La ley de la biodiversidad de Brasil debe adecuarse al Protocolo de Nagoya | AGÊNCIA FAPESP

La ley de la biodiversidad de Brasil debe adecuarse al Protocolo de Nagoya Esta legislación organiza la actuación brasileña como país proveedor, pero no como usuario de los recursos genéticos provenientes de otros países, según informó un investigador durante un seminario online organizado por la FAPESP

La ley de la biodiversidad de Brasil debe adecuarse al Protocolo de Nagoya

15 de abril de 2021

Por Elton Alisson  |  Agência FAPESP – Luego de ratificar al comienzo del mes de marzo el Protocolo de Nagoya sobre el Acceso y la Distribución de los Beneficios del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), Brasil deberá ahora adecuar su Ley de la Biodiversidad (13.123/2015) al acuerdo multilateral que estipula reglas internacionales para el reparto de las utilidades resultantes del uso económico de los recursos genéticos.

Sucede que la legislación sancionada en 2015 en el país organiza su actuación como proveedor, pero no como usuario de los recursos genéticos y de los conocimientos tradicionales de otros países, según sostiene Bráulio Dias, docente de la Universidad de Brasilia (UnB).

“La legislación brasileña solamente rige sobre una parte de la relación de Brasil con otros países, en su carácter de proveedor de recursos genéticos y de conocimientos tradicionales, pero no fija reglas acerca de cómo debe actuar como usuario de esos activos provenientes de otras naciones”, dijo el investigador durante su conferencia dictada en el webinario intitulado “Debate de la 15ª Conferencia de las Partes en el Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP-15)”, organizado por el Programa FAPESP de Investigaciones en Caracterización, Conservación, Restauración y Uso Sostenible de la Biodiversidad (BIOTA-FAPESP) el pasado 25 de marzo.

De acuerdo con Dias, más allá de que Brasil posee la mayor biodiversidad mundial, el país depende de recursos genéticos originarios de otros países. El sector agrícola, por ejemplo, utiliza muchos cultivares procedentes países de África y de Asia.

“Para asegurar el avance de la agricultura brasileña mediante la mejora de la productividad y el desarrollo de variedades resistentes a nuevas plagas y enfermedades y al calentamiento global, será necesario tener acceso a los recursos genéticos de otros países”, afirmó Dias.

El país dispone de grandes bancos de recursos genéticos vegetales, animales y microbianos. Los mayores son mantenidos por la estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) y por el Instituto Agronómico (IAC) de Campinas, en el estado de São Paulo.

Con todo, el problema reside en que el material depositado en dichos bancos se recolectó en buena medida hace décadas y, en muchos casos, mediante de donaciones de países como Estados Unidos.

“Esos bancos de recursos genéticos pueden no ofrecer una variabilidad suficiente como para generar nuevas soluciones destinadas a la agricultura brasileña en el futuro”, ponderó Dias.

Según el investigador, el atraso de Brasil para ratificar el Protocolo de Nagoya, aprobado en 2010 durante la Conferencia de las Partes (COP) en el Convenio de la Biodiversidad, realizada en la ciudad japonesa homónima, y ya suscrito por 129 países, generó la desconfianza fundamentalmente entre los países asiáticos y africanos de que el país no quería pagar por el reparto de beneficios generados por sus recursos genéticos.

Ahora, con la ratificación, esa desconfianza tiende a disiparse y el problema que hay que resolver con urgencia pasa a ser el de adecuar la Ley de la Biodiversidad brasileña a las reglas del Protocolo.

Un estudio a cargo del investigador y de otros colegas, aún no publicado, muestra que la legislación brasileña cumple una parte minoritaria de los más de 30 compromisos establecidos en el Protocolo de Nagoya, y la mayoría de los apartados atendidos estipula únicamente reglas para Brasil como proveedor de recursos genéticos.

“Será necesario elaborar una regulación para la legislación brasileña con miras a que contemple la condición de Brasil también como usuario de los recursos genéticos de otros países para adecuarse al Protocolo de Nagoya”, afirmó Dias.

La adhesión de Brasil al Protocolo entra en vigencia a comienzos de junio, cuando cumplirá 90 días el depósito de la carta de ratificación en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Cuando dicha ratificación entre en vigor, el país se asegurará el derecho a voto y podrá participar en las deliberaciones futuras sobre el Protocolo, cosa que sucederá a partir de la COP-15, cuya realización está prevista para el mes de octubre de este año en la ciudad de Kunming, en China.

Se espera que la ratificación del Protocolo de Nagoya por parte de Brasil estimule a otros países a hacer lo propio, a los efectos de permitir que este instrumento internacional cuente con una cantidad de miembros similar a la del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad. Este último, también instituido por el CDB, entró en vigor en el año 2013 y cuenta actualmente con la adhesión de 173 países.

“Estimo que durante los próximos meses y años otros 40 países ratificarán el Protocolo de Nagoya. Esto será sumamente importante con miras a universalizar las reglas de este acuerdo”, sostuvo Dias, quien fue secretario ejecutivo del CDB entre 2012 y 2017.

Una nueva estrategia global

Durante la COP-15 del CBD se debatirá una nueva estrategia global más ambiciosa, con el objetivo de revertir los niveles de pérdida de biodiversidad en el planeta, con duración de 30 años en lugar de diez, tal como es usual en las estrategias elaboradas por la ONU.

La idea inherente a esta estrategia reside en construir dispositivos que permitan avanzar en esa agenda con metas y objetivos medibles, según explicó Dias.

Durante la conferencia se negociarán cuatro grandes objetivos a largo plazo, para el año 2050, y otros intermedios, para 2030. El primer objetivo se relaciona con la extensión y la integridad de los ecosistemas naturales, incluyendo la conservación de las especies y la variabilidad genética. El segundo hace referencia a la oferta de servicios ecosistémicos, como el suministro de agua limpia. El tercero concierne a la utilización de recursos genéticos con reparto de sus beneficios, y el cuarto contempla la creación de medios de implementación que permitan alcanzar esas metas.

“Esto dependerá en buena medida de lo que ocurra en las negociaciones del Acuerdo de París, pues el calentamiento global se erigirá cada vez más como el principal factor de amenaza a la biodiversidad”, afirma Dias.

Según el investigador, algunas de las posiciones que ha sostenido el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil durante las últimas COP del CDB se refieren a las necesidades de los países en desarrollo, y a la adopción de una línea de base justa de cara a las asimetrías del desarrollo existentes entre los países y de medidas audaces de apoyo a su implementación.

Esta última reivindicación comprende la ampliación significativa de la movilización de los recursos financieros, la creación de un mecanismo global de pago de los servicios ambientales para incentivar la restauración y evitar el desmonte y el fortalecimiento de la implementación del reparto de beneficios por el uso de los recursos genéticos y de los conocimientos tradicionales asociados a ellos.

“En una negociación entre muchas partes como la que sucederá en la COP-15, es fundamental que la ciencia se haga presente”, subrayó Luiz Eugênio Mello, director científico de la FAPESP.

Los investigadores que cuentan con el apoyo del Programa BIOTA-FAPESP participan en la definición de las metas que se negocian durante las COP del CDB tanto mediante estudios que sirven de apoyo a las propuestas de Brasil como también porque integran organismos internacionales, como en el caso de la Plataforma Intergubernamental de Políticas Científicas sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES, por sus siglas en inglés).

En cambio, las decisiones que se toman en el ámbito del CDB influyen sobre las propias metas del Programa, sostuvo Jean Paul Metzger, docente del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo (IB-USP) y miembro de la coordinación del BIOTA-FAPESP.

“Las metas globales que se definirán en la COP-15, por ejemplo, no solamente delinearán los planes internacionales, sino que también condicionarán lo que se haga a escalas menores, como en los proyectos nacionales y estaduales, e incluso mismo en los del Programa BIOTA-FAPESP”, sostuvo Metzger.

“Quedaremos muy atentos a los resultados de las negociaciones de la COP-15 para definir el plan de acción del Programa para los próximos diez o veinte años”, afirmó.

La definición de biodiversidad y los tres objetivos del CDB –que son la conservación de la diversidad biológica, el uso sostenible de los componentes de la biodiversidad y el reparto justo y equitativo de los beneficios provenientes del uso de los recursos genéticos y el conocimiento tradicional– sirvieron de base durante la creación del Programa hace 20 años, dijo Carlos Joly, docente del Instituto de Biología de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y miembro de la coordinación del Programa BIOTA-FAPESP.

“El alineamiento del Programa a un instrumento internacional fue fundamental para que observásemos no solamente el contexto local, que es importantísimo por tratarse de la biodiversidad, sino también el contexto mundial”, afirmó Joly.

Puede accederse a la grabación completa del evento en el siguiente enlace: www.youtube.com/watch?v=Wa7qso3d7S0.
 

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