La agroecología surge como un nuevo mercado para la agricultura campesina | AGÊNCIA FAPESP

En su conferencia durante la FAPESP Week France, el profesor de la Unesp Bernardo Mançano Fernandes sostuvo que los movimientos socioterritoriales están creando alternativas al agronegocio basadas en el desarrollo sostenible y en la comida sana (foto: el asentamiento Sepé Tiaraju, del MST, en el estado de São Paulo/ Douglas Mansur, NERA-Unesp)

La agroecología surge como un nuevo mercado para la agricultura campesina

28 de noviembre de 2019

Por Maria Fernanda Ziegler, desde Lyon  |  Agência FAPESP – En 2019, integrantes del Movimiento Sin Tierra (MST) del estado de Rio Grande do Sul celebraron una cosecha estimada en 16 mil toneladas de arroz orgánico y agroecológico, la mayor producción de este tipo en todo Brasil. Son 363 familias instaladas en 15 asentamientos las que trabajan en la producción de ese arroz.

En el sur del estado de Minas Gerais, 20 familias del palenque Campo Grande producen el café orgánico y agroecológico Guaií, reconocido internacionalmente por su alta calidad. El proceso de producción, coordinado por dos colectivos de mujeres, también es libre de agrotóxicos.

En tanto, en el estado de Ceará, pequeños productores rurales de la zona de Chapada do Apodi, tras años de enfrentamientos con las grandes corporaciones agrícolas y un enorme esfuerzo para recuperar tierras, crearon un nuevo mercado regional de venta de mandioca y frijoles orgánicos. A esa zona se la conoce por su gran producción de bananas de exportación y también por la contaminación con agrotóxicos.

“Son tres ejemplos de tres regiones de Brasil, pero podría hablar de casos en todas las regiones del mundo. Se trata de un proceso de resistencia y de superación de la cuestión agraria global. Tras décadas de subordinación al agronegocio, los movimientos socioterritoriales han creado su propio sistema alimentario basado en la agroecología”, dijo Bernardo Mançano Fernandes, docente del Departamento de Geografía de la Facultad de Ciencias y Tecnología y del Instituto de Políticas Públicas y Relaciones Internacionales de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), durante su conferencia en la FAPESP Week France.

De acuerdo con el geógrafo, si bien los economistas y los gobiernos han apostado durante mucho tiempo a que la solución para esa población residía en producir commodities para el agronegocio, los movimientos entendieron que es posible producir para la sociedad sin intermediarios y crear un nuevo mercado.

De este modo, algunos movimientos campesinos brasileños innovaron con la creación de un nuevo sistema alimentario. “Este nuevo sistema se basa en los principios de la soberanía alimentaria, con experiencias de producción agroecológica, industria familiar y mercados populares, además, por supuesto, de la lucha por la tierra. Hasta hace poco tiempo, esos campesinos pasaban por procesos de desterritorialización, cuando, debido a presiones económicas, se veían expropiados de sus tierras. Pero recientemente ha habido una reterritorialización, y han venido intentando regresar a las tierras”, dijo.

Mançano Fernandes coordina la Cátedra Unesco de Educación del Campo y Desarrollo Territorial que, mediante un acuerdo entre la Unesp, la propia Unesco y Vía Campesina, creó el primer programa de posgrado para la población de territorios tradicionales orientado hacia el desarrollo territorial sostenible.

Los movimientos socioterritoriales indígenas, de remanentes de palenques o campesinos tienen en sus territorios su condición de existencia. “Es gente que no existe sin sus territorios”, dijo.

De acuerdo con Mançano Fernandes, durante las décadas de 1970 y 1980, varios gobiernos intentaran poner en práctica políticas tendientes a la “integración” de esas poblaciones a la producción de commodities agropecuarias. “Así fue como pasaban a producir commodities a pequeñas escalas para las grandes corporaciones. Sin embargo, pese a que se le denominó integración a ese proceso, fue a decir verdad un proceso de subordinación, pues se les generó una serie de problemas a esas familias y sus territorios, tales como la pobreza y la pérdida de tierras”, dijo.

Cuando el territorio campesino o indígena produce para venderle a las grandes corporaciones, se somete a una condición de subordinación, a juicio del investigador. “En ese caso, representan tan solo una parte de la producción a gran escala destinada a la exportación. Durante este período, esas poblaciones fueron expropiadas de sus territorios donde era imposible vivir a causa del uso intensivo de plaguicidas”, dijo.

Según Mançano Fernandes, a partir de la década de 1990 surgió un nuevo concepto –el de soberanía alimentaria– creado por los movimientos socioterritoriales, con Vía Campesina a la delantera, basado en la agroecología, la agricultura desde una perspectiva ecológica. “Esto ocurre en casi todos los países del mundo y, por supuesto, también en Brasil, pues existe una demanda cada vez mayor de elaboración de comida sana. Es un mercado nuevo”, dijo.

“No es tan solo una cuestión de ser contrario al agronegocio. Me refiero a distintos sistemas de producción, con diferentes relaciones sociales y diversos modos de uso de los territorios. Los campesinos y los indígenas, por ejemplo, viven y producen en sus territorios, por eso no pueden contaminarlos con pesticidas. El agronegocio separó el lugar de la producción y el lugar de vivir”, dijo.

La venta directa al consumidor

Otra característica de este fenómeno mundial ligado al movimiento campesino de remanentes de palenques [quilombolas] y poblaciones originarias reside en no competir con el modo tradicional de monocultivo, en grandes propiedades de tierra y con uso de agrotóxicos. “Es otra lógica. No tiene sentido que la agroecología compita con el modo capitalista del agronegocio. Son modelos distintos de producción y de productos, con cualidades y escalas distintas”, dijo.

Según esta misma lógica, los productos orgánicos y agroecológicos no se les venden a las grandes corporaciones, sino que se comercializan en ferias, mercados institucionales y almacenes de las cooperativas. “Están creando nuevos mercados y relaciones con las comunidades que apoyan a los agricultores, al ofrecer servicios de canastas orgánicas y agroecológicas que se les venden directamente a los consumidores. También les venden a escuelas y hospitales”, dijo.

De acuerdo con Mançano Fernandes, todas las familias agricultoras que producen arroz, frijoles, mandioca y café en las zonas antes mencionadas de Rio Grande do Sul, Ceará y Minas Gerais fueron subordinadas al modelo del agronegocio. “Ahora, organizadas en el Movimiento Sin Tierra, han recuperado sus territorios y han pasado a producir alimentos orgánicos y agroecológicos, pues entendieron que era la única forma de seguir existiendo”, dijo.

Mançano Fernandes remarca que, si bien es el movimiento más conocido, el MST es tan solo uno de los 126 movimientos socioterritoriales catalogados en Brasil por DATALUTA, el Banco de Datos de la Lucha por la Tierra, del Núcleo de Estudios, Investigaciones y Proyectos de Reforma Agraria (NERA), de la Unesp.

El simposio FAPESP Week France se realizó entre los días 21 y 27 de noviembre merced a una colaboración entre la FAPESP y las universidades de Lyon y de París, ambas de Francia. Lea otras noticias sobre este evento en: http://www.fapesp.br/week2019/france/.
 

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