El agua de mala calidad puede causar déficit de estatura entre los niños | AGÊNCIA FAPESP

El agua de mala calidad puede causar déficit de estatura entre los niños Según Helen Raikes, investigadora de la University of Nebraska-Lincoln, las repetidas infecciones bacterianas al comienzo de la vida pueden alterar definitivamente la capacidad intestinal de absorción de nutrientes (foto: Marcelo Casal Jr./ Agência Brasil)

El agua de mala calidad puede causar déficit de estatura entre los niños

21 de septiembre de 2017

Por Karina Toledo, desde Lincoln (EE.UU.)  |  Agência FAPESP – La disminución de las tasas de mortalidad infantil fue una de las metas estipuladas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en el año 2000, en el marco de los Objetivos del Milenio. Y fueron muchos los avances que efectivamente se han concretado en tal sentido durante las dos últimas décadas en todo el mundo. 

“Los niños están sobreviviendo más, tanto en los países desarrollados como en las naciones en desarrollo. Pero muchos de ellos no están prosperando como podrían, y no logran alcanzar su potencial de desarrollo cognitivo y físico. Esto tiene grandes implicaciones para los países”, afirmó la investigadora Helen Raikes, de la Escuela de Educación y Ciencias Humanas de la University of Nebraska-Lincoln, en Estados Unidos. 

En una conferencia dictada el pasado martes 19, durante la FAPESP Week Nebraska-Texas, Raikes se refirió a la falta de saneamiento básico y de acceso al agua potable de calidad, que pueden estar en el origen de problemas tales como el déficit de estatura y de otras condiciones asociadas con la desnutrición. 

“Ha quedado bien establecida la relación entre los episodios frecuentes de diarrea y la mortalidad infantil. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que infecciones bacterianas repetidas también pueden tener efectos sobre las vellosidades intestinales y sobre el perfil de la microbiota, perjudicando la absorción de nutrientes para el resto de la vida”, comentó la investigadora. 

Cuando el problema ocurre en períodos de alta vulnerabilidad, como lo son los primeros dos años de vida, los daños pueden ser definitivos. Según Raikes, tres áreas se ven particularmente comprometidas: el desarrollo cognitivo, la estatura, y el microbioma intestinal (fuertemente relacionado con la salud metabólica y la inmunidad). “Tal condición genera grandes disparidades en el desarrollo de niños de distintos contextos socioeconómicos y ocasiona una pérdida de potencial humano”, afirmó la investigadora. 

Tal como comentó Raikes, la neurociencia ha demostrado que las experiencias que un individuo vive durante sus primeros años se incorporan al organismo y construyen las bases de las experiencias futuras. Un período de desarrollo, dijo la investigadora, se construye con base en el período anterior. 

El panorama en el norte de Brasil 

Marly Augusto Cardoso, docente de la Facultad de Salud Pública (FSP) de la Universidad de São Paulo (USP), en Brasil, también abordó durante su conferencia la importancia de los primeros mil días de vida para el desarrollo infantil. La investigadora presentó el pasado martes 19 los resultados de un estudio que se llevó a cabo durante una década (2003-2012) en el municipio de Acrelândia (en el estado norteño de Acre) con alrededor de mil niños menores de 10 años. 

“Lo que llama la atención en esa zona con relación al panorama brasileño en general es que la desnutrición infantil –y por consiguiente, el déficit de estatura y la prevalencia de la anemia– no está disminuyendo tan fuertemente como en otros estados brasileños. Acre todavía exhibe indicadores de salud infantil sumamente precarios. Los episodios de diarrea en niños pequeños, por ejemplo, son mucho más frecuentes que en otras regiones”, sostuvo Augusto Cardoso. 

Al mismo tiempo, según le comentó la investigadora a Agência FAPESP, es posible observar un aumento de peso excesivo entre los niños en edad escolar, cuya causa probablemente reside en el reemplazo del patrón alimentario tradicional por el moderno, compuesto principalmente por productos industrializados.  

“Esto configura un escenario de doble carga de enfermedades relacionadas con el estado nutricional: aún hay deficiencias que no se han subsanado completamente, y al mismo tiempo, riesgos de aumentos excesivos de peso que predisponen a padecer enfermedades cardiovasculares y metabólicas durante la vida adulta”, comentó. 

La investigación en Acrelândia se realizó con el apoyo de la FAPESP, durante el doctorado de Bárbara Hatzlhoffer Lourenço. 

Actualmente, Augusto Cardoso coordina un Proyecto Temático en cuyo marco se pretende detectar en el municipio de Cruzeiro do Sul –el segundo de Acre en cuanto a población, situado en una región de paludismo endémico– factores que pueden potenciar tanto la promoción de la salud durante la vida escolar y la adolescencia como la disminución de factores de riesgo durante la vida adulta. 

Este estudio de base poblacional, que comenzó en 2015, apunta a la realización de un seguimiento de los determinantes de la salud materno-infantil desde la gestación y el parto, y hasta el final del segundo año de vida. Participan en el mismo alrededor de 1.500 familias atendidas en la única maternidad de la ciudad, merced a una colaboración entablada con agentes del Programa de Salud de la Familia (PSF). También colaboran en este estudio docentes y alumnos de la Universidad Federal de Acre (UFAC). 

“El proyecto contempla diversos ejes. Investigaremos deficiencias nutricionales en las madres y en los niños, riesgos de infección por malaria y dengue, aumento de peso precoz y prácticas alimentarias de las madres. Pretendemos también estudiar la microbiota intestinal de los voluntarios y realizar análisis epigenéticos [para entender de qué manera están modulando la expresión de los genes los factores ambientales]”, comentó Augusto Cardoso. 

Un estudio piloto realizado con 500 embarazadas del mismo municipio mostró que el 19% corresponde a adolescentes, un índice más alto que la media nacional. Asimismo, un 24% está con sobrepeso, un 18,7% no aumentó de peso lo suficiente durante el embarazo y un 59%, en contraposición, aumentó de peso excesivamente durante el período (aunque no necesariamente las gestantes tenían un peso que se ubicase por encima de la media considerada ideal cuando se las evaluó). El índice de anemia durante el tercer trimestre gestacional fue del 17,5%, y el 13,4% presentaba deficiencia de vitamina A. 

“Algo que ya hemos podido notar es que la malaria gestacional constituye un problema omitido, y sabemos que puede ser una de las causas del bajo peso al momento de nacer”, afirmó. 

El día anterior, también durante la programación de la FAPESP Week Nebraska-Texas, Susan Sheridan, directora del Centro Nebraska de Investigaciones de la Infancia, la Juventud, la Familia y la Escuela, presentó una serie de estudios orientados a la promoción de la salud mental familiar y a hacer posible de ese modo un mejor desarrollo infantil. 

Según Sheridan, en un trabajo colaborativo realizado por investigadores de Brasil y de Nebraska, se arribó a la conclusión de que cuando los padres tienen una relación sólida, los niños van mejor. Esta línea de investigación apunta actualmente a identificar intervenciones que mejoran las relaciones familiares, tales como la teleterapia. Más información en: cehs.unl.edu/cehs/brasil

 

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