESP y las universidades de Lyon y de París, ambas de Francia. Lea otras noticias sobre este evento en el siguiente enlace: www.fapesp.br/week2019/france.
 

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