Descubierto el ancestro silvestre del urucú | AGÊNCIA FAPESP

Descubierto el ancestro silvestre del urucú Datos arqueológicos revelan que los indios del valle de Peruaçu, en el estado brasileño de Minas Gerais, utilizaban el pigmento del achiote hace entre 500 y 1.000 años (foto: semilla de urucú cultivado/ Juliana Lins)

Descubierto el ancestro silvestre del urucú

18 de febrero de 2016

Por Peter Moon  |  Agência FAPESP – De las semillas del achiote o urucú –también llamado bija u onoto– se extrae un pigmento de color rojo intenso de uso milenario entre los indios amazónicos. Los colonizadores europeos lo utilizaron como un sustituto del azafrán, y hoy en día es muy común en la cocina brasileña, donde se lo conoce como colorau. Según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), la producción brasileña fue de 12 mil toneladas en 2012. De dicho total, el 60% se destinó a la fabricación de colorau, el 30% a la fabricación de colorantes y el 10% a la exportación para su uso en la industria de cosméticos.

Pese a su importancia económica, culinaria, cultural e histórica, aún no se conocía el origen de su domesticación. No se había identificado cuál sería el ancestro silvestre del achiote (Bixa orellana), el arbusto domesticado del que se extrae el pigmento en cuestión. Pero ahora sí. Investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa) y de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq-USP, en São Paulo) lograron identificar a la misteriosa especie que dio origen al urucú. Se trata de un arbusto llamado Bixa urucurana.

En el marco de este trabajo, también se identificó la zona de la domesticación original de la especie: el norte de América del Sur (probablemente los estados brasileños Pará o Rondônia) y el Caribe, donde se hallaron los vestigios paleobotánicos más antiguos de la especie. El artículo con la identificación de la bija silvestre salió publicado en el periódico Economic Botany.

El trabajo, cuya investigadora responsable es Elizabeth Ann Veasey, de la Esalq, cuenta con el apoyo de la FAPESP.

De acuerdo con la bióloga Priscila Ambrósio Moreira, del Inpa, muchas plantas existentes en las áreas de habitabilidad y uso humano de la Amazonia están consideradas como domesticadas porque se modificaron tanto con respecto a sus ancestros silvestres que se volvieron dependientes de la acción humana para propagarse. “Y ése es el caso del urucú. No encontramos urucú con producción abundante de pigmento rojo o anaranjado en cualquier lugar. Está siempre asociado a áreas manejadas por humanos”. Pero, ¿cuál sería el origen de esta planta?

En 1946, el botánico y entomólogo italiano Adolpho Ducke (1876-1959) postuló la hipótesis de que el urucú que conocemos se habría originado en un gran árbol que crece en el sudoeste de la Amazonia, explica Ambrósio Moreira. ¿Cómo arribó Ducke a esa hipótesis? “Al recolectar plantas en la Amazonia, habría escuchado de boca de los habitantes locales hablar de la existencia de un urucú de monte, cuyo nombre científico es Bixa excelsa, un gran árbol de fruto parecido al urucú de jardín.”

La sospecha de Ducke quedó descartada cuando los investigadores ponderaron que la mera recolección de semillas en la selva y el cultivo en jardines difícilmente transformaría un árbol de 30 metros de altura en un arbusto de entre 2 y 3 metros tal como se lo encuentra en los patios actualmente.

Ecología del urucú

¿Habrían existido otros tipos de urucú de monte en la Amazonia? “Nuestra hipótesis para identificar al ancestro del urucú consistió en una sumatoria de evidencias, tanto de la botánica como del conocimiento de las familias ribereñas sobre la ecología del urucú”, explica la botánica.

Una evidencia que ayudó en la identificación provino de los relatos de la población ribereña del estado Pará sobre la existencia de un urucú de monte que aparecía espontáneamente en los jardines y que lograba cruzarse con la especie cultivada. “Y lo más importante”, dice Priscila Ambrósio Moreira, “es que los relatos daban cuenta de que, luego del cruzamiento, la generación siguiente del urucú cultivado se parecía más al tipo silvestre. Es decir, producía menos pigmento en sus semillas, que es la principal parte de la planta en lo que al uso del hombre se refiere. Esto demuestra que esas dos especies logran cruzarse, pero que existe una prevalencia del tipo silvestre.”

Al investigarse en la literatura, se terminó llegando al trabajo del botánico, naturalista y viajante alemán Carl Ernst Otto Kuntze (1843-1907), quien describió en 1891 a la especie B. orellana. Hace más de 120 años, Kuntze ya había observado que otra planta, la B. urucurana, sería de la misma especie que el urucú cultivado.

La especie Bixa urucurana es un urucú de monte, pero no es un gran árbol sino un arbusto, al igual que el urucú de los jardines. “La única especie descrita de urucú arbustivo es la B. urucurana”, dice Priscila Moreira.

Este urucú silvestre crece siempre asociado a cursos de agua en áreas abiertas. Forma manchas con varios ejemplares. “Encontramos una mancha con unos 70 ejemplares a orillas de un río y varios otros dispersos a lo largo de la barranca en la margen de ese mismo río”. El urucú silvestre tiene frutos menores, más redondeados y con poco pigmento. Según Priscila Ambrósio Moreira, “la especie silvestre casi no produce pigmento. En tanto, la domesticada posee una producción abundante. Sus semillas se recogen en frutos maduros y se dejan a secar. Están recubiertas por una capa aceitosa rojiza, que es el pigmento”.

Existe una característica curiosa que difiere en ambas especies de urucú, asevera la investigadora. Mientras que en el urucú cultivado se abre el fruto sólo cuando está maduro, y así quedan expuestas sus semillas, en la especie silvestre los frutos se mantienen cerrados. “Si la Bixa urucurana es efectivamente el ancestro silvestre de la especie domesticada, estamos observando un cambio en la capacidad de dispersión de las semillas que escapa a la regla. Generalmente, la domesticación promueve la pérdida de la dispersión espontánea de las semillas. Con el maíz fue así. En el caso de urucú, parece ser al contrario. Cuando se lo domesticó, el fruto pasó a abrirse espontáneamente. La mayor producción de semillas y de pigmento pueden haber generado indirectamente una presión por la apertura del fruto cuando éste se encuentra maduro.”

La geografía de la domesticación

Otro dividendo importante de la investigación consistió en haber conseguido apuntar el probable lugar donde se concretó la domesticación del urucú. Datos arqueológicos revelan que los indios del valle de Peruaçu, en el estado de Minas Gerais, lo utilizaban hace entre 500 y 1.000 años. En excavaciones realizadas en Colombia, se encontraron semillas carbonizadas de hasta 1.300 años. Estudios lingüísticos demuestran que el nombre pre maya del urucú ya era usado en América Central hace 2.400 años. En asentamientos prehistóricos en el centro del Perú se hallaron indicios del pigmento que datan de tres mil años. Pero los indicios más antiguos del uso del urucú provienen de un sitio arqueológico ocupado hace 3.600 años en la pequeña isla de Saba, una colonia holandesa en las Antillas, en el mar del Caribe.

Pese a tantos indicios, luego del descubrimiento del urucú silvestre, todo lleva a creer que la especie de jardín fue domesticada en el norte de América del Sur. Y la explicación para ello es sencilla. El urucú silvestre B. urucurana no existe en ningún otro lugar de América del Sur, ni mucho menos en América Central o en el Caribe. “Puede ser que exista B. urucurana en el Caribe, pero hasta ahora no se lo ha registrado en los herbarios. De existir la especie en esa zona, puede sean unos pocos ejemplares que lograron dispersarse hasta allá. En tanto, en la Amazonia, registramos su existencia e, incluso, densificaciones de plantas, lo cual demuestra que es un área central de la distribución de la especie”, argumenta Ambrósio Moreira.

“De la misma manera, aunque en el Caribe los registros paleobotánicos de bija datan de alrededor de 3.600 años atrás, la ausencia en la Amazonia no descarta la posibilidad de que, en breve, los arqueólogos que trabajan en la región encuentren semillas de urucú tanto o más antiguas que las del Caribe”, dice la bióloga.

Variaciones de la especie

Para que se encuentre el área de domesticación del urucú, será necesario aguardar los resultados de los estudios genéticos que comprobarán si el urucú silvestre y el doméstico son efectivamente variaciones de una misma especie. Tal estudio está a cargo del biólogo Gabriel Dequigiovanni, coautor de este trabajo y doctorando en la Esalq, con sede en la localidad de Piracicaba (São Paulo). Esta investigación cuenta con el apoyo de la FAPESP.

Según la supervisora de Dequigiovanni, Elizabeth Ann Veasey, del Departamento de Genética de la Esalq, ya se ha realizado el trabajo con marcadores microsatélites de poblaciones silvestres (B. urucurana) y domesticadas (B. orellana) del urucú. “Ambas especies se separan, pero no totalmente. Ha de existir un flujo genético entre ellas”, dice Veasey. “Nuestra hipótesis indica que se trata de variedades diferentes de urucú.”

Para arribar a una definición, el próximo paso es la secuenciación genética de regiones del ADN del cloroplasto, el orgánulo de las células vegetales donde se procesa la fotosíntesis. “Dequigiovanni reunió una buena cantidad de muestras cultivadas y silvestres de urucú. También recolectó en herbarios muestras de varias especies del género Bixa y de otras especies de la misma familia. Ahora vamos a compararlas para obtener una respuesta más concreta”. Veasey cree que los resultados del trabajo surgirán a partir de mediados de 2016. Pero la investigación ha suministrado ya un dividendo: “Es difícil saber cuál fue el centro de evolución del urucú, pero ya sabemos dónde fue domesticado. El centro de domesticación de la especie se encuentra en el sudoeste de la Amazonia”, revela la investigadora. Es muy pero muy lejos del Caribe.

El trabajo de identificación del origen del urucú cuenta con la coordinación de Charles Clement, del Inpa, con sede en Manaos. En su laboratorio se ha apuntado a identificar y localizar ancestros silvestres de plantas útiles a los humanos en la Amazonia, tales como la Crescentia cujete, utilizada para fabricar potes o totumas para la sopa conocida como tacacá, el anón amazónico, la mandioca, el manuduvirá, el cacao, la castaña de Brasil y el pequiá. “Eso es importante para ayudar a contar la historia de la Amazonia a partir del uso de sus plantas desde hace al menos 8.000 años”, argumenta Ambrósio Moreira. “La investigación también ayuda en la localización de áreas de patrimonio histórico en la Amazonia y de prácticas humanas –de pobladores ribereños e indígenas– que deben preservarse.”

Puede leerse el artículo The Domestication of Annatto (Bixa orellana) from Bixa urucurana in Amazonia, de Priscila Ambrósio Moreira, Juliana Lins, Gabriel Dequigiovanni, Elizabeth Veasey y Charles Clement, en Economic Botany, en la siguiente dirección: http://link.springer.com/article/10.1007%2Fs12231-015-9304-0.

 

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