“El azúcar no es solo una fuente de calorías vacías; es un agente inflamatorio activo”, dice el investigador Mateus Casaro (imagen de fabrikasimf/Magnific)
En una investigación realizada en ratones, el alto consumo de leche condensada indujo una respuesta inflamatoria rápida en la grasa abdominal que se extendió a los pulmones
En una investigación realizada en ratones, el alto consumo de leche condensada indujo una respuesta inflamatoria rápida en la grasa abdominal que se extendió a los pulmones
“El azúcar no es solo una fuente de calorías vacías; es un agente inflamatorio activo”, dice el investigador Mateus Casaro (imagen de fabrikasimf/Magnific)
Por Maria Fernanda Ziegler | Agência FAPESP – El consumo de azúcar se asocia con una mayor incidencia de caries, aumento de peso y, a largo plazo, puede contribuir al desarrollo de resistencia a la insulina o diabetes. Sin embargo, para quienes viven con asma, el impacto puede ser aún mayor. Un estudio con ratones publicado en la revista Nutrients mostró que la ingesta de altas dosis de azúcar empeora severamente la inflamación pulmonar a corto plazo, agravando el riesgo de crisis alérgicas.
En el trabajo, realizado en Brasil con apoyo de la FAPESP, los ratones, además de recibir la cantidad habitual de alimento balanceado, tuvieron acceso libre al consumo de leche condensada. En apenas dos semanas, los animales presentaron efectos negativos. Según los investigadores, este es el primer estudio que demuestra la rapidez con la que el azúcar puede agravar cuadros inflamatorios en un modelo experimental de asma, ya que 15 días de vida de un ratón equivaldrían aproximadamente a dos años en humanos.
“Cuando un niño consume mucho azúcar, pensamos en consecuencias como caries u obesidad. Pero rara vez consideramos que, en un período tan corto, una alergia preexistente pueda agravarse. Los resultados, por lo tanto, tienen un impacto importante no solo en la práctica clínica, sino también en la formulación de políticas públicas”, comenta Caroline Marcantonio Ferreira, profesora de la Universidad Federal del ABC (UFABC), quien coordinó el estudio mientras trabajaba en la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp).
De acuerdo con la evaluación de la científica, este hallazgo refuerza la necesidad de iniciativas orientadas a reducir el consumo de azúcar, especialmente entre poblaciones vulnerables, como los niños y las personas con enfermedades respiratorias crónicas.
Factor de riesgo
El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias que afecta aproximadamente a 300 millones de personas en todo el mundo y cuya prevalencia ha aumentado en las últimas décadas. La enfermedad se caracteriza por una serie de alteraciones en el sistema respiratorio como resultado de la respuesta inflamatoria.
En los pulmones, se produce un engrosamiento de los bronquios – los tubos que conducen el aire hasta el órgano. Mas allá de este estrechamiento, hay un aumento de la producción de moco, el cual se acumula y dificulta la respiración.
De modo sistémico, el organismo activa una respuesta inmunológica típica de casos de alergia, con liberación de moléculas proinflamatorias (las citocinas IL-4, IL-33 y TNF-α, por ejemplo) y producción de anticuerpos específicos (inmunoglobulina E). Todo ese proceso provoca síntomas como dificultad para respirar, sibilancias y tos persistente.
De acuerdo con los resultados del estudio, los investigadores advierten que las personas con asma deben controlar la ingesta de azúcar del mismo modo que controlan la presencia de moho, polvo y contaminación en el ambiente, otros factores conocidos como posibles desencadenantes de las crisis asmáticas.
“El azúcar no es solo una fuente de calorías vacías; es un agente inflamatorio activo, capaz de alterar el equilibrio inmunológico mucho antes de que aparezca cualquier aumento de peso visible. Y es importante recordar que adecuar la alimentación es una estrategia económica, accesible y extremadamente eficaz, que debe implementarse junto con el tratamiento farmacológico de los pacientes con asma”, afirma Mateus Casaro, becario de la FAPESP y coautor del estudio.
El origen de la inflamación
A través de los experimentos realizados con ratones, los investigadores demostraron que el azúcar provoca una inflamación sistémica que comienza en la grasa almacenada en el abdomen e involucra órganos vitales como el hígado, el páncreas y los intestinos. Este tejido, conocido como tejido adiposo visceral, comienza a producir sustancias inflamatorias (como la leptina y citocinas proinflamatorias) que circulan por el organismo e intensifican la respuesta alérgica en los pulmones. Los análisis también indicaron que células del sistema inmunitario en estado inflamatorio (macrófagos de tipo M1) pueden migrar desde la grasa abdominal hacia los pulmones.
“Esta es la principal hipótesis para explicar por qué el azúcar empeora la inflamación asociada al asma. Observamos que el azúcar provoca inflamación en el tejido adiposo incluso en animales que no tienen asma. En aquellos que consumen azúcar, pero no son alérgicos, los pulmones permanecen normales, mientras que la grasa se inflama. Esto sugiere que el proceso comienza en el tejido adiposo y que las sustancias liberadas allí terminan migrando hacia los pulmones, donde intensifican una respuesta alérgica preexistente”, explica Ferreira.
La investigadora afirma que, aunque el estudio se realizó específicamente para el caso del asma, es posible que el azúcar también agrave, a corto plazo, otros procesos inflamatorios en distintos órganos. “Realizamos un estudio similar sobre dermatitis. Los resultados también mostraron una exacerbación de la inflamación en la piel en un período corto”, señala.
Los investigadores destacan que una dieta rica en azúcar no es capaz de provocar asma por sí sola, sino que actúa como un potente amplificador de la inflamación ya existente. “Ningún animal sin asma inducida desarrolló la enfermedad tras consumir grandes cantidades de leche condensada. En cambio, en los animales que ya presentaban sensibilidad alérgica, el azúcar aumentó drásticamente la producción de moco en las vías respiratorias y el reclutamiento de células inflamatorias”, explica Ferreira.
El artículo A short-term high-sugar diet induces glucose intolerance, visceral adipose tissue inflammation, and exacerbates experimental allergic asthma puede leerse en: www.mdpi.com/2072-6643/18/9/1475.
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