La edad compromete el sistema inmunológico y disminuye la eficacia de las vacunas | AGÊNCIA FAPESP

La edad compromete el sistema inmunológico y disminuye la eficacia de las vacunas Un estudio reveló que la "inmunosenescencia" puede estar más acentuada en los varones que en las mujeres. También se investigó la posibilidad de utilizar la bacteria P. acnes (imagen) como adyuvante en tratamientos (foto: Wikimedia Commons)

La edad compromete el sistema inmunológico y disminuye la eficacia de las vacunas

24 de marzo de 2016

Por José Tadeu Arantes  |  Agência FAPESP – De las personas que componen actualmente la población brasileña, más del 10% tiene edades superiores a los 60 años. Y a ejemplo de lo que ya sucede en Japón y en los países europeos, este porcentaje aumentará durante las próximas décadas.

Uno de los desafíos que el envejecimiento de la población plantea está relacionado con el posible aumento de las comorbilidades. Problemas cardíacos, respiratorios, de movilidad y de cognición son algunos ejemplos de morbilidades que pueden asociarse en los ancianos, y que pueden llevar eventualmente a la incapacidad de individuos que aún son productivos.

Asimismo, otros diversos estudios han demostrado que la respuesta inmune de defensa contra los patógenos y los tumores también se encuentra disminuida en los ancianos. Por un porcentaje de individuos con más de 60 años no queda inmunizado luego de las vacunaciones. Cuanto más avanzada es la edad, mayor es la cantidad de individuos que, pese a estar vacunados contra la influenza, son internados por infecciones respiratorias asociadas a patógenos.

Un estudio realizado en la ciudad de São Paulo apuntó evaluar si la población anciana residente en el municipio presentaba las mismas alteraciones en el sistema inmunológico observadas en Japón y en los países europeos. En el marco de esta investigación se buscó saber también si la Propionibacterium acnes (P.acnes), la bacteria causante del acné, podría utilizarse para estimular al sistema inmunitario de ancianos, para convertirse así –en condiciones controladas– en un adyuvante de vacunas u otras terapias.

Esta investigación, intitulada “Análisis inmunológico de individuos ancianos y propuestas de vacunación”, coordinada por Valquiria Bueno, docente de inmunología de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), contó con el apoyo de la FAPESP.

“Trabajamos con cultivos de células in vitro, utilizando, como material biológico, muestras de sangre de ancianos suministradas por el Estudio Sabe (Salud, Bienestar y Envejecimiento), de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de São Paulo, también apoyado por la FAPESP”, declaró Bueno a Agência FAPESP.

“Activamos esos cultivos con fitohemaglutinina, un mitógeno [inductor de mitosis o división celular] muy citado en la literatura, y los estimulamos también con P.acnes, para saber si, luego del estímulo, las células de ancianos presentaban respuestas similares a las de las células de personas más jóvenes”, prosiguió la investigadora.

La primera constatación indicó que, aunque el perfil inmunológico de nuestra población es sumamente heterogéneo, el patrón celular de envejecimiento en São Paulo es muy similar al descrito en Japón y en los países europeos. Cuando se consideran los valores promedio, aquí también los ancianos exhiben una disminución de sus índices de proliferación celular y de producción de citocinas [moléculas implicadas en la comunicación entre las células durante la activación de las respuestas inmunitarias]. Esto significa que el sistema inmunológico de esos individuos exhibe una menor capacidad de responder a los antígenos [proteínas capaces de desencadenar la respuesta inmunitaria] presentes en las vacunas o en nuevas infecciones.

“Cuando vacunamos a alguien, esperamos que las células circulantes del sistema inmunológico sean capaces de responder a los antígenos. Es decir, que proliferen y produzcan citocinas y anticuerpos para combatir a esas proteínas extrañas. Al hacerlo, las células alteran su fenotipo: de células vírgenes [sin experiencia], se transforman en células efectoras [experimentadas], que posteriormente se almacenan en el organismo como células de memoria. Sin embargo, en los ancianos este mecanismo aparece parcialmente modificado”, informó Bueno.

Este proceso, al que se le da el nombre de “inmunosenescencia” o “inmunopausia”, se caracteriza en la muestra por la disminución del porcentaje de células vírgenes, capaces de reconocer y responder a antígenos nuevos, y por el aumento del porcentaje de células de memoria que no son capaces de responder ante patógenos distintos a aquéllos contra los cuales ya están especializadas. Por eso, la respuesta a las vacunas, a nuevas infecciones y a tumores se vuelve menos eficaz.

Terapias diferenciadas por género

“Un hallazgo importante de nuestro estudio es el que indica que la tendencia a la inmunosenescencia está más acentuada en los varones que en las mujeres de la misma franja etaria. Los hombres tienden a acumular más células de memoria y a exhibir una mayor disminución de linfocitos vírgenes, aparte de una menor producción de citocinas. Este hallazgo sugiere que, en individuos ancianos, las terapias quizá deban aplicarse de una manera distinta, de acuerdo con el ‘género’”, afirmó la investigadora.

“Nuestros datos encuentran apoyo en estudios realizados en Japón, en los cuales se observó también que las mujeres necesitaron dosis menores de vacunas que los varones para producir la misma concentración de anticuerpos protectores”, añadió.

La investigación realizada con células in vitro en la Unifesp también corroboró datos obtenidos en un estudio poblacional realizado en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Campinas (FCM-Unicamp), intitulado “Internaciones por enfermedades respiratorias en ancianos y la intervención vacunal contra influenza en el estado de São Paulo”. Dicho estudio, coordinado por Priscila Maria Stolses Bérgamo Francisco, mostró que la incidencia de enfermedades respiratorias en personas vacunadas es del 4% para mujeres y del 7% para varones en la franja de los 60 años, y de algo menos del 30% para mujeres y casi un 50% para varones en la franja de los 80 años.

“La vacunación debe seguir adelante, por supuesto. Pero es necesario hacer algo más apuntando a mejorar la respuesta vacunal”, comentó Bueno. “Un procedimiento testeado en un grupo controlado de ancianos de Japón consistió en reemplazar la dosis única anual de vacuna contra influenza por dos o tres dosis menores, escalonadas en intervalos de seis o cuatro meses. La dosificación de la vacuna estimula al sistema inmunológico varias veces. Y aparentemente, esto tiene un efecto mejor que la administración en dosis única.”

Aunque puede perfeccionárselo, quizá siguiendo el ejemplo de Japón, el sistema de vacunación pública implementado en Brasil, basado en campañas masivas, es mejor que el de algunos países europeos. En España, por ejemplo, la red pública sólo vacuna a los ancianos cuando éstos se encuentran internados.

En la investigación del eventual empleo de la P.acnes como adyuvante vacunal, se contó con la colaboración de la profesora Ieda Maria Longo Maugéri, de la Escuela Paulista de Medicina (EPM) de la Unifesp, quien actualmente lleva adelante el estudio intitulado “El efecto adyuvante de la Propionibacterium acnes y de su fracción polisacarídica purificada sobre la inmunogenicidad de una vacuna para el virus de la inmunodeficiencia humana tipo 1 (VIH-1)”, también con el apoyo de la FAPESP.

“Verificamos que la P.acnes aumentó discretamente la proliferación de linfocitos B [productores de anticuerpos]. Pero lo propio no sucedió con relación a los linfocitos T [productores de citocinas y estimuladores de otras células]”, dijo Bueno.

“Es probable que la P.acnes tenga estructuras capaces de unirse a los receptores del tipo toll de los linfocitos B, induciendo así su proliferación. En tanto, en el caso de los linfocitos T, yo creo que sería necesario que haya células dendríticas [que presentan antígenos] intermediando el proceso para que el antígeno presente en la bacteria inactivada pueda tener el efecto adyuvante deseado. En decir, para que haya un incremento de la respuesta vacunal, aparte de la P.acnes, la vacuna debería contener también células dendríticas”, conjeturó la investigadora.

Aparte de los resultados obtenidos, el proyecto hizo posible que Valquiria Bueno y sus colaboradores estableciesen una amplia red de contactos con investigadores de otras instituciones, tales como el grupo que desarrolla el Estudio Sabe, bajo la coordinación de la profesora Maria Lúcia Lebrão, en la Universidad de São Paulo, y el Institute of Inflammation and Ageing, dirigido por la profesora Janet Lord, en la Universidad de Birmingham, del Reino Unido.

Se encuentra actualmente en curso una colaboración entre el equipo brasileño y el equipo británico que cuenta con el apoyo de la FAPESP mediante un convenio con el British Council y con el Newton Fund. Los grupos asociados están finalizando la elaboración de un libro, The Ageing Immune Systen and Health, cuya publicación está prevista para este mismo año 2016 por editorial Springer, y también están organizando el workshop intitulado “Ageing and health: how to get there?”.

 

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