Científicos muestran en Washington los avances de los estudios en la región y la necesidad de investigar el impacto social de los cambios climáticos para la elaboración de políticas públicas (foto: Paulo Artaxo, docente del Instituto de Física de la USP/ foto: Brazil Institute - Wilson Center)

Las investigaciones ambientales en la Amazonia deben incorporar temas socioeconómicos
18-10-2018
PT EN

Científicos muestran en Washington los avances de los estudios en la región y la necesidad de investigar el impacto social de los cambios climáticos para la elaboración de políticas públicas

Las investigaciones ambientales en la Amazonia deben incorporar temas socioeconómicos

Científicos muestran en Washington los avances de los estudios en la región y la necesidad de investigar el impacto social de los cambios climáticos para la elaboración de políticas públicas

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Científicos muestran en Washington los avances de los estudios en la región y la necesidad de investigar el impacto social de los cambios climáticos para la elaboración de políticas públicas (foto: Paulo Artaxo, docente del Instituto de Física de la USP/ foto: Brazil Institute - Wilson Center)

 

Por Maria Fernanda Ziegler, desde Washington  |  Agência FAPESP – La Amazonia se encuentra en transición. La alternancia entre períodos de sequías seguidos por inundaciones, una de las principales características de la región, se ha espaciado más. Se estima que la temporada de sequía se extiende 6,5 días más por década, o un mes de sequía más cada 40 años.

Ha habido también un aumento del 30% del caudal del río Amazonas a la altura de la ciudad de Óbidos. Este cambio se ha registrado durante los últimos 25 años. La región amazónica está también más cálida, y no precisamente poco. Se ha detectado un aumento de 0,9 °C en la temperatura promedio del aire, que es lo suficiente como para alterar el comportamiento de las plantas y los animales, y del ser humano.

Las modificaciones en el balance energético y en los ciclos hidrológicos de la región se han observado en estudios científicos. Estos cambios tienen un impacto profundo sobre la composición de la biodiversidad, del suelo y también en el cotidiano amazónico. Sin embargo, para que existan políticas públicas orientadas hacia el desarrollo social sostenible de la zona, los estudios ambientales en la Amazonia deben integrarse con los temas socioeconómicos.

Éste fue el análisis que hicieron los participantes en el workshop Scientific, Social and Economic Dimensions of Development in the Amazon, realizado en Washington, Estados Unidos, el pasado 24 de septiembre. Dicho evento –una continuación de otro realizado en la ciudad de Manaos en agosto– estuvo organizado por la FAPESP junto al Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, por sus siglas en portugués), de Brasil, y el Wilson Center.

Durante la apertura del workshop se presentó un video con un mensaje de Thomas Lovejoy, docente de la George Mason University, de Estados Unidos.

“La Amazonia posee un ciclo hidrológico que permite generar su patrón de lluvias. Actualmente, ese ciclo está sufriendo los impactos del desmonte, el uso excesivo de fuego y los cambios climáticos. Por eso existe el riesgo de que se llegue a un punto de inflexión, cuando la deforestación llegue a un cierto límite a partir del cual algunas áreas de la selva tropical pueden pasar por cambios irreversibles", dijo.

En febrero de este año, Lovejoy y Carlos Nobre, coordinador del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología para Cambios Climáticos –uno de los INCTs que cuentan con el apoyo de la FAPESP en el estado de São Paulo en asociación con el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de Brasil (CNPq)–, publicaron un alerta sobre el tema en la revista Science Advances (lea más en: agencia.fapesp.br/27392).

“Las alteraciones en el balance energético y en los ciclos hidrológicos están apareciendo en investigaciones realizadas en la Amazonia. Estamos descubriendo y monitoreando esos cambios. Con todo, para lograr que se implementen políticas públicas orientadas hacia la región, es necesario que se incorporen a los estudios científicos aspectos socioeconómicos críticos para la sostenibilidad de la zona”, dijo Paulo Artaxo, docente del Instituto de Física de la Universidad de São Paulo (USP) y miembro de la coordinación del Programa FAPESP de Investigación sobre Cambios Climáticos Globales (PFPMCG).

Los cambios en el ciclo de inundaciones y sequías afectan a la biodiversidad y al cotidiano de la región. “No todas las plantas están adaptadas al período de sequía prolongado. De este modo, la composición de la biodiversidad termina alterándose y ocurre una mayor mortandad de árboles, por ejemplo, cosa que puede tener impactos sobre el almacenamiento de carbono”, dijo el investigador.

Al ser tan extensa, la Selva Amazónica es capaz de almacenar una gran cantidad del carbono de la atmósfera, y esto resulta determinante para el avance de los cambios climáticos.

“La Amazonia almacena entre 100 y 120 mil millones de toneladas de carbono en su biomasa. Pero durante los últimos años, con el aumento de la pérdida de árboles –debido a la sequía, las inundaciones y el desmonte–, si una pequeña fracción de ese valor va hacia la atmósfera, ocurrirán grandes cambios en el balance CO2 atmosférico”, dijo Artaxo.

Eventos extremos

Registros históricos recientes de datos de lluvias y sequías y crecidas más intensas comprueban esta transición en el bioma. “Fueron tres sequías muy fuertes, una después de otra, en menos de 20 años. Eso constituye un indicador grave. Los datos muestran que algo importante está sucediendo”, dijo José Marengo, coordinador general del Departamento de Investigación y Desarrollo del Centro Nacional de Monitoreo y Alerta de Desastres Naturales (Cemaden).

Estos eventos climáticos extremos han elevado también el riesgo de incendios en la selva.

“No todas las sequías son provocadas por El Niño. Algunas lo son, pero otras están relacionadas con el calentamiento del Atlántico Tropical Norte, como sucedió en 2005 y 2010. En algunos casos, el que manda es El Niño [el calentamiento natural de las aguas del Pacífico], en otros es el Atlántico y en otros, ambos, como en 1983 y 1998”, dijo Marengo.

No obstante, el científico remarcó que ya sea a causa de El Niño o por el calentamiento del Atlántico, ésta es la parte natural, que no contempla a la acción humana. “Si le añadimos a esto −El Niño y al calentamiento del Atlántico− otras condiciones, como el aumento en el desmonte, por ejemplo, veremos que la situación puede verse mucho más agravada”, dijo.

Las consecuencias de la intensidad de las sequías y las crecidas van más allá de las fronteras amazónicas. Se estima que el 70% de los recursos hídricos de la cuenca del Río de la Plata, más al sur del continente, depende de la evaporación sobre la Amazonia. Por ende, la transición que ha experimentado la Amazonia y sus impactos sobre su ciclo hidrológico pueden tener consecuencias importantes en el agronegocio de las regiones sur, sudeste y centro-oeste de Brasil, como así también en Argentina.

Marengo también sostiene la necesidad de que exista una mayor integración entre las investigaciones. El científico fue coordinador del proyecto Metrópolis, una iniciativa internacional para estudiar estrategias de adaptación a los impactos de los cambios climáticos. En dicho estudio, realizado en la ciudad portuaria brasileña de Santos (en el estado de São Paulo), se estimaron pérdidas económicas, y se modelaron extremos climáticos e impactos sobre la salud (lea más en: agencia.fapesp.br/26118). 

“Podríamos hacer algo en este sentido en la Amazonia. El pronóstico indica un significativo aumento de los eventos extremos en la región durante las próximas décadas”, dijo.

Otra participante en el workshop, Rita Mesquita, investigadora del Inpa, coincide con la necesidad de que exista una mayor integración.

“Los estudios deben ser interdisciplinarios. Los modelos sociales, económicos y ambientales ni siempre tienen intereses alineados. Pero sólo cuando unamos todos estos aspectos lograremos avanzar en cuestiones de sostenibilidad”, dijo la investigadora.

Para estimar la acción humana

Cuestionado por la acerca de cuál sería el peso del efecto antrópico sobre los incendios en la Amazonia, Artaxo respondió: “Del 100%. Incluso en los períodos de sequía, se trata de una selva húmeda en donde es difícil encender y mantener el fuego”, dijo.

La destrucción de la selva debido a las quemas ha venido mostrándose mucho más significativa que las talas producto de la explotación maderera. “El fuego es la manera más eficiente para destruir”, dijo Douglas Morton, del Goddard Space Flight Center, de la Nasa, durante su alocución en el workshop.

“Brasil ha sido uno de los líderes en el monitoreo del desmonte. Sistemas tales como el Prodes y el Deter, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe, por sus siglas en portugués) crearon una base con datos históricos; pero urge ir más allá, con una inversión mayor”, dijo.

Morton coordina un proyecto cuyo objetivo consiste en medir la degradación de los bosques: aviones sobrevuelan la Selva Amazónica para detectar la degradación en tres etapas (alturas) de la selva.

Asimismo, y tal como Morton lo comentó, la Nasa dispone de 20 satélites de monitoreo con datos abiertos. “Los satélites suministran patrones de lo que está sucediendo. Contamos con modelos para establecer pronósticos que pueden servir para la elaboración de políticas públicas”, dijo.

En el evento de Washington, los científicos presentaron otros resultados de proyectos que cuentan con el apoyo de la FAPESP ante un auditorio conformado por investigadores y representantes de ONGs y de agencias estadounidense ligadas al medio ambiente. La intención fue intercambiar experiencias para entablar en el futuro colaboraciones internacionales destinadas al estudio de la Amazonia.

Más información en: www.fapesp.br/eventos/amazon-workshop.

 

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