La investigación detectó 11 días menos de lluvia, en promedio, donde la cobertura forestal fue inferior al 60 %: la deforestación impactó no solo la cantidad sino también la distribución de las lluvias (foto: Liana Anderson/Inpe)
Datos satelitales también constatan una cantidad de lluvias 25 % menor en comparación con regiones con alta cobertura forestal
Datos satelitales también constatan una cantidad de lluvias 25 % menor en comparación con regiones con alta cobertura forestal
La investigación detectó 11 días menos de lluvia, en promedio, donde la cobertura forestal fue inferior al 60 %: la deforestación impactó no solo la cantidad sino también la distribución de las lluvias (foto: Liana Anderson/Inpe)
Por Luciana Constantino | Agência FAPESP – La deforestación en la Amazonía está provocando cambios regionales significativos en el clima en comparación con áreas con cobertura forestal superior al 80 %. La pérdida de vegetación conduce al aumento de la temperatura de la superficie, a la disminución de la evapotranspiración, además de la reducción de la precipitación en la estación seca y del número de días de lluvia.
Los resultados forman parte de una investigación realizada con base en datos satelitales y publicada en la revista Communications Earth & Environment a finales de noviembre.
El trabajo señala que las regiones altamente deforestadas (cobertura forestal inferior al 60 %) comparten similitudes climáticas con áreas de transición entre bosque húmedo y sabana. Esto se debe a que entre los impactos observados se encuentran una temperatura de superficie, en promedio, 3 °C mayor durante la estación seca; con evapotranspiración y cantidad de lluvias 12 % y 25 % menores, respectivamente, en comparación con regiones con alta cobertura forestal.
Además, se observaron 11 días menos de lluvia, en promedio, donde la cobertura forestal fue inferior al 60 %. Es decir, la deforestación impactó no solo la cantidad sino también la distribución de las lluvias.
Como resultado de esta condición climática más seca y cálida, el bosque puede enfrentar mayor degradación, lo que lleva al aumento de la mortalidad de los árboles y a la susceptibilidad a incendios forestales. Este escenario compromete la permanencia de especies más sensibles del bosque húmedo, mientras favorece la dominancia de otros tipos de especies nativas oportunistas y gramíneas exóticas, comprometiendo la biodiversidad.
Para los científicos, los hallazgos evidencian la urgencia de controlar la deforestación y restaurar áreas degradadas, con el objetivo de preservar la resiliencia climática de la Amazonía y de las actividades económicas que dependen directamente del clima, como la agricultura.
“El estudio muestra que los bosques tropicales tienen un impacto gigantesco en el clima, con consecuencias para diversos sectores de la sociedad, tanto para el bienestar de las poblaciones como para las actividades económicas. Por eso, el debate sobre la importancia de los bosques debe tener una mirada más amplia, más allá de la cuestión ambiental. Necesitamos trabajar con una visión de desarrollo nacional, con acción coordinada e integrada entre diversos sectores de la sociedad”, sostiene el investigador Luiz Aragão, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) de Brasil.
Uno de los autores del trabajo, Aragão es miembro de la coordinación del Programa FAPESP de Investigación sobre Cambios Climáticos Globales (PFPMCG) y participó en paneles durante la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), en Belém, para debatir temas relacionados con emisiones de gases de efecto invernadero e impactos del calentamiento global.
De acuerdo con el investigador del Inpe Marcus Silveira, primer autor del artículo, el estudio corrobora científicamente la importancia de mantener la cobertura forestal en, como mínimo, el 80 % en propiedades rurales de la Amazonía, como prevé el Código Forestal brasileño.
La legislación establece reglas para el uso de la tierra y la protección ambiental dentro de propiedades privadas, en las llamadas reservas legales, exigiendo que una parte del área rural se mantenga con vegetación nativa. En los nueve estados de la llamada Amazonía Legal –zona creada por el gobierno brasileño con fines de desarrollo socioambiental y que abarca las unidades federativas donde el bioma ocurre– es obligatoria la cobertura de vegetación nativa en el 80 % del área de los inmuebles situados en la selva, en el 35 % en el Cerrado y en el 20 % en campos generales – el mismo porcentaje para el resto del país.
“Las regiones deforestadas quedan perjudicadas con condiciones más secas y cálidas, que también terminan afectando la producción agrícola. La propia Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [FAO] lanzó en la COP30 un documento que muestra que los bosques son aliados de la agroindustria, y no enemigos. A través de una extensa revisión de la literatura científica, destaca los diversos beneficios climáticos que los bosques promueven, contribuyendo a la productividad y resiliencia agrícola. Nuestro trabajo va muy en esa línea también”, afirma Silveira, quien junto con diversos autores brasileños colaboró en el informe Climate and ecosystem service benefits of forests and trees for agriculture.
Nuevos usos
La Amazonía brasileña, que ocupa casi la mitad del territorio del país, perdió el 13 % de su área de vegetación nativa entre 1985 y 2024. Son cerca de 520 mil kilómetros cuadrados (km²), una extensión mayor que el territorio de España (506 mil km²). Los datos provienen de la publicación Amazônia, Coleção 10 do MapBiomas, elaborada a partir del análisis de imágenes satelitales.
En este período, las pasturas pasaron de 123 mil km² a 561 mil km², mientras que el área de agricultura aumentó de 1,8 mil km² a 79 mil km². Más recientemente, la minería ha venido ganando relevancia y alcanzó los 4.440 km² en 2024.
Incluso con la reducción del ritmo de deforestación del bioma en los últimos tres años, los científicos alertan sobre la necesidad de contener rápidamente la devastación del bosque, ya que solo en 2024 se removieron más de 6,3 mil km² de vegetación nativa en la Amazonía Legal, según datos del Programa de Monitoreo de la Selva Amazónica Brasileña por Satélite (Prodes), del Inpe.
“Es esencial trazar caminos para la reducción de la deforestación, como se debatió en la COP30, pero también es necesario avanzar en el proceso de sustitución del uso de combustibles fósiles para frenar el calentamiento global, que ya es preocupante”, dice Aragão a la Agência FAPESP.
El año 2024 fue el más caluroso de la historia y el primero en superar la marca de 1,5 °C de aumento en la temperatura media del planeta en relación con los niveles preindustriales. Además, el informe Global Carbon Budget, divulgado en noviembre, señala que en 2025 el balance de las emisiones de dióxido de carbono provenientes de combustibles fósiles registrará un aumento de cerca del 1,1 %, lo que resultará en un récord de 38,1 mil millones de toneladas de CO₂ (GtCO₂).
“Nuestro estudio indica que, si logramos restablecer la estructura forestal, es posible recuperar también servicios ecosistémicos, como la reducción de la temperatura, el aumento del ciclo del agua y de las reservas de carbono, garantizando así mayor seguridad hídrica, alimentaria y económica para el país”, complementa Aragão.
Paso a paso
En la investigación, que formó parte del doctorado de Silveira, los científicos dividieron la Amazonía en una cuadrícula regular con muestras de aproximadamente 55 x 55 km, agrupadas en niveles de deforestación acumulada – cobertura de bosques remanentes de hasta 40 %, de 40 %-60 % y 60 %-80 %. También se seleccionaron cuadrículas con alta cobertura forestal (superior al 80 %) vecinas a las deforestadas, que sirvieron como referencia para las condiciones climáticas bajo poca influencia de la deforestación.
El trabajo también empleó otros métodos de control para destacar la influencia de la pérdida de vegetación nativa frente a otros factores, como comparar las diferencias climáticas entre regiones de referencia vecinas entre sí. Se analizaron 11 variables climáticas, entre ellas temperatura de la superficie, evapotranspiración, lluvia anual y en las estaciones seca y lluviosa, además del número de días lluviosos.
La evapotranspiración es el flujo hacia la atmósfera de vapor de agua liberado por la transpiración de las plantas, la evaporación del agua en el suelo y en las copas de los árboles, controlado por factores como el tipo y la estructura de la vegetación, la temperatura, la radiación solar y el viento. Al reducir la evapotranspiración, la deforestación contribuye a aumentar la temperatura y disminuir el reciclaje de la humedad atmosférica en forma de lluvia.
En los análisis, los impactos más extremos se observaron en regiones con hasta el 40 % de cobertura forestal remanente. Por ejemplo, la temperatura de la superficie terrestre en ellas llegó a ser hasta 4 °C mayor que en las de referencia durante la estación seca. De la misma manera, la evapotranspiración en la estación seca fue, en promedio, 45 milímetros menor en comparación con las regiones de referencia vecinas.
El estudio recibió apoyo de la FAPESP mediante becas otorgadas a Silveira (22/11698-8 y 23/05733-8) y del Centro de Investigación para la Innovación en Gases de Efecto Invernadero (RCGI).
En septiembre, la revista Nature Communications publico otra investigación, liderada por científicos de la Universidad de São Paulo (USP), que cuantificó los impactos de la pérdida de vegetación y de los cambios climáticos globales sobre la Amazonía. Mostró que la deforestación fue responsable del 74,5 % de la reducción de lluvias y del 16,5 % del aumento de la temperatura del bioma en los meses secos.
El artículo Observed shifts in regional climate linked to Amazon deforestation puede leerse en: nature.com/articles/s43247-025-02900-2.
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