El extracto logró disminuir en más de un 75 % las sustancias que reaccionan con el oxígeno al entrar en contacto con la piel, es decir, redujo compuestos que pueden causar daños celulares (imagen: Juliana Barone Teixeira/FCFAr-Unesp)

Bioingeniería
Colorante natural producido por hongo de la Amazonía puede utilizarse en cosméticos
05-03-2026
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Extracto rojo producido con Talaromyces amestolkiae fue probado en bases de posibles productos, como crema facial, champú y barra en gel, con acción antioxidante y antibacteriana

Bioingeniería
Colorante natural producido por hongo de la Amazonía puede utilizarse en cosméticos

Extracto rojo producido con Talaromyces amestolkiae fue probado en bases de posibles productos, como crema facial, champú y barra en gel, con acción antioxidante y antibacteriana

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El extracto logró disminuir en más de un 75 % las sustancias que reaccionan con el oxígeno al entrar en contacto con la piel, es decir, redujo compuestos que pueden causar daños celulares (imagen: Juliana Barone Teixeira/FCFAr-Unesp)

 

Por Cristiane Macedo  |  Agência FAPESP – Las pruebas iniciales con un colorante natural producido por el hongo Talaromyces amestolkiae, encontrado en la Amazonía, demuestran que es posible desarrollar cosméticos ecológicos como cremas faciales, barras en gel y champús, con acción antioxidante y antibacteriana.

El hallazgo es relevante porque los colorantes microbianos —aún poco explorados en el área de investigación cosmética— pueden constituir una alternativa sostenible frente a los sintéticos.

El hongo produce colorantes vibrantes que varían del rojo al amarillo y poseen alto potencial industrial. En los últimos años, diversos países han prohibido y restringido el uso de ciertos tipos de colorantes sintéticos, en la medida en que han sido asociados a alergias y otros problemas de salud. Como consecuencia, la demanda de productos ecológicamente responsables y saludables ha ido en aumento.

Según los datos, el extracto logró disminuir en más de un 75 % las sustancias que reaccionan con el oxígeno al entrar en contacto con la piel, es decir, redujo compuestos que pueden causar daños celulares. Además, las pruebas mostraron que más del 60 % de las células permanecieron vivas, lo que indica que el producto no compromete la salud de la piel.

Los datos fueron publicados en la revista ACS Omega.

La investigación fue desarrollada por Juliana Barone Teixeira y dirigida por Valéria de Carvalho Santos-Ebinuma, de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad Estatal Paulista (FCFAr-Unesp), campus de Araraquara, en Brasil, en colaboración con Joana Marques Marto, de la Universidad de Lisboa, en Portugal.

El estudio también contó con contribuciones de investigadores de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (FCFRP-USP) y recibió apoyo de la FAPESP (procesos 23/13069-0, 23/01368-3, 24/19904-1, 24/16647-8, 24/16477-5 y 21/06686-8).

“Logramos demostrar que este colorante puede aplicarse en formulaciones cosméticas manteniendo la seguridad, la funcionalidad, la textura y el desempeño general, sin causar ningún impacto en la formulación ni en la experiencia de los posibles clientes”, explica Teixeira, primera autora del artículo.

“Lo que inicialmente llamó la atención sobre este hongo fue el color. A partir de ahí comenzamos una serie de estudios. Fueron más de diez años hasta llegar a esta etapa de producción”, relata Ebinuma.

Según las investigadoras, estudios en el área de marketing han demostrado que el color es uno de los principales factores que influyen en la compra de productos, por lo que algunas estrategias de venta incluso apelan a la emoción a partir de estas sensaciones para atraer a los consumidores.

“Buscamos un socio que trabajara en el área de cosméticos, por eso la profesora Joana, de la Universidad de Lisboa, nos ayudó con diferentes formulaciones”, explica Ebinuma.

“No todo microorganismo causa daño o genera problemas de salud. Algunos producen compuestos que aportan beneficios. Esta es un área que ha crecido y es justamente donde trabajamos con la biotecnología: el empleo de estos seres vivos o de componentes de estos seres vivos en beneficio de la sociedad”, destaca la investigadora.

“En lugar de evaluar el colorante de forma aislada, buscamos estudiarlo dentro de una formulación final, considerando todo lo que debe tener un producto colocado en la estantería”, subraya Teixeira.

El descubrimiento

Según Ebinuma, los estudios con el hongo Talaromyces amestolkiae comenzaron aún durante su doctorado, cuando conoció a la profesora Maria Francisca Simas Teixeira, curadora de la Colección de Cultivos del Departamento de Parasitología de la Universidad Federal del Amazonas (Ufam), una de las mayores referentes en estudios de micología en el país, quien falleció el año pasado.

Fue ella quien lo encontró, junto con sus estudiantes, disperso en los árboles del campus, y lo incorporó a su colección. Desde entonces, la especie T. amestolkiae ha despertado el interés de los investigadores porque es capaz de producir colorantes que van desde amarillos y naranjas intensos hasta rojos.

“Cuando comenzamos a estudiarlo, verificamos que producía esta coloración roja. Es un hongo que se encuentra en la naturaleza, pero que prefiere condiciones específicas, por ejemplo, las altas temperaturas de Manaos [capital del estado de Amazonas]. Entonces, lo que hicimos fue simular una temperatura cercana a la de Manaos para que produjera este colorante rojo también en laboratorio”, explica Ebinuma.

Ante el hallazgo, la profesora también destaca la importancia de continuar estudiando las especies nativas, ya que aún hay mucho por descubrir en la biodiversidad amazónica. “Puede ser que existan otras especies similares”, comenta la científica.

Próximos pasos

Actualmente, alrededor de 20 estudiantes de grado y posgrado están involucrados en los estudios del grupo de investigación. Algunos de estos trabajos, según Ebinuma, buscan comprender la aplicación del colorante en tejidos o en alimentos, como gelatinas. “Tenemos varios frentes para este hongo y también estamos estudiando otros”, señala.

De acuerdo con la investigadora, uno de los principales objetivos ahora es intentar mejorar todos los procesos que implican la producción del colorante. “Hoy produzco 1 gramo [g] de este tipo de colorante, pero el objetivo es llegar a 10 g. ¿Cuál es el camino que podemos recorrer de 1 g hasta 10 g? Por eso hay una red de estudiantes y profesores involucrada en ello”, afirma la investigadora.

El artículo Redefining red: Microbial polyketides in eco-friendly cosmetic development puede leerse en: https://pubs.acs.org/doi/10.1021/acsomega.5c10255.

 

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