La reversión de los problemas, ya a los ocho meses, se atribuye al compromiso de las madres (imagen: one_life/Pixabay)

Desarrollo infantil
Bebés expuestos a la pobreza presentan retrasos en el desarrollo motor ya a los seis meses
05-03-2026

Análisis realizados por investigadores de la Universidad Federal de São Carlos mostraron que la condición puede revertirse fácilmente mediante estímulos y estrategias simples, lo que refuerza la necesidad de programas dirigidos a esta población

Desarrollo infantil
Bebés expuestos a la pobreza presentan retrasos en el desarrollo motor ya a los seis meses

Análisis realizados por investigadores de la Universidad Federal de São Carlos mostraron que la condición puede revertirse fácilmente mediante estímulos y estrategias simples, lo que refuerza la necesidad de programas dirigidos a esta población

05-03-2026

La reversión de los problemas, ya a los ocho meses, se atribuye al compromiso de las madres (imagen: one_life/Pixabay)

 

Por Maria Fernanda Ziegler  |  Agência FAPESP – La pobreza puede afectar el desarrollo motor de los bebés ya a los seis meses de edad. Esa es la conclusión del primer estudio brasileño que investigó mes a mes la cantidad y la calidad del desarrollo motor y su relación con la vulnerabilidad socioeconómica en los primeros meses de vida. Realizado por investigadores de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), en el estado de São Paulo, el trabajo acompañó a 88 bebés de entre tres y ocho meses, de los cuales 50 se encontraban en situación de vulnerabilidad socioeconómica. Los resultados fueron publicados en la revista Acta Psychologica.

“Además de que estos bebés alcanzaban hitos motores [como agarrar objetos, girar y sentarse] más tarde que aquellos no expuestos a la pobreza, presentaban menor diversidad de movimientos, repitiendo siempre la misma estrategia para tomar un juguete, por ejemplo”, explica Carolina Fioroni Ribeiro da Silva, becaria de la FAPESP cuyo estudio fue objeto de su doctorado.

Para Eloisa Tudella, profesora de la UFSCar y directora de la investigación, estos retrasos sutiles en lactantes expuestos a la pobreza pueden tener impactos importantes más adelante, en los períodos preescolar y escolar. “Aunque no fue el foco directo de la investigación, las evidencias indican que retrasos motores leves en el primer año de vida pueden influir en el desarrollo global y asociarse a problemas conductuales en la edad escolar, incluyendo trastorno por déficit de atención con hiperactividad [TDAH] y trastornos de la coordinación”, afirma.

Buena noticia

El estudio también mostró que existe margen para la reversión, ya que a los ocho meses los retrasos ya no eran significativos. Esta posibilidad de mejora se atribuye al compromiso de las madres, que comenzaron a reproducir en casa las orientaciones recibidas durante las visitas (ningún padre se presentó como responsable para recibir a las investigadoras).

“La mayoría de las madres expuestas a la pobreza eran adolescentes y no sabían cómo estimular a los bebés después del nacimiento. Durante las visitas enseñábamos prácticas simples, como colocar al niño boca abajo, usar papel arrugado como juguete o conversar y cantar al bebé. Todas las madres se mostraron muy receptivas, imitaban las acciones durante las evaluaciones y comenzaron a interactuar más con sus hijos, favoreciendo su desarrollo motor”, relata Silva, actualmente en posdoctorado en la Heinrich Heine University, en Alemania.

Conocidos como tummy time, los períodos cortos en que el bebé permanece boca abajo sobre una manta, despierto y bajo supervisión, se recomiendan para fortalecer la cabeza, el cuello, los hombros, la espalda y los brazos, contribuyendo a la preparación muscular y la coordinación necesarias para que el bebé pueda rodar, sentarse, gatear y ponerse de pie.

“En muchos hogares, los bebés pasaban más tiempo confinados en cochecitos, con pocas oportunidades para explorar el entorno, fortalecer los músculos y experimentar diferentes formas de moverse, ya que no había espacio para ello”, afirma Silva.

El trabajo utilizó por primera vez en Brasil el Infant Motor Profile (IMP), instrumento desarrollado por investigadores de la Universidad de Groningen, en los Países Bajos. A diferencia de escalas que evalúan únicamente si el bebé alcanzó determinado hito motor, el IMP analiza también la calidad de los movimientos – variación, fluidez, simetría y desempeño. Esto permite identificar precozmente riesgos neuromotores, planificar intervenciones más precisas y acompañar la evolución de los niños a lo largo del tiempo.

Según Tudella, otra ventaja del instrumento es que reduce la necesidad de evaluaciones más costosas y complejas, como la resonancia magnética en bebés, que generalmente requiere sedación.

Caos doméstico

A lo largo de las 334 evaluaciones realizadas en el estudio, las investigadoras identificaron el sexo masculino como factor de riesgo, ya que los niños presentaron una probabilidad 2,57 veces mayor de mostrar desarrollo motor atípico en comparación con las niñas. Las investigadoras no saben explicar con exactitud el motivo de esta diferencia. Sin embargo, estudios anteriores sugieren que los bebés varones serían biológicamente más susceptibles a procesos inflamatorios, lo que, sumado a la pobreza y a entornos poco estimulantes, aumentaría el riesgo de retraso motor.

La presencia de muchos adultos en el mismo domicilio fue otro aspecto asociado a peores resultados, posiblemente por generar un ambiente más caótico y con menor espacio seguro y menos oportunidades para que el bebé se mueva.

Entre los factores de protección identificados se encuentran la oferta de juguetes que estimulen la motricidad fina —incluso improvisados y de bajo costo— y la mayor edad de las madres. En el estudio, la edad promedio materna era de 24 años, con una variación de siete años, siendo que las madres expuestas a la pobreza eran en su mayoría adolescentes. En cambio, aquellas con mejores condiciones socioeconómicas tenían alrededor de 38 años.

La cohabitación de los padres en el mismo hogar y la mayor escolaridad materna también se asociaron a mejores resultados.

Silva explica que los primeros dos años de vida constituyen el período de mayor neuroplasticidad del individuo, cuando “absorbe” intensamente los estímulos del entorno. “Como no es posible eliminar de inmediato factores estructurales como la pobreza o el embarazo adolescente, los programas de acompañamiento domiciliario serían excelentes paliativos”, afirma la investigadora, quien defiende la creación de programas con agentes comunitarios de salud y fisioterapeutas, dando mayor visibilidad a las necesidades de esta población.

El artículo Contextual risk factors for atypical motor development in infants exposed to poverty: a longitudinal study puede leerse en: sciencedirect.com/science/article/pii/S000169182501368X.

 

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