Los investigadores destacan que los hallazgos del estudio todavía son experimentales (imagen: Shutterstock)

Salud
La musculación hace que las células de grasa se reduzcan incluso antes de la pérdida de peso

Estudio con ratones realizado en la Universidad Estatal de Campinas muestra que siete días de entrenamiento de fuerza fueron suficientes para activar los mecanismos de degradación de lípidos

24-09-2026
PT EN
Salud
La musculación hace que las células de grasa se reduzcan incluso antes de la pérdida de peso

Estudio con ratones realizado en la Universidad Estatal de Campinas muestra que siete días de entrenamiento de fuerza fueron suficientes para activar los mecanismos de degradación de lípidos

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Los investigadores destacan que los hallazgos del estudio todavía son experimentales (imagen: Shutterstock)

 

Por Fernanda Bassette  |  Agência FAPESP – Siete días de musculación fueron suficientes para aumentar la quema de grasa visceral en ratones obesos, incluso antes de que se observara cualquier reducción de peso en la balanza. En un experimento realizado en la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp), en Brasil, los investigadores observaron que el breve período de entrenamiento de fuerza activó mecanismos implicados en la degradación de la grasa, redujo el tamaño de las células adiposas y disminuyó la adiposidad alrededor del intestino de los animales.

El estudio, publicado en la revista Life Sciences, buscó comprender qué ocurre con el tejido adiposo al inicio de la práctica de musculación, antes de que la pérdida de peso pueda interferir en los resultados. El trabajo, apoyado por la FAPESP, forma parte de una línea de investigación que desde hace casi 20 años estudia cómo el ejercicio físico influye en la salud metabólica. Desde 2007, el grupo estudia los mecanismos implicados en los efectos de la actividad física sobre afecciones como la obesidad y la diabetes. Con el avance de las técnicas de análisis molecular, los investigadores comenzaron a estudiar no solo los efectos visibles del ejercicio, como la pérdida de peso o el aumento de masa muscular, sino también los cambios que comienzan a producirse dentro de las células.

“Siempre hemos oído decir que hacer ejercicio físico quema grasa y ayuda a adelgazar. Pero pocas veces nos detenemos a pensar cómo ocurre esto, cuánto tiempo de ejercicio es necesario y qué significa esta quema de grasa”, afirma Leandro Moura, médico y profesional de educación física, profesor de la Unicamp, autor del estudio y coordinador del Exercise Cell Biology Lab (Ecebil), grupo dedicado al estudio de las adaptaciones fisiológicas, metabólicas y biomoleculares inducidas por el ejercicio físico y el deporte.

El entrenamiento

Las pruebas se realizaron con ratones machos. Un grupo recibió una alimentación estándar y otro fue sometido a una dieta rica en grasas para inducir la obesidad. Posteriormente, los animales obesos se subdividieron en dos grupos: uno permaneció sedentario y el otro inició el entrenamiento de fuerza. La dieta rica en grasas se mantuvo durante el período de ejercicio, precisamente para que la única diferencia entre ambos grupos fuera la práctica de actividad física, con el fin de aislar los efectos de la musculación.

Para simular el entrenamiento de fuerza, los ratones tenían que subir una escalera de 70 centímetros cargando un peso en la cola. Las sesiones se realizaron con el 70 % de la capacidad máxima e incluyeron 20 ascensos, con intervalos de 60 a 90 segundos. En total, fueron siete sesiones. “Calculamos cuánto peso podía cargar cada ratón al subir una escalera. Obviamente, no es posible reproducir los mismos ejercicios de musculación que realiza una persona, pero conseguimos provocar en el organismo un esfuerzo similar al de la musculación, con una contracción más intensa, simulando adecuadamente una sesión de musculación para seres humanos”, explica Moura.


Para simular el entrenamiento de fuerza, los ratones tenían que subir una escalera de 70 centímetros cargando un peso en la cola (foto: Leandro Moura)

Los análisis se centraron en el tejido adiposo mesentérico, la capa de grasa que se encuentra alrededor de los intestinos. Según Moura, este tejido es el principal representante de lo que denominamos “grasa visceral” en los seres humanos: aquella que se acumula en las zonas profundas del abdomen, entre los órganos vitales. Este tejido adiposo es mucho más perjudicial para la salud que el subcutáneo (localizado justo debajo de la piel). Cuando se encuentra en exceso, la grasa visceral libera sustancias inflamatorias directamente al torrente sanguíneo, lo que altera el metabolismo de todo el organismo.

El investigador explicó que la decisión de observar el impacto de la musculación en los animales durante solo siete días fue deliberada. Querían observar qué efectos producía la musculación en el tejido adiposo antes de cualquier pérdida de peso, ya que el propio adelgazamiento desencadena diversos beneficios en el organismo que podrían dificultar la identificación de los efectos provocados directamente por el ejercicio.

“Cuando conseguimos mantener el mismo peso corporal y observamos lo que ocurrió en el organismo, podemos aislar directamente los beneficios que produjo el ejercicio físico antes del adelgazamiento”, explica Moura. Los dos grupos de animales obesos continuaron con la misma dieta durante el experimento precisamente para evitar la introducción de otra variable.

Aunque el peso corporal total de los animales no disminuyó durante el período, los ratones que realizaron musculación presentaron una menor masa de tejido adiposo mesentérico en comparación con los animales obesos sedentarios. Además, los adipocitos (células responsables de almacenar grasa) también eran más pequeños. Y el tamaño de estas células es muy importante para la salud metabólica. En individuos obesos, el adipocito aumenta tanto de tamaño que sufre estrés crónico y comienza a secretar sustancias inflamatorias en la circulación. El hecho de que el ejercicio reduzca el tamaño de estas células demuestra que el tejido dejó de estar inflamado y se volvió metabólicamente saludable incluso antes de que se produjera cualquier cambio en la balanza.

El mecanismo metabólico involucrado

Al investigar qué estaba ocurriendo dentro de estas células, los investigadores descubrieron que la obesidad había perjudicado la acción de proteínas importantes para la lipólisis (proceso de degradación de la grasa almacenada en las células adiposas para que pueda utilizarse como fuente de energía). Después de las siete sesiones de musculación, parte de este mecanismo volvió a funcionar.

Entre las proteínas analizadas se encontraban PLIN1 (perilipina-1), ABHD5 y ATGL. De manera simplificada, la PLIN1 ayuda a controlar la grasa almacenada dentro de las células adiposas. Cuando se produce un estímulo generado por el ejercicio, la PLIN1 experimenta una modificación y libera otra proteína, la ABHD5, que actúa como una especie de activadora de la degradación de la grasa. Una vez libre, la ABHD5 puede unirse a la ATGL, una enzima que participa en el primer paso de la degradación de los triglicéridos almacenados en la célula. El estudio también encontró una reducción en la expresión del gen Scd1, implicado en la síntesis de moléculas de grasa. En la práctica, esto sugiere que el organismo se volvió menos propenso a almacenar en el tejido adiposo las calorías procedentes de la dieta.

En los ratones obesos sedentarios, la cantidad de ABHD5 estaba reducida, por lo que el mecanismo de degradación de la grasa no se encontraba activado de manera significativa. El entrenamiento de fuerza aumentó la interacción del eje ABHD5-ATGL y activó otros marcadores implicados en la lipólisis. “La población tiene la idea de que, si hizo musculación durante dos meses y no adelgazó, entonces no sirvió de nada. Pero lo que observamos en este estudio es que, con apenas siete días de entrenamiento de fuerza, incluso cuando todavía no se había producido una pérdida de peso, las vías moleculares que favorecen la acumulación de grasa estaban menos activas, mientras que aquellas que estimulan su degradación estaban más activas”, comenta Moura.

Para el investigador, los resultados ayudan a desmitificar la idea de que únicamente el ejercicio aeróbico contribuiría al adelgazamiento, mientras que la musculación serviría solamente para aumentar la masa muscular. “Los dos tipos de ejercicio activan vías similares, con diferentes intensidades, y también vías distintas. Por eso, la combinación de ambos sigue siendo la mejor recomendación y la mejor estrategia para quienes quieren adelgazar”, afirma Moura.

Próximos pasos

Es importante destacar que los hallazgos todavía son experimentales. Es decir, no se debe suponer que realizar siete días de musculación producirá los mismos efectos en los seres humanos. El trabajo se realizó únicamente con ratones machos, evaluó un solo depósito de grasa y analizó exclusivamente genes, proteínas y señales moleculares relacionadas con la degradación de la grasa.

El próximo paso del equipo será estudiar períodos más prolongados de entrenamiento para comprender cómo evolucionan estas respuestas cuando comienza a producirse la pérdida de peso. Los investigadores también están estudiando los efectos del ejercicio sobre otros depósitos de grasa, incluido el que se encuentra alrededor del corazón.

Para Moura, el estudio transmite un mensaje para quienes comienzan a hacer ejercicio y esperan una respuesta inmediata de la balanza. “Aunque todavía no veamos nada a simple vista, metabólicamente, dentro de nuestro organismo, están ocurriendo diversas señalizaciones beneficiosas para la salud, incluso para el adelgazamiento. Por eso, no debemos desanimarnos ante la falta de resultados visibles después de un período corto de musculación”, concluye el investigador.

El artículo Strength training induces ABHD5-ATGL axis to counteract mesenteric fat accumulation in obese Swiss mice puede consultarse en: www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0024320526003553.

 

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