La extinción de especies aumenta a un ritmo sin precedentes, se advierte en el informe del IPBES | AGÊNCIA FAPESP

La extinción de especies aumenta a un ritmo sin precedentes, se advierte en el informe del IPBES La declinación de la biodiversidad es el resultado directo de las actividades humanas y constituye una grave amenaza al bienestar humano, destacan los autores de la primera evaluación global del estado de la naturaleza (foto: Andrey Armyagov/ Shutterstock.com - IPBES)

La extinción de especies aumenta a un ritmo sin precedentes, se advierte en el informe del IPBES

23 de mayo de 2019

Por Elton Alisson  |  Agência FAPESP – Las tasas de extinción de especies animales y vegetales están aumentando a un ritmo sin precedentes. La abundancia promedio de especies autóctonas en la mayoría de los principales hábitats terrestres ha caído al menos un 20%, fundamentalmente desde 1900. Más del 40% de las especies de anfibios, casi el 33% de los corales y más de un tercio de todos los mamíferos se encuentran amenazados.

Esta pérdida es el resultado directo de las actividades humanas y constituye una grave amenaza al bienestar humano en todas las regiones del mundo, según advierte un grupo de científicos de 50 países, Brasil inclusive. Son los autores de la primera evaluación global del estado de la naturaleza de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES, por sus siglas en inglés).

El sumario para los formuladores de políticas del informe se presentó el pasado 6 de mayo en París, tras haber sido aprobado por 132 países durante la séptima sesión plenaria del organismo, al que se lo conoce como “el IPCC de la biodiversidad”, que tuvo lugar entre los días 29 de abril y 4 de mayo en la capital francesa.

“La salud de los ecosistemas de los cuales toda la humanidad y las especies dependen se está deteriorando más rápido que nunca. Estamos erosionando los propios cimientos de nuestras economías, los medios de subsistencia, la seguridad alimentaria, la salud y la calidad de vida en todo el mundo”, dijo Robert Watson, presidente de la IPBES.

En el informe, elaborado en el transcurso de los últimos tres años por 145 expertos, con aportes de otros 310 autores, se evaluaron las alteraciones en la biodiversidad y en los servicios ecosistémicos –el suministro de alimentos y de agua, por ejemplo– durante las últimas cinco décadas. Para ello se realizó una revisión sistemática de alrededor de 15 mil fuentes científicas, gubernamentales y de conocimiento indígena y de comunidades tradicionales.

“Éste es el primer informe intergubernamental que se enfoca no sólo en la biodiversidad sino también en sus interacciones con las trayectorias de desarrollo económico y con los factores que afectan a la naturaleza, tales como los cambios climáticos”, declaró Eduardo Sonnewend Brondizio, docente de la Indiana University, de Estados Unidos, a Agência FAPESP.

“Nunca se habían reunido tantos datos de diferentes áreas, tales como las de las ciencias naturales y sociales, para llevar a cabo una evaluación pormenorizada de las condiciones del medio ambiente a escala global y desde una perspectiva integrada de interacción con la sociedad”, dijo Sonnewend Brondizio.

El científico brasileño, radicado desde hace más de 20 años en Estados Unidos, fue uno de los tres copresidentes del informe, y es uno de los investigadores responsables de un proyecto que cuenta con el apoyo de la FAPESP en colaboración con el Belmont Forum, un consorcio integrado por las principales agencias financiadoras de proyectos de investigación científica referentes a los cambios ambientales en el mundo.

Los otros brasileños autores del informe son Ana Paula Aguiar, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), Bernardo Baeta Neves Strassburg, del Instituto Internacional de Sostenibilidad (ISS), Cristina Adams, de la Universidad de São Paulo (USP), Gabriel Henrique Lui, del Ministerio de Medio Ambiente, Maria Manuela Ligeti Carneiro da Cunha, de la USP, Pedro Henrique Santin Brancalion, también de la USP, y Rafael Dias Loyola, de la Universidad Federal de Goiás (UFG).

“El aporte de los autores brasileños fue excepcional, pues todos ellos lograron contribuir desde una perspectiva social y ecológica integrada al informe. Pusieron a disposición sus respectivas especialidades, tales como ecología, políticas públicas y escenarios ambientales, en un marco interdisciplinario”, dijo Sonnewend Brondizio.

Una red cada vez menor y más desgastada

En el informe se indica que ecosistemas, especies, poblaciones silvestres y variedades locales de plantas y de animales domesticados están encogiéndose, deteriorándose o desapareciendo. De este modo, la red esencial e interconectada de la vida en la Tierra está volviéndose cada vez menor y se encuentra cada vez más desgastada.

Al menos 680 especies de vertebrados se han extinguido desde siglo XVI, y más del 9% de todas las razas domesticadas de mamíferos utilizados para la alimentación y la agricultura se había extinguido hasta 2016. Asimismo, se estima que un millón de especies animales y de vegetales se encuentran actualmente bajo amenaza de extinción.

Entre los factores responsables de esta declinación de especies se ubican, en orden decreciente, las alteraciones en el uso de la tierra y del mar, la explotación directa de organismos, los cambios climáticos, la contaminación y las especies tóxicas invasoras.

Desde 1980, las emisiones de gases de efecto invernadero se han duplicado, elevando la temperatura media global al menos 0,7 °C. El calentamiento global ya ha afectado a la naturaleza, desde el ecosistema hasta la genética de las especies, y sus impactos aumentarán durante las próximas décadas, en algunos casos superando al impacto de las modificaciones en el uso de la tierra y del mar y otros factores, según apuntan los autores.

“El sumario muestra que la situación de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos, esenciales para la calidad de vida, es aún más crítica que la del calentamiento global”, dijo Carlos Joly, docente de la Universidad de Campinas (Unicamp) y coordinador del Programa FAPESP de Investigaciones en Caracterización, Conservación, Restauración y Uso Sostenible de la Biodiversidad (BIOTA-FAPESP).

Joly coordinó el Panel Multidisciplinario de Expertos de la IPBES durante sus primeros años de existencia, junto al australiano Mark Londsdeale, de la Organización de Investigación Científica e Industrial del Commonwealth (CSIRO), y es miembro de la coordinación de la Plataforma Brasileña de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (BPBES, por sus siglas en inglés), cuya creación se inspiró en la IPBES.

En el informe también se consigna que tres cuartas partes del medio ambiente terrestre y el 66% del ambiente marino han sido significativamente alterados debido a las acciones humanas. En promedio, estas tendencias fueron menos severas o evitadas en áreas mantenidas o manejadas por pueblos indígenas y comunidades locales.

Más de una tercera parte de la superficie de tierra del planeta y casi un 75% de sus recursos de agua dulce se destinan en la actualidad a la producción agropecuaria. El valor de la producción agrícola aumentó alrededor de un 300% desde 1970, la extracción de madera se incrementó un 45% y se extraen aproximadamente 60 mil millones de toneladas de recursos renovables y no renovables globalmente por año: esta cifra casi se ha duplicado desde 1980.

Con todo, la degradación de la tierra ha reducido la productividad del 23% de la superficie terrestre global. Son 577 mil millones de dólares en cosechas globales anuales que se encuentran bajo riesgo de pérdida de polinizadores, y entre 100 y 300 millones de personas ubican bajo riesgo aumentado de afrontar inundaciones y huracanes debido a la pérdida de hábitats costeros y de protección, remarcan los autores del informe.

La contaminación plástica ha aumentado 10 veces desde 1980, y se arrojan entre 300 y 400 millones de toneladas de metales pesados, solventes, barro tóxico y otros residuos de instalaciones industriales anualmente a las aguas del mundo.

Los fertilizantes que se aplican en la agricultura y que entran en los ecosistemas costeros produjeron más de 400 “zonas muertas” oceánicas, que totalizan más de 245 mil kilómetros cuadrados (km²), un área combinada mayor que la del Reino Unido, según estimaron los investigadores.

“El informe muestra que las poblaciones más ricas o privilegiadas se han acostubrado a ignorar los problemas ambientales porque no conviven con sus impactos en su día a día. Son las poblaciones más pobres o menos privilegiadas las que están sufriendo el impacto de ese modelo de vida bajo la forma de polución, desmonte y actividades mineras en lugares que se encuentran lejos de los ojos del resto del mundo”, dijo Sonnewend Brondizio.

Según los investigadores, las tendencias negativas en la naturaleza seguirán hasta 2050. Y más allá de este período de tiempo, persisten en todos los escenarios de política explorados en el informe, excepto en aquéllos que contemplan cambios transformadores, debido a los impactos proyectados de modificaciones crecientes en el uso de la tierra, la explotación de organismos y el cambio climático, aunque con diferencias significativas entre regiones.

Pese al progreso en las políticas de preservación, los autores consideran que las metas globales para conservar y utilizar la naturaleza en forma sostenible y para alcanzar la sostenibilidad no pueden alcanzarse con las trayectorias actuales. Las metas hasta 2030 y más allá de ese período pueden alcanzarse únicamente mediante la implementación de cambios transformadores y factores políticos y tecnológicos, ponderan.

Una de las acciones recomendadas es la adopción de abordajes integrados e intersectoriales de gestión que tengan en cuenta las compensaciones de la producción de alimentos y energía, la infraestructura, el manejo del agua dulce y costera y la conservación de la biodiversidad.

“Aún no hemos llegado a un punto de irreversibilidad en la pérdida de biodiversidad y la consiguiente degradación de los servicios ecosistémicos esenciales para la calidad de vida. Si tomamos decisiones ahora, para promover juntos y en forma coordinada y cooperativa cambios transformadores integrados, inclusivos y basados en el mejor conocimiento científico disponible, es posible revertir la velocidad de la degradación”, dijo Joly.

“Y esto obligatoriamente implica que logremos cumplir las metas del Acuerdo de París, pues el calentamiento global ya constituye uno de los principales impulsores de la pérdida de biodiversidad y de la degradación de los servicios ecosistémicos”, remarcó.

Los autores también identifican como un elemento clave de políticas futuras más sostenibles la evolución de los sistemas financieros y económicos globales, apuntando a la construcción de una economía global sostenible y apartándose del actual paradigma limitado de crecimiento económico.

“El informe muestra que es necesario modificar el relato de que el desarrollo económico constituye un fin en sí mismo y que todos los costos para alcanzarlo, tales como la degradación ambiental y la desigualdad social, son inevitables y justificables”, dijo Sonnewend Brondizio.

Más información en: www.ipbes.net.

 

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