Amplían de 39 a 74 los modos de reproducción conocidos de los anfibios y crean una nueva clasificación | AGÊNCIA FAPESP

Amplían de 39 a 74 los modos de reproducción conocidos de los anfibios y crean una nueva clasificación Ranas marsupiales como las de la especie Fritziana goeldii cargan sus huevos en la espalda y depositan a sus renacuajos en el agua acumulada en bromelias o en huecos de bambúes donde culminan su desarrollo (foto: Edelcio Muscat)

Amplían de 39 a 74 los modos de reproducción conocidos de los anfibios y crean una nueva clasificación

04 de noviembre de 2021

Por André Julião  |  Agência FAPESP – Un estudio brasileño publicado en la revista Salamandra pone en evidencia la versatilidad de los anfibios en lo concerniente a sus modos reproductivos: sus huevos y sus larvas pueden desarrollarse al menos de 74 formas distintas.

En el referido artículo, firmado por científicos de la Universidad de Campinas (Unicamp) y de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), ambas instituciones brasileñas, se compilan datos disponibles en la literatura especializada y que los autores recabaron en el transcurso de décadas de estudio. Asimismo, se propone un nuevo sistema de clasificación de los modos reproductivos de esta clase de animales, integrada por anfibios anuros (sapos y ranas), salamandras y gimnofiones o cecilias.

“El sistema de clasificación anterior, que daba cuenta solamente de los anfibios anuros, apuntaba la existencia de 39 variaciones. Esa cifra ya es impresionante y muy superior a la de otros vertebrados, tales como los reptiles, los mamíferos y la aves, pero aún no mostraba la diversidad reproductiva real de los anfibios en general”, explica Luís Felipe Toledo, docente del Instituto de Biología (IB) de la Unicamp y coordinador de este estudio, cuyo primer autor es el doctorando Carlos Henrique Luz Nunes-de-Almeida.

En total, se analizaron las estrategias de 2.171 especies de anfibios, que contemplaron al 80 % de las familias de esos animales existentes en el mundo. El subgrupo de los anuros, compuesto de sapos y ranas y que cuenta con 7.315 especies conocidas, es el más diverso: hubo 2.012 especies del mismo en el estudio. No por casualidad, este contabiliza 71 modos de reproducción, de los cuales 56 son exclusivos.

Amén de su diversidad, el hecho de que transiten entre ambientes terrestres y acuáticos llevó a que los anuros desarrollen las más variadas estrategias reproductivas. En diversas especies de sapos de celdas (del género Pipa), por ejemplo, las hembras cargan sus huevos en el lomo en el medio acuático y las crías sales listas para la vida en el agua, sin que exista la fase de renacuajo.

En el caso de las ranas marsupiales (del género Fritziana), las hembras, que son arborícolas, también cargan sus huevos en la espalda, pero a la hora del nacimiento de sus larvas buscan agua acumulada en bromelias o en huecos de bambúes, en donde depositan a sus renacuajos, que culminan su desarrollo en esos ambientes acuáticos.

Endémica de la zona de Serra do Japi, en el estado de São Paulo, la rana llamada en portugués rãzinha-da-correnteza (Hylodes japi) deposita sus huevos en cámaras subacuáticas construidas en el lecho de pequeños arroyos, un comportamiento antes registrado únicamente entre peces.

Algunas especies pueden usar como nido el agua acumulada en plantas bromeliáceas, en plantas carnívoras o en erizos de la castaña de monte caídos al suelo de la selva amazónica, como la rana perereca-de-alcatrazes (Scinax alcatraz), el sapito Microhyla borneensis, de Borneo, y el sapinho-da-castanha (Rhinella castaneotica), respectivamente (lea más en portugués, en: agencia.fapesp.br/23949).

“Este estudio tiene impacto en diversas áreas. No solo para la historia natural y la conducta animal, sino también en la comprensión de la evolución de los anfibios. Y contribuye a su vez con futuros trabajos de conservación y ecología, pues muestra de qué manera ciertas especies de anfibios pueden depender de determinados hábitats e incluso de otras especies, tales como las de plantas. Una laguna que se seca o la extinción de una planta bromeliácea, por ejemplo, pueden representar el fin de algunas especies de sapos”, ejemplifica Célio Fernando Baptista Haddad, docente del Instituto de Biociencias de la Unesp, con sede en la localidad paulista de Rio Claro, coautor del estudio y responsable de la clasificación anterior, publicada en 2005.

Algunas especies tienen una mayor facilidad para adaptarse, pues desarrollaron más de una estrategia de reproducción. Tal es el caso del sapo Physalaemus spiniger, endémico de Brasil, que puede reproducirse de tres formas distintas. Según las condiciones locales, la pareja puede hacer un nido de espuma en una laguna, en el suelo húmedo de la selva o dentro de una bromelia.

Esta plasticidad puede constituir una ventaja en escenarios de cambios climáticos, por ejemplo. Si las lagunas que utilizan se secan o si se extinguen las bromelias, la especie podría en teoría sobrevivir migrando de un modo a otro. Empero, la mayoría de las especies, que cuentan únicamente con uno de los 74 modos reproductivos, se ven amenazadas frente a las alteraciones del ambiente y del clima (lea más en: agencia.fapesp.br/23344).

La diversidad

Este nuevo sistema de clasificación contempla 11 características. Considera si se ponen huevos o si nacen directamente larvas o crías, o si los huevos se ponen directamente en el lugar, en nidos de espuma o de burbujas elaborados por los propios anfibios, por ejemplo.

Los huevos pueden cargarse en el cuerpo de los animales, ponerse en el ambiente acuático (ríos, arroyos, charcos, lagunas o agua acumulada en plantas) o en la tierra (en piedras, laderas e incluso en termiteros). El sistema considera también si existe algún cuidado parental, tal como la alimentación de las crías a cargo de la madre o el padre. Los gimnofiones progenitores de las especies Boulengerula taitanus y Siphonops annulatus, por ejemplo, alimentan a sus crías con su propia piel.

“La diversidad de modos de reproducción surgió debido a las presiones selectivas, tales como la competencia y la depredación. Una laguna, por ejemplo, es un ambiente sumamente peligroso, lleno de predadores, tales como peces, larvas de libélulas y otros renacuajos carnívoros. Cuando una especie logra desovar fuera de la laguna, en una hoja que cuelga sobre ella, por ejemplo, los huevos pueden escapar de todos aquellos predadores acuáticos y los renacuajos caen al agua cuando están listos”, ejemplifica Toledo.

Algunas especies sencillamente se saltearon la fase larvaria y ni siquiera salen de la tierra durante todo su ciclo de vida. La superfamilia Brachycephaloidea, con más de 1.100 especies, entre ellas el sapo calabaza conocido en Brasil como sapinho-pingo-de-ouro (Brachycephalus rotenbergae), se reproduce mediante el llamado desarrollo directo. La cría nace del huevo como una miniatura del adulto, lista para la vida en el suelo de la selva, con lo cual queda suprimida la fase de renacuajo.

Con tamaña diversidad, y debido a los constantes descubrimientos, los investigadores remarcan que este trabajo no es definitivo. En cambio, su publicación allana el camino para que se describan nuevos modos reproductivos y no solamente de los anfibios, sino también de otros vertebrados. La idea es que el sistema pueda incluir a peces, reptiles, mamíferos y aves, e incluso adaptarse para agregar nuevos grupos y otros modos de reproducción.

Este trabajo es producto de distintos proyectos de investigación realizados durante años, muchos de ellos con el apoyo de la FAPESP (08/50325-511/51694-714/23388-719/18335-513/50741-7, 14/50342-8).

Puede leerse el artículo intitulado A revised classification of the amphibian reproductive modes, de Carlos Henrique Luz Nunes-de-Almeida, Célio Fernando Baptista Haddad y Luís Felipe Toledo, en el siguiente enlace: www.salamandra-journal.com/index.php/home/contents/2021-vol-57/2054-nunes-de-almeida-c-h-l-c-f-b-haddad-l-f-toledo-1/.

 

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