En el estudio participaron 694 estudiantes de 6 a 11 años matriculados en escuelas públicas y privadas del municipio de São Carlos; la recolección de datos se realizó entre marzo de 2022 y junio de 2024 (foto: Meyene Duque Weber/CCBS-UFSCar)

Salud
Niños con dificultades de coordinación motora tienden a percibir menos el entorno
29-01-2026
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Investigación de la Universidad Federal de São Carlos refuerza la necesidad de que profesionales de la salud y de la educación consideren el procesamiento sensorial para ampliar las estrategias de apoyo en casos de dispraxia infantil

Salud
Niños con dificultades de coordinación motora tienden a percibir menos el entorno

Investigación de la Universidad Federal de São Carlos refuerza la necesidad de que profesionales de la salud y de la educación consideren el procesamiento sensorial para ampliar las estrategias de apoyo en casos de dispraxia infantil

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En el estudio participaron 694 estudiantes de 6 a 11 años matriculados en escuelas públicas y privadas del municipio de São Carlos; la recolección de datos se realizó entre marzo de 2022 y junio de 2024 (foto: Meyene Duque Weber/CCBS-UFSCar)

 

Por Luciana Constantino  |  Agência FAPESP – Aún poco explorado, el trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC) también influye en la manera en que el niño percibe y responde a los estímulos del entorno. Es decir, aquel que tiene dificultades de equilibrio o para agarrar objetos, por ejemplo, puede no notar fácilmente sonidos y movimientos a su alrededor, lo que limita sus actividades cotidianas.

Esta relación es uno de los resultados de un estudio realizado en un municipio del interior del estado de São Paulo (Brasil). El trabajo contribuye a comprender la relación entre el desempeño motor y las alteraciones en el procesamiento sensorial. Aunque la literatura científica sugiere esta conexión, dichas condiciones aún están descritas de forma incipiente.

El trastorno del desarrollo de la coordinación, también llamado dispraxia infantil, se caracteriza principalmente por dificultades para desempeñar habilidades motoras fundamentales y complejas, como subir escaleras, andar en bicicleta, cortar con tijeras y escribir. En algunos casos, el niño llega a ser considerado “torpe” o “lento”.

En la investigación participaron 694 estudiantes de 6 a 11 años matriculados en escuelas públicas y privadas del municipio de São Carlos. La recolección de datos se realizó entre marzo de 2022 y junio de 2024.

Tras someterse a pruebas basadas en el Movement Assessment Battery for Children (una de las más utilizadas para detectar dificultades motoras leves a moderadas), los niños fueron clasificados en tres grupos: con trastorno del desarrollo de la coordinación —52 de ellos—, con posible trastorno —137— y con desarrollo dentro de lo esperado —505.

Los cuidadores, incluidos padres y otros familiares, respondieron cuestionarios para completar el perfil sensorial. Proporcionaron datos que permitieron el análisis según cuatro patrones de procesamiento: niños que buscan estímulos a su alrededor (exploradores); quienes perciben intensamente los estímulos del entorno (sensibles); quienes evitan estímulos o situaciones sensoriales (evasores); y quienes tienden a no percibirlos (observadores).

El estudio identificó diferencias significativas entre los grupos en los cuatro patrones. Los niños con trastorno del desarrollo de la coordinación presentaron con mayor frecuencia el patrón observador – 35 % de ellos. Esta menor sensibilidad para percibir el entorno puede dificultar el aprendizaje y la participación en actividades de la vida diaria. Es decir, parte de las dificultades motoras puede estar relacionada no solo con la coordinación, sino también con la forma en que procesan la información sensorial.

Además, los patrones sensible y observador mostraron una correlación negativa con el desempeño motor: cuanto más presentes, peor fue el resultado en las tareas motoras. Entre ellos, el patrón observador apareció como un predictor importante, lo que sugiere que la dificultad para percibir estímulos sensoriales puede estar directamente vinculada a los problemas de coordinación que experimentan estos niños.

Los resultados fueron publicados en la revista European Child & Adolescent Psychiatry.

“Cuando comencé el doctorado, quise entender cómo los estímulos del entorno afectaban a los niños con dificultades motoras. Se habla poco de esto. Comprendí que valía la pena estudiar el tema, ya que lo motor y lo sensorial van de la mano. Entonces decidimos trabajar directamente con los niños”, cuenta la fisioterapeuta Meyene Duque Weber, investigadora de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar) y primera autora del artículo.

La fisioterapeuta recibió apoyo de la FAPESP mediante una beca.

Según Eloisa Tudella, coordinadora del Núcleo de Estudios en Neuropediatría y Motricidad de la UFSCar y directora de tesis de Weber, los resultados son importantes para alertar a las familias y a los profesionales de la salud y de la educación sobre las dificultades motoras en la infancia.

“Los niños con trastorno del desarrollo de la coordinación suelen ser denominados ‘torpes’ o ‘desmañados’ y no reciben la atención que necesitan. Los resultados del estudio refuerzan la necesidad de preparar a los equipos para identificar a estos niños y derivarlos a un servicio especializado. Vamos a continuar esta línea de investigación, con el trabajo de un estudiante de doctorado, dentro de una propuesta de intervención para niños identificados con TDC”, añade Tudella, destacando la continuidad de la colaboración con el profesor Jorge Lopes Cavalcante Neto, de la Universidad del Estado de Bahía, también autor del artículo.

El trastorno

No existen levantamientos estadísticos sobre el número de personas con trastorno del desarrollo de la coordinación, pero los investigadores estiman que esta condición afecta entre el 5 % y el 8 % de los niños en edad escolar en todo el mundo.

La causa aún es desconocida. De diagnóstico clínico complejo, el TDC es identificado por médicos. Fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales integran el equipo multidisciplinario que garantiza una evaluación completa.

El diagnóstico se establece con base en cuatro criterios: desempeño motor sustancialmente inferior al esperado para la edad cronológica; déficits motores que interfieren de forma significativa en las actividades diarias adecuadas a la edad; dificultades presentes desde el inicio de la infancia; y déficits no derivados de discapacidad intelectual o visual ni atribuibles a condiciones neurológicas que afectan el movimiento. Es común la coexistencia de otras alteraciones emocionales y conductuales, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el trastorno del espectro autista (TEA).

El tratamiento incluye terapia ocupacional y fisioterapia, con el objetivo de desarrollar la coordinación motora.

“Los resultados de la investigación pueden contribuir a que padres, escuelas y profesionales de la salud y de la educación estén atentos más allá de los signos motores, reconociendo la importancia de realizar una evaluación. Después de todo, las dificultades motoras pueden tener consecuencias graves en la vida del niño, incluidos impactos en la salud emocional y mental. En ese sentido, un trabajo multiprofesional ayuda al desarrollo de este niño”, afirma Weber.

La fisioterapeuta recuerda que, además del estudio de caso, realizó una revisión sistemática de 2.609 investigaciones, de las cuales cinco fueron incluidas y señalaron alteraciones en el procesamiento sensorial en niños con TDC. Las características sensoriales que aparecieron como más afectadas fueron el tacto, el equilibrio y el movimiento.

Los resultados de este estudio de caso fueron publicados en la edición de febrero del año 2025 de la revista Research in Developmental Disabilities.

El artículo Sensory processing in Brazilian children with developmental coordination disorder, possible DCD, and typical development: a case-control study puede leerse en: link.springer.com/article/10.1007/s00787-025-02811-9.

 

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