El desmonte puede intensificar el proceso de calentamiento global | AGÊNCIA FAPESP

El desmonte puede intensificar el proceso de calentamiento global El avance de la tala de bosques tropicales puede elevar la temperatura global 0,8 °C, pese a la disminuición de las emisiones de GEI, advierten científicos en un artículo publicado en Nature Communications (foto: GoAmazon)

El desmonte puede intensificar el proceso de calentamiento global

08 de marzo de 2018

Por Karina Toledo  |  Agência FAPESP – El proceso de calentamiento global puede transcurrir de manera más intensa de lo que indicaban los pronósticos iniciales en caso de que no se logre frenar la deforestación, en particular en las zonas tropicales del planeta.

Esta advertencia, emitida por un grupo internacional de científicos, salió publicada en Nature Communications. Entre los autores del texto se encuentran los brasileños Paulo Artaxo, docente del Instituto de Física de la Universidad de São Paulo (IFUSP), y Luciana Varanda Rizzo, docente del Instituto de Ciencias Ambientales, Químicas y Farmacéuticas de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp).

“De seguir destruyendo los bosques al ritmo actual –de alrededor de 7 mil km² por año en el caso de la Amazonia–, dentro de tres o cuatro décadas tendremos una gran pérdida acumulada. Y esto intensificará el proceso de calentamiento del planeta, independientemente del esfuerzo realizado para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)”, declaró Artaxo a Agência FAPESP.

Las conclusiones de este estudio se basan en trabajos de modelado computacional y en mediciones realizadas en bosques bajo la coordinación de Catherine Scott, investigadora de la Universidad de Leeds, en el Reino Unido.

Al cabo de años reuniendo información sobre el funcionamiento de los bosques tropicales y templados, los gases que emite la vegetación y sus impactos sobre la regulación del clima, el grupo estuvo en condiciones de reproducir matemáticamente las condiciones atmosféricas actuales del planeta, incluso con referencia a las concentraciones de aerosoles, compuestos orgánicos volátiles (VOCs, por sus siglas en inglés) antropogénicos y biogénicos, ozono, dióxido de carbono, metano y también a los restantes factores que influyen sobre la temperatura global, entre ellos el llamado albedo de superficie (la fracción de la radiación solar que se refleja y vuelve al espacio en comparación con la fracción absorbida, que cambia de acuerdo con el tipo de cobertura de la superficie).

En el estudio se empleó un modelo numérico de la atmósfera desarrollado en la Met Office, la agencia nacional de meteorología del Reino Unido.

“Después de que logramos regular el modelo a los efectos de reproducir las condiciones actuales de la atmósfera terrestre y el aumento de la temperatura del planeta registrado desde 1850, realizamos una simulación en la cual se mantenía el mismo escenario, pero se eliminaban todos los bosques. El resultado de la misma fue una elevación significativa de 0,8 °C en la temperatura medida. En otras palabras, actualmente el planeta estaría en promedio casi 1 °C más cálido si no existiesen bosques”, comentó Artaxo.

Los estudios revelaron además que la diferencia que se observa en las simulaciones obedece fundamentalmente a las emisiones de BVOCs (compuestos orgánicos volátiles biogénicos) provenientes de los bosques tropicales.

“Al oxidarse, los BVOCs dan origen a partículas de aerosoles que enfrían el clima, pues reflejan parte de la radiación solar nuevamente hacia el espacio. Una vez que la selva ha sido talada, deja de emitir BVOCs, y este enfriamiento deja de existir, lo que deriva en un calentamiento futuro. Este efecto no se tenía en cuenta en los modelados anteriores”, comentó Artaxo.

Según el investigador, los bosques templados producen VOCs distintos y con una menor capacidad de dar origen a las referidas partículas enfriadoras.

La reunión de datos

Tal como se pone de relieve en el artículo, la vegetación cubre actualmente una tercera parte del área continental del planeta, que es una fracción mucho menor que la que existía antes de la intervención humana. Grandes áreas forestales de Europa, Asia, África y América han sido taladas.

La información referente al funcionamiento de los bosques tropicales empezó a recabarse en 2009 en la Amazonia, bajo la coordinación de Artaxo, en el marco de dos Proyectos Temáticos apoyados por la FAPESP: “GoAmazon: la interacción de la pluma urbana de Manaos con las emisiones biogénicas de la Selva Amazónica” y “Aeroclima: los efectos directos e indirectos de los aerosoles sobre el clima de la Amazonia y del Pantanal”.

Los datos referentes a los bosques templados se obtuvieron en Suecia, Finlandia y Rusia, bajo la coordinación de Erik Swietlicki, de la Universidad de Lund (Suecia).

“Cabe subrayar que en este artículo no hemos abordado el impacto directo e inmediato de los incendios, tal como es el caso de las emisiones de carbono negro [a las que se considera un factor importante en el calentamiento global, debido a la alta capacidad de esas partículas de absorber la radiación solar]. El mismo existe, pero dura tan sólo algunas semanas. Estamos observando los efectos a largo plazo sobre la variación de la temperatura”, afirmó Artaxo.

Según el profesor del IFUSP, el desmonte altera definitivamente la cantidad de aerosoles y de ozono existentes en la atmósfera del planeta, lo cual cambia todo el balance radiactivo de la atmósfera.

“A partir de este estudio, ha aumentado la importancia de mantener la selva de pie. No solamente urge detener su destrucción sino también pensar en políticas de reforestación a gran escala, fundamentalmente en las zonas tropicales. De lo contrario, servirá de muy poco el esfuerzo tendiente a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la quema de combustibles fósiles”, dijo Artaxo.

Puede leerse el artículo intitulado Impact on short-lived climate forcers increases projected warming due to deforestation (doi:10.1038/s41467-017-02412-4), de C. E. Scott, S. A. Monks, D. V. Spracklen, S. R. Arnold, P. M. Forster, A. Rap, M. Äijälä, P. Artaxo, K. S. Carslaw, M. P. Chipperfield, M. Ehn, S. Gilardoni, L. Heikkinen, M. Kulmala, T. Petäjä, C. L. S. Reddington, L. V. Rizzo, E. Swietlicki, E. Vignati y C. Wilson, en el siguiente enlace: nature.com/articles/s41467-017-02412-4

 

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