Fue en un encuentro realizado en la sede de la FAPESP, en São Paulo, que contó con la presencia Youngsuk ‘YS’ Chi, presidente del grupo Elsevier (foto: Elsevier)

Investigadores y directivos de universidades debaten las métricas del impacto social de la ciencia
15-06-2023
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Fue en un encuentro realizado en la sede de la FAPESP, en São Paulo, que contó con la presencia Youngsuk ‘YS’ Chi, presidente del grupo Elsevier

Investigadores y directivos de universidades debaten las métricas del impacto social de la ciencia

Fue en un encuentro realizado en la sede de la FAPESP, en São Paulo, que contó con la presencia Youngsuk ‘YS’ Chi, presidente del grupo Elsevier

15-06-2023
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Fue en un encuentro realizado en la sede de la FAPESP, en São Paulo, que contó con la presencia Youngsuk ‘YS’ Chi, presidente del grupo Elsevier (foto: Elsevier)

 

Por Heloisa Reinert  |  Agência FAPESP – No existe una fórmula lista que suministre la mejor evaluación de una investigación académica y que le muestre al mundo aquello que las universidades están haciendo. Incluso la propia definición de impacto constituye un concepto en construcción. La academia y las instituciones científicas de fomento procuran perfeccionar cada vez más la forma de medir los impactos de la excelencia en la sociedad. Así y todo, como la ciencia no es solamente una combinación de sucesos, el establecimiento de métricas de excelencia y desarrollo social que den cuenta de su valor se erige como un desafío. Además, los costos implicados en la publicación de las investigaciones científicas en revistas prestigiosas son elevados para países como Brasil.

Para pensar colectivamente la complejidad de este tema, representantes de las universidades paulistas y de la FAPESP se reunieron el pasado día 29 de mayo en la sede de la Fundación con el presidente del grupo Elsevier, Youngsuk ‘YS’ Chi, quien quiso escuchar las dudas de los participantes y determinar qué tipo de decisiones podrían tomarse con la ayuda de las herramientas de análisis de datos que Elsevier ofrece. Fue un diálogo constructivo, pero muchas cuestiones permanecen abiertas.

¿Qué piensa Elsevier acerca del impacto social de una publicación y de cómo puede mejorar las métricas del impacto social? Chi brindó dos ejemplos: la generación de puestos de trabajo y la disminución de la cifra de muertes causadas por alguna enfermedad son dos impactos que generan consenso. Y cree que solamente el debate permitiría congregar puntos en común y arribar a una buena definición de impacto. “En el área ambiental”, sostuvo, “ha habido un cambio en ese sentido, si bien que aún hay gente que niega la existencia del cambio climático”.

Una vez definido el impacto, existe la barrera de qué se medirá. “Mediremos el impacto que es posible medir. Debemos ser prácticos”, dijo. Uno de los puntos polémicos de la definición de impacto reside en la naturaleza de la producción científica, que suele producir resultados que solamente en el futuro serán transformadores.

Más datos

La segunda la constituye el hecho de que los datos disponibles en las universidades, en los centros de investigación y en las agencias científicas de fomento resultan insuficientes como para llegar a quienes se sitúan fuera del universo académico. Para contar con un conjunto más completo de información, Chi apuesta a la creación de un “dato contributivo”. Este reuniría datos elaborados por economistas, sociólogos y profesionales del tercer sector, por ejemplo. Pero no son precisamente pocas las dificultades para obtener este “dato totalizado”.

Según sostuvo, existen preguntas que aún no se han contestado: ¿cómo determinar qué datos que son efectivamente importantes? ¿Cómo solicitarlos? ¿Será necesario pagarlos o será posible compartirlos? Y, por último, existe el costo creciente del procesamiento y de la tecnología necesaria, fundamentalmente en lo que hace a los elevadísimos precios del hardware.

Hay datos que se encuentran disponibles y otros que aún no se han recabado sobre los investigadores, las investigaciones, la colaboración entre grupos y las instituciones. Si se considera que la recolección, la disponibilidad y el acceso a ellos requiere contar con recursos de mano de obra y de infraestructura, ¿qué tipo de análisis justificaría tal inversión? La deficiencia en el recabado de datos en el transcurso del tiempo, en lo concerniente a alumnos y docentes que están en las universidades o pasaron por ellas, constituye un punto que demanda atención, según Chi.

“Las universidades se destinan a perdurar en nuestra sociedad, por eso deben recabar esos datos”, dice.  En tal recomendación subyace un razonamiento sencillo: el conocimiento de la trayectoria y de las conexiones de los investigadores financiados aquí y en el exterior –y el retorno para las instituciones que los formaron–, ayudaría en la toma de decisiones sobre inversiones por realizarse en determinadas áreas del conocimiento o incluso sobre cuáles son los países más indicados para enviarlos.

Chi acredita que las personas asentirán en ceder los datos en caso de convencerse de ello. Empero, en la práctica, esto no es tan fácil. El director presidente del Consejo Técnico Administrativo (CTA) de la FAPESP, Carlos Américo Pacheco, sostuvo que los investigadores extranjeros que la Fundación apoya cuestionan el motivo de la demanda de algunos datos que se incorporan a la Biblioteca Virtual de la agencia. Chi opina que es posible sortear estas dificultades. Primeramente, mediante el permiso solicitado para la toma de datos sensibles como la religión, por ejemplo. Segundo, mediante el uso de códigos que pueden interpretarlos únicamente máquinas. Pero este punto causó controversia entre los participantes del debate, pues hubo quienes disintieron de la apuesta a la seguridad plena de la tecnología.

Ante un panorama con muchos datos disponibles, resta la dificultad de saber cómo interpretarlos. Por un lado, no es suficiente que las computadoras los entiendan. Por otro, persisten las dudas acerca de cómo puede aportarle beneficios a la sociedad la inteligencia artificial (IA). Pacheco también inquirió acerca del próximo paso en el campo de la inteligencia artificial con miras a planificar y evaluar y para la inteligencia de datos. Youngsuk ‘YS’ Chi dijo que en el escenario ideal la IA seria predictiva. “No estoy seguro acerca de qué será la nueva fase de la inteligencia artificial, pero querríamos que anticipase lo que sucederá probablemente con alguna seguridad”, dice.

Open science y el pago a cargo de los autores

Paulo Nussenzveig, prorrector de Investigación de la Universidad de São Paulo (USP), mencionó la injusticia del modelo de pago de las publicaciones a cargo de los autores y de las instituciones científicas de fomento, que beneficia a los países ricos en detrimento de los restantes, fundamentalmente los de medianos ingresos, como Brasil. Esta política prosperó con el avance del acceso abierto a través del cual los lectores tienen acceso libre al contenido en internet. La publicación en revistas prestigiosas se convirtió en un obstáculo para los investigadores de los países en desarrollo.

Según Chi, cuando las investigaciones estaban a cargo de los países ricos en la posguerra, era una buena idea que los lectores pagasen pues, de alguna forma, tomaban parte en el mismo ambiente académico. Pero la situación cambió. Surgieron otros modelos. Ahora hay muchos países con una capacidad adquisitiva menor que realizan investigaciones y aspiran a publicar. Chi dijo que China, en la actualidad responsable de la producción de una parte significativa de los papers, debe participar en el debate sobre la financiación de las publicaciones. Y lo propio se aplica a la India, que ha venido ampliando rápidamente su participación.

Cuestionado por Nussenzveig y por el director científico de la FAPESP, Márcio de Castro, sobre la posibilidad de que exista una política de exención y descuentos para Brasil, la respuesta fue negativa. “Podemos refinar una política de descuentos, crear categorías más específicas, pero la misma nunca será satisfactoria. No responderá a la pregunta fundamental de quiénes en el mundo de la comunidad científica deben ser los responsables de qué parte de la publicación de los trabajos científicos”. Según él, las universidades deben decidir qué modelo les resulta mejor –el pago a cargo de los lectores, de los financiadores o de los autores– y contar con Elsevier para brindar una solución.

Sergio Salles −de la Universidad de Campinas (Unicamp)− y Nussenzveig pusieron de relieve que se encuentra en curso un movimiento favorable a un cambio en la evaluación del trabajo académico, como consecuencia de la declaración de Dora, una iniciativa que apunta a detener la utilización del indicador Factor de Impacto, que prioriza la cantidad de citas del autor y que se emplea como fuente directa e indirecta de evaluación de la calidad de las investigaciones científicas.

Fátima Nunes Marques, de la Oficina de Gestión de Indicadores de Rendimiento Económico de la USP, quiso saber si la evaluación de los periódicos científicos constituiría el mejor camino. Chi ponderó diciendo que las editoriales no son los principales actores en este caso y que les compete a las universidades determinar cuáles son los criterios importantes. “Nuestro rol consistirá en plantear una o dos soluciones que podrían ayudar en tal sentido. Formar parte de ellas.”

Participaron en el encuentro Carlos Gilberto Carlotti Júnior, rector de la USP; Edson Cocchieri Botelho, prorrector de Investigación de la Universidade Estadual Paulista (Unesp); João Marcos Travassos Romano, prorrector de Investigación y Ana Christina Lucas, de la Unicamp; Lia Rita Azeredo Bittencourt, prorrectora de Posgrado e Investigación de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp); Pedro Sérgio Fadini, prorrector de Investigación de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar); Wagner Alves de Carvalho, prorrector de Investigación de la Universidad Federal del ABC; Adalton Ozaki, del Instituto Federal de São Paulo, y Fernando Menezes, director Administrativo de la FAPESP, aparte de representantes de Elsevier.

 

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